viernes, agosto 26, 2005

La insoportable levedad del ser... pobre

O, en honor a la verdad, del no ser rico. La semana que viene estoy de vacaciones y no tengo dinero para pegarme un buen viaje como Dios manda. Estuve hace unos días en mi banco, pero esta vez no se han dejado engañar. La chica que me atiende habitualmente se quedó un poco descolocada cuando le pregunté por qué mi banco me odiaba. Me dijo: "No digas eso, hombre". Y yo: "Sí, sí, Mi banco me odia, pero no como cliente, sino a un nivel personal". Se rió, haciéndose la tonta; como si no supiera del desagradable incidente personal que tuve con el director de la sucursal.

Fue hace unos años. Él es el típico gusano trepa que acababa de recibir su recompensa por tantos años de lamer traseros y había sido nombrado flamante nuevo director de la oficina principal. Y por lo visto entró con bríos, con ganas de sacarle brillo a su expediente para que los de arriba notaran inmediatamente una mejoría en la gestión. Así que no se le ocurrió mejor idea que llamarme (supongo que aparte de a mí, llamaría a algunos clientes no satisfactorios más) sobre no sé qué asunto de unos números que por lo visto no eran del color que debían ser.

Al día siguiente me presenté en su despacho y le dejé claro que su banco era una puta mierda, que sólo le interesaban los grandes clientes, y que yo como cliente proletario lo mínimo que esperaba de mi banco es que estuviera conmigo a las duras y a las maduras. Le pregunté que si por una casualidad del destino mañana me tocaba una lotería me iba a recibir con la misma cara de agrio o con una sonrisa de oreja a oreja, mientras me ofrecía un coñac y un puro. La verdad es que en aquel momento yo no pasaba una buena racha y lo pagué con el pobre diablo.

La cuestión es que desde entonces él, y por extensión mi banco, me odian visceralmente. Y por esta curiosa relación de odios interesados que dura ya mucho más que algunos matrimonios, mi banco no está dispuesto a esponsorizar mis nuevas andanzas allende los mares.

Aunque siempre nos quedarán las tarjetas de crédito. Bendito dinero plástico.

4 comentarios:

Cripema dijo...

No te exagero, te lo he dicho cien mil millones de veces: Cambia de banco!!!
Que les den, hombre!
Habrase visto un Banco que no quiere esponsorizarte tus viajes, vacaciones y demas juergas?!! Eso no es un Banco! Es Usura! :)
Pero sí, que razon tienes.. que gran invento el dinero de plastico!

Micropene dijo...

Lo que pasa es que soy un romántico soñador como Trotsky, y pretendo cambiar el sistema desde dentro. No quiero cambiar de banco, quiero que mi banco cambie, aunque para ello tenga que usar métodos "no pacíficos" (como promulgaban los anrquistas).

En otra de mis visitas con idéntico resultado negativo, le pregunté a la chica (la pobre se merece un monumento por su paciencia) que si me estaría diciendo lo mismo si yo llevara una granada (de fragmentación, no la fruta) en la mano.

Dosjerez dijo...

Los bancos es lo que tienen, que no comprenden, no se dan cuenta que si te financian tu ocio serás mas feliz, si eres mas feliz rendirás mas y seras mas deseable para otras empresas, seras mas productivo, entonces te ascenderan, y claro, tendras mas dinero, cuando tengas mas dinero, otro banco te seducirá, y claro, al final perderan ellos, lo malo es eso, que no lo comprenden

criztina dijo...

Estoy con Cripema!
CAMBIA DE BANCO!

de verdad, que no le debes nada y no están haciendo nada por ti!
Hay muchos, mucha variedad y además como se quitan los ojos los unos a los otros conseguir una nueva cuenta tienen objetivos y le harás feliz a algun pobrecito para sus "objetivos" de este mes.
Y piensa, por otro lado, que al director de tu banco no le hará ninguna gracia perder un cliente, aunque no sea de los ricachones!

venga! anímate!!!