miércoles, marzo 14, 2007

Despedida de soltero (II)


Bueno, lo que sí que me quedó claro de la experiencia Paint ball, es que mis sensores del dolor no están tan atrofiados como yo pensaba. Imaginad esa espalda recién depiladita recibiendo los impactos traicioneros de la munición pintora. Tengo diseminadas por el cuerpo algunas marcas como recuerdo de la experiencia. Y, hablando de marcas, dado que los impactos recibidos desde cierta cercanía dejaban un buen moratón, la consigna de los amigos era tratar de acertarle al futuro marido en el cuello, a poder ser a quemarropa; para que al reencontrarse con su santa, ésta interpretase el cardenal como fruto del chupetón de alguna suripanta, y ya tenemos montado el lío... ¡Hay que ser hijos de puta! De hecho, eso me dio una idea descabellada: montar un puti-club que se llame "Paint Ball", y así cuando los puteros vuelvan a casa con marcas sospechosas no tienen que mentirle a su parienta: "Esto me lo han hecho en el "Paint Ball"", y todo arreglado, ¿no?

La cuestión es que nos emocionamos más de la cuenta, hasta que alguien de casualidad reparó que se nos habían hecho las dos y que teníamos la mesa para comer reservada a las dos y media, pero a 60 kms. de distancia. Así que una llamada retrasando la cita y cagando leches para arriba. ¿Para arriba? Sí, porque de todas las ciudades de la geografía mundial, la empresa que nos organizó la despedida (la intervención de una empresa de este tipo no era necesaria, pero como el dueño es íntimo amigo de uno de los participantes, pues nos la montó de modo desinteresado), tras descartar emplazamientos como Granada, e incluso Ibiza, decidió que el lugar que mejor se adaptaba a nuestras necesidades y presupuesto era allí donde sólo se atreven las águilas: la incomparable Alcoi, el San Francisco de l’Alcoià. Juro que no tuve nada que ver en esa decisión, y que el primer sorprendido fui yo al conocer el dato.

Después de una comida magnífica a un precio irrisorio, al hotel a registrarnos y echar una buena siesta, ya que la mitad de los presentes no habían tenido idea mejor que iniciar los fastos el día anterior; y se liaron, se liaron tanto, que decidieron no dormir y empalmar. Así que se presentaron en el Paint ball sin haberse acostado aún, resultando un blanco fácil para el resto. El propio homenajeado entre ellos; y, claro, recorrer las indomables chicanes del Barranco de La Batalla con metaresaca y bajón apocalíptico no es la mejor de las experiencias, la verdad; y, ya a la entrada de Alcoi, hubo que parar a la altura del Lidl para que el pobre echara la papa entre estertores, pálido y destemplado como pocas veces lo había visto.

Una vez duchados y arreglados (los que tenían arreglo, claro), once mecánicos jóvenes, borrachos, juerguistas y puteros como pocos, empiezan la que pretende ser la juerga de su vida. Y ¿dónde se van?, pues a un bingo, claro. Es de lógica, joder. Y todo porque al pasar por la puerta, mi querido Karras tuvo el pálpito de que nos iba a tocar; aunque lo que realmente nos convenció fue su argumento de que la bebida en esos locales es relativamente barata (ya te sacan la pasta por el otro lado). Así que todos para dentro y, francamente, no creo que nos olviden allí en una temporadita. Nos tuvieron que llamar al orden en varias ocasiones y tuvimos varios enganchones con el camarero y la chica que nos traía los cartones. Al parecer nos caló que no teníamos ni puta idea y que estábamos de coña y trató de liarnos con el cambio en más de una ocasión, pero no se salió con la suya.

Tras unas cuantas partidas en ese ambiente tan rancio y deprimente que se respira en estos locales, decidimos marcharnos. Especialmente tras la observación que les hice de lo absurdo de nuestra "inversión": si éramos once personas y pusimos un fondo común de 10 euros por cabeza (excepto el novio, que, como es preceptivo, no pagaba nada), y el premio máximo que se repartió mientras estuvimos allí fue de 98 euros, de haberlo ganado nosotros no hubiera dado ni para recuperar la apuesta inicial. Pero, en fin, el buen rato que pasamos valió la pena con creces.

Y de ahí a la cena, tras la cual se nos había prometido la presencia de unas drag-queens y de un enano animador, pero que se quedó en los tradicionales strip-teases de toda la vida. Tres para ser exactos, dos femeninos y uno masculino, porque en la misma sala concurríamos tres despedidas de soltero y una de soltera, con todo lo que ello implica: comportamientos aberrantes, interactuación cómplice entre las mesas (especialmente desde las tres con presencia masculina hacia la de mujeres), todas la modalidades de food-fight y lanzamiento de objetos, cánticos incorrectos y berridos animalescos; en resumidas cuentas, la potenciación extrema de los rasgos más ignominiosos del carácter humano a la hora de relacionarse con el otro sexo. Todo ello adereazdo con constantes carreritas frenéticas a otra sala del local, donde se estaba emitiendo el partido Madrid-Barelona en una pantalla gigante de plasma, cada vez que nos llegaban los alaridos de los parroquianos de uno y otro equipo, celebrando alguno de los muchos goles marcados en el encuentro.

Convendría aclarar que la mesa más desquiciada, con diferencia, fue la nuestra, y que de no ser por la aparición providencial de la primera stripper, que, paradójicamente, apaciguó los ánimos, no sé cómo podía haber acabado aquello. Como curiosidad, decir que la mesa de mujeres presenció la actuación de las dos strippers femeninas, que se emplearon a fondo con los 3 novios (uno de ellos vestido de torero, y el nuestro de Vikingo (?!); que parecía Braveheart, el pobre, con media cara blanca después de habérsela estampado repetidas veces contra la tarta de nata, con la saña típica de los que te quieren bien); pero a nosotros se nos privó con unos biombos de la oportunidad de verter quizás algún respetuoso comentario, o alguna somera apreciación sobre las dotes del performer masculino; por supuesto, observaciones todas ellas realizadas desde el talante, y exentas de cualquier atisbo de vituperio o crueldad. Ignoro la razón de esta discriminación positiva, pero quizás habría que buscarla en la negativa del artista a exponer sus habilidades ante una piara de salvajes, borrachos como cubas y crispados como los ultras del derby futbolístico. Casi mejor así…

Viendo que los drag-queens y el enano no iban a aparecer definitivamente; quizás fruto de un malentendido, quizás directamente de un engaño, o –más probable- nuevamente debido a la negativa de los artistas a representar su obra en aquellas condiciones (casi mejor así…), salimos del restaurante en un estado ya muy lamentable a quemar Alcoi. Y lo de "quemar" es casi literal, ya que si la del bingo ya fue absurda, la idea del Karras de llevarse 3 cajas de petardos que algún cliente se dejó olvidadas en su taller, nos pudo costar un disgusto. No se me olvidará nunca nuestra apoteósica llegada al parking del hotel, haciendo estallar unas decenas de "masclets", aprovechando la excelente acústica que ofrece un sótano de hormigón. No me miréis así, joder, que estamos en fallas...

Pero ya seguiré mañana que esto se está alargando demasiado (me había hecho el propósito de no volver a hacer más Sagas Nórdicas, pero está visto que no hay manera).

3 comentarios:

Chiringui dijo...

Despedidas de soltero... Ya solo voy a bautizos y a consolar divorciados.

Triki dijo...

Qué coño vais a dejar para la boda??!!

Despedida Soltero dijo...

Nice post...
http://www.despedidasoltero.eu