miércoles, noviembre 01, 2006

Visita a la Casa de los Horrores

Dentro de poco hará un año ya que habito en Melrose Place. Y resulta que hoy he caído en la cuenta que en todo este tiempo ningún miembro de mi familia se había dignado a poner el pie allí. La razón es esa infundada mezcla de miedo y repulsión que les produce mi casa, a la que mordazmente han dado en llamar “la Cochiquera”. Y todo esto de oídas, porque, como digo, ningún familiar se había atrevido a penetrar en ella; pero resulta que mi querida hermana de vez en cuando se pasa por este blog, y luego va contando en las reuniones familiares lo que aquí ha leído. Y, claro, se habían hecho una idea un tanto especial de mi hogar, dulce hogar.

Pero hoy he decido acallar los rumores llevando de visita a Melrose Place a mis padres. Así que tras una preventiva llamadita avisando de que iba con esta compañía, nos hemos presentado allí a tomar una cervecita y así conocer la casa. Juancho a tenido la precaución de limpiar un poco y recoger cualquier cosa que pudiera ofender la vista de unos progenitores. No sé, alguna publicación erótica, o esa caja metálica, como las de galletas, proveniente de una edición Deluxe del film “El gran azul” (?!) que ejerce las veces de botiquín alegal).

Hemos llegado y allí con Juancho estaban Elöy y Pablito; los tres con un extraño brillo en la mirada, causado por la temprana ingesta de una absenta que Elöy, como buen druida que es, elabora dejándola macerar con no sé qué hierba cannabácea. Por suerte todo ha quedado en unas simples miradas vidriosas y la conversación ha fluido a muy buen ritmo. Después de enseñarles la casa y parte de la urbanización, Juanito ha preparado un aperitivo muy apañado. Conviene aclarar que entre las muchas habilidades de Juancho, se encuentra su maestría en la cocina de supervivencia. El tío es capaz de sacar una opípara cena de lo que a simple vista a mí me parece más un solar que una nevera o una despensa. Es un fiera improvisando con los fogones y las microondas, y con cuatro latas de lo que sea y un par de tetra-bricks al límite de la caducidad es capaz de preparar unos banquetes ricos, ricos.

Al poco ha llegado Aprilia y, después de un rato más de charla, nos hemos ido a comer a un bar cercano que frecuentamos bastante por su excelente relación calidad-precio. Aprovechando que estaba mi padre, hemos pedido un vino bastante decente, que ha regado a la perfección una muy buena comida. Cafés, tertulia y paseíto de vuelta para bajar la pitanza; y fin de la visita con un balance muy positivo: les ha encantado la casa, y sobre todo sus moradores (aunque a la mayoría ya los conocían), incluida la reina de la casa, Miniyó, que con sus cucamonas enseguida se ha ganado sus corazoncitos. Lo que no quita que, aunque no me lo hayan dicho, yo sé que algunos detalles de la visita por fuerza les han tenido que escandalizar; como, por ejemplo, esa lista que cuelga de la puerta de mi habitación, detallando el nombre y procedencia de todas las personas que han pernoctado en ella, y que desde mi llegada se ha visto ampliada con un segundo folio (ya va por la 67ª entrada, y eso que no todo el mundo se acuerda de firmar. Pero no os llevéis a engaño: desde que vivo allí, por mi cama han pasado muchas mujeres, pero por desgracia cuando no estaba yo entre las sábanas). También, a buen seguro nuestra interpretación del concepto de limpieza y orden dista bastante de la de cualquier madre al uso, y le agradezco enormemente a la mía que se haya dignado de no hacer comentario alguno sobre la materia (sobre la materia fecal, quiero decir; la que había a modo de frenazo en uno de los inodoros).

En fin, que se han ido muy contentos de comprobar que esa depravada comuna hippie donde dicen las malas lenguas que vive su hijo del alma, no es tan fiera como la pintan. Porque ni esto es la Casa de los Horrores, ni nos comemos a nadie; bueno, sólo a las que se dejan.

Pasen y vean...

1 comentario:

aprilia dijo...

No digas que no contribuí a la "buena impresión de la casa" que se llevaron tus padres, cuando al comentario de la Señora Cati en la puerta de Melrose, de "no sé si debería ir al baño" estuve rápida y le dije...chica, si a casa llegáis en un momento....Es que ese baño...se las trae...el único que lo domina es Paquito...y el salfumán.