jueves, febrero 08, 2007

Cuidemos nuestros monumentos

Todas las mañanas aparco en una zona del puerto, a la que tenemos autorizado el acceso debido a nuestro trabajo, y recorro caminando por el paseo marítimo el escaso kilómetro que dista la oficina donde prostituyo mi precioso tiempo. En esta zona también aparcan otros trabajadores de las demás empresas del sector. Y trabajadoras. Y qué trabajadoras…



Pero es que hay una que se lleva la palma. No sé si será simpática o lerda, porque no pasamos de un cortés "Buenos días" cuando coincidimos, pero eso es lo de menos cuando uno, retrasándose estratégicamente lo suficiente (disimulando que comprueba que ha cerrado bien el coche o ralentizando mucho el ponerse unos simples guantes) puede deleitarse de las vistas de todo un monumento desplazándose a unos pocos metros por delante de sus ojos, durante todo el trayecto hacia la galera.


Qué gracia moviendo las caderas; qué movimientos indolentes pero, a la vez, terriblemente voluptuosos. Me pregunto si le hace los pantalones un sastre a medida porque le encajan como un guante, perfilando exactamente el contorno de su hermosa anatomía. Porque si los compra fabricados en cadena, eso confirmaría que tiene las proporciones que los modistos consideran perfectas e imponen en sus creaciones, forzando a sus clientas a sacrificios sin cuento para encajar en ellas (muy probablemente, por las trazas que se gasta, ésta misma de la que hablo pase penurias y privaciones para lucir "perfecta" a los ojos que la juzgan tan severamente).


Y piensa este viejo verde, mientras tropieza con papeleras y bordillos, mesmerizados sus ojos por ese vaivén sensual, que ya que el ayuntamiento emplea enormes partidas presupuestarias en mantener bonitas fachadas y estatuas; que porque no destinan algún dinero en subvenciones a estos monumentos ambulantes, para que puedan invertirlo en ese vestuario que todos os podéis imaginar, que alegra mucho más la vista de los viandantes que una estatua de Canalejas o de Calvo Sotelo, de bronce viejo cagado por ratas con alas y palomas roedoras. No sé, digo yo…


Y para que no me acusen de machista u homófobo, entre los beneficiados por esa partida presupuestaria estaría incluida la imprescindible cuota de chulazos de culito prieto y pectorales rocosos, para que se lo gasten en esas prendas inefables que sólo se ven en revistitas gratuitas de tendencias y en películas como Dune o Waterworld.




Así que, venga, recojamos firmas para esta causa tan importante para el desarrollo de la vida en sociedad, y empecemos a preocuparnos por temas serios como éste; el cuidado y manutención de nuestros monumentos de carne (poca) y hueso.

3 comentarios:

Cripema dijo...

Ayer te instaba a dejar a Tolstoi y volver a la revistas porno....ahora ya no se si aconsejarte que vuelvas a Mortadelo y Filemón o incluso a Zipi y Zape....

el necroscopio dijo...

Eso te pasa por leer tolstoinazos... Que ves una imagen que vale más que mil palabras y te obnubilas...
A lo mejor haces carrera en la junta municipal proponlo al de Obras Públicas...
Un saludo.

Mr.Celofan dijo...

Cuenta con mi voto.