lunes, octubre 23, 2006

Bodorrio

Este sábado se ha casado lo que más quiero en este mundo: mi querida hermanita. La única hembra de una prole numerosa, pero con más cojones que todos los machos juntos del clan Micropene. Más que una simple hermana, conmigo ha ejercido de impagable Ángel de la Guarda, y siempre ha sacado la cara por mí en los (por desgracia numerosos) jaleos en lo que acostumbro a meterme. Siempre ha estado ahí apoyándome en todo y confiando en mí, incluso en lo peores momentos; y, en resumidas cuentas, si estoy aquí y ahora escribiendo esto es gracias a mi precioso Angelito de la Guarda.

La ceremonia fue emocionalmente muy intensa, ya que si mi hermana y mi cuñado (un hermano más) han consentido pasar por todo el circo de las bodas apostólicas y romanas (después de ¡dos décadas! de convivencia en pecado mortal), fue para cumplir el deseo de un miembro de mi familia cuya salud se ha complicado lamentablemente. De hecho, el agravamiento de estos putos problemas de salud impidieron que el deseo pudiera verse realizado al completo; pero como lo que cuenta es la intención y a cojones no nos gana nadie, pudimos apañar una solución intermedia que nos supo a todos a gloria bendita. El que suscribe no olvidará ese agridulce momento mientras viva.

Al enlace asistieron Cripema & Gilito, Aprilia & Delrieu, V. y Marta, no en calidad de amigos míos sino por la amistad personal que también les une a los novios desde hace muchos años. Las cuatro mujeres antes nombradas (bueno, nombrada sólo una, otra abreviada y las otras dos "nickeadas") estaban preciosas y Gilito y Delrieu, como gozan de la inmunidad diplomática que les concede su aura de artistas, se presentaron informalmente vestidos, con esa elegancia camp que sólo ellos son capaces de conjugar, y que no desentonó en absoluto con el encorsetado entorno, porque sus estilismos eran perfectamente acordes con el look global que transmiten sus personalidades alternativas y estrafalarias. Todo esto lo digo desde el resentimiento del que le tocó pringar y encasquetarse su ridículo trajecito de quiero y no puedo.

El menú era de esa cocina moderna en la que todo está caramelizado, escarchado, pasteurizado, glaseado o, directamente, estropeado; porque si te vas a comer el higo que acompaña al foie micuit y resulta que no sabe a higo porque lo han deshidratado o Dios sabe qué, y para quitarte el regusto desaborido pruebas del otro lado del mismo plato, eso que parece una simple mermelada de fresa y resulta que es confitura de tomates agrios rebajada con no sé qué coño, pues uno ya no se fía de su vista y prueba todos los platos con suma cautela y desconfianza, sin estar nunca seguro de lo que se está llevando a la boca.

Y en mi caso la cosa tiene delito, porque tuve el honor de ser requerido por los novios a la cena de prueba del menú, en la que nos hicieron una degustación de todos los platos posibles para seleccionar los que finalmente se sirvieron. Y a uno que se le ha encogido bastante el estómago, aquel día me pegué tal atracón que casi sufro una dispepsia aguda, y al llegar a mi casa vomité ipso facto todas las espumas de queso de ballena zurda, los lechos de cebolla calva confitada y los buñuelos de rododendro triguero con mousse de zazaparrilla albina; como una vulgar anoréxica pero sin que hiciera falta provocármelo, porque salió todo por propulsión a chorro.

Así que mis comensales me preguntaban cada vez que aterrizaban en el mantel nuevos platos con engendros irreconocibles: "Micropene, ¿qué es esto?". E invariablemente mi respuesta era: "Yo qué sé. No me acuerdo. Aquel día comí con tanta furia que al tercer plato de degustación ya tenía sudores fríos, taquicardias y se me nublaba la vista. Cómo iba a estar yo atento a las rimbombantes explicaciones del estirado maitre". Así que tal como recibía la pregunta, automáticamente la remitía a la camarera que tuvo la mala suerte de tener que atender nuestra mesa. La muchacha pronto debió acabar hasta los cojones de mí y mis preguntitas y coñas, y debió pedir el relevo porque a partir del cuarto plato la sustituyó un chico muy majo.

Después, lo típico: barra libre y baile. Dos D.J.’s en la mesa, un tipo (¿D.J. Moniato?) que tuvo el dudoso honor de concentrar en una sola sesión mítica los peores momentos musicales que ha sido capaz de registrar el ser humano; y una chica muy guapa (¿D.J. Bacora?) que por fortuna tomó el control de las mezclas tras unos intensos minutos de calvario musical, y devolvió algo de cordura a los altavoces. Tampoco es que su oferta sonora fuera de mi agrado, pero es que comparada con el Moniato con cascos aquello era como música para mis oídos.

Pero ni siquiera los desasosegantes pinchadiscos pudieron arrebatarle a un camarero de la barra el mérito de destilar las peores vibraciones de la fiesta. Era un tipo enfurruñado que servía las copas con una desgana hosca y unos modales tan beligerantes que a su lado Thulsa Doom (el malo de Conan) es Rody Aragón atiborrado de éxtasis. Sabiendo que me las tendría que ver con él en demasidas ocasiones a lo largo de la noche, para tener la fiesta en paz procuraba delegar las comandas en alguien con más paciencia que yo en el trato con vertebrados superiores.

Pasaron las horas y, como no podía ser de otra forma, acabé desbaratándome. Otra vez se me olvidó dormir y aún estoy penando el precio que hay que pagar por los excesos cuando uno se olvida de que ya no tiene 18 años, ni dos hígados.

6 comentarios:

Chiringui (Trepanador) dijo...

Despues de 20 años... cojones.

Cripema dijo...

Chiringui, es que las cosas hay que pensarselas. Una pareja necesita tiempo para conocerse.. :D

Creo que fue la unica boda de todas las que he asistido (y he asistido a mas de las que me hubiera gustado) donde cené de verdad, probé todos los platos (incluido lo que según Micropene era "como un huevo frito" y en realidad consistía en queso mascarpone con mermelada de frambuesa...)
Un placer compartir momentos tan emotivos con el clan micropene.
P.D. Impagable aparición en escena de Micropene (con traje) flanqueado por V. y por Marta, cada una de un brazo recordando al estilo "Don Hilarión"

Micropene dijo...

Gilito, canalla, menuda fotito has elegido para ilustrar el post. Al menos has tenido la decencia de proteger la identidad del pobre diablo (quién quiera que sea...).

¿Qué me dices de las hechuras del traje? En vez de como un guante, me quedaba como una manopla.
¿Y ese nudo de verdugo en la corbata? ¿Y ese pelo de bakala desmochado? ¿Y el anillo de Saturno sobresaliendo de su encofrado?

Gilito dijo...

la mermelada era de naranja amarga, y yo diria que era queso de cabra...

Lo que no probé fue el higo mutante del micuit

Y lo de la foto, pues qué quieres q te diga? :-)

Mr.Celofan dijo...

Yo no le hubiera tapado los ojos.

Rubo dijo...

Hola majo,
muy simpática tu crónica y muy chistosos tus comentarios. Pero nen, ¿cuándo te dejarás de excesos alimenticios, etílicos, festivos? No me creo que todo lo que haces sea excesivo. Confiesa.
Un saludos desde las valencias