domingo, septiembre 18, 2005

El gato de Schrödinger

"Ilusionado dice que le choca la idiotez, pero tropieza todo el tiempo, desilusionado, consigo mismo". (Fernando Arrabal "¡Houellebecq!").


Schrödinger planteaba la siguiente hipótesis: imaginemos una caja cerrada con un gato, cianuro y un elemento radioactivo dentro. Según él, hasta que no se vuelva a abrir la caja no podemos saber si el gato ha muerto (por mucho que la "lógica" nos incline a pensar que así será).
Más de medio siglo después, la física actual le da la vuelta a esta idea y sentencia que en verdad dentro de la caja hay dos gatos: uno vivo y otro muerto (según los principios de la indeterminación cuántica).

Pues bien, ayer sábado por la noche desafié los principios de la indeterminación cuántica, a Schrödinger, y a la madre que los parió a todos. Experimento: metemos a otro mamífero, no mucho más inteligente que el gato (pongamos un Micropene), con una supermujer (por la que suspira desde que la conoció no hace mucho en una cena) en el marco incomparable de un fiestón al que estaban invitados en la zona VIP de un espectacular macro-pub de lujo. Según los sabiondos de las batas blancas, allí había dos Micropenes: uno vivo (triunfante) y otro muerto (fracasado). Pues no. El otro se debió quedar durmiendo la mona, porque sólo vino el Micropene muerto.

¡Que despropósito de noche, Virgen Santa! Que forma de malograr un ocasión de oro para haberle dicho cuatro cosas. Y cuando digo "decirle cuatro cosas", me refiero a cuatro cosas sensatas, sinceras y constructivas; porque decir dije mucho; y ése fue justo el problema. Me explico. Desde el día que la conocí, cada vez que estoy con ella me rondan por la mente todas las conjugaciones posibles del verbo inglés "overwhelm", que más o menos viene a significar "arrollar", "abrumar" o "aplastar" en castellano. Su presencia ejerce en mí el mismo influjo que la Criptonita en Superman: mis, ya de por sí escasas, virtudes (superpoderes) se esfuman y quedo hecho un pelele. Y, ojo, que no estoy hablando de amor (desde que leí los "Estudios sobre el amor" de Ortega y Gasset ya no creo en eso; ni puedo leer a Stendhal, al cual el sabio madrileño despelleja inmisericordemente. Bueno no a él personalmente, pero sí a su concepción romántica del amor, con la que el abuelo del presentador de "Días de Cine" (por cierto, tan vitriólico como su ascendiente) no podía estar más en desacuerdo).

Se trata simplemente de que es una persona... pues eso, "overwhelming". Dejando de lado la evidente atracción física, pues es una mujer espectacular, es una persona inteligente, creativa (vive de su ingenio), tremendamente culta y ("last but not least") muy simpática (imprescindible cualidad humana. Donde no hay sentido del humor, no hay vida; ya lo dijeron los sabios latinos: "Desconfía del que no ría").

Todas esas cualidades la convierten, según mi dislocada concepción del mundo, en una "Supermujer". Y para una "Überfrau" tiene que haber un "Übermensch" (superhombre), y yo no podría estar más alejado del ideal nietzscheano del hombre nuevo que ha de venir. Todo este cóctel de complejos de inferioridad, inseguridad lacerante, propensión al desánimo anticipatorio ("Intentarlo es el primer paso hacia el fracaso", Homer Simpson dixit), herencia del concepto de culpa judeocristiano, la perspectiva desplazada, y mil chorradas más; me lo bebí anoche de un trago en una de mis actuaciones más disparatada que recuerde, que ya es decir... (Tenía que haber estado allí, sentado a mi lado tomando notas, Ortega y Gasset; o, ya puestos, mejor el nieto despotricando).

Se supone que ella ha dado muestras inequívocas de estar interesada en mí (aunque lo de "inequívocas, habría que cogerlo con pinzas, porque tengo la misma sutileza en el cortejo al otro sexo que Conan el Bárbaro; además perdí mi diccionario de "Mujer-Español / Español-Mujer", y hace ya tiempo que despedí a mi impagable intérprete), por lo que se suponía que la pelota estaba en mi tejado. Añadir esas gotas de presión al cóctel arriba mencionado, tuvo consecuencias catastróficas: ¡Cuantas sandeces salieron por mi boca! ¡Que forma de desbarrar! ¡Que ridículo más bochornoso! Ser un alcohólico social tampoco ayuda mucho que digamos.

Estábamos conversando animadamente, y por una absurda fijación mía de querer "estar a la altura" (no sé aún a la altura de qué, porque hablábamos de asuntos cotidianos y triviales) no decía más que mamarrachadas. Pronto me di cuenta de esto y pretendí corregir: lo mejor sería cerrar el pico. Pero como soy abonado al "acto fallido" de Freud, cuanto más trataba de reprimirme, peor. Las palabras, no acababan de traspasar mis labios, y ya me abochornaban, pero no había forma de parar ese torrente de gilipolleces fallidas (era como si el Micropene cuántico vivo, sentado a mi espalda, escuchara avergonzado al Micropene muerto cavarse su propia tumba). Impotente ante la evidencia de que mi inconsciente se había amotinado y tenía secuestrado a mi cerebro, al que obligaba a lanzar golpes de aire desde mis pulmones, que luego modulaba en las cuerdas vocales a su puta bola; mi parte consciente se resignaba a observar los gestos de ella, que eran el indicador perfecto para calcular la magnitud del disparate recién emitido. La gama de gestos iba desde la sonrisa de quirófano a la incredulidad, pasando por el asco-pena, el desconcierto, la desazón, y, en algunos casos concretos, el puro horror. Dado que mi psique no estaba dispuesta a colaborar, procedería a acciones físicas. Ella me decía: "Si hablas con la mano en la boca, no te escucho", pero no sabía que se trataba justamente de eso, de atrapar esas horrísonas palabras en la palma de mi mano, para que no llegaran nunca a sus tímpanos; o al menos que llegaran amortiguadas e incompletas. Hay que decir que la música house del local atronaba a un volumen brutal, y como estábamos situados justo debajo de un altavoz, confío en que gran parte de mi discurso se diluyera en el "chunda-chunda".

Para no mortificarme demasiado pondré un ejemplo muy ilustrativo de esto que comento: como a toda mujer bella, no le faltó su legión de moscones (¿he dicho ya que es espectacular?), que venían constantemente a interrumpirnos para decirle cualquier cosa al oído. Estuve tentado de mear a su alrededor para marcar el territorio, pero llegó un punto en que llegué a agradecer aquellas interferencias, porque significaban preciosos segundos que me estaría calladito. El moscón más contumaz era uno de los dueños de la sala, que venía insistentemente y se pasaba un buen rato gritándole al oído.
El tipo es un guaperas triunfador, y tal y como había transcurrido la noche, yo ya daba la partida por perdida; hasta que ella me dijo que el chaval era majo pero que era un poco pesado y que siempre le decía las mismas tonterías ("¡Continuamos para Bingo!"). Crecido ante este inesperado comentario me escucho a mí mismo decirle que el chico (joven, guapo, sano, empresario, triunfador y rico) encarnaba lo que Einstein (cuyas observaciones filosóficas no desmerecen de sus hallazgos científicos) "el Ideal de la Piara". Pude escuchar perfectamente al Micropene vivo atragantarse a mis espaldas, pues inmediatamente (pero ya demasiado tarde, amigo) caí en la cuenta de que ella es joven, guapa, sana, empresaria, triunfadora y rica. (¡Por Dios! que venga ya el gato de Schrödinger (el vivo o el muerto, o mejor los dos) y se coma de una vez la lengua del cerdo más bocazas de la piara).

No contento con eso me empecinaba en lo que los psicoanalistas llaman "perpetuar el error", y en vez de correr un tupido velo, trataba de matizar mi comentario, enmerdándolo todo aún más. Salía de un jardín para meterme en otro mayor, sólo que al parecer estos jardines los habían regado con arenas movedizas y yo ya estaba con el barro al cuello. La pobre demostró tener un aguante a prueba de bombas, porque ya en pleno despiporre, como en una barra libre de meteduras de pata, impertinencias y faltas al respeto, me escuchaba a mí mismo (pero ya como ajeno, como muy lejano, como la cosa si ya no fuera conmigo porque ya no tenía arreglo) permitirme juzgar su trabajo como "frívolo y superficial" (?!), todo el arte abstracto (que ella admira) como "una mierda y una tomadura de pelo" (?!!), la música que ama como "música para tristes y amargados" (?!!!), y así "ad nauseam"... Probablemente estos comentarios escritos transmitan la sensación de un Micropene borracho, borde y faltón, puede que hasta chulesco y agresivo; pero nada más lejos de la realidad. Todas esas tonterías las emitía un ser empequeñecido en su sillón, encogido como un muñeco de lana lavado en agua hirviendo, "overwhelmed" por su sóla presencia.

A pesar de todo ella parecía estar pasándolo bien, ya que en un rapto de lucidez yo le pedí disculpas por la nochecita que le estaba dando, y ella me dijo que tuviera muy claro que ella no se hubiera pasado tantas horas hablando con una persona si no estuviera disfrutando. Ella no se anda por las ramas y cuando alguien le aburre, a los dos minutos se levanta y se va. (¡Minipunto para el Tabarra cuántico!).

Escuché una vez que a tus primeras citas no vas tú: van tu publicista y tu abogado.
A la mía no fui yo: fueron mi peor enemigo, Némesis y la Ruperta mala. Y así salió.

Al final nos despedimos y ella me dio un papel con su número de móvil. Me alegró mucho ese detalle y, conociendo mi mala cabeza, decidí conservar ese papel como oro en paño. Dicho y hecho: le pedí a una amiga que me explicara cómo volver desde allí a mi casa, y me hizo un croquis en un papel. No en un papel cualquiera, si no en EL PAPEL. Y si un papel tiene dos caras, según las leyes de la probabilidad había 50% de posibilidades de que dibujáramos en el lado en blanco (estaba bastante oscuro). Pues no. Así que, lo que puede que fuera un 6, ahora es la rotonda del Mercadona; y lo que parece ser un 7, ahora es el puente nuevo. Genial.

La vuelta a casa fue un martirio. Lamenté no tener un CD de house en el coche para ponerlo a todo trapo y no tener que oírme a mí mismo, porque sabía que no me iba a gustar lo que tenía que decirme. No llevaba ni dos minutos en el coche y ya tenía el veredicto: Castración. ¿Para qué quieres huevos si no los utilizas? (Los amigos y los cojones, para la ocasiones). Pasé junto a un coche de la Guardia Civil y en mis delirios ya los veía haciéndome parar: "Caballero, supongo que sabrá que ha excedido con creces el límite de majaderías que permite la ley decir en una sola noche. Ramírez, ponle el bozal". Dudé si despeñarme con el coche por el Barranco de La Batalla o irme de putas. Pero no a follar, que va; sino a pagar la tarifa plana (o como vaya eso) y coger a una bielorusa que no entienda apenas el español y contarle del tirón toda la triste historia para desahogarme. Pero eso sería demasiado cruel, quizá en un gabinete de Sadomaso sí que me aceptarían un servicio tan especial. O, tal vez mejor, mañana escribiré un post.

7 comentarios:

J-vol dijo...

Asi me gusta:marcando el terreno desde el primer momento!Así no habrá lugar a la confusión la próxima vez,(si consigues desencriptar el número de teléfono, claro).Ay, alma de cantaro..tanto "rollo" para explicar que has "triunfado".¡Ese campeónnnnn!.Llorica. XDDD

Micropene dijo...

La verdad J-vol es que, visto con perspectiva, la noche no fue tan desastrosa como cuento; pero ten en cuenta que eso está escrito en las horas más bajas de un domingo... bueno sí, tienes razón: soy un llorica.
Por cierto, sí tengo el teléfono (parece mentira lo felices que puede hacernos un simple trozo de papel).

La Magdalena dijo...

Lo de la bielorrusa no es mala idea. También la confesión, que te sale gratis.
Y después, como dice J-vol, reconoce que has triunfado en toda regla. Tienes su número? Lo tiene el jefe de la piara ese del que hablabas?
Pues eso.

Gilito dijo...

Mira q nos complicamos la vida, con lo corta que es. Todo es más sencillo de lo q parece. Independientemente, el relato es genial

Cripema dijo...

A mi me encantado la aplicacion del ideal nietszcheano de que para toda Überfrau tiene que haber un Übermensch....

Micro dira lo que dira, y me criticara estas palabras con teorias propias del psicoanalismo de que tengo la perspectiva desplazada (que la tengo)pero yo lo conozco y es un Übermensch con todas las letras (que mira q son letras!!!)

Xaturriauu dijo...

Enhorabuena Micropene....ahora sólo falta, marcar el número,...cuenta que es como si hubieses conseguido que te piten penalty a tu favor en el último minuto de un partido, ahora estás sólo frente al balón, a un simple toque de balón para conseguir la gloria o el mayor de tus fracasos.....No es por joder, es porque la gente como tú se crece frente a las grandes ocasiones, espero ansiosamente el relato discreto del triunfo ......Llama y no tentemos a la suerte, que los papelitos con teléfonos apuntados los carga el diablo y los mete en la lavadora quien menos te lo esperas...Valor y al toro...maestro.

Dosjerez dijo...

Quien sabe, quizás lo que tu viste como desbarradas ella lo vió como sinceridad y seguridad, lo que tu viste como actos fallidos ella lo vió como tics de autenticidad, es lo que tiene la perspectiva, que nunca es la misma y sin embargo siempre es cierta...

PD
ya estas tardando en llamarla...