jueves, mayo 25, 2006

Menuda fiesta

[Aviso a los navegantes (nunca mejor dicho): lo que viene a continuación tiene todas las trazas de convertirse en una de mis soporíferas e interminables sagas nórdicas porque aún no me he recuperado de lo de anoche, y la historia tiene mucha tela que cortar]

Y todo porque aún a riesgo de parecer exagerado, y teniendo en mente lo hiperbólico que tiendo a ser en todo (me digo a mí mismo todos lo días 350 millones de veces que no exagere), creo que la de ayer fue la fiesta más espectacular en la que estado (o, mejor dicho, que recuerde haber estado; matiz éste muy importante si el que escribe es un alcohólico que padece el síndrome de Korsakof. Os ahorro el viaje a la Wikipedia: Alcoholismo: Síndrome de Korsakof; se caracteriza por una grave alteración de la memoria reciente, a menudo compensada por la confabulación).

Ayer la distribuidora de la marca de whisky "White Label" organizó una macrofiesta a la que invitó a los profesionales del mundo de la noche de toda la provincia de Alicante. Bonito detalle de invitar a copas a los que a diario las sirven. Habían distribuido "sólo" mil invitaciones para todos los currantes del sector de la juerga y el cachondeo, que no son pocos en esta zona eminentemente hostelera, y ya os podéis hacer una idea de que había tortas por conseguirlas (hasta dinero se llegaba a ofrecer, como si fuera la reventa para la final de la champions).

Y, hete aquí, que el que suscribe tenía dos entradas en su poder. La razón de ese privilegio es que uno de mis hermanos trabaja desde tiempos inmemoriales en el mundo de la noche y tiene contactos hasta en el infierno. Así que para allá que nos fuimos Juancho (compañero de armas en la Mancomunidad del Caos) y yo con nuestras mejores galas, que tampoco es decir demasiado; y es que como vengo comprobando desde hace algún tiempo (y que quedó reconfirmado en la cena del gimnasio) la interpretación que hace la gente del concepto "arreglarse" es personal e intransferible, como el voto, y es reflejo de los infinitos vericuetos del alma humana. Hablando en plata: ¿por qué se visten las personas así? O, mejor: ¿para qué? Sé que el "tunearse" para salir forma parte del ritual del cortejo intersexual, pero es que se ven por ahí unos esperpentos indignos, auténticos descartes del vestuario del film "Dune", que han debido confundir el llamar la atención del otro sexo con aterrorizarlo o, cuando menos, desasosegarlo.

El emplazamiento donde tenía lugar la fiesta era el alicantino "Isla Marina", incomparable marco de algunas "cena+copas" de la Crüe. Es un enorme local polivalente con restaurante al borde del mar, donde después de cenar te puedes tomar tu copita cómodamente acostado en unas tumbonas mientras miras al horizonte marítimo y disfrutas de la brisa marina; o puedes bailar en la zona destinada a ello al ritmo de lo último en música electrónica pinchada por DJs de renombre; o darte un tranquilo paseo por su bonito jardín iluminado muy acertadamente y, ya de paso, meterte en uno de los tipis (o como se llamen las tiendas de los indios) de diseño que hay diseminados por el césped y hacer lo que se suponga que hay que hacer allí dentro (aunque uno que es muy mal pensado ya se imagina para qué propósitos fueron pensados). Pero como el plan era la pura fiesta, el restaurante permaneció cerrado, y la gente ya venía cenada de casa (y digo esto en las dos acepciones del verbo cenar: la que entiende todo el mundo (comer por la noche) y la que le han dado los festeros, al menos en esta zona levantina ("¿Has "cenado" ya?". Creo que no necesita más explicación, ¿no?).

El espacio, que de normal ya es fastuoso, había sido redecorado por los profesionales en eso de montar eventos que tiene la marca de whisky, y lucía realmente espectacular: habían puesto unas pantallas gigantes con proyecciones, unas máquinas que tiraban constantemente un molesto humo que iluminaban con luz roja, dándole a los jardines un aspecto elegantemente fantasmagórico; pero el motivo decorativo que más agradecieron los asistentes fue el cásting de camareras/modelos. ¡Dios bendito, qué mujeres! ¿De dónde las sacaron? ¿Las hicieron con Photoshop? Porque yo no había visto una cosa así en mi vida. Había concretamente una negra que era la comidilla de todos los tíos por sus antinaturales proporciones anatómicas; y encima sus tetas no dejaron de mirarme en toda la noche. En las chicas también habían pensado y habían puesto a servir copas a unos guaperas con unos peinados que yo creía que sólo existían en las revistas de peluquería y que nadie era capaz de salir al mundo real con esos pelos. Pues sí; de hecho, había uno que tenía que servir los cubatas casi a tientas porque el tormento capilar le cubría media cara, y al parecer el peluquero que perpetró ese corte debió olvidar que eso incluye los ojos.

Si aparte de las camareras, y de las gogós, y de las azafatas de "White Label", tenemos en cuenta que el público estaba formado exclusivamente por gente de la noche, es decir, camareras (y gogós, y azafatas), sólo que por una vez al otro lado de la barra, os podéis hacer una idea del nivelón de mujerío que se congregó allí. Llegué a temer por mi corazón porque no te habías repuesto de la mujer de infarto que acababas de ver, cuando ya tenías otro cañón delante, o a tu lado en la barra (o detrás de ti, pero nunca debajo o encima que es dónde tu quisieras). Y encima de estar buenísimas iban todas vestidas escandalosamente sexy; y eso que uno no se escandaliza fácilmente.

Yo no sé la de gente que había allí trabajando, pero si éramos mil invitados no habría menos de 70 personas atendiéndonos, si contamos las supercamareras (que las había a porrones en las distintas barras y también diseminadas por el jardín ofreciendo bandejas con bocados de delicatessen japonesas), las impresionantes gogós (que se iban renovando cada 4 ó 5 canciones), las elegantes azafatas de "White Label" (que ofrecían chupitos de cócteles cuyo ingrediente principal era el whisky que se promocionaba, y que también paseaban en parejas armadas con unas cámaras Polaroid fotografiando a la gente y regalándoles las instantáneas como recuerdo de la noche), la gente destinada a la logística (sólo en los aparcamientos había más de seis personas organizando el estacionamiento de los coches que iban llegando), y por supuesto (last but not least) el omnipresente personal de seguridad. Podíamos estar tranquilos que aunque se hubieran presentado de sopetón a la fiesta Atila y sus hunos, estábamos a salvo. Perdí la cuenta de los gorilas que había allí pero baste con decir que en cada uno de los cuartos de baño había uno plantado; supongo que para que la gente no robara los rollos de papel higiénico, porque qué otra cosa pueden hacer en los servicios mil profesionales de la juerga con hambre atrasada de fiesta.
Joder, si cada vez que hacían el relevo de gogós, las divinas bajaban de las tarimas y eran acompañadas por dos matones balcánicos de aspecto muy amenazador. ¡Ah!, y también había por allí unos tipos con zancos y malabares en llamas dando la tabarra a la peña.

Bueno, lo dicho arriba, como esto se hace larguito ya seguiré mañana.

2 comentarios:

Chiringui (Trepanador) dijo...

Como te cuidas granuja

Mr.Celofan dijo...

Lo del segurata en los servicios era para los que aun no habian " cenado ".