viernes, marzo 23, 2007

Clorofilia


El sábado pasado llevé a mi madre a un vivero, a que se abasteciera de plantas para devolverle a los maceteros de su terraza ese esplendor que ya empezaba a marchitarse. Nos acompañó mi buena amiga, para proveerse también de nuevas especies para su jardín.
Allí sufrí un violento flechazo y caí perdidamente enamorado de Hortensia. De entre todas las flores hermosas que había expuestas allí, no podía quitar la vista de sus preciosos pétalos azules, que no dejaban de mirarme con esa ternura vegetal que delataba sus raíces niponas. Y por sólo 7,50 petroeuros pensaba llevármela a casa, con la excusa de darle algo de color a mi lúgubre mazmorra de Melrose, pero con la aviesa intención real de poder continuar en privado nuestro secreto romance clorofílico.

Pero los consejos bienintencionados de la mujer que me trajo al mundo y de la que por ahora me retiene en él, informándome de que se trata de una planta con una esperanza de vida muy fugaz, que en apenas dos semanas se mustia y muere, me hicieron desistir de la idea, pues no podría soportar perderla tan pronto. Y con el corazón partido abandoné el lugar, no sin antes echarle un último vistazo a mi amada. Y entonces fue cuando lo vi a él, y sentí una punzada de celos tan intensa que me hizo trastabillar y casi doy con mis huesos sobre un lecho de petunias. Allí colgado justo enfrente de ella, había una especie de helecho rastafari muy bien plantado, que no le quitaba ojo a mi pequeña. No pude evitar interponerme raudo entre los dos, con la excusa de leer el cartelito descriptivo de mi amigo: "Cactus gigante". Estaba perdido, seguro que un arbusto de orígenes japoneses encontraba mucho más exótica y atractiva a una planta de ancestros mejicanos que a un vulgar humano ibérico. Tenía que actuar rápidamente, y se me ocurrió pintarle al tiesto marrón de mi rival unos ojos, una nariz y una boca de la que pendiera un enorme porro jamaicano para completar el efecto estético de las "rastas" y, de paso, avisar a mi amada de que aquel tipo no era trigo limpio. Pero no encontré un rotulador a mano, y tuve que abandonar el lugar completamente abatido por el desamor.

Aquella noche sufrí terribles pesadillas botánicas, y estoy empezando a desarrollar una aguda cactofobia.

3 comentarios:

Cripema dijo...

Hala vamonos ya Micro.
Ya esta bien por esta semana. Te invito a esa cervecita que me reclamabas ayer y te hago una sesion de psiquiatria por fascículos que tanto te gustan.
Hala, tira bonico, sal delante mia, que ya apago yo...

Triki dijo...

Cómprate un poto, que son mucho más agradecidos!

Anónimo dijo...

Yo estoy peor. Me he obsesionado por los geraneos. Son tan guays!

natx