domingo, mayo 22, 2005

Club de intercambio II

En el anterior post me había quedado en que V y yo decidimos cruzar la cortina que nos separaba de Sodoma y Gomorra. Fuimos hacia la francesa para que nos diera unas toallas y su respuesta fue estrecharme la mano entre las suyas y sonreírme con gesto de satisfacción, como orgullosa de nosotros por haber dado el paso, por lo que quedaba claro que no se había tragado en ningún momento lo de que éramos experimentados swingers. Nos acompañó adentro para guiarnos en una tournée por el chalet y explicarnos la función de las distintas salas.

Cruzamos la cortina y lo primero que encontramos fue un pasillo con sofás a ambos lados y mesas bajas. La tenue iluminación neutra me recordó al Korova Milky Bar de "La naranja mecánica". En uno de los sofás había un maremágnum de cuerpos desnudos en plena faena. Yo pensaba mirar disimuladamente, pero no hizo falta porque la francesa se paró delante del montón de miembros y empezó a explicarnos tranquilamente que aquél no era el lugar más idóneo para lo que estaban haciendo, pero que, bueno, que mientras se respetasen las reglas allí valía todo, y que la gente era muy libre de hacerlo donde le pillara el calentón. Los mentados ni se inmutaron y seguían dale que te pego a lo suyo. Logré distinguir un chico estirado en el sofá y sepultado por dos chicas normalitas y una rubia despampanante. (Quiero dejar claro que cuando digo despampanante no es por darle más morbo a la historia, es porque de verdad allí había unas mujeres tremebundas. Y el primer sorprendido fui yo, que por lo que había visto en las revistas me había hecho una idea muy distinta. En las revistas de contactos la mayoría de fotos muestran cuerpos del montón, con sus tripitas y sus celulitis, (hablo solo de cuerpos porque las caras salen siempre distorsionadas para garantizar el anonimato), pero también salen bastantes cuerpos bonitos y algún que otro cuerpo espectacular. Pero es que en aquel club el nivel era altísimo, tanto el de ellas como el de ellos, y había algunos ejemplares de auténtico infarto. Otra cosa que me sorprendió mucho y gratamente era la enorme cantidad de parejas jóvenes y muy jóvenes. La edad media allí no pasaría de los treinta años. Otro detalle evidente era el alto nivel sociocultural de la concurrencia. Supongo que hasta para esto hay clases, y desde luego aquel club era para swingers VIP). Seguimos nuestro recorrido y llegamos a una pequeña sala muy oscura con unos extraños armatostes. Nos explicó que aquella era la sala de juegos. Nos mostró "El columpio del amor", que era un cacharro con arneses que colgaban del techo, con el que nos aseguró se podían hacer auténticas virguerías acrobáticas. Otro de los juguetee era "La silla del amor" (parece que no se estrujaron demasiado las meninges para poner los nombrecitos), un inquietante instrumento como el sillón de un ginecólogo, con reposapiés y toda una estructura de barras y asideros, sólo apto para malabaristas. Pasamos entonces a una sala totalmente oscura en la que sonaba música lenta, que nos explicó que era para las parejas más tímidas a las que les costaba mucho romper el hielo. Allí bailaban agarradas en el anonimato que proporciona la penumbra y cruzaban caricias con otras parejas, para pasar luego a palabras mayores. Por los gemidos que llegaban del fondo, estaba claro que a algún tímido ya le había funcionado el invento. A continuación nos mostró la sauna, y después el jacuzzi, en el que una chica muy joven y guapa estaba cabalgando a un tío mientras gemía escandalosamente con los ojos cerrados y una sonrisa de oreja a oreja. Yo a estas alturas ya estaba como un burro, y como allí a nadie parecía importarle que les miraran en plena faena (lo cual tiene su lógica porque si vas a un sitio como aquél a follar en público, y luego te molesta que te miren mientras lo haces, es que eres gilipollas), pues yo no perdía detalle de todo lo que ocurría a mi alrededor. Además la francesa era la primera que se paraba descaradamente delante de la gente en acción para explicarnos tal o cual cosa, como si fuera la guía del zoo; y la gente, sin parar lo que estuvieran haciendo en ese momento, nos sonreía y saludaban con total naturalidad.

Mientras la rubia del jacuzzi parecía enlazar un orgasmo con otro, o al menos era uno muy largo, o puro teatro, porque los ladridos que soltaba eran acojonantes, la francesa también nos aconsejó esta opción como la forma más rápida de entrar en acción. Así que le susurré a V que en cuanto nos despelotáramos íbamos de cabeza a la puñetera "bañera del amor". Y llegamos a la atracción estrella del "Bilitis", que me tenía intrigado desde que lo leí en su anuncio en una revista: "La cama más grande de Europa para sexo en grupo". Me quedé un poco decepcionado porque resultó ser un simple tatami como los del kárate, a ras de suelo, sobre el cual en ese momento habría unas diez o doce parejas en plena bacanal espectacular. Estaba bastante oscuro, pero en cuanto acostumbré la vista me impresionó ver una orgía de verdad en vivo y en directo, después de tantos años cascándomela con "Calígula". Allí había de todo y para todos, pero en primer plano me excitó mucho ver a una chica (clavada a la tenista Steffi Graff) recibiendo un precioso sandwich por parte de dos maromos. "Steffi" me sonrió y siguió a lo suyo. No sé si logro transmitir bien la extraña sensación que es estar plantado a un metro escaso, de pie y vestido, mirando con todo el descaro del mundo una orgía en su pleno apogeo. La cosa se iba poniendo muy, pero que muy bien.

La francesa (de la que por cierto aún no os había dado referencia visual, pero creo que la que os voy a dar ahora a muchos os va a sonar a chino: ¿recordáis la serie "Cagney & Lacy" sobre dos mujeres detectives? Pues se parecía a la morena del pelo corto, que no sé si era Cagney o Lacy, o la madre que las parió) nos enseñó entonces la sala que con diferencia más me descolocó de todas (que a estas alturas de la historia, ya es mucho decir): la sala de los voyeurs. Un cuartucho oscuro contiguo al "tatami del amor", dotado de un pequeño cristal en la pared, con forma de boca sonriente. Un cristal tintado, como esos de las ruedas de reconocimiento de la policía, con el que tú puedes ver desde dentro pero no te pueden ver a tí. (Pero vamos a ver, tarado. Si vienes a un club como este, en el que la gente folla y requetefolla con todo el mundo, y nos les importa un bledo que los mires in situ, como acabo de hacer yo hace un minuto, ¿qué coño se ha torcido en tu cerebro enfermo para que tengas que encerrarte en una letrina tenebrosa a pajearte mientras miras a través del espejo cómo otros disfrutan "the real thing" en carne y hueso? Es que lo mire por donde lo mire no le encuentro explicación. Nunca dejarán de sorprenderme los inextricables recovecos de la mente humana).

La francesa seguía guiándonos a través del laberíntico chalet, y nos mostró el hamann (baño turco), amén de un montón de extrañas estancias más, unas con tumbonas, otras con cojines en el suelo y velos colgando del techo, y también nos mostró los reservados. Son unas habitaciones privadas en las que si prefieres un poco de intimidad, pides la llave y te encierras allí con quién quieras: tu pareja, o con otra pareja, o para hacer un trío a solas, etc... (La verdad es que es una buena alternativa al clásico hotel para las parejas que quieran romper un poco la monotonía: pagáis 10.000 pts, os tomáis cuatro pelotazos, os ponéis como motos con el espectáculo, y luego os encerráis en un reservado de éstos a rematar la faena. Pero antes aseguraros de que no hay ningún espejo con forma de labios en la pared, por si lo que queríais era intimidad). El final del trayecto fue una zona no mucho menos tétrica que la de los voyeurs: la zona reservada para hombres solos. La cosa funciona así (y esto responde la pregunta de J-vol): así como las mujeres solas, por razones obvias, son muy bien recibidas en este tipo de clubs, los hombres solos tienen restringido su acceso a las zonas destinadas a parejas, es decir, al 95% del local. (Y aquí no valen tonterías de que si discriminación positiva ni hostias; es evidente que si pudieran entrar hombres solos, aquello en dos días se llenaría de puteros, salidos y fisgones y se acabaría la gracia del asunto). Los hombres, previo pago de una entrada (que no sé si será el mismo importe que las parejas) son llevados a esta sala, donde esperan en una barra tomando copas a ver si esa noche les sonríe la suerte y alguna pareja necesita un hombre (o dos o los que sean) para un trío (o un quinteto, o cualquier otra combinación). Entonces la pareja va a la zona de los hombres, selecciona el que más se ajusta a sus necesidades y se lo comunica al camarero de la barra. Éste avisa por el interfono a la francesa, que va hasta allí y le permite al afortunado el acceso al paraíso. Y a ése ya le ha tocado la lotería, porque una vez dentro, y una vez que haya cumplido con sus obligaciones como macho con la pareja que lo eligió, y si tiene aguante y aún le quedan ganas, puede permanecer allí indefinidamente poniéndose las botas. Cuando entramos nosotros acompañados de la madame había cuatro hombres en la barra y los cuatro se volvieron con mirada suplicante pensando que habíamos ido a buscar un hombre (como el que va al videoclub a alquilar una película). La verdad es que aquello era un poco triste, cuatro tipos allí solos, sentados en sus butacas sin hablar entre ellos (supongo que por aquello de la rivalidad), trasegando cubata tras cubata y rezando por estar entre los elegidos para la gloria de esa noche. Sólo espero que el proceso de selección sea mínimamente digno y, por ejemplo, nadie exija inspeccionarles los dientes, como cuando se compra un caballo de carreras o a Espartaco en una subasta de esclavos ("Te están hablando. ¡Responde, cerdo!"). Por supuesto el hombre puede rechazar la invitación si la pareja que ha pedido su compañía no es de su agrado, pero dudo mucho que después de toda una noche esperando su oportunidad se muestren muy exigentes en ese aspecto. Además pueden hacer de tripas corazón, pasar el trago y una vez libres como Kunta Kinte, resarcirse hinchándose a follar en el jacuzzi o el tatami (es curioso que estos dos inventos japoneses hayan acabado como escenario para los placeres de los libertinos de todo occidente). Me pregunto qué debe sentir ese señor que acude allí noche tras noche esperanzado y ve como se llevan para dentro al de la butaca de la derecha ("Pues no sé que le habrán visto a éste que no tenga yo"), al de la izquierda ("¿A ese? ¡Pero hombre, por favor! Si está más calvo que yo"), y al otro y al de más allá, y a él nunca le llega su hora; y después de 16 gintonics se va, mirándose la punta de los zapatos, a cascársela a su casa. Debe ser duro.

Por último nos mostró un pequeño cuarto con unas mesas bien surtidas de botellas de agua, vasos de plástico, cafeteras, termos con chocolate caliente y dulces variados, chocolatinas y mazapanes; según nos explicó para reponer fuerzas y seguir la marcha.

Por fin nos llevó a unas taquillas donde nos teníamos que desvestir y guardar nuestras ropas (los relojes, carteras, joyas, teléfonos móviles y cualquier objeto susceptible de ser robado, los tuvimos que meter en un sobre grande que nos proporcionó ella, y que depositó en una caja fuerte que había dentro de la barra del hall, escoltada por los dos mastuerzos). Nos dio un puñado de preservativos y nos deseó suerte. Y añadió que si nos apetecía entablar relación con cualquier pareja pero nos daba corte lanzarnos, que la avisáramos que ella nos presentaría y ayudaría a romper el hielo. Le dimos las gracias por todo y empezamos a desnudarnos. Como tiene buen cuerpo, V no tenía ningún reparo en mostrarse desnuda, pero mi caso era diferente. No es que lo de Micropene tenga una base real, pero tampoco soy Nacho Vidal, y aunque nunca antes había tenido complejo, después de ver algunos tipos pavonearse por allí dentro con auténticos trabucos colgando de apolíneos cuerpos esculpidos en gimnasio, la verdad era que estaba en franca desventaja. Encima para mi desgracia descubrí que las toallas eran muy pequeñas y apenas abarcaban mi cintura de avispa, por lo que quedaba descartado el modelito Tarzán y tendría que mostrarme como Dios me trajo al mundo, es decir, desnudo y con la polla pequeña. Pero no sin antes darme unos toquecitos para que aquello recobrara algo de la vida que había demostrado tener hacía un rato, cuando me deleitaba con los numeritos del tatami.

Nos descojonamos de ver el fregado en el que no habíamos metido a lo tonto a lo tonto, y decidimos empezar por el jacuzzi, en parte por los consejos recibidos y en parte porque era el único sitio en el que yo podía estar cubierto de cintura para abajo, por lo menos hasta que la cosa cogiera algo de consistencia. Así que nos metimos en el jacuzzi, y estábamos jugueteando entre nosotros, cuando entra una chica sola (que le echaba un aire a la presentadora de los telediarios de TVE, Cristina (o María, no estoy seguro del nombre) Blanco) que se coloca justo al lado de V. Yo me separo para no interferir en la acción, ya que las intenciones de la chica parecían claras, y me sitúo enfrente de ellas para disfrutar del espectáculo. Apenas cruzan unas palabras y empiezan a juguetear (y hasta aquí puedo leer. Tarjetita para el público). Yo estaba encantado de empezar a ver cumplida la fantasía de casi todo hombre, pero claro, no podía ser todo tan bonito. Enseguida entra otra pareja al jacuzzi. (Él era igual que el narco gallego Laureano Oubiña, y ella una rubia neumática pero con pinta de putón verbenero, una especie de Loli Álvarez, pero no tan basta). Él va y se coloca al lado libre de V y la rubia a mi lado, y ya nos cortaron el rollo. Justo después entra otra pareja muy joven al jacuzzi, que tendría una capacidad para cuatro parejas, quizás cinco, un poco apretadas. El chico (que se parecía al futbolista Pep Guardiola, con la misma barba de tres días y todo) se coloca al otro lado de la chica sola, y su pareja (rollo la cantante Enya) se coloca a mi lado. Por lo que yo quedo en lo que debería ser una situación privilegiada: en frente mi pareja haciendo diabluras con una chica bastante mona, y a cada lado una morena y una rubia en pelotas, como una especie de Don Hilarión swinger en una zarzuela pornográfica. Pero, y no me preguntéis el porqué, porque yo aún tampoco me lo explico, no me encontraba nada cómodo. Prefería la situación de hacía apenas unos segundos, y además, entre el alcohol ingerido a lo largo de la noche, los vapores del jacuzzi y la calefacción del local que estaba a todo trapo, porque era Diciembre y allí va todo el mundo en pelotas, y a mí la calefacción me embota la cabeza, yo lo vivía todo como algo irreal, como en un intangible sueño extraño y desquiciado. De repente, en una extraña maniobra la chica sola queda flotando en medio del jacuzzi sostenida por algunos brazos, totalmente ofrecida a los allí presentes, que no tardamos en empezar a magrearla todos, como zombies (cerebro, cerebrooo..). Por suerte, lo que a mí me cayó más a mano fue su entrepierna, por lo que no desperdicié la ocasión de toquetear. Pero la situación me resultaba tan cómica que más que unas caricias sensuales, parecía que le estuviera dando una capa de minio a la zona.. Encima V me hacia caras raras dándome a entender que "Laureano" le estaba metiendo mano por debajo el agua, y me da a mí que el tarugo éste la consigna del apretón en el antebrazo se la pasaba por lo huevos (nunca mejor dicho). Así que por una de esas disparatadas reacciones mías ante las situaciones grotescas, no se me ocurre mejor idea que dejarme caer desde el asiento del jacuzzi sobre el que estábamos todos sentados y que nos dejaba el nivel del agua por el pecho, descendiendo hasta el fondo de la bañera, por lo que me quedé sentado y con el agua a la altura de los ojos, como los hipopótamos en las charcas, echando burbujas por la nariz. Desde esa absurda postura observaba la situación, al abrigo del cálido líquido protector. Pero con tan mala pata que al descender, y dado que al estar la del telediario desparramada en medio de la bañera estábamos todos un poco apretados, se me quedó el paquete atrapado entre mis gordos muslos, y me quedé como el asesino Búfalo Bill de la película "El silencio de los corderos", cuando está haciendo poses delante del espejo con el paquete metido entre las piernas. Y la rubia no elige momento mejor para empezar a acariciarme y a bajar la mano hacia mi abducida entrepierna. Pero como no había espacio libre alguno, y estábamos hacinados como sardinas en la lata, yo estaba atrapado y no podía separar las piernas para reflotar mis genitales, por lo que cuando la mano de la rubia llegó a mi pubis y no encontró lo que buscaba dio un respingo de repulsión porque debió pensar que era un eunuco o un pervertido de esos que se autocastran. Esto ya terminó de cortarme el rollo, ya había tenido bastante jacuzzi y había más cosas que probar; y como no podía descender aún otro escalón más hacia el infierno, ni escaparme por el sumidero, no tenía más remedio que salir de allí montando algún numerito de los míos. En parte me vino bien el decidir levantarme, para así demostrarle a la rubia que sí que tenía polla; no toda la que yo quisiera, pero tenía. Mi salida no pudo ser más tosca: me levanté de golpe y el agua, cuyo nivel descendió instantáneamente por lo menos un palmo, empezó a hacer unas violentas olas, y todas las mujeres estiraban el cuello como gansos para que no se les mojara el peinado. Como estábamos tan apretados, tuve que pasarles los huevos por la cara a casi todos los presentes. Intenté alcanzar mi toalla pero se me cayó dentro y se empapó toda. Cuando me veo en una des esas situaciones me pregunto a mí mismo si no seré la reencarnación de Abbot y Costello en un sol cuerpo, porque ni Peter Sellers en "El guateque" podría haber hecho una salida más torpe y ridícula de un jacuzzi. V también debía estar harta del pulpo a la gallega porque salió detrás de mí, riéndose de mi exhibición de habilidad acuática. " Estás tonto. ¿Qué hacías ahí agachado? A veces pareces retrasado, hijo mío". "Vamos un momento a la sauna. Necesitamos replantear nuestra estrategia".

En la sauna había dos chicas y un chico (de las chicas no puedo dar muchas referencias visuales porque por el vapor apenas las intuía, pero sí sé que tenían bonitos cuerpos, y el chico, que lo tenía más cerca, era un guaperas muy jovencito, del estilo del cantante Raúl). Empezó a hablarnos y nos contó que eran dos parejas de amigos que habían venido desde Santander (el que faltaba debía estar por ahí poniéndose las botas). Eran swingers convencidos y militantes, y habían aprovechado el puente para venir a Alicante a probar nuevos clubs. Me preguntó si era tatuador, y a pesar de que le dije que no, empezó a enseñarme sus tatuajes y a pedirme mi opinión. "Sí, sí, muy bonitos. Hala, vámonos de aquí".

Aprovechamos para ir al aseo a mear. Los aseos estaban impecablemente limpios y con una curiosa distribución de la moqueta para que, a pesar de que fueras descalzo, no pisaras en ningún momento charcos sospechosos. Y al salir del aseo decidimos dejarnos de más rodeos y probar por fin el tatami.
(Pero como esto se está haciendo muy largo, lo contaré mañana en la tercera y espero que última entrega).

10 comentarios:

Cripema dijo...

La primavera nos tiene a la mayoria medio alterados, micro.
Por cierto, cada vez que voy leyendo y veo que postergas el final para una siguiente entrega, te mataria como cuando en la tele dicen: "volvemos en 2 minutos" Nunca son 2 minutos!! Queremos 3ª parte ya!!

zen-cerro dijo...

Me rei mucho con el primer episodio, pero en este te has superado.

Saludos.

Ismael dijo...

Menuda historia, campeón! te metes en cada movida...

J-vol dijo...

JAJAJAA, que divertido lo explicas todo.Esto si es una trilogia y no las Guarras de las Galaxias...

Xaturriauu dijo...

Querido Micropene. Tienes tema para hacer un "corto", ¿negociamos los derechos?. Le podríamos dar un papelito de amargado, sin pareja en la zona reservada para hombres solos,a un buen amigo nuestro.Si es posible, me pido el papel de "Laureano". Es más ...dado el interés que esto me ha despertado...sin marcarme plazo, porque paso de más agobios, propongo comprometernos, algunos ....a realizar una experiencia análoga y contar lo sucedido...por lo que a mi respecta tendré que desempolvar la agenda de amistades femeninas dispuestas a meterse en este rollo, osea "locas" en el argot covasantero.¿qué os parece?.Dado que no todos hemos sido tocados por la capacidad que micropene tiene para escribir, podríamos recurrir a grabar la experiencia, y colgar el archivo de sonido o imagen, ojo¡¡no propongo convertir esto en una cosa que no es, sólo tirar del hilo de un tema muy recurrente...muerto el gusanillo, volvemos a las neuras de Cripema y a los congresos dedicados a la mierda y tal.¿vale?..ahí queda la propuesta.

Gilito dijo...

Xaturriau, ya sabia yo que esto acabaría así...
Es que Micropene nos calienta el bocado y luego pasa lo q pasa...

Cripema dijo...

Xaturriau, las neuras de Cripema tal cual están estos dias, podrían volverse "no aptas para menores" despues de una experiencia como la que propones....

Xaturriauu dijo...

Cripema...que te veo venir...que tú estás loca por enganchar...jacuzzi,Laureaaaaano,tatami, y si te lo permiten acabamos todos haciendo "pilates" o bailando la "conga",depende de los lingotazos que llevemos en el cuerpo....

cocholate dijo...

Joe... Nunca me habái reido tanto con un blog, y lo más gracioso es que es de verdad :P

Todos pasamos por situaciones comprometidas, pero hombre, que tus muslos secuestren tu miembro no deja de ser poco menos que rarito...

¿y la toalla? me imagino tu cara jajajajaja

Estoy deseando que sea mañana! XD

Duende dijo...

Hola no hace mucho que estoy en blogger. Pero eh de confesar que estaba recopilando informacion sobre intercambio de parejas y tal para saber mas del tema. Y eh de confesar que me eh enganchado!
No me eh reido tanto en un bloc en mi vida!! de algo sencillo, pero asombroso. Has conseguido hacer de algo sencillo algo emocionante con ganas de leerte etc.. felicidades y felicidades por la experiencia a falta de leer la 3 parte.