martes, marzo 13, 2007

Paint ball = pain in the balls?

El pasado fin de semana fue bastante intenso. El viernes por la tarde salí del trabajo aprisa y corriendo porque había quedado en recoger a Gilito en el concesionario Harley, donde había ingresado a su querida Juggernaut para un cambio de sangre. De ahí, aprisa y corriendo también, a depilarme la espalda. ¿Qué pasa? Ya estaba harto de que en las duchas del gimnasio me confundieran con un lobishome y huyera la gente despavorida al grito de "¡¡El looooobooooo, el loooooboooooo!!", como pastores mesetarios. Además, también estaba harto de pagar el "plus aloe vera" cada vez que me hacía un masaje, porque el felpudo que tenía por espalda se chupaba el ungüento a kilos como si fuera una mopa.

Aún no he olvidado la cara que puso la chica cuando me pasa a la sala, se va a por sus cachivaches y cuando vuelve me encuentra en calzoncillos. Me mira muy raro y me dice: "¿Es que te vas a depilar también las piernas?". Yo qué sé… ni que hiciera esto todos los días. Así que me volví a poner los pantalones, humillado, y procedimos al desbrozo. Y estoy empezando a preocuparme por si no tendré los sensores del dolor algo atrofiados, porque no hace mucho me quedé dormido (pero dormido de soñar y todo) mientras la dentista me mataba un nervio (la odontóloga no salía de su asombro, y me despertaba cada dos por tres con un: "Pero, chico, abre la boca, que si te duermes no puedo hacerte nada". De hecho, no pudo hacérmelo y tengo cita para el martes que viene. No sé si llevarme el orinal y el antifaz, porque con ese foco tan deslumbrante no hay quien pegue ojo, coño…); y durante la depilación me quedé transpuesto en un par de ocasiones, mientras la muchacha tiraba con saña de unas bandas adhesivas que iban abriendo irritados cortafuegos en los tupidos bosques de mi lomo.

De allí, corriendo nuevamente, a recoger a una buena amiga para ir de "cena-más-copa" con Gilito y Cripema. Y no cualquier copa, porque en Alicante tenemos el inmenso honor de contar con el campeón de Europa de preparación de gin-tonics; y no es una forma de hablar: al parecer también hay competiciones internacionales de esto y el vigente campeón trabaja para una cadena de pubs de ésta nuestra ciudad. No tuve el honor de que me lo sirviera él personalmente pero era una de sus recetas y tiene subalternos de lujo que no le van a la zaga. Aturdido por mi síndrome de Stendhal ante la carta de gin-tonics (sí, un apartado entero de la carta incluye no menos de doce originales formas de prepararlo, con una detallada descripción del palmarés de cada receta), así que lo resolví diciendo: "Sorpréndeme". Y vaya si lo hizo: un delicioso gin-tonic con un toque de… ¡pepino!

Tras deshacerme en halagos al artista, nos dirigimos al pub Coyote Ugly del puerto de Alicante para asistir al concierto de nuestro querido Jesús Lara y la D-Generación Band. Sé que las condiciones subjetivas en las que se vive una experiencia artística influyen enormemente en la percepción de la misma, y mis "condiciones subjetivas" de aquella noche eran inmejorables; pero a mí me pareció el mejor concierto de Jesús & Co. al que he tenido el placer de asistir. Disfruté como un cabrón. Coño, si hasta bailé… Enorme concierto, compadres. Y además, siempre es un placer reencontrarse con todo el entorno de la banda; con la Compañía de Jesús, que no es que sean jesuitas devotos de San Ignacio de Loyola, sino la buena gente que siempre se desplaza arropando al músico que nos ocupa. Por allí estaba el genial Natxo Lara, hermano prior de la Orden y, como siempre, en muy buena Compañía.

Después de haber sentido en mis carnes a qué sabe el cielo (a pepino), los brebajes preparados con desgana por una camarera caucásica me sabían a poco, y en vez de degustarlos reposadamente, tenía que beberlos con furia para pasar el mal trago. Y a lo tonto a lo tonto… a la furia, a la furia… pues me desbaraté como casi siempre.

El sábado tenía despedida de soltero. Creo que ya comenté por aquí que hace años estudié mecánica en un módulo de formación profesional. Allí hice muy buenas migas (quizás demasiadas para lo que sería saludable para ambas partes implicadas) con algunos de ellos, y todavía conservamos una gran amistad después de tantos años. Pues bien, de aquí a nada uno de ellos se casa y, cómo no, había que celebrarlo a lo grande.

Así que el sábado a las once de la mañana ya estábamos enfundados en unos uniformes muy raros, dispuestos a acribillarnos unos a otros con unas bolas de pintura que parecen inofensivas y muy simpáticas, pero que resulta que salen propulsadas por el aire comprimido a 300 km/h. y pican como pedradas las jodías. Después de que el monitor de Paint-Ball nos diera todas las instrucciones de seguridad; después de firmar un documento eximiendo a la empresa de responsabilidad ante daños sufridos por incumplimiento de las normas; después de las advertencias bienintencionadas de los amigos que ya lo habían probado; etc…, etc… y a pesar de todo ello, pues uno piensa: "no será para tanto…" y ya en la primera escaramuza suelta un: "Dejáos de estrategias chorras y cubridme, chiquilicuatres" y se lanza en plan Rambo a por la puta banderita que había que alcanzar; recibiendo el primer impacto de una paint ball de su vida, y que nunca jamás olvidará. El proyectil me peinó lo alto de la cabeza, justo por encima de lo que cubre la máscara de protección, rozando lo justito el cuero cabelludo para dejarme rabiando de escozor un buen ratito, la muy hija de puta. Estaba claro que debía replantear mi estrategia; cosa que quedó reconfirmada cuando, una vez medio restablecido del disgusto, alcé el brazo (como nos habían indicado que había que hacer cuando se recibe un impacto y quedas eliminado, para retirarse momentáneamente del juego sin ser blanco del ensañamiento de los desalmados), para salir de la trinchera en la que me tendí amargado de dolor, y recibo un nuevo impacto en el dedo, que al quedar entre el arma y la bola sufrió una pequeña herida, con una gota de sangre como advertencia de lo que sólo acababa de empezar.

He de decir que el equipo contrario jugaba con un ventaja nada despreciable, pues contaban con Rafa, alias Dragón (y esto ya debería dar alguna pista sobre el personaje), experto en artes marciales ultraviolentas y ex-boina verde, que ahora se dedica profesionalmente a todo esto, pero en una unidad especial de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, y con bolas de plomo en vez de pintura. Y, claro, mi querido Dragón nos frió a bolazos a todos los aficionados; mis testículos incluidos (de ahí el poco ingenioso título del post).

De la experiencia saco las siguientes conclusiones: que las guerras de verdad deben ser un horror y un acojone (no sé por qué me vino a la cabeza ese comienzo normando de "Salvar al soldado Ryan"), pues si verte venir una lluvia de bolitas de colores, que lo máximo que pueden hacerte es un daño semejante a un buen pellizco y dejarte un morado de su idéntico calibre durante unos días, ya impone bastante; no quiero ni pensar lo que se debe sentir bajo un fuego de mortero, intentando zafarse de francotiradores o corriendo hasta perder el culo para no recibir la infame "Death from above" que los helicópteros estadounidenses repartían a mansalva por las junglas vietnamitas. Un espanto indigno de seres supuestamente pensantes.

Así pues, lo recomiendo encarecidamente como terapia para expulsar los excedentes de testosterona mal canalizada, y de paso comprobar el sin sentido de acribillar a tus semejantes (aunque sólo sea a base de bolitas pellizcadoras). Y eso que el que suscribe, que tanto pontifica y se hace el santo ahora, pero que se fundió más de 500 proyectiles, y Dios sabe cuántas recargas de aire, en apenas dos horas de juego (salimos con un cargador de 200 bolas, y si te quedabas sin munición salías del recinto acotado con tela de rafia a por recargas de 100 bolas más (a razón de 5 euros la broma). Y aquí el animalico tuvo que salir 3 veces a recargar, ansioso por si se le escapaba su presa; y eso sin contar el medio cargador que me prestó un amigo, cuando fuera de mí me fundí el mío recién recargado (insisto: ¡100 proyectiles!) intentando expulsar al cabrón de Javi de la torreta en la que se había parapetado. ¡Qué furia, señor mío! ¡Cuánta adrenalina llegó a correr esa matinal sabatina por mis venas de soldadito dominguero! Ya en pleno paroxismo me escuchaba a mí mismo berrear consignas delirantes como: "¡A mi señal: sangre y fuego!" (ver "Gladiator"), "Hay que morir matando, como los escorpiones" (ver "National Geographic") y tonterías por el estilo. Ahora, eso sí, después de una sesión de esto te quedas suaaaaaave para el resto de la jornada...

Y, como debido a mi incontenible facundia esto se hace muy largo, mañana continuaré, porque en este punto de la historia el fin de semana no había hecho más que comenzar. ¡¡Otra recarga!! ¡¡Más madera, esto es la guerra!!

5 comentarios:

aprilia dijo...

Genial el post amigo!

malaputa dijo...

Uaaaah, qué ganaaas. Unas amigas y yo estamos planeando montar un grupo para echar una pachanguita, pero yo digo que sin meter a alguien al que le tengamos rabia no tiene gracia.
Pero por lo que cuentas tiene gracia igual.
Qué envidiaaaaaaa.

Triki dijo...

Yo en esto del paint ball prefiero el rol de la enfermera de la Cruz Roja, porque me freirían a balazos, seguro. Respecto a la depilación, querido Micropene, espero que no te ocurra como me pasó a mi, que después de hacerme la cera en la espalda me empezaron a salir unos muy desagradables granitos que se unieron a los pelos que -irremediablemente- volvieron a salir. Después de una segunda e igual de decepcionante prueba, opté por el rasurado. Es más barato y no salen granos. Te recomiedo también (especialmente si tienes pelos como los pelos del tocino y eres un potentado) la maravillosa depilación láser.

Arandu dijo...

Es viejo pero es un peligro decir que las paintballs salen a 300km/h... Son propulsadas a 300pies por segundos o sea 90 "METROS POR SEGUNDOS"... Hay que tratar de ser mas cuidadoso con la informacion al escribir.

Saludos

Gilito dijo...

si 300 pies por segundo son 90 metros por segundo, eso da que 90x60 seg. son 5400 metros por minuto. 5400 m. x 60 minutos serán 324000 metros por hora, es decir exactamente 324 Km/h. csqd

Ya me extrañaba a mi q nuestro Micropene escriba al tuntun.

Lo que hay que tratar de ser es mejor multiplicador :-)pero gracias por tu comentario.