jueves, junio 09, 2005

Los años salvajes

En el anterior post mencionaba mi trabajo en una agencia de publicidad. Ya sé que parezco el abuelo Cebolleta contando batallitas del pasado, pero creo sinceramente que aquella disparatada etapa de mi vida bien merece un post (aunque hay tanto que contar que seguramente me salga una interminable saga de las mías).

Hace muchos años yo estaba metido en el mundo de los cómics. Dibujaba mucho, y junto con tres amigos más, editábamos un fanzine bastante mordaz (hace ya más de 15 años de aquello, y ya profetizamos los actuales líos de Michael Jackson , por ejemplo). Hasta que un día, un conocido me encargó unos dibujos para la agencia de publicidad que estaba montando con otro socio. No sé si recordáis aquellos espantosos muñequitos que decían: "Toy mojao", "Toy triste", "Toy tann cansado"… Pues me encargaron unos cuantos dibujos de éstos, y como quedaron muy contentos con el resultado, decidieron contratarme para la agencia, cuya apertura era inminente. La verdad es que tiraron la casa por la ventana: alquilaron toda la planta de un luminoso entresuelo, donde montaron un espectacular estudio, equipado con lo último en ordenadores McIntosh para diseño gráfico, así como todo lo necesario para el desempeño de esta actividad. Estoy hablando de hace 15 años, cuando los ordenadores ya estaban bastante avanzados y eran muy útiles para esos menesteres, pero no dejaban de ser una herramienta de apoyo. Las ideas y los bocetos todavía se trabajaban a mano, con rotuladores, y luego el desarrollo de las ideas y las artes finales se remataban con las maquinitas. Teníamos una gigantesca mesa comunitaria de dibujo, donde nos sentábamos horas y horas a estrujarnos las meninges, en largas jornadas creativas que ahora recuerdo como mágicas.

En un principio yo entré como artista/creativo/diseñador, a las órdenes de un genial artista californiano (Mr. Got de San Francisco) que era el verdadero cerebro y el que cortaba el bakalao en todo lo relativo a arte. En poco tiempo, y gracias a las innovadoras, originales y transgresoras creaciones de la fecunda imaginación de Mr.Got, la agencia ganó un considerable prestigio en el mundillo, por lo que aunque no teníamos demasiados clientes, nos permitíamos cobrar cantidades monstruosas por nuestras peculiares creaciones, y la agencia marchaba relativamente bien. La verdad es que llegamos a crear escuela con una serie de imágenes corporativas para empresas que rompían radicalmente con las reglas no escritas de lo que se podía y no se podía hacer en diseño funcional. Creábamos unos logos muy vanguardistas con una elección de colores totalmente contrarias al "manual", y luego hacíamos un uso radicalmente transgresor de ese logo y esos colores en las tarjetas de visita, las facturas o los sobres del cliente. Tan transgresor que reconozco que a veces eran un atentado a la vista, o directamente ilegibles. Pero como el mundo del arte es así de caprichoso, los clientes nos siguieron el rollo y cada vez exigían apuestas más arriesgadas. Y nosotros no les defraudábamos. (Algún tiempo después, cuando de casualidad veía alguno de aquellos trabajos en el mundo real, me invadía cierta sensación de bochorno y asco-pena). También hacíamos publicidad para prensa, radio, catálogos, etc…

A Toni lo conocí allí, él estaba en el departamento administrativo, y enseguida saltaron chispas: se habían juntado el hambre con las ganas de comer. Los dos éramos muy jóvenes y nos queríamos comer el mundo. Algún tiempo después el americano empezó a descentrase (aunque la verdad es que ya venía un poco sonado de serie), porque tenía problemas personales: se vino su madre a vivir a España, a la que tenía que cuidar porque no estaba muy equilibrada; y además había dejado embarazada a una chica de Torrevieja. Al final ya ni se pasaba por el estudio, por lo que acabaron delegando en mí la responsabilidad del departamento creativo. Lo primero que hice fue incorporar al equipo a Delrieu, artista alicantino de enorme talento, e íntimo amigo mío de toda la vida. Delrieu ejerció de 5º jinete sólo puntualmente ya que, por fortuna para él, en aquellos momentos tenía la cabeza en otros asuntos más saludables.

Como ya dije en el anterior post, yo en aquella época era muy joven (sólo tenía 19 años), muy impetuoso y muy irresponsable, por lo que cuando me dieron carta blanca en ciertos asuntos, se me fue la cosa de las manos. Solíamos encargar la comida a domicilio de una pizzería que teníamos cerca del estudio, para no interrumpir nuestras largas jornadas creativas, y yo era el que firmaba los albaranes. Al final nos subimos a la parra y pedíamos sin ton ni son cantidades absurdas de comida muy cara, por lo que un día que pasó uno de los jefes a liquidar la exorbitante deuda, me cayó una bronca monumental. "Que no se vuelva a repetir". Y por supuesto que se repitió; casi cada semana. También tenía mi firma autorizada para realizar compras en una tienda de material técnico para dibujo, donde eventualmente acudíamos a hacer auténticos saqueos piratas, de cosas carísimas, la mayoría de las cuales no nos servían absolutamente para nada. Ahora me avergüenza recordar lo idiota, inmaduro e irresponsable que era, pero hay que reconocer que cuando uno es tan joven y le dan barra libre, es muy difícil resistir la tentación de subirse a la chepa. Además el comportamiento de los jefes tampoco era muy ejemplarizante: vivían a cuerpo de rey, no se privaban de nada y no escatimaban un duro en "gastos de representación" (venía mucho por allí un inquietante personajillo, hiperactivo e inquieto, que conducía un flamante deportivo, que tiempo después descubrí era su particular Dr. Feelgood a domicilio). Y ya se sabe, "donde fueres, haz lo que vieres…".

(Como esto me está saliendo muy largo, continuaré mañana).

2 comentarios:

Cripema dijo...

Micro, chato, tú y tus malditas sagas.... Vamos para 5 como en la anterior??
No nos hagas esto y vete escribiendo la segunda entrega que te conozco y eres muy perro!
Aunque el titulito de los años salvajes se que da para mucho....

malaputa dijo...

Escribe escribe, no te cortes...