jueves, enero 18, 2007

Mecanografía para Adolescentes




La primera parte de mi adolescencia la recuerdo rara y lejana. Me recuerdo como quien lee una historia sobre alguien que vivió los mismo hechos que uno mismo y no se reconoce. Tal vez a todos nos pase lo mismo, y más cuando ninguno de nosotros somos ni siquiera biológicamente los mismos que éramos cuando teníamos trece o catorce años. Las células que nos componen van mutando y "actualizándose" cada equis tiempo, así que de las mutaciones mentales producto de las experiencias ya ni hablamos...

El caso es que hace unos días, recordé un hecho de aquella época en la que aún no había descubierto lo divertido que eran "El Churrasco", "La Posta" o aquel otro bar donde sólo iban Rockers y Teddy-girls y que ponían tan buena música...

Un poco antes de descubrir que existían noches en blanco y negro, un buen día (Dios sabe de dónde me saqué aquella inquietud) le dije a mi padre que quería aprender a escribir a máquina. Así, de repente, como el que descubre el sentido de su vida producto de una revelación.

Mi padre me dijo que le parecía muy bien y a los pocos días me apareció con una maquina de escribir Olivetti que tenía una grafía no convencional (hoy la llamaríamos "Tt: Signature Tamaño 12") y un libro que se llamaba "Curso completo de Mecanografía. Aprenda Vd. mismo".

Hoy día, esto es impensable cuando un hijo demuestra inquietud hacia algún tema. Ahora, lo normal si un niño cualquiera pronuncia entre balbuceos un leve "mamá, ¡cómo me gusta contar!", es que los padres le metan ipso facto en un "Curso para el descubrimiento y fomento de niños prodigios de las Matemáticas" y se dejen de paso en el cursillo una cantidad equivalente a lo que gana cualquier cubano en todo un año.
No lo veo mal, los tiempos cambian, pero antes las cosas no eran así, o al menos no lo eran en mi casa.
Así que supongo que mi padre quiso probarme a ver si realmente valía la pena apretarse el cinturón y pagarme un curso de mecanografía o la "inquietud" de la niña respondía a cualquier paja mental momentánea.

Y allí recuerdo a una pre-adolescente desconocida para mí, en la mesa negra de la habitación cada tarde, gastando folios no estandarizados de DIN A4 con interminables hileras de "asdfg ñlkjh qwert poiuy".

Al poco tiempo escribía con los cinco dedos de la mano (purrutas incluidas) con lo cual mi padre quedó muy orgulloso porque hubiera aprendido sola y porque se había ahorrado una pasta.
Supongo que cualquier educador actual se echaría las manos a la cabeza ante esta didáctica tan poco ortodoxa, catalogando a mi padre tal vez de tirano, pero yo tal vez presa del síndrome de Estocolmo no lo vi mal entonces, ni lo veo mal ahora.

El problema es que una vez aprendidas las hileras y los movimientos rítmicos e igualmente intensos en todos los dedos (¡ay!, si yo hubiera sabido entonces que de mayor habría ordenadores en los que se podía hasta borrar sin utilizar aquellas gomas especiales para máquinas de escribir!!) aquello de escribir a máquina sin tener nada que escribir carecía de sentido.

Tal vez podría haber aprovechado para escribir algo interesante, pero la verdad, la imaginación para crear historias nunca ha sido lo mío.

Así que cuando mi hermano empezó la Universidad y me pedía que le transcribiera a máquina las sinopsis de los libros que él leía, yo aceptaba muy gustosamente. Y así fue como me enteré que existían Kerouac, Patricia Highsmith o Virginia Wolf. También me enteré de que en esa Filología que estudiaba mi hermano, debía haber profesores muy raros porque una de las veces pasé a maquina el resumen de "Blancanieves y los siete enanitos" en versión porno y aún no me puedo quitar de la cabeza a aquella Blancanieves pálida chupandole no sé qué a Mudito..... (tengo que hablar con mi hermano sobre esto...)

Está claro que cuando uno se interesa por algo, es posible que una cosa le lleve a la otra y al final aprenda varias. Ésta podría ser la bonita moraleja de este cuento, pero no es ahí donde quiero llegar.

Donde quiero llegar es que durante mucho tiempo mi hermano (mayor) histérico en aquella época con la gramática y las faltas de ortografía, me daba mucho la tabarra cada vez que cometía alguna al transcribirle sus textos (y eso que yo sólo tenía que copiar lo escrito) con lo cual de paso también aprendí a respetar en la medida de lo posible la lengua de Cervantes, al menos en la forma.
Y por eso mismo me duele mucho recibir diariamente de gente que se supone "preparada" y que ocupa puestos relevantes, emails en los que se leen este tipo de "perlas":

Ejemplo 1:
"El envío es puerta-Almacen, y el cliente lo hira a recoger"

Ejemplo 2:
"...se a fusionado con otro bufete"

Ejemplo 3:
" ...havia otra dirección, que estaba al lado de un garage"


Pero los catorce años dieron paso a los quince y de ahí a los dieciseis, como un rayo, y entonces descubrí los bares y la música y empecé a entender lo que decían Kerouac y Highsmith y qué era aquello tan raro que hacía Blancanieves en aquel cuento para adultos, y entonces, la máquina de escribir empezó a coger polvo mientras yo me lo sacudía como podía.

FIN

9 comentarios:

vainilla dijo...

estupendo relato Cripema, ya "te se hechava de menos"

Micropene dijo...

Tu hermano me debe media carrera. Debería haber salido yo con él en su foto de la orla, aunque fuera por detrás, a lo lejos; o reflejado en un espejo como Velázquez en las Meninas.

Porque recuerdo que cuando el libro sobre el que tenía que hacer algún trabajo era muy largo y le pillaba el toro del plazo de entrega, nos repartíamos medio libro cada uno y luego el cabrón "empalmaba" los dos comentarios de texto. Pero claro, imagina que tienes que comentar un tocho decimonónico, escrito en el inglés de entonces, del que sólo te has leído la segunda mitad y no tienes ni puta idea de quién es Wilfred, por qué se ha quedado cojo, ni por qué odia a Isadora si está casado con ella.

Y por favor no me hables de la Posta, que aún me repite el sabor de la ginebra con coñac (éramos jóvenes = había poco dinero y muchas ganas de emborracharse rápido).

Gilito dijo...

Que tiempo aquellos cuando eramos jóvenes y robots...

Rita Peich dijo...

Ufff, lo de "HECHA de menos" y "AVER / HABER si nos vemos" son de las cosas que más se ven por internet y que más me presionan las cuentas de los ojos

Yo nunca me he considerado una persona especialmente culta pero, dado el sistema aducativo por el que tuvimos que pasar los de mi generación y alguna venidera, con lo mucho que se insistía en la bonita lenga de Cervantes y su ortografía, me parece impensable que una persona con una formación media cometa semejantes sacrilegios.

Por no hablar ya del lenguaje SMS ... eso ya es de flipar!

Por cierto, a mi me pasó una cosa parecida con la máquina de escribir. Y de la Olivetti pasé a una CANON eléctrica que me trajeron los Reyes. Poco después salieron los ordenadores y las dos pobres maquinitas han quedado completamente relegadas al olvido absoluto ... qué lástima!

Mr.Celofan dijo...

Buen post.

Verificación de la palabra;

jueses.

el necroscopio dijo...

Se parece mucho a la historia de mi mujer (su padre hizo lo mismo de la máquina de escribir) e incluso creo que el "ogro" que te trajo el primer ordenador a casa seguramente habrá sido alguno de tus novios (como yo hice con mi mujer) porque le daba verguenza ver como te dejabas los codos peleándote con esa antigualla.
Eso sí, el olor de la tinta sobre el papel blanco y las líneas no del todo rectas sigue teniendo su atractivo estético...
Un saludo.

Capitán Fórceps dijo...

Interesante post.

¿O sea que escribes cómo los pianistas y sin mirar al teclado?

Cada vez que veo a alguien hacerlo quedo impresionado...

Gilito dijo...

Necroscopio... lo has clavao... El primer ordenador de Cripema se lo regalé yo.

Era un Pakito de esos de Intel. Después heredo mi antiguo ordenador, que es el que tiene ahora, con su modem y todo...piiiiiiiiii,pweeeeeeee, prrrrjjjjjjjj, boing, boing...ggghhhhhh.

jvol dijo...

aora disimln su ignorncia scribindo
cmo ls sms