martes, mayo 30, 2006

San Micropene

Pues sí, hoy es San Micropene, asi que Felicidades, amiguete. Y ya sabes, pagate algo ratica.

Besos
De tus amigos y compañeros cansados (que lo están)

lunes, mayo 29, 2006

A "Los Espantos"

Mientras me aclaro para poder colgar las fotos de la fiesta, que no se me olvidan, quería simplemente decirles a mis compadres Los Espantos que se agradece que siempre anden por aquí comentando.

La verdad es que yo escribo mis gilipolleces aquí porque me sirve como terapia y realmente no me preocupa si nos lee mucha gente o poca (Gilito colocó hace tiempo un contador de visitas y no me he molestado ni en mirarlo), pero sinceramente a uno siempre le alegra leer los inspirados comentarios "espantosos" y saber que alguien se molesta en leer mis largas e insufribles crónicas.

Y sobre todo cuando esa fidelidad no responde a la típica cortesía de devolver la visita, que tanto abunda en esto de los blogs, ya que por desgracia últimamente no tengo el tiempo necesario para pasarme por sus excelentes páginas (las propias y la conjunta). Esto se debe a que en casa no tengo conexión a internet, y en el trabajo (que es desde donde solía postear) llevamos una larga temporadita que vamos de culo y no hay un respiro para estos menesteres, por lo que últimamente me las veo y me las deseo para acceder a internet. De hecho para postear tengo que andar gorroneando a amigos y familiares sus envidiables conexiones a la red.

Y, echando la vista atrás, pues resulta que esta relación viene ya de lejos, por lo que yo he acabado considerándolos como unos amigos virtuales, al menos así lo siento desde este lado del cable. Por ello les mando un abrazo y les digo que si este verano tienen pensado dejarse caer por tierras alicantinas, que sepan que tienen abiertas las puertas de Melrose Place para lo que necesiten. (Por cierto, a ver si aprovecho el traspaso de fotos que me tiene que hacer el amigo Juancho y cuelgo alguna de Melrose Place y sus habitantes).

Celofán, Chiringui y J-vol: sois muy grandes, hermanos.

(Todo lo dicho arriba lo hago extensivo al amigo Zencerro, que aunque viene poco por aquí, siempre alegra tener noticias suyas).

domingo, mayo 28, 2006

Menuda fiesta (y 3)

Decía que nos fuimos a bailar. Lo de “bailar” es una forma de expresarme, ya que yo no bailo en el sentido estricto de la palabra. Y es una pena, porque me hubiera gustado saber hacerlo, pero nunca he tenido puta la gracia para moverme. Yo me limito a bascular de izquierda a derecha sobre un imaginario eje vertical. Si voy muy tocado soy incluso capaz de atreverme con unos tímidos pasitos ridículos adelante y atrás, que me asemejan más a Chiquito de la Calzada que a Fred Astaire. Siempre he envidiado la habilidad innata del otro sexo y de las otras etnias para estos menesteres (recuerdo que vi en Benidorm a un hooligan con una camiseta que me hizo mucha gracia porque decía: “Cerveza: desde (no sé qué año) ayudando al hombre blanco a bailar”).

Lo más asombroso de todo es que he tocado la batería durante muchos años pero no tengo ningún sentido del ritmo, y parezco un ganso mareado cuando intento arriesgar y salirme de mi básica coreografía pendular.

Consciente de mis limitaciones en este arte (el baile es una de las 6 bellas artes –si no contamos el moderno cine-, que se llaman así precisamente porque tratan de representar la belleza; que no es precisamente como definiría el resultado que obtengo yo cuando basculo encharcado en alcohol), y para evitar el agravio de posibles miradas que puedan transmitir disconformidad (si no directamente asco-pena) con mi peculiar modo de entender la danza contemporánea, lo que hago durante todo el proceso es poner mi cerebro en modo “Numen”. “Numen” es una palabra japonesa que significa literalmente “sin pensamiento”, y es el estado mental ideal que trataban de alcanzar los samuráis justo antes de entrar en combate. Claro que la gente, muy poco familiarizada con el código de honor “Bushido” de los guerreros nipones, lo interpreta como una simple saturación de estupefacientes. Si a este malentendido con los conceptos añadimos mi estética, digamos poco usual, de “yakuza” garrulo, se explicaría que constantemente se me acerque gente preguntando si paso drogas (hace unos años en el festival de Benicásim batí todos mis récords; si hubiera llevado tema para trapichear me habría forrado sin tener que moverme del sitio). Y es muy curioso, porque ante mi respuesta negativa hay principalmente dos formas de reaccionar por parte del solicitante, sobre todo si éste ya se ha metido, se le ha acabado, y ha iniciado el triste periplo de buscar más, porque estos no entienden que se han equivocado de persona y no aceptan un no por respuesta: los desesperados (“Tío, te pago lo que haga falta, de verdad”; “¿No tienes aunque sea una puntita?”) y los agresivos (“¿Seguro que no? ¿Es que tengo pinta de madero yo, o qué?”; “Pues toda pa’ ti, rata. Así se te atragante”).

Pero es que encima he incorporado un nuevo accesorio a este look de camello de extrarradio que luzco muy a mi pesar, porque no es esa mi intención ni mucho menos, y es que en uno de mis típicos cruces de cables, hace menos de un año me autoimpuse una dieta draconiana con la que perdí 54 kilos (sí, 54: es que estaba hecho un verraco) en apenas 8 meses y que me dejó, entre otras secuelas, lo que mis amigos y familiares han denominado cara de enfermo, de loco o de yonqui, según las versiones; pero una mirada, al fin y al cabo, como ida y de persona que sólo trae complicaciones. De hecho me gusta autoconvencerme con la consoladora excusa de que es mi expresión oligofrénica la que espanta a las mujeres, y que es ésa la única razón de mis constantes fracasos en el trato con el otro sexo (cómo será la cosa que ahora mismo me hallo inmerso en la elaboración de un atlas geográfico que detalle mis continuas derrotas por toda la Península Ibérica).

La única ventaja de todo esto que cuento es que la explosiva mezcla del “Numen” con la cara de loco y una buena cogorza me da en algunas ocasiones concretas un aspecto muy inquietante para los que me rodean y no me conocen; como de individuo peligroso al que no conviene tocarle los huevos, lo que me permite estar en un pub atestado de gente, haciendo mi patético “Samurai dancing”, oscilando como un autista cómodamente situado en el centro justo de un perfecto círculo de espacio libre protegido por una especie de anillo invisible de seguridad que me proporciona el absoluto mal rollo que desprendo y las andanadas de malas vibraciones que salen de mis ojos ausentes las raras veces que consigo entreabrir los párpados. ¡Menuda estampa! Y así es como pretendo ligar... Porque son muy pocos los osados que se atreven a adentrase en el territorio del zumbado, a pedirme fuego o preguntarme por enésima vez si tengo algo para pasar. Y esto me lleva a una reflexión: si la gente da por supuesto que mi lamentable estado es por el consumo de alguna droga, y se acercan a mí con la intención de comprarme esa misma droga, debe ser porque les debe parecer envidiable y apetecible la condición mental de la que hago gala en ese momento. Lo cual me parece muy chocante ya que yo realmente odio con toda mi alma cada eterno nanosegundo que paso basculando, y lo hago única y exclusivamente porque mis asesores me han terminado convenciendo de que bailar es un proceso ineludible del cortejo sexual Y de ahí nace la imperiosa necesidad de adoptar el “Numen” y todas estas zarandajas que vengo contando, pero desde luego no estoy pasando el mejor momento de mi vida, ni mucho menos; aunque a según que gente les debe parecer que sí, y claman por su billete para viajar hasta allí donde estoy yo, cosa que dice muy poco a favor del aspirante (nunca mejor dicho).

Pero si a todo este cacao mental le añado la intervención de cualquier sustancia psicotrópica, o una barra libre, pues ya es el desiderátum. Y eso es justo lo que pasó esa noche en la pista de baile: marasmo, diplopía, confusión mental, visión de túnel... y una psicomotricidad muy deficiente a pesar de contar con un inusualmente grande y despejado perímetro de seguridad demente. Y todo ello agravado por las retorcidas estratagemas de mi querido Juancho a la hora de abordar muchachas. Una vez agotados los recursos con la cámara de fotos (con decir que se agotaron las pilas y hubo que hacer un psicodélico viaje a altas horas de la noche a conseguir unas nuevas), y después de desplegar todo su arsenal de trucos y argucias (incluido su célebre “Truco del cigarro”, todo un clásico que, aunque me lo ha explicado e intentado enseñar incontables veces, nunca he terminado de entender), pasó a emplear artimañas más maquiavélicas. Me decía justo antes de atacar algún grupo de hembras: “Tú sígueme el rollo”. “Juanito, a mí no me jodas, que te conozco”. “Tú sígueme el juego, coño. Simplemente voy a decir que eres el batería de mi banda”. Y para allí que se iba con su confianza a prueba de bombas y su soltura a la hora de entrarle a las tías más buenas que se le ponen a tiro. Y lo mejor es que le funciona y casi todas, por muy inaccesible que parezcan a primera vista, se muestran encantadas de conocerle y le siguen el rollo un buen rato, aunque luego la cosa no termine cuajando. Se atrevió incluso con una de las supercamareras y la chica estuvo charlando muy animadamente con él un rato largo, y parecía disfrutar mucho con el cortejo. La verdad es que la chavala (¡qué mujer, señores!) era muy maja; cosa que pudimos comprobar enseguida porque celebró con sonoras carcajadas una de nuestras salidas de tono habituales. Ésta concretamente: la fiesta como ya he dicho estaba organizada por “White Label”, y por lo tanto en todas las barras las botellas de cualquier otra marca o bebida habían sido reemplazadas por centenares y centenares de botellas con la nueva imagen de este whisky escocés. Todo el mundo dio por hecho que sólo se podía beber eso y, claro, encima que te invitan pues tampoco es plan de protestar, y como el whisky no nos disgusta, pues lo estuvimos bebiendo las primeras rondas. Pero hete aquí que en una de nuestras paradas en barra para repostar, mientras esperábamos que este pedazo de mujer nos terminara de servir los cubatas vimos pasar por delante de nuestras narices un par de vodkas con naranja. Así que le preguntamos si se podía beber otra cosa, a lo que contestó: “Hombre, como poder, se puede. Aquí no obligamos a nadie”. A lo que respondimos casi al unísono: “Joder, haberlo dicho antes. Nosotros aquí bebiendo whisky como tontos... Anda, tira estas dos mierdas y ponnos un par de gintónics como Dios manda, guapa”. Y este sacrílego desplante de desagradecimiento con la marca que estaba sufragando nuestra juerga del siglo le hizo mucha gracia, porque estuvo un buen rato descojonándose, doblada de la risa sobre la barra mientras nos servía los añorados gintónics (la botella de Bombay la sacó con mucho secretismo de debajo de la barra. Supongo que tendrían claras instrucciones al respecto, y eso que esta marca la distribuye la misma casa que la del whisky ya mentado). Por supuesto una ocasión tan clara de interactuar con aquella monada no iba a ser desaprovechada por un maestro en la materia como el bueno de Juancho.

La verdad es que yo le agradezco que me incluyera en sus maniobras de acercamiento, pero él ya sabe (porque lo hemos hablado muchas veces; y con Óscar, que es otro picha brava), que aunque respeto, y hasta admiro, su inagotable persistencia en la misión (ellos lo llaman “picar piedra”), yo soy incapaz de destinar tantas energías a una actividad que se me da tan sumamente mal y que me ha proporcionado infinitamente más decepciones y sinsabores que recompensas o alegrías.

La cuestión es que conforme iba transcurriendo la noche, y las rondas de Bombay (ya nos habíamos aprendido el truco y a cada barra que íbamos exigíamos nuestro licor “prohibido”), la cosa se iba desfasando cada vez más, y Juancho me venía con propuestas cada vez más descabelladas, y ya empezaba a faltar a su proverbial tacto y saber hacer con patinazos indignos de una persona cuyas dotes para eso rayan lo sobrenatural. Y no le culpo, porque desde que descubrimos la ginebra nuestro ritmo de autoriego se había visto incrementado hasta unos niveles preocupantes. Ya al final me venía con disparates como: “Sígueme el rollo. ¿Ves aquellas tías de allí? Les he dicho que eres un importante camello de aquí, de la zona, y quieren conocerte”. Y miro horrorizado y me las veo señalándome y cuchicheando con una mezcla de admiración y respeto reverencial. “¿Tú de qué coño vas, compadre? ¿Cómo se te ocurre ir diciendo eso por ahí? ¿Qué quieres, que aparezca mañana quemado en cualquier descampado, o que me corran a hostias los de seguridad? Joder, con razón no paran de acercarse todos los drogados que hay aquí”. Pero mi amigo llevaba tal pelotazo encima que ya no se podía razonar con él; así que entendí que ya había llegado la hora de irme a casa.

Por supuesto “Isla Marina” pasa automáticamente a formar parte de mi “Atlas geográfico del fracaso”. Y van...

(A ver si Juancho me pasa esta noche las fotos y puedo poner algunas aquí).

viernes, mayo 26, 2006

Menuda fiesta (2)

Llegamos Juancho y yo a la fiesta cuando estaba empezando a coger colorcito la cosa. Como ya comenté una vez, Juancho también trabaja en el mundo de la noche, concretamente en la misma empresa que mi hermano, por lo que conocía a bastante gente de la que había allí. No paraba de saludar a unos y a otras, y de presentarme gente de todas las nacionalidades imaginables. De hecho, una de las anécdotas más tontas de la noche me sucedió con una camarera rusa a la que, después de presentarme Juancho como “el hermano de Tomás”, pareció alegrarle mucho (demasiado) conocerme porque me dio un abrazo muy efusivo y empezó a soltarme una parrafada en ruso. Ante mi desconcierto me pregunta en su limitado castellano que de dónde soy, le contesto que soy español y se queda muy extrañada; me pregunta si de verdad soy el hermano de Tomás y le digo que sí (y empiezo a pensar desde cuándo mi hermano habla ruso) y de repente se descojona e insiste en seguir hablándome en ruso. Entonces interviene mi amigo que no entendía nada, como yo, y se aclaró el malentendido: ella creyó que era hermano de Tomas (con el acento en la o; no Tomás), que es un portero lituano que hay en uno de los pubs del grupo para el que trabajan todos estos que estoy nombrando, y que es una malabestia parda. Ella se pensaba que le estaba vacilando haciéndole creer que era español, y por eso se reía tanto y me seguía hablando en ruso. Yo no sé qué les hará mi hermano a estas muchachas, porque cuando quedó aclarado de qué Tomás era hermano, le faltó tiempo para escurrir el bulto, despavorida.

El ir a la barra era una experiencia gratificante por tres motivos: el primero, porque era una oportunidad de echarle otro vistazo a las camareras atómicas; el segundo, porque era barra libre, con todo lo que eso implica (hace tiempo leí un texto del genial Jordi Costa en el cual éste razonaba por qué no le gustaban las barras libres, y que uno sólo es responsable de su borrachera cuando ha tenido que pagar por sus copas); y tercero, porque realmente esa noche la gente vino a la fiesta con ganas de pasárselo bien y había muy buenas vibraciones en el ambiente, por lo que podías alternar mientras esperabas tu copa con los que tenías al lado, dándose momentos bastante curiosos. Si a eso sumamos que Juancho es un tío guaperas y un auténtico animal social con unas dotes sobrenaturales en el arte de conquistar y un contrastado magnetismo con las féminas (sus historias son de las que dejan boquiabierto, y no son batallitas de fantasma porque éste que suscribe ha sido testigo ocular, y no pocas veces), pues el resultado es que acabábamos departiendo con todas las mujeres que osaban acercarse al área del terror de Juancho. Encima el cabrón, que es perro viejo, se vino con su flamante nueva cámara digital, y a toda hembra que se acercaba les entraba con la excusa de si era tan amable de hacernos una foto de recuerdo, y, claro, una vez echado el anzuelo, pues se ponía a comerles la oreja con ese don de gentes que le caracteriza. Yo iba a remolque de él, como una rémora, y le seguía el juego hasta donde podía llegar, porque uno tiene muy limitada su capacidad de relacionarse con el prójimo; y no en la calidad, sino en la cantidad. Es decir, yo puedo estar de cháchara con desconocidos y hacer el paripé como el que más; pero durante un ratito, porque tengo muy contadas mis reservas de sociabilidad, y el trato humano me desgasta bastante. Así que cada equis tiempo tenía que tomarme un respiro del huracán Juancho y darme un garbeo tranquilo en solitario. En uno de estos “descansos”, mientras estaba solo tomando una copa sentado en uno de esos espectaculares sofás de exterior que hay diseminados por todo el jardín, iluminado por la tenue luz de unas antorchas (pero antorchas fashion, por supuesto), me ocurrieron dos cosas que aún no acabo de entender muy bien. Quizás se me había acabado pegando algo del magnetismo de Juancho, o éste me había echado parte de sus feromonas en mi bebida, porque sin hacer el más mínimo esfuerzo por mi parte, una chica rubia muy guapa vino hacia donde yo estaba acomodado y me preguntó si se podía sentar conmigo. Le dije que por supuesto, y para darle conversación le comenté lo espectacular que habían dejado el sitio y resultó ser camarera del local, que esa noche, como todos sus compañeros, no iban a ser menos y estaban como invitados, disfrutando por una vez al otro lado de la barra (cosa que confirmó que las supercamareras galácticas las había traído la organización del whisky). Seguramente, mientras hablábamos a mí debían estar yéndoseme los ojos constantemente a las dos gogós que bailaban sobre un podio, a escasos 3 metros justo delante de nosotros, porque ella comentó que las gogós tampoco eran de la casa; y que de hecho allí no tienen gogós (cosa que, sinceramente, no hubiera casado demasiado con la filosofía del establecimiento). La chica se mostraba muy simpática y receptiva, y estuvimos hablando animadamente más de veinte minutos, pero entonces llegó una amiga suya que dijo andar buscándola desesperadamente todo ese rato y se marchó con ella, despidiéndose de mí con un enigmático: “Luego nos vemos”. En fin...

Yo no sé si es que debía tener una aspecto pintoresco o qué sería, pero no se acababa de ir la rubia, cuando una pandilla (2 chicas con 3 chicos cachitas) que estaba de pie justo al lado de donde yo seguía sentado, empezaron a mirarme insistentemente y a murmurar entre ellos, hasta que una de las chicas se acercó y me preguntó que si podían hacerse una foto conmigo (?!). Me los quedé mirando un buen rato, sin contestar, tratando de detectar cualquier atisbo de que se estuvieran cachondeando de mí; pero no parecía ser esa la intención ya que me dijeron que perdonara, que no querían molestarme y que no hacía falta ni que me levantara para la foto, por lo que accedí, no sin ciertos reparos. Así que las chicas se abalanzaron al sofá, se pusieron de rodillas una a cada lado, abrazándome muy cariñosamente (demasiado) y los tres chicos alrededor de nosotros, ya que le pidieron a un chaval que pasaba por ahí que nos hiciera la foto, porque al parecer nadie quería dejar de salir en ese valiosísimo documento gráfico de ellos cinco posando con un total desconocido. Así que cada vez que el chico, demostrando una paciencia a prueba de bombas, hacía la foto, iban todos corriendo a ver en la pantallita cómo había quedado ("A ver, a ver"), y volvían rápidamente a sus puestos vociferando (“Otra, otra”). Y así hasta cuatro fotos. Mientras trataba de poner buena cara para las fotos, pensé por un momento que me confundían con alguien famoso, algún DJ o algo, pero eso quedó descartado cuando la chica morena (por cierto un bombón, que se mostraba todo el tiempo sospechosamente cariñosa conmigo, y que llegué a temer que fuera la novia de alguno de los sansones, que estaba tratando de ponerlo celoso y que acabara la cosa malamente) me preguntó mi nombre. Se lo dije y resultó que me llamo igual que uno de los chicos, al que la coincidencia pareció hacerle muchísima ilusión y me hacía chocar la mano constantemente, repitiendo mucho: “Ese tocayo ahí...”. ¡Ay, Señor… qué necias son las drogas!

La cosa empezaba a ponerse realmente extraña, porque insisto que aunque yo tenía puestas todas mis alarmas para detectar posibles segundas intenciones en la actitud extremadamente amistosa de estos desconocidos, acabé por convencerme de que simplemente lo estaban pasando bien (no se me escapaba la empatía universal que proporcionan ciertas drogas) pero había algunas piezas del puzzle que no terminaban de encajar: la morena se estaba poniendo cada vez más acaramelada conmigo, y qué queréis que os diga pero yo si de repente un pibón, por muy enfarlopada que vaya, llega y me entra así tan a saco, pues no sé… pero es que uno, sin llegar a ser un paranoico con manía persecutoria, no puede dejar de sentir ciertos recelos de sus congéneres en general, y más si éstos van borrachos y en manada. Además mostraban una súbita simpatía por mí que excedía a la inducida por cualquier droga, por muy buena que ésta sea. Sin ir más lejos, la única broma que me permití hacerles (cuando la otra chica se acercó con la cámara para enseñarme las fotos y, supongo que debido a la excesiva ingesta de estimulantes, le temblaban mucho las manos, le dije: “Hija mía, tienes el pulso como para robar panderetas”) fue respondida por todos con grandes carcajadas y alboroto, como si acabaran de asistir al mejor sketch de Faemino y Cansado.

La cuestión es que después de un buen rato de risas con mis improvisados amiguitos, Juancho hizo una de sus entradas triunfales: en vez de bordear el sofá, y dado que éste es muy bajo (apenas dos palmos de altura), decidió llegar hasta mí pisando por encima de la especie de colchonetas gigantes que hacen las veces de cojines (por mucho que os lo describa no os haréis una imagen del sofá, ya que son esos típicos muebles de diseño ultramoderno, que curiosamente en este caso la llamativa estética no está reñida en absoluto con la comodidad), con el resultado de que una de ellas salió proyectada sobre la mesa en la que teníamos las bebidas, tirando algunas de ellas. Al salir propulsado el cojín, el pie de Juancho quedó atrapado entre las tablas que lo sostenían, que eran como las de un somier de láminas. Así que, tras liberar el pie de mi amigo, y temiendo los catastróficos efectos que podía tener el combinar a mis alterados acompañantes con el terremoto Juancho, tomé una de esas absurdas decisiones que me caracterizan cuando la situación me descoloca: “Juanito, vámonos a bailar”.

Y mañana seguiré, que esto se alarga más de la cuenta, porque en la pista de baile la noche ya se puso realmente bizarra. Por cierto, Juancho me ha enseñado las fotos que hizo y, en fin, intentaré poner algunas en el post de mañana.

jueves, mayo 25, 2006

Menuda fiesta

[Aviso a los navegantes (nunca mejor dicho): lo que viene a continuación tiene todas las trazas de convertirse en una de mis soporíferas e interminables sagas nórdicas porque aún no me he recuperado de lo de anoche, y la historia tiene mucha tela que cortar]

Y todo porque aún a riesgo de parecer exagerado, y teniendo en mente lo hiperbólico que tiendo a ser en todo (me digo a mí mismo todos lo días 350 millones de veces que no exagere), creo que la de ayer fue la fiesta más espectacular en la que estado (o, mejor dicho, que recuerde haber estado; matiz éste muy importante si el que escribe es un alcohólico que padece el síndrome de Korsakof. Os ahorro el viaje a la Wikipedia: Alcoholismo: Síndrome de Korsakof; se caracteriza por una grave alteración de la memoria reciente, a menudo compensada por la confabulación).

Ayer la distribuidora de la marca de whisky "White Label" organizó una macrofiesta a la que invitó a los profesionales del mundo de la noche de toda la provincia de Alicante. Bonito detalle de invitar a copas a los que a diario las sirven. Habían distribuido "sólo" mil invitaciones para todos los currantes del sector de la juerga y el cachondeo, que no son pocos en esta zona eminentemente hostelera, y ya os podéis hacer una idea de que había tortas por conseguirlas (hasta dinero se llegaba a ofrecer, como si fuera la reventa para la final de la champions).

Y, hete aquí, que el que suscribe tenía dos entradas en su poder. La razón de ese privilegio es que uno de mis hermanos trabaja desde tiempos inmemoriales en el mundo de la noche y tiene contactos hasta en el infierno. Así que para allá que nos fuimos Juancho (compañero de armas en la Mancomunidad del Caos) y yo con nuestras mejores galas, que tampoco es decir demasiado; y es que como vengo comprobando desde hace algún tiempo (y que quedó reconfirmado en la cena del gimnasio) la interpretación que hace la gente del concepto "arreglarse" es personal e intransferible, como el voto, y es reflejo de los infinitos vericuetos del alma humana. Hablando en plata: ¿por qué se visten las personas así? O, mejor: ¿para qué? Sé que el "tunearse" para salir forma parte del ritual del cortejo intersexual, pero es que se ven por ahí unos esperpentos indignos, auténticos descartes del vestuario del film "Dune", que han debido confundir el llamar la atención del otro sexo con aterrorizarlo o, cuando menos, desasosegarlo.

El emplazamiento donde tenía lugar la fiesta era el alicantino "Isla Marina", incomparable marco de algunas "cena+copas" de la Crüe. Es un enorme local polivalente con restaurante al borde del mar, donde después de cenar te puedes tomar tu copita cómodamente acostado en unas tumbonas mientras miras al horizonte marítimo y disfrutas de la brisa marina; o puedes bailar en la zona destinada a ello al ritmo de lo último en música electrónica pinchada por DJs de renombre; o darte un tranquilo paseo por su bonito jardín iluminado muy acertadamente y, ya de paso, meterte en uno de los tipis (o como se llamen las tiendas de los indios) de diseño que hay diseminados por el césped y hacer lo que se suponga que hay que hacer allí dentro (aunque uno que es muy mal pensado ya se imagina para qué propósitos fueron pensados). Pero como el plan era la pura fiesta, el restaurante permaneció cerrado, y la gente ya venía cenada de casa (y digo esto en las dos acepciones del verbo cenar: la que entiende todo el mundo (comer por la noche) y la que le han dado los festeros, al menos en esta zona levantina ("¿Has "cenado" ya?". Creo que no necesita más explicación, ¿no?).

El espacio, que de normal ya es fastuoso, había sido redecorado por los profesionales en eso de montar eventos que tiene la marca de whisky, y lucía realmente espectacular: habían puesto unas pantallas gigantes con proyecciones, unas máquinas que tiraban constantemente un molesto humo que iluminaban con luz roja, dándole a los jardines un aspecto elegantemente fantasmagórico; pero el motivo decorativo que más agradecieron los asistentes fue el cásting de camareras/modelos. ¡Dios bendito, qué mujeres! ¿De dónde las sacaron? ¿Las hicieron con Photoshop? Porque yo no había visto una cosa así en mi vida. Había concretamente una negra que era la comidilla de todos los tíos por sus antinaturales proporciones anatómicas; y encima sus tetas no dejaron de mirarme en toda la noche. En las chicas también habían pensado y habían puesto a servir copas a unos guaperas con unos peinados que yo creía que sólo existían en las revistas de peluquería y que nadie era capaz de salir al mundo real con esos pelos. Pues sí; de hecho, había uno que tenía que servir los cubatas casi a tientas porque el tormento capilar le cubría media cara, y al parecer el peluquero que perpetró ese corte debió olvidar que eso incluye los ojos.

Si aparte de las camareras, y de las gogós, y de las azafatas de "White Label", tenemos en cuenta que el público estaba formado exclusivamente por gente de la noche, es decir, camareras (y gogós, y azafatas), sólo que por una vez al otro lado de la barra, os podéis hacer una idea del nivelón de mujerío que se congregó allí. Llegué a temer por mi corazón porque no te habías repuesto de la mujer de infarto que acababas de ver, cuando ya tenías otro cañón delante, o a tu lado en la barra (o detrás de ti, pero nunca debajo o encima que es dónde tu quisieras). Y encima de estar buenísimas iban todas vestidas escandalosamente sexy; y eso que uno no se escandaliza fácilmente.

Yo no sé la de gente que había allí trabajando, pero si éramos mil invitados no habría menos de 70 personas atendiéndonos, si contamos las supercamareras (que las había a porrones en las distintas barras y también diseminadas por el jardín ofreciendo bandejas con bocados de delicatessen japonesas), las impresionantes gogós (que se iban renovando cada 4 ó 5 canciones), las elegantes azafatas de "White Label" (que ofrecían chupitos de cócteles cuyo ingrediente principal era el whisky que se promocionaba, y que también paseaban en parejas armadas con unas cámaras Polaroid fotografiando a la gente y regalándoles las instantáneas como recuerdo de la noche), la gente destinada a la logística (sólo en los aparcamientos había más de seis personas organizando el estacionamiento de los coches que iban llegando), y por supuesto (last but not least) el omnipresente personal de seguridad. Podíamos estar tranquilos que aunque se hubieran presentado de sopetón a la fiesta Atila y sus hunos, estábamos a salvo. Perdí la cuenta de los gorilas que había allí pero baste con decir que en cada uno de los cuartos de baño había uno plantado; supongo que para que la gente no robara los rollos de papel higiénico, porque qué otra cosa pueden hacer en los servicios mil profesionales de la juerga con hambre atrasada de fiesta.
Joder, si cada vez que hacían el relevo de gogós, las divinas bajaban de las tarimas y eran acompañadas por dos matones balcánicos de aspecto muy amenazador. ¡Ah!, y también había por allí unos tipos con zancos y malabares en llamas dando la tabarra a la peña.

Bueno, lo dicho arriba, como esto se hace larguito ya seguiré mañana.

martes, mayo 23, 2006

Comunicado de los "tíos" cansados

Nuestra querida amiga Mónica ha sido madre. ¡Enhorabuena, guapísima!

Para los que no la conocéis, Mónica es miembro honorario del "Comando Alcoy" de la Mötley Crüe. Siempre que acudimos a algún sarao allí donde sólo se atreven las águilas, nos ha acogido en su bonita casa (hasta 6 personas hemos llegado a "okupar" su piso [descontando los que cupieron en la gatera de Gilito], escenario de los finales de fiesta más apoteósicos que recuerdo, producto de la infinita hospitalidad y paciencia de nuestra anfitriona. Buen ejemplo es lo que ya dije uno de esos días después, en los que nos disponíamos a recoger todo el desastre: "Mónica, casi merece la pena que tiremos la casa abajo y la volvamos a construir, porque intentar limpiar todo esto…" ).

Pues sí, nuestra Mónica acaba de contribuir a incrementar las paupérrimas tasas de natalidad de nuestra generación de las prisas y el egoísmo.

Yo por mi parte ya tengo grandes proyectos para la porción que me toca de sobrino virtual. Felicidades, campeona, de parte de tus camaradas cansados.

lunes, mayo 22, 2006

Mi "novio" Elöy

Este fin de semana lo he pasado casi entero con "mi novio" Elöy. Lo de "novios" le cabrea muchísimo, pero es lo que le digo yo: hacemos exactamente lo mismo que cualquier pareja, sólo nos falta follar. Y encima, para encabronarlo aún más, remato la frase añadiendo que cuando llegue ese momento me pido soplar nuca (ya sabéis que cuando dos hombres follan, uno sopla nuca y el otro muerde almohada).
El hecho de que hayamos acabado penando juntos por esos mundos de Dios se debe a nuestras peculiares idiosincrasias, que nos convierten en firmes candidatos para vestir santos.

Resulta que el bueno de Elöy es una persona muy inteligente que sin embargo (o puede que precisamente por eso) no es excesivamente feliz. Es una persona hiper-analítica que es incapaz de dejarse llevar por el entorno, por que sí; él siempre necesita encontrarle una razón a todo lo que hace. Y claro, en los tiempos que corren, que se lleva tan poquito eso de pensar, pues lo tiene un poco crudo el hombre, dándole todo el día a la cabecita.

Así que nos hemos juntado las dos alegrías de la huerta de Melrose Place y vamos de aquí para allá como cualquier pareja de hecho. Si a todo lo dicho sumamos que Elöy es peluquero, con la tradicional asociación de ideas que hace el vulgo entre los profesionales masculinos de tan venerable oficio y cierta opción sexual concreta; y que, sin ir más lejos, el otro día íbamos en mi coche, camino de la playa, cantando a voz en cuello los "greatest hits" del divino Raphael como dos locazas, pues ya tenemos el cuadro completo, y nos podemos hacer una idea aproximada del cachondeo que se trae todo nuestro entorno de machotes meridionales de probada hombría.

Una cosa buena que constaté en la playa es que, haciendo honor al proverbial talante "gay friendly" del sexo femenino, el aparentar una pareja de mariquitas amargadas nos granjeó las simpatías de algunas de las muchachas circundantes; pero, claro, el hechizo que ejerce sobre las damas el aura homo se hacía añicos en cuanto desplegábamos nuestro peor plumaje de heterosexuados buitres leonados, y se esfumaba todo el supuesto glamour que nos otorgaba la ambigüedad. Pasábamos súbitamente de ser Victorio y Lucchino a ser Pajares y Esteso (pero los de ahora, los del come-back, que dan aún más grima).

Pero definitivamente el mayor handicap para que Elöy y yo llegáramos a ser algún día una pareja de maricones otoñales, es que para salir del armario primero tendríamos que entrar en él, y como los dos estamos fondones, para no pasar agobios ni estrecheces necesitaríamos el vestidor de Mariah Carey más que un armario empotrado del pisito V.P.O. al uso.

viernes, mayo 19, 2006

Good bye, Laureen

Se nos va Laureen. Se vuelve a su Pennsylvania natal. Laureen es la chica norteamericana de la que ya hablé de pasada en un post anterior. Acabó liándose con Oscar, por lo que ha estado semi-conviviendo con nosotros estos últimos meses, y le he acabado cogiendo cariño a la muchacha. Es una persona muy dulce (el complemento ideal para nuestro "Ángel ario") y lo hemos pasado muy bien haciendo excursiones y enseñándole las costumbres de la tierra (mención aparte merece su primo Jimmy que vino de Nueva York. ¡Menudo personaje! De los que no se olvidan fácilmente).

Gracias a Laureen han desfilado por Melrose Place unas cuantas de sus amigas yanquis, dándole un poco de alegría y color a la casa. Que yo sepa al menos dos han dormido en mi cama, pero desgraciadamente cuando no estaba yo entre las sábanas.

Un abrazo y buen viaje, guapísima.

martes, mayo 16, 2006

La última cena

Definitivamente es la última cena de este tipo a la que voy. El sarao que organizó el gimnasio la noche del pasado sábado fue, como ya me había figurado, toda una experiencia estrambótica. Acudí con mi hermano Feiule Morte, que también es parroquiano del gimnasio, a la hora acordada al restaurante, que resultó ser unos salones de ésos donde se celebran bodas y comuniones multitudinarias.

Nada más llegar pensamos que nos habíamos metido en el parking de "2 Fast 2 Furious" porque había allí un estruendo de motores trucados y discotecas ambulantes… ¡Qué carrocerías disparatadas! ¡Qué colores cegadores! ¡Qué motivos decorativos! Y yo me pregunto: si los ingenieros de la marca automovilística en que has puesto tu confianza al adquirir uno de sus vehículos, han realizado infinidad de estudios aerodinámicos y pruebas en túneles de viento, etc… hasta dar con el diseño más funcional; quién coño te ha convencido de la utilidad de esos descomunales alerones en tu Batmóvil, esos faldones absurdos que se te enganchan siempre en la rampa del Lidl, o esas llantas de cuadriga de Ben-hur. A no ser que lo único que busques con esos añadidos sea el impacto estético, porque entonces ya lo entiendo todo aún menos. Aunque la verdad es que a algunos de estos figuras del tunning los podía contratar la "Industrial Light and Magic" de Lucas para diseñar cachivaches futuristas y aterradores; o mejor que le enseñen a Giger cómo hacer una "Nostromo" realmente espeluznante, como la que había aparcada allí el sábado.

Dado que éramos centenar y medio de comensales y distribuidos como los invitados de una boda se hicieron constantes bromas al respecto (ya se sabe: "Que se besen, que se besen" y todas esas paridas). Pero el humor que más gustaba allí eran los constantes chistes referentes a las drogas: cada vez que se iban dos o más personas juntas al servicio se montaba un barullo de risas y gritos desde la otra punta del salón, del tipo: "¿Ya vas otra vez? Joder, como te gusta el mantecao", "Ponme una puntita" o "¡Deja algo pa’ luego!". Después, cuando los aludidos volvían disimulando malamente los motivos reales de su viaje al aseo, con la mucosa nasal irritada por el pica-pica y haciendo esfuerzos por no mover el morro como roedores (las mujeres –más finas- recordaban más a la protagonista de "Embrujada" moviendo la naricilla graciosamente), la algarabía los recibía a voces con perlas como: "Hay que picarla más", "La del Sinatra, lleva la del Sinatra", "¿Has repelao bien?", …

De hecho, uno de los figuras que me tocó sentado al lado comentaba cómo a su mejor amigo no hacía mucho que su hija de 17 años le había dicho tranquilamente un viernes : "Mira, papá, sabes que este fin de semana me voy a meter coca y con la mierda que pasan por ahí, ¿no sería mejor que me pillaras tú un pollito?". Y, claro (razonaba él), qué iba a hacer su colega: pues pillarle un gramo a su hija para quedarse tranquilo. Conforme aumentaba el número de viajes a los retretes, más se desfasaba el personal: que posaban unos cuantos para una bonita foto de recuerdo, pues en vez de decir "Patata", decían al unísono: "Faarlooopaaa". El desfile a los servicios empezó a desmadrarse, ya iban en grupos unysex de ocho o diez personas alteradísimas y alborotadas; y aquello más que un salón de comuniones parecía una narcosala.

Llegó la hora del baile y se podían contemplar unos comportamientos muy extraños: gente bailando sola en su planeta, monos enormes y supervitaminados haciendo violentos aspavientos en medio de la pista, y mujeres de armas tomar vestidas para matar (seguro que más de una era gogó profesional) ejecutando bailes subiditos de tono que emburraban aún más a la tropa.

Cuando la barra libre terminó todo el mundo se fue a seguir la fiesta a una discoteca muy poco recomendable de Alicante, por lo que mi hermano y yo nos fuimos por nuestra cuenta a rematar la noche.

Se me quedan muchas cosas en el tintero porque la noche dio mucho de sí, pero no quiero hacer otro de mis rollos interminables. Pero tengo que comentar aunque sea de pasada que:

- Había gente que no probó la cena del restaurante porque se presentó con sus tupperwares con mejunjes y ante mi estupor me aclararon que es que estaban preparándose para competición.

- Se realizó entre los asistentes un sorteo de: Un equipamiento de lycra para entrenamiento, unas toallas con el emblema del gimnasio y una mensualidad gratis. Y, claro, cada vez que se levantaba uno de los premiados a recoger su trofeo, el auditorio se venía abajo.

- Mi archienemigo finalmente no se presentó (cosa que agradecí), y curiosamente con otro, que sin llegar al rango de archienemigo ya habíamos tenido algún roce tenso, limamos asperezas (ya se sabe que el alcohol petrolea y engrasa las relaciones sociales) y descubrí que no es tan capullo como me lo había figurado.

viernes, mayo 12, 2006

Cena de gimnasio

Los hay que no escarmientan. Ayer no tuve mejor ocurrencia que apuntarme a la cena que han organizado los de mi gimnasio para mañana sábado. La verdad es que la cosa promete: hay 120 personas apuntadas y nos cierran un restaurante (el "Mesón Palamó") para nosotros solos. Por 30 euros incluye cena, barra libre y baile (en el cartel que han pegado por el gimnasio reza literalmente al final de las explicaciones: "Festival asegurado ¿Que no?" (juro que es sic).

Así que la experiencia puede dar mucho de sí... o acabar en desastre porque en los escasos 4 meses que llevo acudiendo al gimnasio ya me he logrado hacer un musculado archienemigo.

miércoles, mayo 10, 2006

Lord Nelson

Hace ya algún tiempo, en un post comenté que tiempo atrás trabajé para una consignataria marítima, que son las empresas que ejercen de agentes de los buques al llegar a puerto. Yo estaba en el departamento de operaciones por lo que mi trabajo consistía en ir a bordo de los barcos para la resolución de los tramites oficiales y proveer a la tripulación de cualquier cosa que pudieran necesitar (y cuando digo cualquier cosa, es literalmente cualquier cosa: vicios incluidos).

Uno de los barcos que asistí y que tenía sus dificultades específicas (por lo que ahora explicaré) fue el "Lord Nelson", y dado que francamente me dejé los cuernos cada vez que hacían escala en el puerto de Alicante, para que no les faltara de nada, hice una buena amistad con una de las gestoras del proyecto, Helen, que me cogió desde entonces un enorme cariño.

Hace ya años que no trabajo en la consignataria pero no falla: cada vez que atraca el "Lord Nelson" en Alicante, Helen le pide a mis excompañeros que me avisen para ir a bordo a visitarles. Este viernes pasado, como cada vez que abandonan puerto (los ingleses son muy estrictos con las normas de cortesía), dieron a bordo una fiesta de despedida. Estas fiestas se las curran muchísimo y aunque es un barco modesto tiran la casa por la ventana y agasajan por todo lo alto a los pocos invitados, y nunca falta comida y bebida en abundancia. A la fiesta del viernes fuimos Cripema y yo y pasamos un rato inolvidable.

El "Lord Nelson" es un velero de la Jubilee Sailing Trust, una fundación benéfica inglesa que tiene éste y otro velero (el "Tenacious") adaptados para que gente con alguna discapacidad física o mental pueda embarcarse como tripulante. Si tenemos en cuenta que cualquier barco tiene muy limitado el espacio y ya resulta bastante embarazoso moverse por ellos para una persona sin discapacidad, imaginad la maravillosa obra de ingeniería que ha emprendido esta fundación para adaptar los barcos a las necesidades de personas ciegas o en silla de ruedas. Es una auténtica filigrana naval en la que no se ha dejado un rincón desprovisto de los ajustes necesarios para que pueda ser transitado por sus especiales tripulantes. Y digo "tripulantes" y no "pasajeros" porque los discapacitados que se embarcan no lo hacen para darse un viaje de placer tomando el sol tumbados a la bartola en cubierta, no; la gente va allí como tripulante, a trabajar. Y esa es una de las grandezas de este proyecto: hacer que la gente con alguna minusvalía física o mental se sienta útil, sienta que es capaz de hacer tareas que quizás pensó nunca podría desempeñar. Helen te cuenta emocionada el subidón de autoestima y seguridad en sí mismo que le da a una persona parapléjica izar una vela o soltar ancla, porque por muy adaptados que estén los aparejos no deja de tener su dificultad el desempeño de las tareas de navegación en un velero de esas dimensiones. Huelga decir que junto con los marineros de la fundación siempre va a bordo una tripulación profesional que les enseña y supervisa en las artes marítimas.

Helen nos hizo una visita guiada para que Cripema viera el barco, y ésta salió maravillada de ver cómo no se ha descuidado ni el más mínimo detalle: desde las duchas hasta los camarotes, desde el comedor a la cocina o la sala de máquinas, todo está inteligentemente "tuneado" para las necesidades de sus moradores.

Mientras haya en el mundo gente como Helen, valdrá la pena seguir navegándolo.

viernes, mayo 05, 2006

La becaria

Este martes pasado Cripema y yo estrenamos becaria en el trabajo. ¡Y qué becaria, señores! Qué mujeres fabrican nuestros vecinos transpirenáicos... Yo ya la he invitado a un fiestón que hay mañana en Melrose Place (el cumpleaños de nuestro compañero de armas Elöy. Felicidades, compadre).

Sebastian (si estás leyendo esto): Merci beaucoup, mon ami!

lunes, mayo 01, 2006

mi primera colonia "chispas"

Pues sí...para mí este es el momento..después de algún que otro comentario...después de haber solicitado y reivindicado reiteradamente mi derecho a ser contributor y después de que Gilito me enviara las instrucciones para hacerlo...y no hecerle ni caso al pobre...(tengo un problema con la vagancia bastante importante), resulta que me acerco al blog para ver que habían "vomitado" en los últimos tiempos los amigos, y descubro dos cosas:
Que micropene ya tiene en marcha su prometedor blog sobre vino y que aprilia es contributor....sin haber hecho nada (habrá sido el tio Gilito cansado de ver que no había hecho nada por activarme). Pues así las cosas, sólo tengo dos opciones:
Aprovechar la oportunidad que me brindais e intentar escribir "algo" o seguir en mi línea de vaga indecente y seguir sin hacer ni caso. Espero fielmente optar por la primera... y escribir "algo" pero será esta tarde como pronto, que ahora entre la sorpresa, el intentar aclararme con cómo se cuelga ésto y que me están esperando mis sufridos padres para verme la cara después de unos cuantos días sin aparecer por allí (insisto en que últimamente no tengo vergüenza) pues...como que no me da tiempo....
Queda ahí por tanto mi intención que será como el anuncio:
Tu primera amiga....tu primera canción....tu primera colonia chispas....y aquí vendría lo de tu primer post....nanana...nanana.