miércoles, febrero 01, 2006

La rutina del caos

Hoy he llegado media hora antes a trabajar. Y no por gusto, por supuesto. Sino porque una de las peculiaridades de vivir en "Chez Chaos" es que uno de sus inquilinos (mi querido Juancho) trabaja en "el mundo de la noche". Por lo que es frecuente que, como hoy, llegue a las siete de la mañana acompañado de compañeras/os del pub a seguir la fiesta. Así que hoy a las 06:39 a.m. me ha despertado un escándalo de risas y voces (téngase en cuenta que esta gente se pasa un porrón de horas soportando música a un volumen atronador y berreando para hacerse entender, por lo que cuando salen de allí la inercia les hace seguir hablando a gritos). Así que tras cederle mi cama a un guaperas argentino en estado semicomatoso, he iniciado la rutina del caos; que es la siguiente:

1º.- Entrar en la cocina con sumo cuidado, como el que atraviesa un campo de minas, ya que esta estancia es, curiosamente, el retrete de Miniyo (la perra de la casa), y está permanentemente decorada con meadas y zurullos de perro. En este entorno tan higiénico me preparo una leche calentita. Si hay suerte y queda algo de leche en la nevera, me caliento un vaso en el microondas, sobre el que yace el esqueleto de lo que en algún momento pudo ser un apetecible jamón procedente de alguna cesta o lote nevideño, pero que no ha sido degustado al corte, civilizadamente, sino que parece haber sido masacrado por las pirañas por su aspecto desolador. Y al abrir la nevera me llevo la primera sorpresa del día: sí hay leche pero también hay, dentro del frigorífico, una enorme caja de cartón vacía. Y no me refiero a una caja de cartón que ha contenido un pack de algo que se ha ido gastando, y se ha dejado abandonado allí el cartón. No. Me refiero simplemente a una enorme caja de cartón vacía. (En este punto conviene explicar que la Mancomunidad del Caos cuenta con 2 neveras: una para alimentos y otra exclusivamente para bebidas (cerveza en su mayoría), y huelga decir que el aparato destinado a sólidos hace tiempo ya que fue invadido por las chisposas hordas líquidas, por lo que la expresión "alimentos" se reduce en realidad a una oscura repisa con un par de yogures caducados (juraría que llevan el logotipo antiguo de Danone), dos calabacines que ya son como de la familia y una fiambrera con una sustancia sin identificar que haría las delicias del C.S.I. Las Vegas. Ah, y la caja de cartón, claro).

2º.- Me dirijo al aseo esquivando los cadáveres que yacen en el suelo durmiendo sobre colchones, mantas, sacos de dormir o, los más valientes o intoxicados, directamente a pelo (el termómetro marca a esta hora 8º C). Mientras orino me pregunto cómo han llegado al water todas esas rebanadas de pan de molde que flotan felices recibiendo mi cálido chorro. Cómo, y sobre todo para qué. Casi mejor no imaginar.

3º.- Me voy a lavar los dientes y el lavabo está completamente forrado de pelillos. Me consta que uno de los comuneros se afeita la cabeza, pero, coño, ¿qué cuesta echarles un poquito de agua y hacerlos desaparecer por el desagüe como estoy haciendo yo ahora mismo? Procedo a afeitarme, pero como no logro encontrar mi espuma de afeitar por ningún lado utilizo un frasco de lo que parece ser crema depilatoria (ya expliqué en un post anterior la presencia masiva en Melrose Place de productos de cosmética extranjeros). Después de desollarme la cara con la ayuda de la crema abrasiva, procedo a peinarme. Cuando digo peinarme, realmente me refiero a tratar de doblegar esa indomable "media melenita desgreñada" tan moderna que me han dejado, para lo que recurro a otro pintoresco bote decorado con unos espantosos colores naranja y marrón y rotulado en la lengua de los Orcos, pero que como muestra la silueta de una cabeza femenina deduzco que es algún producto capilar. El resultado es un pelo de compositor de valses en horas bajas, o de jugador del Recreativo de Huelva en Nochevieja.

Todas estas evoluciones son seguidas cómodamente desde el sofá por los pocos elementos que aún resisten despiertos, con toda la atención que sus estados catatónicos de consciencia les permite.

Tras acabar de vestirme, abandono mi "hogar, dulce hogar", no sin antes darle disimuladamente un golpecito al argentino moribundo que yace en mi cuarto para comprobar que reacciona; no me haría ninguna gracia encontrarme al llegar esta noche un cadáver en mi cama.

9 comentarios:

Mr.Celofan dijo...

Chico, yo no podría vivir así. Espero que no tengas que pagar mucho por vivir ahí.

Gilito dijo...

En realidad a el le pagan por vivir allí, para darle prestigio a la vivienda. ¿De qué crees que vive? :-)

Te ha faltado mencionar lo de los ceniceros llenos de colillas en perfecto tronco cónico.

Eremita dijo...

Jooooder parece una escena sacada de una peli americana de esas malas.

Impresionante panorama para un despertar, aunque no puedes decir que te aburres.

Chiringui (Trepanador) dijo...

Menuda aventura, yo no podría. Antes de irme de casa le pegaría fuego al argentino, con tanta gente nadie me culparía. No soporto a borrachos invadecamas.

Lo de la flecha ha sido casualidad, pero me he estado riendo rato largo, no me había dado ni cuenta.

Cripema dijo...

Espero que esta noche cambies las sabanas antes de acostarte... por muy limpio y muy guaperas que sea el argentino.

Hala! llamadme pija! que os dejo! pero no me acostaba yo en esa cama hoy ni borracha...bueno, borracha, supongo que si.

J-vol dijo...

Necesitas encontrar un alquiler ya!!O un piso de vpo o una chavola.. que se yo!!pero para ti solo: no es bueno utilizar cremas que desconoces....

rishark dijo...

Podrías haberlo titulado "Esta casa es una ruina".
Yo no hubiera aguantado ni cinco minutos.
Conociéndote me extraña que sigas allí. Búscate otra casa mas decente, aunque te faltará el intercambio cultural, cada día alguien nuevo en tu cama.

criztina dijo...

joder....yo pensaba que era un desastre, pero....me ganas por MUCHOS PUNTOS!!!
y....te quedan ganas de volver a casa?????
jajajjajaja

me has dejado impresionada....

aprilia dijo...

La verdad, es que esas cosas....en fin que lo de la impieza yo tampoco lo llevo bien, pero...¿que decir de llegar a casa y encontrarte siempre a alguien dispuesto a tomarse una cervecita o lo que surja contigo después de un día de mierda?,y lo que es mejor:ese alguien siempre te la trae, suele tener una sonrisa de oreja a oreja y muy buen rollo.
y que decir de conocer todo tipo de personajes pintorescos y féminas diversas a menudo?...en fin..que todo compensa no?
y esto lo dice la hermana de uno de ellos (del que se rapa la cabeza y deja los pelillos, que sé lo que es eso,)Alguien tenía que defenderlos ¡son mis vecinos!