viernes, julio 28, 2006

Apnea en mierda

No sé dónde leí hace poco que el récord de apnea estática (no esa que descienden a plomo, sino la que se están quietos aguantando la respiración como hacemos en las piscinas aferrados a la escalera) lo ostenta un alemán que resistió 8 minutos y 58 segundos (¡casi 9 minutos sin respirar!). La verdad es que no entiendo esa fijación del ser humano por llevar al extremo los límites de su resistencia física, y menos cuando la única recompensa es el orgullo mal entendido de saberse la persona que oficialmente (puede que alguien lo haya superado y no hubiera allí un juez para constatarlo) es capaz de aguantar más tiempo bajo el agua dosificando el aire que haya sido capaz de alojar en su cuerpo en la última inspiración antes de sumergirse. Quizá sea todo un desafío de autosuperación y toda esa mierda, pero sabiendo los riesgos que conlleva y las probables secuelas físicas, francamente me cuesta un poco entenderlo.

Y no exagero cuando hablo de riesgos (no hace mucho emitieron por televisión las imágenes de cómo sacaban del agua el cuerpo muerto de la campeona mundial femenina de este "deporte", precisamente cuando trataba de batir su propio récord; es decir, el día que pensaba acostarse un poco más satisfecha consigo misma por haber sido capaz de descender 10 cms. más al fondo, gracias a su capacidad de concentración y a su nivel de autoexigencia, pues resulta que su cuerpo no estaba por la labor y petó), ni de las secuelas físicas (uno de mis muchos hermanos se dedica profesionalmente al submarinismo y conoce no pocos casos de gente que ha trabajado a grandes profundidades, sometidos a enormes presiones que –según me explicó él- estrujan tus tejidos y "exprimen" de ellos minúsculas burbujas de anhídrido carbónico que se quedan circulando por tu sangre, y un buen día cualquiera de ellas se atasca en un vaso capilar de tu cerebro y te complica malamente la salud, o te la quita del todo (como le pasó a un compañero suyo mientras paseaba tan tranquilo con su mujer y su hijo, que cayó fulminado sin poder decir esta boca es mía. Y eso a pesar de haberse pasado 10 días en una cámara hiperbárica en Cartagena, con la que le iban compensado progresivamente la presión hasta igualarla a la atmosférica. Diez días de readaptación encerrado en un tanque minúsculo por apenas 20 minutos de trabajo en el fondo marino; por muy bien pagado que esté, no compensa).

Bueno, pues los nueve minutos del alemán ése (que lo mismo es el niño aquel del anuncio de Volkswagen que se ponía rojo haciendo el cafre) no son nada comparados con las horas y horas que puedo pasarme yo chapoteando inmerso en mi propia mierda. Como hice ayer:

Resulta que hay otra supermujer (y no me hagáis explicar otra vez todo el rollo de lo que yo entiendo por una supermujer, que nos pueden dar las uvas) que es la causante de mis actuales desvelos. Lo que no deja de sorprenderme es que aún no sé qué encuentra de interesante en mí este tipo de hembras. La cuestión es que ésta se muestra muy receptiva hacia un servidor y últimamente alternamos bastante. Y conforme avanza la "relación" y va habiendo más confianza pues se van tratando asuntos, digamos, más delicados y comprometedores. Y ahí es donde patino; bueno, no patino: directamente me tiro a la piscina que ya me he preocupado muy mucho de ir llenando tacita a tacita con mi más apestoso excremento.

Y eso es justo lo que hice ayer durante una comida que se prometía muy feliz: cagarla. Cagar la cosa, y cagarme encima, y cagarle a ella, y todo el restaurante lleno de mierda y yo allí haciendo apnea estática sepultado con mis propias boñigas viscosas.

Me volví al trabajo con el peor cabreo que se puede sentir: el estar cabreado contigo mismo. Y asqueado. Y sintiendo la imperiosa necesidad de tomarme unas largas vacaciones de mí mismo. Y todo se debe a la dolorosa disyuntiva de que cada día que pasa tengo más claro que no estoy dispuesto a renunciar a ciertas cosas, ni a bailarle el agua ni hacerle el paripé a nadie, por lo que procuro mostrarme tal como soy desde el minuto uno, y a quien lo le guste que no mire (como dicen los angloparlantes WYSIWYG = What You See Is What You Get, que en castizo viene a ser: Lo que ves es lo que hay); sabiendo por otra parte que si voy por la vida tal y como soy, por muy honesto que resulte para con uno mismo, de puertas para fuera me voy a comer dos mierdas en esta vida (y esto lo dice alguien que con 34 tacos ya aloja en su estómago un zurullo y medio sin digerir). Uno ya sabía de sobra que mantenerse fiel a uno mismo se paga bastante caro (el genial Groucho Marx lo reflejó perfectamente en su chascarrillo: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros"), pero realmente llega una edad en que la factura empieza a abultarse incómodamente y uno ya no sabe si tirar la toalla de una puta vez y dejarse diluir en la masa feliz. (Y aunque esto no es ningún consultorio sentimental, cualquier consejo bienintencionado al respecto será bienvenido; y lo digo de corazón).

El caso es que esta noche tengo otra oportunidad de oro, así que os dejo que voy a hacerme una buena lavativa si no quiero batir mi propio récord de apnea en mierda.

3 comentarios:

Chiringui (Trepanador) dijo...

Suerte!!

Mr.Celofan dijo...

A lo mejor no eres tu el culpable.

J-vol dijo...

Deja que hable ella...¡tu sólo piensa en la comida!