miércoles, febrero 07, 2007

Experimento

Voy a hacer un experimento, a ver qué sale. Voy a coger un libro al azar de la estantería (éste mismo, ¡uy qué bueno!, "La sonata a Kreutzer" de León Tolstoi; una obra maestra ecuménica que no sé cuántas veces habré releído); voy a abrirlo por donde sea (a ver, capítulo Doce) y voy a transcribir algunos fragmentos al tuntún, subrayando algunas frases aleatoriamente:

"[…] Durante aquella época me sentí violento, avergonzado y aburrido. Y muy poco después me invadió una sensación de gran pena. Aquello empezó muy pronto. Al tercero o cuarto día encontré a mi mujer triste. Le pregunté el motivo y la abracé, imaginándome que no podía desear otra cosa; pero me apartó y se echó a llorar. ¿Por qué? No supo decírmelo, pero el caso es que estaba triste y afligida. Probablemente sus nervios agotados le habían revelado la verdad sobre la vileza de nuestras relaciones, aunque fuese incapaz de expresarlo. […] Me acusó de egoísmo y de crueldad con las palabras más duras. Tenía una expresión fría y hostil. Recuerdo el horror que sentí al verla. "¿Cómo? ¿Qué es esto? –pensé-. El amor es la unión de las almas y, en cambio, esto es lo que veo… No es posible, no es ella". Traté de dulcificarla, pero tropecé con una barrera infranqueable, hostil y fría. Antes que me diera tiempo de reflexionar, me invadió una gran irritación y nos dijimos una serie de cosas desagradables. La impresión de ese primer disgusto fue terrible. Le llamo disgusto; pero, en realidad, fue la revelación del abismo que nos separaba. […] El segundo me sorprendió tanto más cuanto que surgió por una insignificancia […]. Fue una discusión inverosímil, estúpida, baja e impropia tanto de ella como de mí. Irritado, le reproché su indelicadeza; ella me replicó y todo empezó de nuevo. Sus palabras, así como la expresión de su rostro y de sus ojos, revelaron de nuevo la misma hostilidad fría que me había sorprendido anteriormente. He tenido discusiones con mi hermano, con mis amigos y con mis padres, pero nunca ha habido entre nosotros esa ira venenosa tan especial […]. Me invadió el horror de pensar en lo que me esperaba.[…]".

He de confesar que el experimento ha resultado un fracaso. Que todas estas maravillosas obras literarias están magistralmente escritas, pero sus contenidos no tienen ninguna aplicación en la vida real de los mortales, ni nos pueden provocar la más mínima reflexión. Que esas cosas sólo pasan en los libros…

4 comentarios:

Cripema dijo...

Dejate a Tolstoi y relee una de esas revistitas que compras en el quiosco de abajo como si fueran de contrabando (y que para disimular te llevas tambien El Pais) y que deben ser de anatomia humana porque a través de la bolsa de plastico a veces se vislumbra alguna señorita ligerita de ropa...

Gilito dijo...

Deberias hacer como el Joey de "Friends": leer sólo los laterales de los envases de cereales y dejarte de tanto librito, que ya pareces Don Quijote... :-)

vainilla dijo...

Te va a pasar como a mí, que de ver tantas pelis y escuchar tanta música, tengo una realidad distorsionada de la vida.

el necroscopio dijo...

Este experimento es aplicable a todo: las gentes antiguas hacian o no hacían las cosas porque "los dioses estaban enfadados" sólo porque ese día caía una tormenta... pues esto es lo mismo: Encontrarás lo que quieras encontrar porque e suna cuestión de probabilidades.
Coge la guía telefónica y verás que es MAS inutil aún.
Un saludo.