lunes, julio 31, 2006

miedo a la Vejez

Y que tenga que reflexionar una de este tema tan filosófico por el único motivo de que la media de edad de los vecinos que le rodean sea de 70 años? Dios! Ahora mismo las estoy escuchando y me ponen los pelos de punta! El motivo de que tenga miedo a la vejez, no es en sí el miedo a envejecer...si no que es el miedo que les tengo a mis vecinas, también conocidas como "las abuelas".Un día el destino me jugó una mala pasada y ahora me veo en la necesidad de encerrarme en mi casa escondida.Vivo en una “urbanización de los 70” no sólo como he dicho porque sea la media de edad de mis vecinos…sino porque lleva desde los años 70 cayéndose a trozos y nadie hacía nada por impedirlo…hasta que llegué yo, y toda chula quise presentarme a presidenta para poner orden. Y no solo no me hicieron presidenta (ya que ese cargo no se iba a mover…cosa que yo desconocía) si no que me nombraron secretaria. Manda huevos! Yo ahí con mi carrerita de derecho y mis treinta añitos y resulta que el que yo creía que era el presidente y me había suplicado que le relevase en el cargo era un triste secretario….vamos el que lo lleva todo..los números , las movidas…en fin el pringao al servicio del presidente, teniendo que soportar innumerables veces los gritos de una de ellas (la peor, gracias a Dios solo viene a veranear ), gritos y gritos porque es su forma de hablar…que si no has arreglado eso..que si te estas quedando dinero de las cuentas…que si lo hace todo fatal…pobre hombre , y claro como encima no vive aquí pues se le hacía muy cuesta arriba llevarlo y me pidió que lo relevara…pero claro yo creia que era el presidente y que por lo menos manejaba…vamos que se hacía lo que el quería…y cuando en “la junta” me enteré que me habían hecho secretaria…..se me vino el mundo encima……HABIA NACIDO UN CEREBRO VIRGEN AL QUE MACHACAR. Todas se pusieron muy contentas y no dejaron de despreciar al que felizmente abandonaba su puesto, y entonces empezaron a contarme a mi todas las historias, me abordaban cuando venía de trabajar, me agobiaban por todo y así llevo dos años. Vivo asustada de salir a la calle para que no me vean. Vuelvo a casa con extremo cuidado…si hasta aparco fuera para que no me oigan llegar!! Pues sí, solo quieren atraparme para contarme sus movidas con los vecinos. Si solo somos ocho casas..por el amor de Dios! Pues hay para todos….una cosa y la otra y que si este no paga la comunidad…que si el otro aparca dentro y esta prohibido…que si…que si….es horrible. Así que me encuentro en la extraña situación que os cuento: Son las nueve y cuarto de la noche y he conseguido entrar sin que me vean, y tengo que dejar pasar un tiempo hasta que terminen de regar el jardín para salir a sacar a Olivia porque a estas horas te asaltan seguro, y bueno, he aprovechado para ponerme a escribir y contaros mis paranoias vecinales y de paso estrenarme en el blog.

Paralelas

Ya en el colegio me quedó muy clarito que dos líneas paralelas sólo se tocan en el infinito. Pues hay estilos de vida paralelos, como es el caso del mío y el de la autora de mis presentes desvelos. Habitamos planos distantes, distintos y paralelos de la crueldad social. Y aunque lo que realmente importa sean las personas, y a nivel personal nos entendemos muy bien, el gran Ortega ya advirtió que uno no es uno y ya está; no, uno es uno más sus circunstancias. Yo soy yo, sí; pero no soy exactamente el mismo yo estando en la fiesta de cumpleaños de Hugh Hefner en la mansión Playboy que si estuviera atrapado bajo el hielo.

Y resulta que cuanto más trato tenemos esta señorita y un servidor, pues más nos separan nuestras circunstancias. Bueno, no nos distancian más, pero sí nos reafirman su paralelismo infinito, su incompatibilidad a la larga.

La noche del viernes fuimos al concierto que el músico brasileño (y ministro de cultura de su país) Gilberto Gil ofreció como cierre del IX Festival de Jazz de Alicante, invitados por un amigo de ella, que es uno de los promotores del evento. El marco elegido para las actuaciones no podía ser más idóneo: el yacimiento arqueológico del "Tossal de Manises" donde pudimos saborear esta música trasatlántica rodeados de las ruinas de Lucentum.

Ella llegó a la cita turbadoramente espectacular, con un elegante vestido de noche con el que no hubiera desentonado en absoluto en la gala de entrega de los Oscars. Iba preciosa y yo, como siempre, hecho un cromo. Pero, ¿qué se supone que tendría que haber hecho? ¿Disfrazarme? ¿Tratar de ponerme elegante? Conociendo la dislocada interpretación que hago yo de la elegancia, hubiera sido mucho peor el remedio que la enfermedad. Así que opté por el WYSIWYG style y ella no pareció decepcionada, o al menos lo disimuló muy bien.

Justo antes de salir de casa recibí una llamada suya un tanto desconcertante:

- "Micropene, ¿estás todavía en casa?".
- "Sí. ¿Por qué?"
- "¿Tú te afeitas con maquinillas desechables?".
- "Sí. ¿Por qué?".
- "¿Me harías un favor? Es que yo ya estoy de camino.¿Serías tan amable de traerme una?".
- "Claro, mujer. ¿Se te ha olvidado afeitarte algo?".
- "(Carcajadas). Tú tráemela y no seas tan curioso".

Y uno que es un caballero le llevó no sólo la cuchilla, sino todo un mini-kit de afeitado para viaje de la marca Tommy Hilfiger, que me regaló no hace mucho una amiga. Así que minipunto para el equipo de los horteras y todo solucionado, a excepción de un ligero olor a aftershave varonil, que emanando de una hembra como ésa inquietaba un poco.

El concierto fue acojonante. Cómo se ganó en apenas cuatro o cinco temas al inicialmente pasivo público (a excepción de la alborotada colonia brasileña, que tenían la fiesta montada desde mucho antes de que empezara el concierto). Así que una de las cosas que me andaba temiendo de camino, que era que me tocara "bailar" con ella, surgió espontáneamente, y contagiado por el ambiente generalizado de fiesta me vi como el que no quiere la cosa basculando a ritmo de samba y bossa-nova. Como bien definió ella, con esa música es literalmente imposible quedarse sentado.

Aquello acabó en despiporre y hasta el artista tuvo que interrumpir uno de sus temas para llamar la atención a los de seguridad, que se empleaban con una dureza muy fuera de lugar con los brasileños que en pleno delirio pretendían saltar las vayas de seguridad para acercarse aún más a su ídolo (ya se sabe la proverbial desproporción con que los guardianes del orden suelen entender los principios de acción y reacción). Gilberto indignado espetó a los guardias jurados en su peculiar castellano: "Polisía, ¡eh!, polisía... ¿Qué pasa? Pas, hombre, pas…". Y me parece lógico, teniendo en cuenta que estábamos en un festival de jazz y no en un salvaje concierto de Motörhead. Y la cosa se tranquilizó (aunque los brasileños no se salieron con la suya), hubo una calurosa ovación por la intervención del artista y siguió la fiesta. Contrastaba enormemente el buen rollo que trasmite esta música (hizo unos cuantos temas reagge con los que la gente ya se desmelenó del todo) y este artista en particular (con 64 añitos es todo un placer ver la vitalidad y la alegría que derrocha en el escenario) con los mastuerzos de las porras, que seguían enfurruñados cuando sonó nada menos que el "Imagine" de Lennon a ritmo de bossa-nova. Por lo visto no a todos los animales los amansa la música, por muy pacifista que sea su estribillo.

Después del concierto nos fuimos a tomar unas copas con su amigo el promotor y algunos periodistas y gente de la farándula. A la segunda ronda, y a pesar de que la tertulia era bastante interesante, ella me propuso escaparnos solos a algún sitio, que era lo que le apetecía de verdad, pero que había aceptado esa copa porque le sabía mal despedirse a la francesa después de que nos hubieran invitado y atendido tan bien. Y así hicimos, a pesar de que nos insistieron mucho en que fuéramos con ellos a una fiesta que tenía lugar en casa de no sé quién.

A las 6 de la mañana la dejaba en su casa y me iba a la mía con un sabor agridulce. Dulce, porque la noche había sido perfecta, mágica (había hecho acto constricción para evitar apneas indeseadas y había tenido la precaución de dejar en el maletero del coche todas mis reservas de napalm para evitar combustiones espontáneas); pero también agrio por la constatación práctica de una teoría científica: matemáticas obligan y dos paralelas sólo se tocarán en el infinito.

viernes, julio 28, 2006

Apnea en mierda

No sé dónde leí hace poco que el récord de apnea estática (no esa que descienden a plomo, sino la que se están quietos aguantando la respiración como hacemos en las piscinas aferrados a la escalera) lo ostenta un alemán que resistió 8 minutos y 58 segundos (¡casi 9 minutos sin respirar!). La verdad es que no entiendo esa fijación del ser humano por llevar al extremo los límites de su resistencia física, y menos cuando la única recompensa es el orgullo mal entendido de saberse la persona que oficialmente (puede que alguien lo haya superado y no hubiera allí un juez para constatarlo) es capaz de aguantar más tiempo bajo el agua dosificando el aire que haya sido capaz de alojar en su cuerpo en la última inspiración antes de sumergirse. Quizá sea todo un desafío de autosuperación y toda esa mierda, pero sabiendo los riesgos que conlleva y las probables secuelas físicas, francamente me cuesta un poco entenderlo.

Y no exagero cuando hablo de riesgos (no hace mucho emitieron por televisión las imágenes de cómo sacaban del agua el cuerpo muerto de la campeona mundial femenina de este "deporte", precisamente cuando trataba de batir su propio récord; es decir, el día que pensaba acostarse un poco más satisfecha consigo misma por haber sido capaz de descender 10 cms. más al fondo, gracias a su capacidad de concentración y a su nivel de autoexigencia, pues resulta que su cuerpo no estaba por la labor y petó), ni de las secuelas físicas (uno de mis muchos hermanos se dedica profesionalmente al submarinismo y conoce no pocos casos de gente que ha trabajado a grandes profundidades, sometidos a enormes presiones que –según me explicó él- estrujan tus tejidos y "exprimen" de ellos minúsculas burbujas de anhídrido carbónico que se quedan circulando por tu sangre, y un buen día cualquiera de ellas se atasca en un vaso capilar de tu cerebro y te complica malamente la salud, o te la quita del todo (como le pasó a un compañero suyo mientras paseaba tan tranquilo con su mujer y su hijo, que cayó fulminado sin poder decir esta boca es mía. Y eso a pesar de haberse pasado 10 días en una cámara hiperbárica en Cartagena, con la que le iban compensado progresivamente la presión hasta igualarla a la atmosférica. Diez días de readaptación encerrado en un tanque minúsculo por apenas 20 minutos de trabajo en el fondo marino; por muy bien pagado que esté, no compensa).

Bueno, pues los nueve minutos del alemán ése (que lo mismo es el niño aquel del anuncio de Volkswagen que se ponía rojo haciendo el cafre) no son nada comparados con las horas y horas que puedo pasarme yo chapoteando inmerso en mi propia mierda. Como hice ayer:

Resulta que hay otra supermujer (y no me hagáis explicar otra vez todo el rollo de lo que yo entiendo por una supermujer, que nos pueden dar las uvas) que es la causante de mis actuales desvelos. Lo que no deja de sorprenderme es que aún no sé qué encuentra de interesante en mí este tipo de hembras. La cuestión es que ésta se muestra muy receptiva hacia un servidor y últimamente alternamos bastante. Y conforme avanza la "relación" y va habiendo más confianza pues se van tratando asuntos, digamos, más delicados y comprometedores. Y ahí es donde patino; bueno, no patino: directamente me tiro a la piscina que ya me he preocupado muy mucho de ir llenando tacita a tacita con mi más apestoso excremento.

Y eso es justo lo que hice ayer durante una comida que se prometía muy feliz: cagarla. Cagar la cosa, y cagarme encima, y cagarle a ella, y todo el restaurante lleno de mierda y yo allí haciendo apnea estática sepultado con mis propias boñigas viscosas.

Me volví al trabajo con el peor cabreo que se puede sentir: el estar cabreado contigo mismo. Y asqueado. Y sintiendo la imperiosa necesidad de tomarme unas largas vacaciones de mí mismo. Y todo se debe a la dolorosa disyuntiva de que cada día que pasa tengo más claro que no estoy dispuesto a renunciar a ciertas cosas, ni a bailarle el agua ni hacerle el paripé a nadie, por lo que procuro mostrarme tal como soy desde el minuto uno, y a quien lo le guste que no mire (como dicen los angloparlantes WYSIWYG = What You See Is What You Get, que en castizo viene a ser: Lo que ves es lo que hay); sabiendo por otra parte que si voy por la vida tal y como soy, por muy honesto que resulte para con uno mismo, de puertas para fuera me voy a comer dos mierdas en esta vida (y esto lo dice alguien que con 34 tacos ya aloja en su estómago un zurullo y medio sin digerir). Uno ya sabía de sobra que mantenerse fiel a uno mismo se paga bastante caro (el genial Groucho Marx lo reflejó perfectamente en su chascarrillo: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros"), pero realmente llega una edad en que la factura empieza a abultarse incómodamente y uno ya no sabe si tirar la toalla de una puta vez y dejarse diluir en la masa feliz. (Y aunque esto no es ningún consultorio sentimental, cualquier consejo bienintencionado al respecto será bienvenido; y lo digo de corazón).

El caso es que esta noche tengo otra oportunidad de oro, así que os dejo que voy a hacerme una buena lavativa si no quiero batir mi propio récord de apnea en mierda.

jueves, julio 27, 2006

Vidas en Red

Acabo de añadir a los favoritos un Blog que me ha parecido muy interesante, sobre todo el artículo de hoy, se trata de Vidas en Red, un blog muy geek que se define como "La Meca de los adictos a la red, la tierra prometida de los que habitan en servidores y se mueven por los chats."

Que lo disfruteis.

martes, julio 25, 2006

Benifotrem 2006

El fin de semana pasado también ha sido movidito. El viernes a media mañana Cripema me pone los dientes largos hablándome de la buena pinta que tiene el F.I.B. de este año. Así que se me cruza el cable y esa misma tarde me voy para allá con Juancho (cuya primera escala en su aventura como trotamundos era precisamente Benicàssim, donde había quedado para despedirse de otros buenos amigos).

A mí no me interesa especialmente la música que suena en ese festival, y ni siquiera tenía entrada, pero he estado otros años allí y sólo por la que se lía en el pueblo ya vale la pena vivirlo. Imaginad un modesto pueblo costero castellonense literalmente invadido por decenas de miles de jóvenes con unas enormes ganas de juerga y procedentes de todos los rincones del planeta (un 40% de asistentes son foráneos, según estimaciones de la organización). Pues se arma un fiestón de dos mil pares de cojones, y como a mí me gusta más una fiesta que a un tonto un lápiz, pues me planté allí con lo puesto, sin entrada, sin lugar donde dormir y con cuatro duros mal contados. (Hablando de fiestas, ya estoy moviendo mis hilos, es decir: ya le he dicho a mi hermano que se dedica al mundo de la noche que me consiga entradas para el Nightology Boat Party que tendrá lugar el viernes y sábado próximos en el barco de J&B que atracará esta semana en el puerto de Alicante. A ver si hay suerte porque la cosa tiene muy buena pinta, aunque ya me ha advertido que la cosa está muy jodida porque hay hostias por conseguir entradas para esas fiestas. Pero yo no pierdo la esperanza).

Uno de los que venían a despedirse de Juancho había conseguido sólo dos entradas para el sábado porque estaban agotadas desde hacía tiempo y por lo visto en la reventa se estaban aprovechando de esa circunstancia. A mí me la sudaba entrar al recinto donde tienen lugar los conciertos porque, aunque la verdad es que allí dentro es donde está el mogollón y se cuece lo bueno, en el pueblo hay cachondeo a todas horas, y más este año que eran varios miles de personas las que se habían quedado sin tique de acceso. La cuestión es que tras ir llegando todos al punto de reunión convenido empezamos la juerga. ¡Y vaya juerga!. Este tipo de saraos me reconcilian un poco con el ser humano, porque me parece casi sobrenatural el ambiente de buen rollo que se crea allí entre peña de tan distinta ralea, procedencia y condición. Y no se me escapa que buena parte de esto se debe al poderoso influjo empatizante de ciertas sustancias ilegítimas; pero la "felicidad" (aunque ésta sea pasajera, artificial e inducida químicamente a los mecanismos de nuestro cerebro que regulan las sensaciones placenteras) genera cierto clima de alegre colaboracionismo muy apropiado para estas ocasiones. Todo el mundo tiene muy clarito que está allí para una causa común: correrse la juerga padre. Además, debido al calor sofocante la gente va medio en pelotas por el pueblo llenando los bares, las tiendas, los chiringuitos, con esas pintas tan difíciles de definir pero que ustedes ya se imaginan perfectamente (lo que se ha dado en llamar "fibbers"). Aunque ahora yo no estoy para hablar de pintas porque por allí paseé la versión 7.0 de Micropene; que es el resultado de haberle dado a mi amigo Elöy (que es peluquero) absoluta libertad creativa un día de esos que estaba harto de verme el mismo careto en el espejo. Ahora llevo un pelo que sería un cruce entre el de Billy Idol o Fabio McNamara (por el color) y el de un electroduende (por el corte y la textura). Eso con suerte y recién peinado, porque en la playa o la piscina me asemejo más a Ruiz de Lopera en alguna carroza el Día del Orgullo Gay. Vamos, que voy hecho un cromo. Pero al menos en Benicàssim pasaba relativamente desapercibido.

Al final tras pegarnos un fiestón memorable acabamos durmiendo la mona donde tradicionalmente pernocta el off-off-FIB (que traducido al cristiano seríamos los desharrapados, los costras y los homeless del festival): cobijados bajo el escenario que hay montado en la playa para la fiesta gratuita de despedida que tiene lugar el lunes, día en que se clausura el evento. Y aunque la tarima es bastante grande, conforme va picando más el sol en lo alto, aquello se va llenando y llenando de zombies desnortados y sudorosos en busca de su pedacito de sombra fresca. Al final acabamos hacinados todos contra todos, transpirando como fuentes a causa del sofoco del efecto sauna y por el laborioso proceso corporal de la eliminación de miasmas y toxinas excedentes de la noche anterior. Todo ello amenizado por los taconeos que los típicos "cachondos" de turno tienen a bien dedicarnos cuando nos sobrepasan por encima del tinglado.

Volviéndome de allí la mañana del sábado recibo la llamada de la supermujer de mis antiguos desvelos, que tiene una preciosa casa en primera línea de playa del pueblo, porque aunque la relación con ella se ha enfriado un poco, nada más llegar le envié un mensaje informando de mi presencia allí por si quería quedar a tomar una copa; pero resulta que por precaución no se había llevado encima el móvil (el buen rollo reinante no es óbice para el altísimo índice de robos y otros abusos que se cometen en los días del festival) y no lo había podido leer hasta que volvió a casa, ya de día. Como yo ya estaba llegando a Alicante lo tuvimos que posponer para otra ocasión.

Yo me volví el sábado pero Juancho & Company se quedaron hasta el domingo, por lo que será él quien cuente aquí cómo siguió la cosa y lo que dio de sí, que me consta que fue muchísimo. [Por si no os habéis fijado en la columna de la derecha, Gilito, en su papel de Master del Universo, ha habilitado a Juancho como "contributor" del blog, para que éste, siempre que disponga de tiempo y de una conexión a la red, nos vaya informando de sus peripecias por el mundo. Así que les recomiendo que estén atentos a su pantalla amiga porque Juancho tiene una gracia especial para contar las cosas que le pasan (que no son pocas), y ya creó escuela con sus célebres "Crónicas Cannábicas", con las que nos mantenía puntualmente informados de sus aventuras el año que vivió en Ecuador].

lunes, julio 24, 2006

Megabacterias

Renugopalakrishnan, profesor de la Harvard's Medical School, está llevando a cabo una investigación con la cual utilizan proteínas extraídas de la membrana celular de una bacteria llamada halobaterium slinarum para almacenar información.

Este profesor, de nombre impronunciable, dice que en el estado actual, una superficie equivalente a la de un DVD podría alojar 20 veces más información que un disco Blue Ray, pero que el perfeccionamiento de la técnica permitiría hacer un disco del mismo tamaño de un DVD que alojara 50 TB de información (~50.000.000 Megabytes), unas mil veces más que el mayor disco Blue Ray en la actualidad.

Aqui hay mas info del tema.

Como diria mi madre: "Dónde iremos a parar?"


martes, julio 18, 2006

Vacaciones en Ibiza

Foto: Cala En Serra desde el camino de acceso. (Portinatx)

Acabamos de volver del paraiso, cinco noches, con sus días y todo, en Ibiza. La pasta no daba para más; eso si, vacaciones "full equip". Caundo deje de tener pereza continuaré con este post.

viernes, julio 14, 2006

Hasta siempre, Juancho. Bienvenido, Pablito

Mañana sábado tenemos otro fiestón en Melrose Place. Y éste es por una doble celebración: por un lado la despedida de Juancho, que como ya he comentado aquí se nos marcha a trotar mundo; y por otro la bienvenida a casa de Pablito, que acaba de aterrizar de Porto Alegre (Brasil). Como cantaba un hijo del eminente ginecólogo Dr. Iglesias Puga:

“Al final
las obras quedan, las gentes se van.
Otros que vienen las continuarán...
¡La vida sigue igual!” (Hombre, igual igual… La ausencia de Juanito se va a notar muchísimo en la Mancomunidad del Caos, ya que es uno de sus factótums históricos).

Como no podían faltar a tan magno evento de doble cara (una triste, como casi todas las despedidas; la otra alegre, por haber recuperado sano y salvo de las favelas a un querido camarada), han confirmado su asistencia al sarao gentes de todo pelaje y condición, que es lo que le da gracia a estas reuniones.

Vendrán a propósito para la parranda buena parte del “Comando Pérfida Albión”, el “Comando Magdalena” de Castellón, los “Vets-Vets” (Veteranos Veterinarios) de Murcia, la “Célula Barcelona”, y por supuesto el Presídium Supremo de la Mötley Crüe casi al completo. Aparte de otros muchos invitados freelance: las suecas, Lady Gym, etc, etc…

Francamente, no tengo ni puta idea de dónde nos vamos a meter tanta gente, pero da igual; lo que cuenta es que es en ocasiones como éstas cuando uno descubre cuántos amigos tiene de verdad, y estos dos pájaros van bien servidos de gente que les quiere.

Lo dicho en el título: “Hasta siempre, Juancho. Bienvenido, Pablito”.

miércoles, julio 12, 2006

Ride the (iron) butterfly (y 3)

Lorcarock II: Como está visto que la concisión no es lo mío, para no extenderme demasiado acabaré esto diciendo que algunas leyes me resultan muy curiosas. Porque tras soplar en un aparato de esos portátiles y dar 0,35 de nivel de alcohol en expiración (0,10 por encima de la tasa permitida actualmente) y decirle al guardia: "Eso es poco, ¿no? ¿Qué tal si hacemos la vista gorda por esta vez?", y él responder: "Lo siento caballero, estacione su vehículo ahí en el descampado y acompáñeme"; resulta que me hicieron soplar en un aparato de -supuestamente- más precisión, manejado por una agente femenina de la benemérita de buen ver y cuyo trato hacia mí fue muy agradable, comprensivo y hasta cariñoso.

Allí dí 0,33, y le comenté a la chica que me parecía absurdo que hace apenas unos años (no demasiados) el nivel permitido era de 0,50, por lo tanto en aquellos tiempos yo aún tenía un margen de 0,17 para seguir bebiendo copas y haber conducido tan tranquilo; y ahora por un mísero 0,08 me iban a empapelar. Su resuesta fue la típica frase hecha y manoseada: "Yo no hago las leyes, me limito a hacerlas cumplir". No obstante se apiadó de mí y me dijo que como tenía que repetir la prueba pasados diez minutos, y como había sobrepasado por muy poco el límite, que me fuera a esperar al coche y que si allí tenía agua que bebiera toda la que pudiera porque ayudaba bastante a eliminar el alcohol del organismo, que no fumara bajo ningún concepto porque el tabaco retarda la eliminación, y que hiperventilara todo lo que pudiera porque por la respiración se expulsa una cantidad considerable (de ahí que los tests se hagan así). Y añadió que por supuesto ella no me había dicho nada de todo eso, que le podía caer un buen puro si se enteraban sus compañeros. Por último me aconsejó hacerme el sueco para ganar tiempo, que me llamarían pasados unos diez minutos pero que me hiciera el loco y no acudiera inmediatamente, y procurara escurrir el bulto hasta que fuera inevitable, yéndome a mear justo en ese momento o lo que se me ocurriera para ganar unos valiosos minutos y postergar en la medida de lo posible el momento de volver a soplar. Según ella con todos esos consejos era probable que en la segunda prueba hubiera rebajado esos 8 putos centesimales que me separaban de la legalidad.

Pero como soy un desgraciado no quedaba en el coche ni una gota de agua, y no habían pasado los diez minutos y ya tenía un picoleto en la puerta del coche invitándome a seguirle ("Un momento que me estoy meando". "Ya meará usted después, caballero. Acompáñeme"). Así que no hubo suerte: había bajado sólo una miserable centésima y mi amiguita uniformada empezó a rellenar con mis datos los recuadros de un papel. Le dije que lo que para ella no era más que una rutina, como el hecho de rellenar esas hojas, no se podía hacer una idea de cómo me iba a complicar a mí la vida. Su respuesta de nuevo fue de manual: "Haberlo pensado usted antes de infringir la ley".

No sé si era un último intento de echarme un cable o lo hacen con todos, pero se fue hacia un compañero y le dijo: "Este señor no está de acuerdo con el resultado de la prueba". Y el otro guardia (un chico muy joven y muy majo) me comentó que si uno no se fía del resultado tiene la opción de solicitar una prueba sanguínea, cuyo resultado es mucho más fiable. Le comenté que si era probable que si yo lo solicitaba, mientras me trasladaban al hospital o ambulatorio más cercano se evaporaran esas -ahora- 7 centésimas. Su respuesta fue que no, que en sangre la concentración es mucho más alta y que si la prueba no me daba la razón tendría que pagarla yo; y añadió que en el 99,9% de los casos de personas que la habían solicitado, el resultado siempre confirma lo que ha dicho el "soplímetro", y encima aumenta la tasa y con ello la multa. Así que me rendí a mi destino y tras tramitarme la pertinente denuncia la firmé resignado.

Pero ahora venía la segunda parte de la historia: había que seguir camino a casa. Me preguntó si algún otro ocupante del vehiculo estaba en disposición de conducir. El único era Juancho, que llevaba un pedal de campeonato, pero el guardia insistió en hacerle la prueba por si sonaba la flauta. Le avisé que mi amigo iba trompa y le pregunté que si no le iba a meter en algún lío si daba positivo, y su respuesta, obvia pero tranquilizadora, fue: "Que yo sepa ir borracho en un coche no es un delito mientras no lo vayas conduciendo. Al menos de momento" (ojo a la matización final. Tiempo al tiempo, que tal como se están poniendo las cosas últimamente...).

Llegamos a mi coche y Juancho dormía como un angelito en la parte trasera. El agente abre la puerta y éste se sobresalta: "¿Qué pasa?¿Qué pasa?". "Caballero tiene que soplar". "¿Yo? ¿Por qué?". "Tranquilo, Juanito, que no pasa nada. Es para ver si estás en condiciones de llevarnos a casa". Y Juancho se baja a trompicones, totalmente deorientado, tirando al suelo la mochila que llevaba entre las piernas. Pisa la mochila con un pie, con el otro está a punto aplastar su cámara digital, que también había caído al suelo y que rescaté por los pelos ("Cuidaooo, borracho"). No se mantenía de pie y se tuvo que recostar en la carrocería del coche dejándose caer, y hacía extraordinarios esfuerzos por mantener abiertos los ojos. Así que le digo al guardia: "No vale la pena ni intentarlo, ¿no?". Y me contesta que por probar nada se pierde. Pues sí, podía haber perdido su aparatito, porque Juancho casi lo funde. Y eso después de varios intentos infructuosos: "No, no, caballero, tiene que soplar aquí... No, así no... tiene que aguantar soplando durante 8 segundos".

Al final nos tocó esperar que me bajara el grado alcohólico hasta el nivel en el que los jueces ya no me consideran un peligro al volante. Me dijeron que probara pasada una media hora, pero a los veinte minutos fui a mi amiga y le dije que quería probar, que ya estaba hasta los huevos de estar allí y que a ver si ahora me iba a ir sobrio pero cayéndome del sueño, que no sé yo qué es peor. 0,25 justo: a casa de una puta vez.

Lorcarock yIII: Como esta visto que no hay forma, y que, por más que me proponga ser breve, mi desbordada verborrea eterniza todo lo que cuenta; para poder contar lo que fue el concierto propiamente dicho sin colapsar el Blogger éste con rimbombantes palabras, lo haré con fotos y escuetos (sí, ya) comentarios a las mismas.


Estábamos bebiendo en un bar cercano al recinto y nos vemos a un borracho dando la nota. Y cuando se acercó a nosotros con la intención de brindar con nuestras cervezas descubrimos atónitos que era el mismísmo Andy McCoy de los Hanoi Rocks. Le dijimos si podíamos hacernos una foto con él y aquí a la izquierda tenéis su respuesta (Con nosotros están Pablo y Leo, dos argentinos compañeos de trabajo de Juancho, que son jevis hasta la médula y que no hace mucho tuvieron que sacrificar sus largas cabelleras para poder trabajar en el mundo de la noche). La foto la tomó la espectacular mujer que le acompañaba. Tras decirle yo en inglés que su amiga era muy guapa Andy me sorprendió respondiendo en un correcto castellano: "Sí, mucho guapa. Ella es mi amiga". Genio y figura hasta la sepultura.


Durante el concieto Juancho intentó hacerle alguna foto a Andy en el escenario, pero el tipo es una lagartija y no para quieto ni un segundo. Como se puede comprobar en esta foto, ya que mientras lograba enfocarlo, cuando disparaba el guitarrista ya estaba en la otra punta del escenario. Andy es de esa estirpe de músicos legendarios, como Keith Richards, por los que parece que no pasen los años y que con todo ese pasado a sus espaldas, viviendo en el filo de la navaja y de exceso en exceso, es poco menos que un milagro que sigan entre los vivos y encima ofreciendo unos espectáculos tan enérgicos e inolvidables como el de Andy ese día.


De Whitesanke sólo decir que si coges cualquier vídeo de un concierto en directo de los ochentas y con un programa informático le añades unas cuantas arrugas a David Coverdale, ya te puedes hacer una idea de lo que vivimos en Lorca aquella noche. Puede que la pasión y la intensidad ya no sean las mismas, pero esta gente lleva toda la puta vida haciendo esto y son una máquina perfecta escupiendo rock n' roll.




Micropene haciendo amigas.
¿Qué pasa? Yo también quiero mi novia cadáver...








Dee Snider de Twisted -fuckin'- Sister. Sin palabras (creo que Juanito logró captar perfectamente la esencia del momento).

martes, julio 11, 2006

Ride the butterfly 2

Lorcarock I (La lógica del delirio): Como ya dije al principio que no pensaba seguir un orden cronológico ni de otro tipo, y para no terminar con el mismo mal sabor de boca que me dejó el fin de fiesta, empezaré la historia justamente por el final.

Pero para que se entienda mínimamente la cosa, antes debo explicar los antecedentes:

Habíamos llegado a Lorca al mediodía y empezamos a calentar motores nada más localizar el recinto ferial donde tenía lugar el festival "Lorcarock" (es muy fácil en este tipo de saraos: sólo hay que seguir la hilera de hormigas negras y vas a parar al concierto. No falla. Y además estas hormigas son bien visibles por sus crepadas melenas, sus afiladas tachuelas y porque en vez de portar miguitas de pan y cáscaras de pipa a su hormiguero, llevan litronas y enormes calimotxos; que, lejos de durarles hasta el crudo invierno, trasiegan en cuestión de minutos como ansiosas cigarras borrachuzas).

Desde aproximadamente las dos de la tarde estuve bebiendo sin piedad porque el plan era dormir allí y no coger el coche de vuelta hasta el día siguiente. No obstante, habíamos decidido beber exclusivamente cerveza porque el día iba a ser muy, muy largo, y los grupos más míticos estaban en lo alto del cartel, lo que quiere decir que tocarían a altas horas de la noche; y ya estamos todos muy escarmentados en este tipo de macrofestivales de caer en el error de ponerte como una moto nada más llegar y apenas cinco horas después ya no saber ni por donde te pega el viento, conque ya no digamos de disfrutar de los grupos que están en el escenario. Este que suscribe se ha recorrido media España para "ver" conciertos y en no pocos casos le consta que estuvo allí (no en balde procura conservar todos los tiques de entrada) pero no guarda ningún recuerdo de la velada; no ya en lo musical, si no -en casos extremos- de ningún otro tipo.

Resulta angustiante que algún colega le esté echando un vistazo a tu colección de entradas y de pronto te diga:

- "¡Hostias, Slayer! ¿Qué tal estuvieron?"

Y tú, no conservando absolutamente ninguna memoria de aquello, salir del paso diciendo:

- "Bien… bien. Ya sabes... en su línea".

Y él insistir:

- "¡Qué caña! Además en esta gira venían con Lombardo a la batería, ¿no?".

Y tú pensando: "Lombardo... Lombardo... yo si que estaría echando la lombarda en algún callejón oscuro".

Pues como esto resulta muy triste, desde hace algún tiempo procuro tomarme con más calma la cosa porque es estúpido pagar una entrada para pasarte toda la noche atrapado en una espiral sin fin que te lleva constantemente de la cola de los tiques a la barra, y de ahí a la cola del aseo, y de allí al césped a dormir un rato la mona; y vuelta a empezar el ciclo. Y en este caso, a diferencia de otros muchos festivales en los que sólo actúan un par de bandas de auténtico peso precedidas de muchos grupos mediocres de relleno y algunos teloneros locales, el cartel prometía momentos jugosos desde media tarde hasta bien entrada la madrugada con la traca final.

Así que nada más llegar nos fuimos a comer consistentemente para hacer base en el estómago a un bar de los alrededores del recinto, y ya empezamos con las cervezas. Yo no sé cuántas pudieron caer en aquella maratoniana jornada, y prefiero no calcularlo, pero a juzgar por el ritmo al que iba menguando el presupuesto (hicimos un fondo común que había que ir renovando constantemente), debieron ser muchísimas; demasiadas, de nuevo.

Aunque, para mi sorpresa, por una vez logré mantenerme firme en mi propósito de no serle infiel a la rubia pasándome a los cubatas, que es cuando ya me desbarato; y fui capaz de espaciar la ingesta del zumo de cebada cuando veía que ya empezaba a subírseme demasiado a la cabeza. Y como además con la cerveza llega un punto de no retorno en que me saturo, hinchado como globo, y no me entra ni una gota más; pues después de cenar en el mismo bar (sobre la una de la madrugada) dejé de beber birra y me pasé al agua, a excepción de algún trago ocasional a los calimotxos de Juancho (no fui el único en acabar aborreciendo la espumosa bebida).

Esto sumado al par de horas que nos tiramos sentados en el coche charlando, esperando a Juancho, que iba como una moto y estaba disfrutando hasta del "socarrat" de la velada, y no queríamos aguarle la fiesta y preferimos aguantar hasta que volviera de motu proprio; me salvó de que mi encuentro en la autovía con los escuadrones de la muerte no resultara catastrófico del todo.

En la primera parte de este post, comentaba lo del efecto mariposa. Pues si ahí ya quedó claro que no tener en cuenta una minucia como el batir de alas de un lepidóptero puede alterar enormemente el resultado final de una predicción climatológica, el decidir conducir un vehículo cuando uno se ha pasado todo el día, la noche y parte de la madrugada bebiendo grandes cantidades de alcohol, para recorrer un trayecto distante 150 kms. del punto de origen al de destino, cuando en el viaje de ida ha tenido oportunidad de ser advertido en numerosas ocasiones por los letreros luminosos de la autovía de que ese mismo fin de semana se estaba desarrollando una operación especial de la D.G.T. contra la conducción alcoholizada; equivaldría a decidir voluntariamente no incluir en el cálculo de la predicción de cómo podía acabar aquello, un potente ventilador tan grande como la noria de la feria.

A decir verdad, en sentido estricto yo interpreto el efecto mariposa adaptado a nuestra vida de humanos como la constatación de que las pequeñísimas decisiones que tomamos constantemente, por minúsculas que nos parezcan en ese momento (ir al trabajo por una ruta y no otra; aceptar esa cerveza con un amigo en vez de meterte en casa; devolver esa llamada perdida en el móvil procedente de un número desconocido; etc, etc...) cambian definitivamente el rumbo del resto de tu vida aunque sea de forma casi imperceptible. Es como si a cada paso se desplegara delante de nosotros un abanico de posibles vidas futuras y vamos eligiendo una varilla, rechazando en el acto las otras; y esa varilla te conduce instantáneamente a un nuevo abanico, y así ad infinitum.

Un caso práctico: llevarte un paraguas por si llueve, o no hacerlo. Es más que probable que esta decisión no vaya a influir sustancialmente en el resto de tu vida. Que si pudieras compararlas pasados 5 años desde aquello, en lo concerniente a esa -en apariencia- insignificante decisión concreta las dos posibles vidas fueran casi idénticas y el acto de llevarte el paraguas o no hacerlo no hubiera alterado apenas tu destino. Pero puede que sí; puede que el simple acto de decidir llevarte contigo esa tarde un paraguas lo cambie absolutamente todo: que le ofrezcas cobijo a alguien que se esté mojando por su poca previsión, y que esta persona termine siendo la madre de tus hijos; o que en un desgraciado resbalón te lo claves en el ojo y te deje tuerto para toda la vida.

Ésa para mí es la verdadera esencia del efecto mariposa, y otra cosa distinta son las decisiones cruciales; palabra que viene de cruz, como cruce. Y es que al llegar a un cruce de caminos no nos queda más remedio que elegir un camino, desechando con ello los otros, con todo lo que éstos nos pudieran deparar de malo y de bueno. A no ser, claro, que tengas el don de la bilocación como Santa Teresa de Jesús. (Por cierto yo no sé que coño tomarían en ese bendito convento las hermanas carmelitas, pero la santa abulense aparte de ser capaz –como aseguran- de dar misa y repicar las campanas (simultáneamente), sus célebres arrebatos místicos han acabado dando nombre a una droga que ejerce unos potentes efectos muy curiosos en sus consumidores: el éxtasis).

Por ejemplo, la decisión de Juancho de dejarlo todo y marcharse a dar la vuelta al mundo es un voluntario giro radical a su guión vital, que equivaldría a coger por banda a la mariposa, ponerle unas riendas y obligarla a que nos lleve al galope a conocer nuestras otras vidas posibles. Eso sí que es una decisión "crucial" que cambiará irremediablemente su vida a corto, medio y largo plazo. Lo que le quede de vida ya nunca será como hubiera sido de haberse quedado aquí, tanto para bien (las cosas buenas que vivirá con este brusco cambio de rumbo biográfico), como para mal (los malos momentos, que por desgracia también los habrá, y los buenos que se quedará ya por siempre sin conocer de sus otras vidas posibles de no haber decidido partir).

Hacerse 150 kms. conduciendo con una borrachera residual, en vez de quedarte durmiendo en el coche (parado, claro) hasta que se te pase la cogorza del todo, podía habernos salido carísimo a los cuatro ocupantes (y a cualquiera que le hubiera tocado la china sin comerlo ni beberlo, y cuyo único delito hubiera sido cruzar su destino con el nuestro en ese preciso momento). Como excusa podría alegar que los que me conocen aseguran que por muy borracho que vaya, en el fondo siempre guardo una reserva mínima de sentido común (como la llamita de los calentadores) que me permite conducir con gran destreza independientemente de mi tasa de alcohol en sangre, o al menos desistir de hacerlo con toda honestidad cuando no me veo capacitado. Pero mentiría, porque no hacía demasiado tiempo ya había cometido la imprudencia de volverme conduciendo desde Benidorm hasta Alicante tras el concierto de los Cult, con una tajada considerable; cosa de la que no me enorgullezco en absoluto, pero que confieso aquí para que se entienda que ya me iba haciendo falta un toque de atención porque me estaba confiando demasiado a ese respecto. [No sé si alguien llegó a echar en falta la crónica de la fiesta en la mansión de la playmate a la que estábamos invitados tras aquel concierto. No la hubo sencillamente porque no llegué a ir. Resulta que mi amiga, que me quiere bien, había escuchado datos escalofriantes sobre los preparativos del fiestón (si tenemos en cuenta que estamos hablando de gente joven de un enorme poder adquisitivo con unas ganas de juerga desmedidas, despejen la X y les dará unas cantidades astronómicas de todo lo que prefieran imaginar); y como me conoce perfectamente y sabe lo hiperbólico y excesivo que soy para todo (especialmente para esos menesteres), juzgó unilateralmente que mi presencia allí no era oportuna en bien de mi salud física y mental. Cosa que el domingo le agradecí enormemente, pero en aquel momento no. Y cuando, varias horas después de finalizado el concierto, ya fue evidente que me estaban haciendo luz de gas para mantenerme alejado de Sodoma y Gomorra, pues los mandé a todos a tomar por culo y me bajé enfurruñado a Alicante a seguir la juerga por mi cuenta; tentando a la suerte una vez más].

Decía que ya iba necesitando un toque de alerta con eso de coger el coche así por las buenas después de haber bebido inmoderadamente; y ese aviso para navegantes me llegó a las seis de la mañana de aquel domingo de autos (locos) que estoy narrando, de manos de unas cuantas mariposas con uniformes verdes que tenían desviados los dos carriles de la autovía Murcia-Alicante a un área de descanso; donde vehículo a vehículo pasábamos por un cuello de botella. Allí nos las teníamos que ver con un lince verde provisto de unas dotes psicológicas y fisonómicas sobrenaturales gracias a las cuales le bastaba un rápido vistazo al interior del auto para saber perfectamente a quien valía la pena detener para hacer soplar y a quien no. ¡Hijo de la gran puta! ¡Qué ojo! No se escapó ni uno. De los más de veinte coches que desvió al matadero en el rato que yo estuve allí, ni uno solo se fue de rositas por donde había venido. Aunque también había que vernos a todos...: Bakalas de otras galaxias en sus naves interestelares, Jevis garrulos que viajaban en sus máquinas del tiempo de vuelta a los ochentas a esperar la próxima concentración, punkis que bajaban tambaleándose de sus troncomóviles con la botella de calimotxo aún en la mano, la familia Manson al completo... y el pringado que esto firma.

Imaginad ese autobús de jubilados de la huerta del Segura (en la Murcia ocupada) que han madrugado para que por una vez los saquen de su miserable aldea para ir de excursión a Benidorm, que pasa junto al descampado donde se iban amontonando los desechos humanos con sus locos cacharros. Esos ancianos que, ignorando la escoliosis, la osteoporosis, y todo lo que acabe en -osis, se levantan de un brinco de sus asientos para acudir raudos al cristal para poder contemplar mejor ese zoológico humano de tristes figuras alicaídas por el disgusto y caras de mala hostia de pensar en el marrón que se les viene encima; y así no perder detalle para poder regodearse a gusto con la desgracia ajena (el deporte nacional). Incluso alguno se permitió dedicarnos unos gestos muy feos que venían a ser la interpretación artrósica del clásico middle finger o de esos cuernos que unas horas antes me había hartado de ver a miles.

O ese coche lleno de niños bien, sanos y frescos como lechugas, escuchando la Oreja de Van Gogh a toda hostia y exhibiéndonos orgullosos sus latitas de bebidas isotónicas y refrescos no azucarados, mientras el más audaz se permite gritarnos por la ventanilla, cuando ya abandonaban el lugar libres de pecado: "Os jodéis, festeros de mierda"; recibiendo casi instantáneamente como única respuesta el impacto en su maletero de una botella de plástico de dos litros, sin etiqueta, conteniendo aún los restos de alguna bebida sin identificar; pero que no hacía falta ser del C.S.I., ni calcular la trayectoria del proyectil para saber que provenía de la furgoneta de los punkis.

Sin embargo los guardias prefirieron hacer la vista gorda y no hacer absolutamente nada al respecto. Cosa que me sorprendió mucho y gratamente, y la verdad sea dicha que el trato de todos los agentes con los que me las tuve que ver (en total cinco) fue exquisito y amable en grado sumo; manteniendo una prudente distancia pero muy cordial en todo momento (y no es que esté sufriendo ahora ningún acceso de síndrome de Estocolmo). Lo que me llevó a pensar que quizá para este tipo de emboscadas seleccionan personas con algunas nociones de psicología y, sobre todo, mucha mano izquierda para no andar soliviantando a los borrachos más de la cuenta, no vaya a ser que por un inoportuno mal gesto tosco aquello acabe en batalla campal gracias al contagioso efecto dominó y a la providencial solidaridad que genera la comunión alcohólica entre los vinagres.

Seguiré... si me lo permite la mariposa, claro.

jueves, julio 06, 2006

Ride the butterfly (actualización)

Pues resulta que ahora mismo vengo del gimnasio que comentaba. Hemos tenido que ir mi jefe y yo porque me ha llamado la chica para que nos pasáramos a hacernos una fotografía digital para la ficha (¿he dicho ya que es un gimnasio muy pijota?).

Así que tras hacernos las fotos con las frentes perladas, porque al parecer el aire acondicionado es lo último que piensan conectar (por cierto, me ha comentado mi nueva amiguita off the record que de abrir el día 15 nanai, porque se ha dado una vuelta por las instalaciones y le ha preguntado eso mismo a los albañiles y la respuesta ha sido descojonarse en su careto), le he comentado que esta noche había barbacoa en la piscina de Melrose Place, y que si quería se pasase por allí. Y la cosa promete porque es una fiesta organizada por Aprilia y Delrieu, que, como ya comenté, se han casado hace muy poco y por limitaciones presupuestarias no pudieron invitar al sarao a todos los que les hubiera gustado, y por eso esta noche organizan un buen fiestón para la Mancomunidad del Caos y allegados. Lady Gym me ha dicho que se pasará con una amiga, así que me voy ya para allá que aún tengo que comprar el hielo.

(Por cierto, la chica se ha descojonado viva cuando, tras comentarle lo de la fiesta delante de mi jefe (con el que me une una buena amistad de años y hay confianza de sobra), me he vuelto hacia éste y le he dicho: "Ya has oído. Así que ya sabes lo que toca mañana: resacón y lo justito para el aprobado". Joder, este hombre se tiene el cielo ganado por soportarme.

Ride the butterfly

Dado que cada vez que me pongo a contar cualquier vivencia tonta me enrollo como una persiana y acaba saliéndome un tocho plúmbeo por entregas, si tratara de relatar todo lo que he ido viviendo estas últimas semanas tan moviditas esto acabaría pareciendo los "Episodios nacionales" de Don Benito Pérez Galdós, y además apenas dispongo de tiempo para estos menesteres (y al parecer mis camaradas cansados tampoco, ya que cuesta entender que un blog comunitario como éste, hecho por cinco personas, se actualice con suerte cada 10 ó 12 días). Pero como hay cosas que sí me gustaría comentar aquí, voy a tratar de hacerlo de la forma más telegráfica posible y por temas independientes, sin orden cronológico ni de ningún tipo.

El concierto de Jesús Lara & Cuarta Generación: Desgraciadamente conozco demasiado bien lo que jode tocar ante una sala casi vacía; pero al menos en este caso los escasos allí presentes íbamos con muchas ganas de escuchar a Jesús y su banda, y como éstos salieron desde el principio a por todas, el público correspondió con mucha entrega. De hecho, era tal la bulla que armábamos entre tema y tema, que en uno de estos interludios Jesús comentó que parecía que hubiera toda una multitud allí metida. Sobre el escenario cuatro músicos como la copa de un pino sorteando con mucho arte unas deficiencias acústicas iniciales y ejecutando magistralmente unos temas que se hacían querer a la primera escucha.

Jesús presentó uno de los temas diciendo que ésa era la canción que les tenía que sacar de pobres. Discrepo: a mi parecer había más de un tema que les podría perfectamente hacer ricos si el panorama musical de los tiempos que corren no estuviera tan disparatado. Sería injusto destacar a alguno de los músicos ya que, aunque Jesús lleva la voz cantante por razones obvias (es el alma máter y líder del proyecto), se ha rodeado de unos músicos de enorme calidad que le dan el respaldo idóneo para la música que crea. Como grande finale, y con la banda ya sonando a pleno rendimiento, interpretaron algunas versiones que la gente recibió con gran entusiasmo y los pocos que quedaban aún sentados se echaron también a bailar. Jesús acabó invitando a subir al escenario a dos atractivas chicas que había por allí muy animadas y sin parar de bailar como locas por toda la sala, que no se lo pensaron dos veces y nos obsequiaron con unos sensuales bailecitos ejecutados a la izquierda del señor (del señor Lara, claro). La única nota amarga de la velada me la debo a mí mismo: la entrada costaba 3 euros, y por sólo 5 euros tenías la entrada más el CD que ha sacado Jesús; y por 2 miserables euros de mierda, Cripema y yo no lo compramos, con la aviesa intención de piratearlo luego del de Gilito, que sí tuvo la decencia de hacerse con él. ¡Sí, señor! Así se apoya a la gente que está luchando por hacerse escuchar en un negocio que está tan crudo. Disculpa Jesús, pero en el próximo concierto me comprometo como desagravio a comprarte dos discos. Respecto a la extraña noche que siguió al concierto, mejor dejarlo correr…

La Mancomunidad del Caos: Melrose Place vive últimamente una actividad bastante surreal (uso esta palabra -que, por cierto, no está en el diccionario- desde que hace algún tiempo escuchara al insigne Don Luis García Berlanga corregir con muy buen criterio a una periodista que había definido una gala, a la que el primero acudía y la segunda cubría, como "surrealista"; diciéndole que el adjetivo correcto sería "surreal", si se refería a lo onírico e irracional del acto, ya que "surrealistas" son las personas (más concretamente artistas) que explotan la parte más surreal de la existencia, y las obras de éstos).

Como ya comenté, las suecas nos obsequiaron con una estancia muy fugaz. Yo no sé que es lo que harían las valquirias "okupas" en tan poco tiempo (o mejor: qué es lo que no hicieron), pero allí nadie parece echarlas demasiado de menos. De hecho, no se ha vuelto a comentar absolutamente nada sobre el asunto.

Pues resulta que hace nada, estuvo a punto de venirse a vivir con nosotros otra supermujer; y ésta venía de la mano de un servidor. Me explico: ya comenté que Cripema y yo nos hemos apuntado a uno de esos macrogimnasios ultramodernos que ahora las multinacionales abren como churros en nuestras ciudades. La única razón de acabar en un sitio como ése es porque está justo al lado de nuestro centro de trabajo, con lo que nos facilita mucho el vencer la pereza de acudir a nuestra cita diaria con el acero.

La cuestión es que al final terminamos liando a nuestro jefe (y sin embargo amigo) para que se apuntara él también y así ir los tres juntos (y además porque nos hacen descuento de empresa). Así que el jueves pasado se fue para allá a formalizar su suscripción, ya que expiraba la oferta para inscripciones previas a la apertura (lo inauguran el próximo 15 de Julio) y decidí acompañarlo para ver cómo iba la cosa por allí (y me parece a mí que sí que van a abrir el día 15, pero de Agosto; porque tal y como van las obras, como el capataz no obre milagros… Y como no espabilen voy a volver a ponerme ternasco, porque hace ya algunas semanas que me di de baja en el otro gimnasio y necesito urgentemente un poco de actividad física, que me estoy atocinando).

[El "Efecto mariposa", es el nombre que se le dio al descubrimiento de un meteorólogo que trataba de crear un modelo matemático que permitiera realizar predicciones climatológicas. Dado que esas previsiones se basan en predecir qué comportamiento seguirán grandes masas de aire por la atmósfera sometidas a tres variables (tiempo, velocidad y temperatura del aire) el sr. Lorenz (que así se llamaba el mariposón) observó que la más mínima diferencia en los datos iniciales de cualquiera de las tres variables del cálculo (cuestión de apenas unos decimales), alteraban enormemente el resultado final de la previsión. Con lo que le quedó bien patente que pretender hacer predicciones meteorológicas (y de cualquier tipo, añado yo) es una tarea inútil; y para que se entendiera esto, puso el famoso ejemplo de la mariposa: un meteorólogo puede hacer una previsión con unos datos iniciales enormemente precisos, que esa predicción puede acabar siendo totalmente errónea si no ha tenido en cuenta el simple aleteo de una mariposa en el otro lado del planeta. La cuestión es que desde entonces se llama "efecto mariposa" a la amplificación de los errores (por mínimos que éstos sean) que pueden surgir en el comportamiento de un sistema complejo, convirtiendo ese comportamiento en caótico y haciendo, por lo tanto, imposible cualquier predicción. Y como no hay nada más complejo y caótico que la vida humana, pues hemos extrapolado esta característica matemática a nuestra cotidianeidad y hemos entendido por fin que cualquier decisión que tomamos cada día y a cada hora, por insignificante que nos parezca, puede cambiar radicalmente el curso de tu vida futura (a largo, medio e incluso corto plazo). Si incluir o no en el cálculo el aparentemente inapreciable aire movido por el batir de alas de una mariposa puede transformar una predicción climatológica de suave brisa marina en tormenta tropical; está claro que una decisión en apariencia nimia puede cambiar tu vida. Y no se trata necesariamente de elecciones cruciales (como en la película norteamericana titulada como el efecto dichoso: casarte con tu amiga o no hacerlo; plantarle cara a un abusananos o no hacerlo; etc, etc…) sino a cosas tan inofensivas a primera vista como salir de casa media hora antes o después, o subirte a un metro o no hacerlo. O acompañar a tu jefe a un gimansio en vez de irte directamente a casa].

La mariposa quiso que nos atendiese una de las comerciales que tienen allí atendiendo al público que entra a informarse. Y no una cualquiera de las varias que hay allí, sino la protagonista de la historia que viene a continuación. Ya sabemos todos que para este tipo de comerciales (y más en un gimnasio tan pijotero como aquél) una imagen llamativa (por decirlo suave) y un buen don de gentes son requisitos indispensables. Pero es que esta chica a parte de ser una preciosidad es una tía muy sana con la que conecté desde que nos encontramos por primera vez; que fue cuando acompañé a Cripema, la primera en apuntarse. Aquel día me limité a hacer lo que mejor se me da: marear la perdiz y tocar los huevos (que para qué coño habían puesto ascensores y escaleras mecánicas dentro de un gimnasio; que si de verdad la gente era capaz de subir dos pisos en ascensor para luego ponerse a sudar media hora en una de esas máquinas simuladoras de escaleras; y todas esas preguntitas de mosca cojonera que me da por hacer cuando no encajo o me aburro en algún sitio. A parte de dejarle claro que no hacía falta que nos pusiera la animación en 3-D que le encasquetan a todos los clientes para mostrarles las excelencias del local, ya que la única razón que nos interesaba a nosotros era su cercanía a nuestro puesto de trabajo; por lo que, aunque fuera el gimnasio de las Tortugas Ninja en una oscura y húmeda alcantarilla, nos íbamos a apuntar seguro). Pero resulta que la chica no sólo no se molestaba con mis gilipolleces, sino que, para mi sorpresa, se descojonaba con ganas de mis paridas.

Esto se repitió el día que fui a apuntarme yo, espoleado por Cripema, que nos atendió la misma chica. No se podía creer que no me supiera mi dirección, ni mi número de móvil, ni cuál es exactamente mi categoría laboral en mi empresa; y mientras Cripema respondía por mí a todas esas cuestiones (la pobre ya está más que acostumbrada a asistirme en mi incapacidad de lidiar con los trámites del mundo real), la chica me miraba como si estuviera viendo a algún ser de otro planeta y se reía sin parar.

Debió gustarle mi tontería porque la última vez que fui con mi jefe se alegró mucho de volver a verme e insistió en atendernos ella personalmente, aunque tuvimos que esperar a que acabara con los clientes que estaban con ella, estando varias de sus compañeras libres (tocándose la figa). Y ya no sé si sería por la más que probable comisión que se embolsarán por cada cliente captado, o porque de verdad le habían hecho gracia mis payasadas, pero la cuestión es que me alegró que nos atendiera ella, a pesar de que no era ésa la intención cuando decidí ir allí con mi jefe.

Así que nos sentamos y tras algunas risas, ella estaba tomando nota de los datos de mi jefe, cuando al ver la dirección de su D.N.I. le pregunta si por casualidad no conocerá algún piso en esa zona que esté en alquiler, y nos cuenta que es que ella vive por allí pero que en dos días (el sábado 1 de julio) tenía que dejar la casa y aún no había encontrado otra y estaba desesperada porque se veía en la puta calle. Mi jefe le dijo que no sabía de ninguno pero que cuando volviera a casa tomaría nota de cualquier cartel que viera por la zona ofertando piso.

Entonces le dije que yo sí que sabía de una casa donde se alquilaba una habitación. Se alegró mucho y me preguntó cuál; y le dije: "la mía". (Melrose Place no está muy lejos de esa zona y resulta que en 15 días se queda libre una de las habitaciones porque nuestro querido Juancho se marcha a cumplir su sueño antes de que la vida le atrape demasiado: echarse una mochila a la espalda y recorrer mundo; todo el que sea capaz, ya que su intención es darle la vuelta y conocer los cinco continentes. Y lo va a hacer a la vieja usanza; es decir, solo, sin dinero y sin demasiados planes ni plazos. Mucha suerte, hermano). Así que la chica se muestra muy entusiasmada, intercambiamos teléfonos (se vuelve a sorprender de que no me lo sepa y se lo tenga que proporcionar mi jefe) y quedamos en que esa misma noche, cuando ella termine sus obligaciones, se pasaría por allí a tomar una cerveza y ver la casa (se vuelve a sorprender de que de verdad no me sepa la dirección y tengamos que quedar en un hostal cercano a Melrose).

Pero antes de que se hiciera demasiadas ilusiones preferí advertirle sobre la peculiar idiosincrasia de la casa; y conforme le iba hablando no sólo no se horrorizaba con lo que escuchaba, sino que comulgaba con todo, e incluso se alegró enormemente al tratar ciertos aspectos muy concretos. Para zanjar el asunto decide echar sobre la mesa un libro muy raro, con una portada con muchos colorines, que sacó de su bolso. "¿Eso qué es?", le pregunté; y me dijo: "Es que aunque no lo parezca, yo también soy hippy"; demostrándome que no había entendido demasiado bien lo que trataba de comunicarle.

Sin embargo, una vez en la casa, en vivo y en directo, no sólo no salió despavorida como me había temido, sino que realmente sintonizó mucho con el ambiente reinante. Tanto, que estaba entusiasmada y pretendía instalarse allí esa misma noche (incluso llevaba encima el dinero para pagar por su habitación). Pero cuando yo ya flipé en colores fue cuando, al aclararle que Juancho no parte hasta el día 20, ella estaba dispuesta a instalarse conmigo en mi habitación (?!) hasta esa fecha, y luego ya se pasaría al cuarto desalojado. Por supuesto yo estaba dispuesto a hacer semejante "sacrifico" de convivir 20 días en mi zahúrda con una mujer de armas tomar; y eso que mi cochiquera es pequeña y para habitarla dos personas se las pueden ver canutas (que le pregunten si no a los franceses…).

Pero la puta mariposa de los cojones me tenía que joder la jugada. Y todo porque la Mancomunidad del Caos es como si dijésemos una discoteca: cuenta con sus DJs residentes (los que pinchan allí regularmente) y luego están esos DJs invitados que pinchan en noches señaladas. Pues aquí hay bastante gente que aunque no resida allí de forma fija, fundaron la Mancomunidad y son parte de la familia tanto como los que pernoctamos diariamente. Y por supuesto éstos gozan de absoluta prioridad para ocupar el hueco de Juancho, y la lista de pretendientes para el puesto es sustanciosa porque varios "gold members" itinerantes aspiran a su plaza fija.

Así que, tras marcharse la muchacha, nos reunimos los presentes en ese momento (Juancho se abstuvo incluso de conocer a su posible sustituta y dejó la decisión en nuestras manos). Y como yo he sido de los últimos en incorporarme a la Mancomunidad, y la verdad es que los aspirantes a "residents" son casi como hermanos para mí; con todo el dolor de mi corazón tuve que aceptar la decisión de la mayoría (en realidad hubo quórum, porque hasta yo entendí que hay unas prioridades en la vida y este tipo de decisiones hay que tomarlas con el corazón y no con la polla) y decirle a ese encanto de mujer que no podía venirse a vivir con nosotros (conmigo más concretamente; al menos durante 20 prometedores días). No obstante, le ofrecimos nuestra casa hasta que encontrara algo, cosa que agradeció mucho; pero finalmente, cuando estaba a punto de expirar su plazo de desalojo, encontró in extremis una casa de estudiantes "Erasmus", que en esta zona abundan, y se instaló allí. En fin, que al final no le salió mal la cosa. A ella; porque yo no pude evitar tener durante unos cuantos días esa extraña sensación que los geniales Faemino y Cansado titularon: "Siempre perdiendo".

Bueno, como habréis podido comprobar, mis pretensiones iniciales de hacer breve el relato han caído nuevamente en saco roto (será por la mariposa ésa de los huevos) y de nuevo me ha salido un tostón larguísimo, así que ya seguiré en una segunda entrega (y espero que última. Aunque lo dudo, por toda la tela que me queda por cortar: El Lorcarock (con su descalabrado fin de fiesta), las fiestas de Hogueras de Sant Joan con los franceses, la boda de Aprilia y Delrieu, y la despedida de solteros con la Mötley Crüe casi al completo desplazados a Las Negras (el reducto hippy almeriense. Y en este caso el adjetivo "hippy" sí está justificado)).