miércoles, enero 17, 2007

Mare Nostrum

He perdido una buena costumbre que tenía hasta no hace demasiado tiempo; que no era otra que hablar con el mar. (……………… estos puntos suspensivos son para esperar que acaben de reirse de mí..... ¿Puedo continuar ya?). Bien, decía que no hace mucho, a menudo, antes de incorporarme a mi galera, me sentaba en uno de los bancos del paseo marítimo a fumarme un cigarro y "charlaba" con el Mediterráneo. Realmente lo que hacía era poner un poco de orden en mi caótico cerebro, y utilizaba un interlocutor tan válido como otro cualquiera (otros prefieren consultar con la almohada, y otros se inventan amigos invisibles o conejos gigantes que sólo pueden ver ellos). Recuerdo el cachondeo que se traían a costa de este particular la supermujer pirenáica y Cripema, después de que un día la primera me viera hacerlo a altas horas de la madrugada desde la espectacular terraza de su vivienda en primera línea de playa en Benicàssim .

Un buen día dejé de hacerlo porque no me gustaba nada lo que "el mar" tenía que decirme. Además empezaba a ponerse muy insistente invitándome a adentrarme en sus frías y agitadas aguas. Un excelente relato de Hernán Migoya (lo pueden encontrar en su muy recomendable libro "Todas Putas") me ayudó a no aceptar nunca esa invitación, pues retrataba muy verazmente lo ridículo que puede llegar a sentirse uno en caso de aceptar una cosa así. Y no se trataba de meterse en el agua con la intención de ahogarse (o al menos no directamente); era más bien un arrebato a lo Forrest Gump, cuando se le cruza el cable y empieza a correr sin parar, y sigue corriendo y corriendo hasta que se le pasa la tontería y se vuelve a casa a afeitarse la barba de naúfrago, y aquí no ha pasado nada. Pues lo mismo, pero como quiera que este retrasado es levantino, nadando en vez de correr por el desierto, que es como más ad hoc.

La cuestión es que esta mañana, viniendo hacia aquí, he oído que me chistaban por la espalda. Me he vuelto y no había nadie. Bueno, nadie no: allí estaba el mar, el mar nuestro. Así que he seguido caminando, haciendo esfuerzos por no escuchar su llamada líquida y sibilante.

¿Quién me llama? El mar, idiota, el mar...

5 comentarios:

Saulo dijo...

Oyes voces interiores...muy en la línea del documental de la 2 ayer por la noche sobre asesinos en serie. ¡Me estás asustando, Micropene!

vainilla dijo...

Yo también me estoy asustando. Ayer te dejé más o menos bien y esta mañana me encuentro con esto del mar.
Con Vainilla es con quien tienes que hablar, que ella te dará buenos consejos

Rita Peich dijo...

oye, y además de chistar, cuando hablabas con el mar ... qué te contaba? algo interesante?

Cuenta, cuenta ... que aqui no hay playa y las montanyas pasan de mi olímpicamente

Luz dijo...

No creas que eres el único que ha entablado conversaciones marítimas.
En mi adolescencia él me escuchó reir y llorar en infinidad de ocasiones. Supo de mis proyectos y mis frustrciones.
Ayer fuí con un amigo a escucharlo y sólo durante un segundo percibí su silencio.

jvol dijo...

El tema no está tanto en si hablas con el mar o no, el tema es si este te contesta. Si oyes que te llaman o mencionan tu nombre por Antena 3 no dudes en venir a verme, que te presento a unos amigos de blanco. Una curiosidad: Hernán Migoya fué "amiguete" en el Instituto donde ya apuntaba maneras literarias. Ya entonces se consideraba un misógino.Acaba de editar la segunda parte del libro mencionado y está preparando su primer largometraje.
http://www.hernanmigoya.com/