jueves, mayo 05, 2005

Kung-fu II (El regreso)

Sorprendentemente mi actuación les había parecido bastante digna. Supongo que pensaban que siendo novato, simplemente al no haberme rajado y haberme metido en el ring con el búlgaro ya había demostrado agallas. O quizás pensaban que lo mío era una estrategia (como la de Mohamed Ali en su mítico combate contra George Foreman) y que estaba dejando que mi contrincante desgastara su pie contra mi cabeza hasta cansarlo y después contraatacar.
Los otros hicieron más o menos buen papel pero el único trofeo que logró el gimnasio fue un segundo puesto en la modalidad de formas (son como las katas del kárate, una especie de coreografía que se hace delante de los jueces y las hay individuales, a dobles, colectivas y con armas).

En el viaje de vuelta la furgoneta parecía un carro de leprosos, íbamos todos bien jodidos: el que no cojeaba, no podía masticar o tenía los ojos como una brótola. Pero lo gracioso es que el peor parado era el "Nano", que curiosamente no había combatido, sino que fue él quien logró el trofeo en formas. Pero es que a pesar de la dureza de los combates oficiales, los más salvajes de toda Europa se quedaban con ganas de explayarse del todo y por las noches organizaban en un aparcamiento peleas alternativas sin árbitros, sin reglas (aquí valía absolutamente todo) y -lo más importante- sin guantes ni protecciones. Y eso que aún tendrían que pasar todavía algunos años para que se estrenara "El club de la lucha" (incluso para que se publicara el libro). Yo me pasé una noche a echar un vistazo, no sin cierto recelo de encontrarme allí al búlgaro y que se pensara que buscaba revancha y que por algún absurdo malentendido idiomático acabar enfrentándome por segunda vez a King-Kong en un improvisado ring, pero esta vez sin casco. Por suerte no estaba por allí, pero lo que vi me dejó horrorizado: definitivamente algo se ha debido torcer en el camino evolutivo del ser humano para que dos personas que no se han visto en su vida se masacren con tanta furia y ensañamiento.

El "Nano" debió crecerse al ganar su trofeo y para saciar su ardor guerrero, ya que no combatía en el torneo oficial, se presentó en una pelea de éstas y casi lo matan, literalmente. Por el apodo ya supondréis que el "Nano" no era muy alto (aunque era todo fibra y puro nervio el cabrón), pero es que encima no hay nada como medirse con nuestros vecinos del centro y norte de Europa para darse cuenta de que la raza española no ha mejorado mucho desde Alfredo Landa.
En fin, que volvió con la nariz y la mandíbula rotas y un ojo reventado. Y como el seguro médico excluía explícitamente las lesiones causadas fuera del torneo, nos lo trajimos a España hecho un ecce homo (aunque para lo que servía la asistencia médica: a mí después de las dos coces en la cabeza me llevan muy rápida y espectacularmente en una camilla a la enfermería para "observación". La "observación" consistió en que un médico que inspiraba muy poca confianza me iluminó las pupilas con una luz, me hizo seguir la luz a derecha e izquierda, "¿Cuántos dedos hay aquí?". "Tres". "Vale, para casa").
El "Nano" estaba hecho polvo y como no se podía tumbar en el asiento porque no cabíamos, se estiró en el suelo de la furgoneta, debajo de nuestros pies. Yo no sé si se quedaba dormido o es que perdía el conocimiento, pero de vez en cuando hacía unos ruidos muy raros cuando respiraba, porque llevaba la nariz totalmente rellena de algodones y la boca tampoco la tenía mucho mejor por lo que se pasaba todo el tiempo escupiendo cuajarones sanguinolentos. Otras veces se quedaba totalmente inmóvil y silencioso durante unos larguísimos minutos y yo disimuladamente le daba una patada para asegurarme de que reaccionaba y no estaba muerto. Imaginad el angustioso viaje de vuelta con un semi-cadáver en la furgoneta. Yo comenté un par de veces de parar en algún hospital porque el "Nano" tenía muy mala pinta, pero me dijeron que no, que eso no era nada y que en peores plazas habían toreado (?!).

No hay que hacer mucho esfuerzo para imaginar la cara de los guardias civiles que nos pararon en la frontera al abrir la furgoneta y verse el percal. "Bajen todos ahora mismo y ya me están explicando qué pasa aquí". Bajamos todos los lisiados y nos hacen pasar al retén. Y allí más caras de sorpresa al vernos entrar a la Santa Compaña cargando el despojo semi-comatoso del "Nano". Os ahorraré las largas explicaciones que se dieron, pero para que se creyeran que veníamos de un campeonato de artes marciales y no de un ajuste de cuentas entre bandas o de una batalla campal entre hooligans, tuvimos que regalarles (al parecer no les bastaba con que se lo enseñáramos) el trofeo que el pobre "Nano" había ganado. Así que nos dejaron seguir. Yo pregunté qué pasaba con el herido, que si no podían enviar un helicóptero a recogerlo o algo, y les faltó poco para descojonarse en mi cara. Así que el "Nano" otra vez al frío suelo de la furgoneta y así hasta Alicante.

Desconozco cómo llegó el "Nano" ya que yo me bajé antes para recuperar mi coche en la gasolinera.

5 comentarios:

Cripema dijo...

Sí, sí, tu le dabas patadas al "Nano" para ver si estaba muerto no? .... Que te quedaste con rabia contenida de la pelea con el bulgaro! que te conozco!

Gilito dijo...

Voy a comprarte los derechos del relato para la película, antes de q se adelante Bajo Ulloa. Es una inversión.

J-vol dijo...

Yo estoy con gilito!!Además seguro que el Nano no ha dejado familia:solo hay que encontrar su tumba para cerciorarnos...

ismael dijo...

Hay veces en que sin comerlo ni beberlo, te metes en follones tremendos, es verdad.
Suerte que puedes contarlo.

J. dijo...

genial, jejeje, me muero con esta historia, es rayante...digna de una peli de american pie.