miércoles, julio 12, 2006

Ride the (iron) butterfly (y 3)

Lorcarock II: Como está visto que la concisión no es lo mío, para no extenderme demasiado acabaré esto diciendo que algunas leyes me resultan muy curiosas. Porque tras soplar en un aparato de esos portátiles y dar 0,35 de nivel de alcohol en expiración (0,10 por encima de la tasa permitida actualmente) y decirle al guardia: "Eso es poco, ¿no? ¿Qué tal si hacemos la vista gorda por esta vez?", y él responder: "Lo siento caballero, estacione su vehículo ahí en el descampado y acompáñeme"; resulta que me hicieron soplar en un aparato de -supuestamente- más precisión, manejado por una agente femenina de la benemérita de buen ver y cuyo trato hacia mí fue muy agradable, comprensivo y hasta cariñoso.

Allí dí 0,33, y le comenté a la chica que me parecía absurdo que hace apenas unos años (no demasiados) el nivel permitido era de 0,50, por lo tanto en aquellos tiempos yo aún tenía un margen de 0,17 para seguir bebiendo copas y haber conducido tan tranquilo; y ahora por un mísero 0,08 me iban a empapelar. Su resuesta fue la típica frase hecha y manoseada: "Yo no hago las leyes, me limito a hacerlas cumplir". No obstante se apiadó de mí y me dijo que como tenía que repetir la prueba pasados diez minutos, y como había sobrepasado por muy poco el límite, que me fuera a esperar al coche y que si allí tenía agua que bebiera toda la que pudiera porque ayudaba bastante a eliminar el alcohol del organismo, que no fumara bajo ningún concepto porque el tabaco retarda la eliminación, y que hiperventilara todo lo que pudiera porque por la respiración se expulsa una cantidad considerable (de ahí que los tests se hagan así). Y añadió que por supuesto ella no me había dicho nada de todo eso, que le podía caer un buen puro si se enteraban sus compañeros. Por último me aconsejó hacerme el sueco para ganar tiempo, que me llamarían pasados unos diez minutos pero que me hiciera el loco y no acudiera inmediatamente, y procurara escurrir el bulto hasta que fuera inevitable, yéndome a mear justo en ese momento o lo que se me ocurriera para ganar unos valiosos minutos y postergar en la medida de lo posible el momento de volver a soplar. Según ella con todos esos consejos era probable que en la segunda prueba hubiera rebajado esos 8 putos centesimales que me separaban de la legalidad.

Pero como soy un desgraciado no quedaba en el coche ni una gota de agua, y no habían pasado los diez minutos y ya tenía un picoleto en la puerta del coche invitándome a seguirle ("Un momento que me estoy meando". "Ya meará usted después, caballero. Acompáñeme"). Así que no hubo suerte: había bajado sólo una miserable centésima y mi amiguita uniformada empezó a rellenar con mis datos los recuadros de un papel. Le dije que lo que para ella no era más que una rutina, como el hecho de rellenar esas hojas, no se podía hacer una idea de cómo me iba a complicar a mí la vida. Su respuesta de nuevo fue de manual: "Haberlo pensado usted antes de infringir la ley".

No sé si era un último intento de echarme un cable o lo hacen con todos, pero se fue hacia un compañero y le dijo: "Este señor no está de acuerdo con el resultado de la prueba". Y el otro guardia (un chico muy joven y muy majo) me comentó que si uno no se fía del resultado tiene la opción de solicitar una prueba sanguínea, cuyo resultado es mucho más fiable. Le comenté que si era probable que si yo lo solicitaba, mientras me trasladaban al hospital o ambulatorio más cercano se evaporaran esas -ahora- 7 centésimas. Su respuesta fue que no, que en sangre la concentración es mucho más alta y que si la prueba no me daba la razón tendría que pagarla yo; y añadió que en el 99,9% de los casos de personas que la habían solicitado, el resultado siempre confirma lo que ha dicho el "soplímetro", y encima aumenta la tasa y con ello la multa. Así que me rendí a mi destino y tras tramitarme la pertinente denuncia la firmé resignado.

Pero ahora venía la segunda parte de la historia: había que seguir camino a casa. Me preguntó si algún otro ocupante del vehiculo estaba en disposición de conducir. El único era Juancho, que llevaba un pedal de campeonato, pero el guardia insistió en hacerle la prueba por si sonaba la flauta. Le avisé que mi amigo iba trompa y le pregunté que si no le iba a meter en algún lío si daba positivo, y su respuesta, obvia pero tranquilizadora, fue: "Que yo sepa ir borracho en un coche no es un delito mientras no lo vayas conduciendo. Al menos de momento" (ojo a la matización final. Tiempo al tiempo, que tal como se están poniendo las cosas últimamente...).

Llegamos a mi coche y Juancho dormía como un angelito en la parte trasera. El agente abre la puerta y éste se sobresalta: "¿Qué pasa?¿Qué pasa?". "Caballero tiene que soplar". "¿Yo? ¿Por qué?". "Tranquilo, Juanito, que no pasa nada. Es para ver si estás en condiciones de llevarnos a casa". Y Juancho se baja a trompicones, totalmente deorientado, tirando al suelo la mochila que llevaba entre las piernas. Pisa la mochila con un pie, con el otro está a punto aplastar su cámara digital, que también había caído al suelo y que rescaté por los pelos ("Cuidaooo, borracho"). No se mantenía de pie y se tuvo que recostar en la carrocería del coche dejándose caer, y hacía extraordinarios esfuerzos por mantener abiertos los ojos. Así que le digo al guardia: "No vale la pena ni intentarlo, ¿no?". Y me contesta que por probar nada se pierde. Pues sí, podía haber perdido su aparatito, porque Juancho casi lo funde. Y eso después de varios intentos infructuosos: "No, no, caballero, tiene que soplar aquí... No, así no... tiene que aguantar soplando durante 8 segundos".

Al final nos tocó esperar que me bajara el grado alcohólico hasta el nivel en el que los jueces ya no me consideran un peligro al volante. Me dijeron que probara pasada una media hora, pero a los veinte minutos fui a mi amiga y le dije que quería probar, que ya estaba hasta los huevos de estar allí y que a ver si ahora me iba a ir sobrio pero cayéndome del sueño, que no sé yo qué es peor. 0,25 justo: a casa de una puta vez.

Lorcarock yIII: Como esta visto que no hay forma, y que, por más que me proponga ser breve, mi desbordada verborrea eterniza todo lo que cuenta; para poder contar lo que fue el concierto propiamente dicho sin colapsar el Blogger éste con rimbombantes palabras, lo haré con fotos y escuetos (sí, ya) comentarios a las mismas.


Estábamos bebiendo en un bar cercano al recinto y nos vemos a un borracho dando la nota. Y cuando se acercó a nosotros con la intención de brindar con nuestras cervezas descubrimos atónitos que era el mismísmo Andy McCoy de los Hanoi Rocks. Le dijimos si podíamos hacernos una foto con él y aquí a la izquierda tenéis su respuesta (Con nosotros están Pablo y Leo, dos argentinos compañeos de trabajo de Juancho, que son jevis hasta la médula y que no hace mucho tuvieron que sacrificar sus largas cabelleras para poder trabajar en el mundo de la noche). La foto la tomó la espectacular mujer que le acompañaba. Tras decirle yo en inglés que su amiga era muy guapa Andy me sorprendió respondiendo en un correcto castellano: "Sí, mucho guapa. Ella es mi amiga". Genio y figura hasta la sepultura.


Durante el concieto Juancho intentó hacerle alguna foto a Andy en el escenario, pero el tipo es una lagartija y no para quieto ni un segundo. Como se puede comprobar en esta foto, ya que mientras lograba enfocarlo, cuando disparaba el guitarrista ya estaba en la otra punta del escenario. Andy es de esa estirpe de músicos legendarios, como Keith Richards, por los que parece que no pasen los años y que con todo ese pasado a sus espaldas, viviendo en el filo de la navaja y de exceso en exceso, es poco menos que un milagro que sigan entre los vivos y encima ofreciendo unos espectáculos tan enérgicos e inolvidables como el de Andy ese día.


De Whitesanke sólo decir que si coges cualquier vídeo de un concierto en directo de los ochentas y con un programa informático le añades unas cuantas arrugas a David Coverdale, ya te puedes hacer una idea de lo que vivimos en Lorca aquella noche. Puede que la pasión y la intensidad ya no sean las mismas, pero esta gente lleva toda la puta vida haciendo esto y son una máquina perfecta escupiendo rock n' roll.




Micropene haciendo amigas.
¿Qué pasa? Yo también quiero mi novia cadáver...








Dee Snider de Twisted -fuckin'- Sister. Sin palabras (creo que Juanito logró captar perfectamente la esencia del momento).

1 comentario:

Chiringui (Trepanador) dijo...

Vaya historia, maldita autoridad...