miércoles, marzo 30, 2005

Godzilla versus Anglés

Contaba el biógrafo del tristemente famoso Antonio Anglés que éste en sus días de colegio era un niño normal, más bien retraído, hasta que empezó a darse cuenta de que cuanto más borde y cabrón era, más se hacía respetar. Así que a la mínima se liaba a hostias con quien fuera y logró que no hubiera nadie que le tosiera. Esta técnica, que por desgracia Anglés y otros muchos llevan hasta sus últimas consecuencias, la emplea mucha gente en su vida diaria. En esta sociedad egoísta y solipsista en la que la mayoría de la gente se desenvuelve como si fueran los protagonistas de un vídeo juego, donde los demás son simplemente personajes secundarios que sólo importan mientras salen en la pantalla, es decir, mientras le son útiles al "héroe", cada vez hay más "gente Anglés". Personas que por su carencia de aptitudes o virtudes (o su incapacidad para descubrirlas y potenciarlas) no obtienen el respeto que creen merecer y deciden sustituirlo por temor, infundido a fuerza de tratar al prójimo con crueldad y desprecio. ¿Quién no conoce a algún Anglés, ese ser vitriólico y ponzoñoso que va por la vida repartiendo exabruptos y mamporros por donde va, y que es incapaz de hacer o decir algo positivo o constructivo? Sólo hay que salir a la calle para poder observar estas actitudes a diario.
Según algunas teorías sociológicas, psicológicas y antropológicas el ser humano es así por naturaleza, y lo que hacemos es reprimir desde la infancia con normas morales, educación y urbanidad a la bestia primordial que llevamos dentro. Hobbes decía que "El hombre es un lobo para el hombre" y que lo único que le reprime de comportarse como tal es el aparato represor que el mismo hombre a creado para protegerse de sí mismo (léase policía, jueces, ejércitos, cárceles, manicomios, etc..), y que bastaría únicamente suspender por unos días ese control de la autoridad superior para comprobar cómo es el ser humano en su esencia. El experimento que proponía Hobbes tuvo lugar accidentalmente durante el célebre apagón de Nueva York de los años 70, en los que un corte de electricidad que duró varios días disparó los índices de criminalidad hasta límites inimaginables. Y no es que los delincuentes habituales multiplicaran su actividad (que también), sino que ciudadanos "decentes" aprovecharon esas caóticas noches sin luz, sin alarmas y con la policía totalmente desbordada para coger del escaparate ese televisor que tanta ilusión le hacía, para ajustarle las cuentas a ese vecino coñazo o para violar a la hija macizorra del frutero. Es decir, antes del apagón esa gente no cometía actos ilegales o inmorales porque estén mal en sí mismos, si no porque les podían pillar y hacerles pagar por ello, pero bastó que durante unos días los que les controlan no pudieran hacerlo, para que mostraran su verdadera naturaleza.
Para mi desgracia yo en vez de un lobo, lo que tengo bajo el manto del civismo y los buenos modales es directamente a Godzilla. Sí, Godzilla, el monstruo ese de las películas japonesas que estaba dormido desde la prehistoria en las profundidades del océano y que unas cargas de profundidad lo despiertan y empieza a destruirlo todo a su paso. Pues eso me pasa a mí, que soy un tipo educado, pacífico y sensible pero cuando se me despierta el Godzilla pierdo la cabeza y soy capaz de arrasar con todo. Por suerte mi Godzilla tiene el sueño profundo y para que salga hay que tocarle mucho los cojones. De hecho, la última vez que tuvo la deferencia de visitarme fue hace unos años, aunque eso sí, lo hizo por la puerta grande. Prefiero no recordar el incidente porque fue muy desagradable y faltó un pelo para que tuviera consecuencias irreparables, pero es que Godzilla tiene un poco alteradas sus proporciones de las escalas acción/reacción y causa/efecto.
Pues resulta que los Anglés tienen una enorme facilidad para despertar a Godzilla, por lo que procuro evitar por todos lo medios el contacto con ese tipo de gente. Pero viviendo en sociedad eso es prácticamente imposible, por lo que mi actitud es la de Gandhi: "No Action". Es decir, pasar de todo y no entrar al trapo. Pero esa actitud, la gente que no me conoce la interpreta como pasividad o incluso cobardía. Un ejemplo: estoy en la cola del pan y se me cuela un/una Anglés (generalmente son fáciles de reconocer a simple vista) y es muy probable que no diga nada. Entonces la gente de la cola pensará: "Míralo, todo lo grande que es y no le dice nada". Pero lo que ellos creen que es achantarse para evitarme un encontronazo o una discusión, realmente lo que no quiero es que una simple discusión por ver quién llegó primero, acabe como el rosario de la Aurora. Esta frase de la película "Acorralado" lo resume perfectamente: "No vengo a salvar a Rambo de ustedes, si no a ustedes de Rambo". Es decir, que por muy grosero que sea el Anglés de turno, es muy triste acabar a palos por una tonta discusión de tráfico, o de trabajo. Espero no repetir nunca más vergonzosos numeritos de los que no me siento nada orgulloso, porque es muy penoso armar la marimorena dentro de un cine o en un centro comercial, aunque la ocasión lo exigía. Porque ese es el problema: que no tengo medida. Otras personas en estas situaciones sí son capaces de sacar un rato el lobo a pasear y volverlo a guardar cuando amaina la tempestad. Pero yo no, Godzilla es perezoso y le cuesta despertar, pero cuando lo hace viene con mucha hambre después de un largo sueño, y no le sacian unos canapés, él quiere buffet libre. Y si viene borracho o drogado ya es el acabose. Y eso supone un verdadero problema, no es algo que cuente para hacerme el duro o el malote, porque con la creciente cantidad de desgraciados que hay por el mundo, sembrando la cizaña y el mal rollo, la cosa pinta muy mal para mi amigo durmiente.

miércoles, marzo 23, 2005

Cristalizado

Esta mañana he llevado el coche a revisión. He aprovechado para comentarle al mecánico que los frenos chirrían un poco y su respuesta me ha descolocado del todo: "Eso es que se han cristalizado las pastillas". No he podido evitar descojonarme en su cara, y ante mi asombro -ya que pensaba que se molestaría- el tipo se ha descojonado también. Ha sido como un: "Vale, no ha colado. Pero tenía que intentarlo, ¿no?". Nó sé si las pastillas de freno se cristalizan o no, pero me ha sonado a coña, a la típica treta de mecánicos de contestar con una palabra absurda e incompresible, que seguramente no tiene ninguna relación pero que suena como muy técnica y sofisticada. Como a la gente no le gusta quedar de ignorante, si preguntan y les dicen: "Se te han cristalizado los frenos", o "eso es que se ha desacompasado la junta de la trócola del diferencial", o "se debe haber apelmazado el árbol de levas", la gente pondrá cara como de haber entendido perfectamente y de estar completamente de acuerdo con el diagnóstico, pero el Macario que todos llevamos dentro se queda con las ganas de soltar un sonoro "¿Mande?".

En fin, que resulta que chirrían porque se ensucian los discos, y no hay que cambiar las pastillas que estaban perfectamente descristalizadas, pero si cuela, cuela.
Con tanto pirata esto ya parece Port Royale, coño.

martes, marzo 22, 2005

Viajes y gaviotas




Comentaba hoy con un compañero mientras comíamos que las mejores vacaciones que he tenido nunca, con diferencia, son las que pasé el verano pasado a tan solo 80 Km. de mi casa…la sensación de evasión y relax fueron absolutas.

Me decía él, que tenía la impresión que cuando cualquier hijo de vecino planea las ansiadas vacaciones de semana santa o verano, tiende a creer que cuando más se aleja de su lugar de residencia, esos días de descanso serán más provechosos, más intensos y más memorables. De hecho, (me decía) pocos son lo que se quedan en su ciudad o pueblo durante los periodos en los que hay ausencia de obligaciones laborales. Y cuando permanecen en ellos, se debe a cuestiones económicas o a otro tipo de obligaciones.
Según mi amigo, este planteamiento es erróneo.

Efectivamente, cada año al llegar el mes de Julio vemos a nuestro alrededor como nuestros compañeros de trabajo o amigos planean viajes a los Fiordos Noruegos, a Praga, a Nueva York o a cualquier otro sitio donde para llegar sea necesario coger un avión. Pero en realidad todos hemos soñado con ese tipo de vacaciones. Un ejemplo claro es el típico viaje de novios al Caribe “para descansar”. En la época de nuestros padres al casarse los que tenían mucha suerte conseguían pagarse unos días en Galicia, y ahora, nos vamos al Caribe….Lo que son las cosas...

Modas aparte, y haciendo mía la reflexión de mi amigo, creo que por mucho que nos alejemos físicamente de nuestras vidas diarias y de nuestro lugar de trabajo, no conseguiremos realmente, poner distancia mental si primero no aprendemos a volar y a alejarnos sin necesidad de utilizar cualquier medio de locomoción...

La desconexión es necesaria, pero es posible que a veces, para ello solo sea necesario pararse un momento, quedarse quieto, ausente y fijarse en las cosas que nos rodean.
Esta tarde, mientras pensaba en ello, he tenido una experiencia...
He surcado el cielo montada encima de una gaviota gigante al mas puro estilo de “La Historia Interminable”. Estaba atardeciendo, y el mar tenia ese color rojizo que tiene instantes antes de ponerse el Sol, aún había luz. Hemos planeado juntas sobre el mar, he visto a unos niños jugando en la orilla y a una pareja paseando por la arena.
He llegado a sentir un poco de vértigo e incluso me he asustado un poco cuando nos dirigíamos más y más hacia la línea que separa el mar del cielo…sentía que estábamos yendo un poco lejos…Hemos compartido así tan sólo unos pocos minutos, pero de pronto y sin esperarlo, la gaviota se ha zafado de mi de cualquier manera y se ha lanzado en picado hacia el mar a por su ración de comida…

No se que pensar de todo esto. Ha estado bien, muy bien como experiencia, incluso altamente gratificante, sí…pero la verdad, no se me han quitado las ganas de pasarme seis o siete días en una isla del pacifico, tomando el sol y combinados con ron de caña.
Creo que el año que año que viene planearé alguna escapadita para Semana Santa.
Este año, ya no me da tiempo.

viernes, marzo 18, 2005

La cocina de Ferràn Adrià

Cualquiera que haya consumido alguna vez en su vida cocaína sabe que entre sus muchos efectos se encuentra la desaparición por completo del apetito y un bloqueo de la tráquea (la llamada "garganta de pana"), que sólo permite el paso de polvo, líquido y humo hacia el organismo. Esto provoca patéticas escenas en comidas familiares, cenas de empresa, etc... en las que personajes visiblemente inquietos y locuaces remueven la comida en sus platos incapaces de llevarse a la boca una sola cucharada sólida, mientras trasiegan una cerveza tras otra sin soltar el cigarrito. Se escuchan las excusas más peregrinas: "es que ya he cenado antes de venir", "es que estoy un poco pachucho del estómago", "yo ya dije de no venir aquí, que no tienen ni puta idea de hacer el arroz". Los más osados tratarán de disimular, metiéndose en la boca minúsculos trozos de croqueta de bacalao, masticándolos cientos de veces hasta que disimuladamente regurgitan la bola indigerible en la servilleta.

Estoy convencido de que el innovador cocinero catalán, harto de presenciar estas escenas entre los potentados clientes de su restaurante, y apesadumbrado por ver desfilar sus esmerados platos de vuelta intactos a la cocina, un buen día decidió inventar una nueva forma de cocinar: se acabaron los intragables alimentos sólidos, bienvenidos los aires, las espumas, y los glaseados. Ahora sus clientes, por mucha fiesta que lleven en la sangre, pueden degustar fácilmente las carnes y pescados más recios, previamente caviarizados, caramelizados, o reducidos a pulpas, cremas o vapores. Todo ello para facilitar su ingesta incluso en los gaznates más curtidos.

miércoles, marzo 16, 2005

Ovidiscopi



Para los que no podeis verlo personalmente, aquí os dejo la URL de la videoinstalación que he perpetrado con motivo del 10º aniversario de la muerte del artista alcoyano OVIDI MONTLLOR: Ovidiscopi

viernes, marzo 04, 2005

En el dentista

Hoy he ido al dentista. La sala de espera de mi dentista contiene la más espantosa colección de cuadros que se pueda imaginar. Es desasosegante pasar más de 5 minutos sentado allí dentro. Sólo se salva un Gastón Castelló realmente bonito. Allí dentro me ha venido a la memoria la novela "1984", en la que a los rebeldes se les minaba la voluntad en la temible "Habitación 101". En esa habitación se enfrentaba al insurgente a sus más profundos horrores; en el caso de Winston Smith, el protagonista, eran las ratas. Pues bien, esta sala de espera podría ser perfectamente mi Room 101, ya que si me encerraran allí más de 2 horas con esos cuadros horrorosos, estaría dispuesto a amar al Gran Hermano y a quien hiciera falta.
Otro problema añadido en mis visitas al sacamuelas es que tiene la calefacción a todo trapo, y a mí la calefacción me reseca mucho las fosas nasales, y éstas al secarse producen unos espectaculares mocarros secos a los que se hace difícil resistirse. Por supuesto no hablo de comérselos. Simplemente del enorme placer que produce hurgarse con el dedo la nariz, y con un poco de habilidad extraer un enorme moco de una sola pieza, que viene a ser como un molde seco de toda la cavidad nasal, con sus pelos pegados y todo. Sublime.
A pesar de la presencia en la sala de una señora que parecía leerme el pensamiento, pues no me quitaba el ojo de encima, he estado tentado de hacer un alarde de destreza y sacarme el moco más impresionante jamás visto y pegarlo en alguno de los horrores que cuelgan de la pared. ¿Guarro? No. Lo iba a hacer como un acto de trangresión artística. Como un happening o una performance de ésas. Incluso en el de Gastón Castelló hubiera quedado precioso, pegado en uno de los tejados de las casas, como una hermosa chimenea en 3-D.

jueves, marzo 03, 2005

Si yo fuera rico

Hoy, en el hospital, se me ha ocurrido ojear la única revista disponible: un Lecturas. Como tengo la costumbre de leer las revistas y periódicos al reves, empezando por la última página (dicen los antropólogos que es herencia de la dilatada presencia árabe en tierras españolas, que como bien es sabido leen y escriben de derecha a izquierda), lo primero -y último- que he leído ha sido lo siguiente:
"Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover pasan unos días de descanso (?!) en una estación de esquí en Suiza. Mientras madre e hija esquiaban, Ernesto prefirió esperarlas tomando un aperitivo en el refugio (este sí que sabe). La pareja venía de pasar unas merecidas vacaciones (?!!) en su mansión de la isla "nosequé" en Kenia, donde aprovecharon para descansar y desconectar (?!!!)".
Y yo me pregunto: ¿Descansar? ¿Desconectar? ¿De qué? ¿De la terrible presión de si los esclavos te harán bien el equipaje de invierno o se volverán a olvidar la petaca? ¿De la insoportable angustia de si esta temporada habrá en la estación "nieve" suficientemente pura para Ernesto?
Pobrecitos ricos que se pasan la vida de acto en acto y de fiesta en fiesta, acosados por esos paparazzi malos que les hacen llorar; porque los ricos también lloran, ¿no?
No me ha hecho falta seguir leyendo, pero por la pinta toda la revista estaba llena de perlas como ésta. Periodismo de altura para peluquerías de barrio.
Así son las cosas, y así se las hemos contado.