jueves, julio 06, 2006

Ride the butterfly

Dado que cada vez que me pongo a contar cualquier vivencia tonta me enrollo como una persiana y acaba saliéndome un tocho plúmbeo por entregas, si tratara de relatar todo lo que he ido viviendo estas últimas semanas tan moviditas esto acabaría pareciendo los "Episodios nacionales" de Don Benito Pérez Galdós, y además apenas dispongo de tiempo para estos menesteres (y al parecer mis camaradas cansados tampoco, ya que cuesta entender que un blog comunitario como éste, hecho por cinco personas, se actualice con suerte cada 10 ó 12 días). Pero como hay cosas que sí me gustaría comentar aquí, voy a tratar de hacerlo de la forma más telegráfica posible y por temas independientes, sin orden cronológico ni de ningún tipo.

El concierto de Jesús Lara & Cuarta Generación: Desgraciadamente conozco demasiado bien lo que jode tocar ante una sala casi vacía; pero al menos en este caso los escasos allí presentes íbamos con muchas ganas de escuchar a Jesús y su banda, y como éstos salieron desde el principio a por todas, el público correspondió con mucha entrega. De hecho, era tal la bulla que armábamos entre tema y tema, que en uno de estos interludios Jesús comentó que parecía que hubiera toda una multitud allí metida. Sobre el escenario cuatro músicos como la copa de un pino sorteando con mucho arte unas deficiencias acústicas iniciales y ejecutando magistralmente unos temas que se hacían querer a la primera escucha.

Jesús presentó uno de los temas diciendo que ésa era la canción que les tenía que sacar de pobres. Discrepo: a mi parecer había más de un tema que les podría perfectamente hacer ricos si el panorama musical de los tiempos que corren no estuviera tan disparatado. Sería injusto destacar a alguno de los músicos ya que, aunque Jesús lleva la voz cantante por razones obvias (es el alma máter y líder del proyecto), se ha rodeado de unos músicos de enorme calidad que le dan el respaldo idóneo para la música que crea. Como grande finale, y con la banda ya sonando a pleno rendimiento, interpretaron algunas versiones que la gente recibió con gran entusiasmo y los pocos que quedaban aún sentados se echaron también a bailar. Jesús acabó invitando a subir al escenario a dos atractivas chicas que había por allí muy animadas y sin parar de bailar como locas por toda la sala, que no se lo pensaron dos veces y nos obsequiaron con unos sensuales bailecitos ejecutados a la izquierda del señor (del señor Lara, claro). La única nota amarga de la velada me la debo a mí mismo: la entrada costaba 3 euros, y por sólo 5 euros tenías la entrada más el CD que ha sacado Jesús; y por 2 miserables euros de mierda, Cripema y yo no lo compramos, con la aviesa intención de piratearlo luego del de Gilito, que sí tuvo la decencia de hacerse con él. ¡Sí, señor! Así se apoya a la gente que está luchando por hacerse escuchar en un negocio que está tan crudo. Disculpa Jesús, pero en el próximo concierto me comprometo como desagravio a comprarte dos discos. Respecto a la extraña noche que siguió al concierto, mejor dejarlo correr…

La Mancomunidad del Caos: Melrose Place vive últimamente una actividad bastante surreal (uso esta palabra -que, por cierto, no está en el diccionario- desde que hace algún tiempo escuchara al insigne Don Luis García Berlanga corregir con muy buen criterio a una periodista que había definido una gala, a la que el primero acudía y la segunda cubría, como "surrealista"; diciéndole que el adjetivo correcto sería "surreal", si se refería a lo onírico e irracional del acto, ya que "surrealistas" son las personas (más concretamente artistas) que explotan la parte más surreal de la existencia, y las obras de éstos).

Como ya comenté, las suecas nos obsequiaron con una estancia muy fugaz. Yo no sé que es lo que harían las valquirias "okupas" en tan poco tiempo (o mejor: qué es lo que no hicieron), pero allí nadie parece echarlas demasiado de menos. De hecho, no se ha vuelto a comentar absolutamente nada sobre el asunto.

Pues resulta que hace nada, estuvo a punto de venirse a vivir con nosotros otra supermujer; y ésta venía de la mano de un servidor. Me explico: ya comenté que Cripema y yo nos hemos apuntado a uno de esos macrogimnasios ultramodernos que ahora las multinacionales abren como churros en nuestras ciudades. La única razón de acabar en un sitio como ése es porque está justo al lado de nuestro centro de trabajo, con lo que nos facilita mucho el vencer la pereza de acudir a nuestra cita diaria con el acero.

La cuestión es que al final terminamos liando a nuestro jefe (y sin embargo amigo) para que se apuntara él también y así ir los tres juntos (y además porque nos hacen descuento de empresa). Así que el jueves pasado se fue para allá a formalizar su suscripción, ya que expiraba la oferta para inscripciones previas a la apertura (lo inauguran el próximo 15 de Julio) y decidí acompañarlo para ver cómo iba la cosa por allí (y me parece a mí que sí que van a abrir el día 15, pero de Agosto; porque tal y como van las obras, como el capataz no obre milagros… Y como no espabilen voy a volver a ponerme ternasco, porque hace ya algunas semanas que me di de baja en el otro gimnasio y necesito urgentemente un poco de actividad física, que me estoy atocinando).

[El "Efecto mariposa", es el nombre que se le dio al descubrimiento de un meteorólogo que trataba de crear un modelo matemático que permitiera realizar predicciones climatológicas. Dado que esas previsiones se basan en predecir qué comportamiento seguirán grandes masas de aire por la atmósfera sometidas a tres variables (tiempo, velocidad y temperatura del aire) el sr. Lorenz (que así se llamaba el mariposón) observó que la más mínima diferencia en los datos iniciales de cualquiera de las tres variables del cálculo (cuestión de apenas unos decimales), alteraban enormemente el resultado final de la previsión. Con lo que le quedó bien patente que pretender hacer predicciones meteorológicas (y de cualquier tipo, añado yo) es una tarea inútil; y para que se entendiera esto, puso el famoso ejemplo de la mariposa: un meteorólogo puede hacer una previsión con unos datos iniciales enormemente precisos, que esa predicción puede acabar siendo totalmente errónea si no ha tenido en cuenta el simple aleteo de una mariposa en el otro lado del planeta. La cuestión es que desde entonces se llama "efecto mariposa" a la amplificación de los errores (por mínimos que éstos sean) que pueden surgir en el comportamiento de un sistema complejo, convirtiendo ese comportamiento en caótico y haciendo, por lo tanto, imposible cualquier predicción. Y como no hay nada más complejo y caótico que la vida humana, pues hemos extrapolado esta característica matemática a nuestra cotidianeidad y hemos entendido por fin que cualquier decisión que tomamos cada día y a cada hora, por insignificante que nos parezca, puede cambiar radicalmente el curso de tu vida futura (a largo, medio e incluso corto plazo). Si incluir o no en el cálculo el aparentemente inapreciable aire movido por el batir de alas de una mariposa puede transformar una predicción climatológica de suave brisa marina en tormenta tropical; está claro que una decisión en apariencia nimia puede cambiar tu vida. Y no se trata necesariamente de elecciones cruciales (como en la película norteamericana titulada como el efecto dichoso: casarte con tu amiga o no hacerlo; plantarle cara a un abusananos o no hacerlo; etc, etc…) sino a cosas tan inofensivas a primera vista como salir de casa media hora antes o después, o subirte a un metro o no hacerlo. O acompañar a tu jefe a un gimansio en vez de irte directamente a casa].

La mariposa quiso que nos atendiese una de las comerciales que tienen allí atendiendo al público que entra a informarse. Y no una cualquiera de las varias que hay allí, sino la protagonista de la historia que viene a continuación. Ya sabemos todos que para este tipo de comerciales (y más en un gimnasio tan pijotero como aquél) una imagen llamativa (por decirlo suave) y un buen don de gentes son requisitos indispensables. Pero es que esta chica a parte de ser una preciosidad es una tía muy sana con la que conecté desde que nos encontramos por primera vez; que fue cuando acompañé a Cripema, la primera en apuntarse. Aquel día me limité a hacer lo que mejor se me da: marear la perdiz y tocar los huevos (que para qué coño habían puesto ascensores y escaleras mecánicas dentro de un gimnasio; que si de verdad la gente era capaz de subir dos pisos en ascensor para luego ponerse a sudar media hora en una de esas máquinas simuladoras de escaleras; y todas esas preguntitas de mosca cojonera que me da por hacer cuando no encajo o me aburro en algún sitio. A parte de dejarle claro que no hacía falta que nos pusiera la animación en 3-D que le encasquetan a todos los clientes para mostrarles las excelencias del local, ya que la única razón que nos interesaba a nosotros era su cercanía a nuestro puesto de trabajo; por lo que, aunque fuera el gimnasio de las Tortugas Ninja en una oscura y húmeda alcantarilla, nos íbamos a apuntar seguro). Pero resulta que la chica no sólo no se molestaba con mis gilipolleces, sino que, para mi sorpresa, se descojonaba con ganas de mis paridas.

Esto se repitió el día que fui a apuntarme yo, espoleado por Cripema, que nos atendió la misma chica. No se podía creer que no me supiera mi dirección, ni mi número de móvil, ni cuál es exactamente mi categoría laboral en mi empresa; y mientras Cripema respondía por mí a todas esas cuestiones (la pobre ya está más que acostumbrada a asistirme en mi incapacidad de lidiar con los trámites del mundo real), la chica me miraba como si estuviera viendo a algún ser de otro planeta y se reía sin parar.

Debió gustarle mi tontería porque la última vez que fui con mi jefe se alegró mucho de volver a verme e insistió en atendernos ella personalmente, aunque tuvimos que esperar a que acabara con los clientes que estaban con ella, estando varias de sus compañeras libres (tocándose la figa). Y ya no sé si sería por la más que probable comisión que se embolsarán por cada cliente captado, o porque de verdad le habían hecho gracia mis payasadas, pero la cuestión es que me alegró que nos atendiera ella, a pesar de que no era ésa la intención cuando decidí ir allí con mi jefe.

Así que nos sentamos y tras algunas risas, ella estaba tomando nota de los datos de mi jefe, cuando al ver la dirección de su D.N.I. le pregunta si por casualidad no conocerá algún piso en esa zona que esté en alquiler, y nos cuenta que es que ella vive por allí pero que en dos días (el sábado 1 de julio) tenía que dejar la casa y aún no había encontrado otra y estaba desesperada porque se veía en la puta calle. Mi jefe le dijo que no sabía de ninguno pero que cuando volviera a casa tomaría nota de cualquier cartel que viera por la zona ofertando piso.

Entonces le dije que yo sí que sabía de una casa donde se alquilaba una habitación. Se alegró mucho y me preguntó cuál; y le dije: "la mía". (Melrose Place no está muy lejos de esa zona y resulta que en 15 días se queda libre una de las habitaciones porque nuestro querido Juancho se marcha a cumplir su sueño antes de que la vida le atrape demasiado: echarse una mochila a la espalda y recorrer mundo; todo el que sea capaz, ya que su intención es darle la vuelta y conocer los cinco continentes. Y lo va a hacer a la vieja usanza; es decir, solo, sin dinero y sin demasiados planes ni plazos. Mucha suerte, hermano). Así que la chica se muestra muy entusiasmada, intercambiamos teléfonos (se vuelve a sorprender de que no me lo sepa y se lo tenga que proporcionar mi jefe) y quedamos en que esa misma noche, cuando ella termine sus obligaciones, se pasaría por allí a tomar una cerveza y ver la casa (se vuelve a sorprender de que de verdad no me sepa la dirección y tengamos que quedar en un hostal cercano a Melrose).

Pero antes de que se hiciera demasiadas ilusiones preferí advertirle sobre la peculiar idiosincrasia de la casa; y conforme le iba hablando no sólo no se horrorizaba con lo que escuchaba, sino que comulgaba con todo, e incluso se alegró enormemente al tratar ciertos aspectos muy concretos. Para zanjar el asunto decide echar sobre la mesa un libro muy raro, con una portada con muchos colorines, que sacó de su bolso. "¿Eso qué es?", le pregunté; y me dijo: "Es que aunque no lo parezca, yo también soy hippy"; demostrándome que no había entendido demasiado bien lo que trataba de comunicarle.

Sin embargo, una vez en la casa, en vivo y en directo, no sólo no salió despavorida como me había temido, sino que realmente sintonizó mucho con el ambiente reinante. Tanto, que estaba entusiasmada y pretendía instalarse allí esa misma noche (incluso llevaba encima el dinero para pagar por su habitación). Pero cuando yo ya flipé en colores fue cuando, al aclararle que Juancho no parte hasta el día 20, ella estaba dispuesta a instalarse conmigo en mi habitación (?!) hasta esa fecha, y luego ya se pasaría al cuarto desalojado. Por supuesto yo estaba dispuesto a hacer semejante "sacrifico" de convivir 20 días en mi zahúrda con una mujer de armas tomar; y eso que mi cochiquera es pequeña y para habitarla dos personas se las pueden ver canutas (que le pregunten si no a los franceses…).

Pero la puta mariposa de los cojones me tenía que joder la jugada. Y todo porque la Mancomunidad del Caos es como si dijésemos una discoteca: cuenta con sus DJs residentes (los que pinchan allí regularmente) y luego están esos DJs invitados que pinchan en noches señaladas. Pues aquí hay bastante gente que aunque no resida allí de forma fija, fundaron la Mancomunidad y son parte de la familia tanto como los que pernoctamos diariamente. Y por supuesto éstos gozan de absoluta prioridad para ocupar el hueco de Juancho, y la lista de pretendientes para el puesto es sustanciosa porque varios "gold members" itinerantes aspiran a su plaza fija.

Así que, tras marcharse la muchacha, nos reunimos los presentes en ese momento (Juancho se abstuvo incluso de conocer a su posible sustituta y dejó la decisión en nuestras manos). Y como yo he sido de los últimos en incorporarme a la Mancomunidad, y la verdad es que los aspirantes a "residents" son casi como hermanos para mí; con todo el dolor de mi corazón tuve que aceptar la decisión de la mayoría (en realidad hubo quórum, porque hasta yo entendí que hay unas prioridades en la vida y este tipo de decisiones hay que tomarlas con el corazón y no con la polla) y decirle a ese encanto de mujer que no podía venirse a vivir con nosotros (conmigo más concretamente; al menos durante 20 prometedores días). No obstante, le ofrecimos nuestra casa hasta que encontrara algo, cosa que agradeció mucho; pero finalmente, cuando estaba a punto de expirar su plazo de desalojo, encontró in extremis una casa de estudiantes "Erasmus", que en esta zona abundan, y se instaló allí. En fin, que al final no le salió mal la cosa. A ella; porque yo no pude evitar tener durante unos cuantos días esa extraña sensación que los geniales Faemino y Cansado titularon: "Siempre perdiendo".

Bueno, como habréis podido comprobar, mis pretensiones iniciales de hacer breve el relato han caído nuevamente en saco roto (será por la mariposa ésa de los huevos) y de nuevo me ha salido un tostón larguísimo, así que ya seguiré en una segunda entrega (y espero que última. Aunque lo dudo, por toda la tela que me queda por cortar: El Lorcarock (con su descalabrado fin de fiesta), las fiestas de Hogueras de Sant Joan con los franceses, la boda de Aprilia y Delrieu, y la despedida de solteros con la Mötley Crüe casi al completo desplazados a Las Negras (el reducto hippy almeriense. Y en este caso el adjetivo "hippy" sí está justificado)).

2 comentarios:

Chiringui (Trepanador) dijo...

Tendrías que liarte a cuchilladas con los vecinos. Eso no se hace bajo ningun concepto.

Anónimo dijo...

Joder, vaya crítica al concierto. La mejor que hemos tenido en la historia. A partir de ahora, no pagarás nunca en mis conciertos ni por los CDs. GRACIAS

Por cierto, Gilito está diseñando la portada, contra...etc. del nuevo CD que estará para otoño.

Saludos.