miércoles, septiembre 07, 2005

12 + 1

Advertía Marco Tulio Cicerón en "De Devinatione" que "El hombre supersticioso lleva consigo el sufrimiento en todas las situaciones y episodios de la vida; incluso el sueño mismo, que anula todas las demás preocupaciones de los infelices mortales, ofrece al supersticioso materia para nuevos terrores, pues, cuando analiza sus sueños, encuentra en esas visiones nocturnas presagios de calamidades futuras".

Más de dos mil años después de que se pronunciaran esas sabias palabras, concretamente la noche del pasado domingo, contemplé estupefacto la entrevista que Manel Fuentes realizó a Ángel Nieto. Este hombre, todo un multicampeón del mundo de motociclismo, un deporte que requiere grandes dosis de inteligencia kinésica (del movimiento) y sangre fría, resulta que vive atormentado por sus supersticiones; especialmente por su fobia al número 13 (por supuesto él no pronunció la palabra "trece" en ningún momento: usaba ridículos sustitutos como "doce más uno", "catorce menos uno" ó "el uno y el tres").

Contaba disparates como que si había trece comensales en la mesa, él comía solo en una mesa apartada. O que si estaba en un aeropuerto esperando para tomar un vuelo y llamaban a embarque por la puerta 13, tenía que buscarse la vida para convencer al personal de la compañía aérea para que le hicieran el favor de dejarle acceder al avión por cualquier otro sitio porque era incapaz de atravesar una puerta con ese número. Supongo que en los aeropuertos españoles, donde es más o menos conocido (él y sus manías), no tendrá muchos problemas en salirse con la suya, aunque tal como se está poniendo el tema de la seguridad aérea, no sé yo; pero es que no me puedo imaginar la escena de este hombre chapurreándole en inglés al jefe de seguridad del aeropuerto J.F.K. de Nueva York que le deje embarcar por la puerta falsa porque le tiene pánico a un simple número.

Resultaba patético verle contorsionarse para tocar la mesa de madera del presentador, cada vez que éste decidía putear a su invitado mentando el numerito de marras. Y juraría que los muy cabrones, aprovechando que el Sr. Nieto no es muy alto, le habían colocado el sillón más alejado de la mesa de lo normal, para que no tuviera la tranquilizadora madera al alcance de la mano; y así, cada vez que tuviera que hacer su absurdo ritual, no tuviera más remedio que levantar el culo de la silla, con el consiguiente recochineo del "respetable". Y no fueron pocas las ocasiones: durante el breve rato que aguanté viendo el programita, le conté no menos de siete alzadas, ansioso, con la mano cornuda extendida hacia la mesa de su torturador. Fue un espectáculo desasosegante. Comentó que, para evitar esas penurias, llevaba en su coche un trozo de madera colocado sobre el salpicadero para poder tocarlo cada vez que se cruzaba con el número maldito. Y que lo pasaba francamente mal cuando conducía por no sé cuál región de Francia, en la que todas las matrículas empezaban por el número en cuestión: se pasaba todo el viaje con una mano en el volante y la otra en el tarugo de madera.

La verdad es que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Yo he hecho examen de conciencia y reconozco que tengo ciertas manías que bien podrían rozar la superstición, pero la más cercana es la siguiente: cuando recojo la mesa tras una comida y tiro los restos a la basura, no arrojo un mendrugo de pan sin darle antes un beso. Ridículo, pero cierto. No es algo que me conste que haga siempre, y por supuesto no lo hago conscientemente, sino que me sorprendo a mí mismo justo después de haberlo hecho mecánicamente. Y me desconcierta mucho porque no sé de dónde, ni desde cuándo me viene a mí semejante tontería, ya que estudié en colegios laicos, y mi familia no es muy religiosa que digamos (de hecho, nunca he observado a ningún otro miembro de la familia haciendo esta gilipollez).
(Aunque mi manía con las pinzas cuando tiendo la ropa tampoco se queda atrás. Y esa sí que es consciente. Pero ya lo contaré otro día que esto -como siempre- me ha salido muy largo).

4 comentarios:

Gilito dijo...

Yo he descubierto mis manias gracias a Cripema: Odio que no cambie el rollo del papel higiénico (que consume a toneladas), me inquieta que se deje las puertas de los armarios entreabiertas, que use una cucharilla de postre con mango de gordo de plástico para el cafe (con el consiguiente vuelco de la tacita)... seria interminable la lista...

Micropene dijo...

Jajaja. Respecto a lo del consumo de papel higiénico a toneladas, recuerdo una entrevista al cantante del grupo heavy W.A.S.P., Blaclie Lawless, quien decía que cuando estaba solo en casa le duraba un rollo de papel más de una semana, pero que era tener mujeres en casa y volaban los rollos. Su teoría era que hacían dinosaurios de papel higiénico (a falta de papier maché) mientras cagaban.

zen-cerro dijo...

Feliz septiembre. Riete tu del trece y de los aeropuertos extranjeros. En Niza por ejemplo no tienen puerta trece. Asi, directamente. Saltan de la 12 a la 14.

En cuanto a lo de tocar madera, suerte tiene Angel Nieto de no ser italiano porque si lo fuera en vez de tocar madera deberia tocarse los huevos (aunque sea con disimulo y por dentro del bolsillo)...Una de las escenas màs divertidas que uno puede presenciar es un grupo de italianos que de repente ven pasar un coche funébre...

Cripema dijo...

Como lo habeis adivinado? Como sabeis que hago papiroflexia con papel del culo?
Dinosaurios de papel! Eso es exactamente lo que hago yo en el vater! Bueno, aunque en realidad eso era antes, ahora me ha dado mas por hacer dromedarios...lo de una unica joroba es todo un reto...probad, probad...vereis que divertido.