miércoles, abril 25, 2007

Nuevo blog cansino

Nuestra queridísima Aprilia, que sufrió el implacable apartheid informático de la actualización de este blog, ha inaugurado despechada el suyo propio. La cosa promete, ya que siempre resulta interesante conocer lo que esta mujer tiene que decir, que es muchísimo. Por favor échenle un vistazo en:

http://aprilia-soliver.blogspot.com

(Por favor Gilito, haz esos truquitos tuyos con los unos y los ceros para crear un enlace directo, e inclúyela también en la columna de la derecha, que ya sabes que lo mío con la informática es de juzgado de guardia [aún no he conseguido limpiar todo el tipex de mi monitor]).

¡Coño!, ¿quién ha escrito esa lacrimosa de ahí abajo? ¿Ya está mi gemelo de las antípodas jugándome malas pasadas? Al final le voy a dar...

martes, abril 24, 2007

El arte de la derrota

Hoy, de nuevo he fracasado miserablemente en el examen práctico para obtener el permiso para la conducción de motocicletas. Le comentaba a mis seres queridos que anoche, para relajarme, estuve leyendo a Freud, de forma casual y no buscando ningún tipo de consejo o consuelo en su sabiduría, y precisamente me golpeó duro un párrafo que venía a describir cómo la inseguridad de los neuróticos boicotea constantemente los actos mediante los cuales pretenden alcanzar propósitos de cierta relevancia para ellos. Y eso es precisamente lo que me pasa a mí permanentemente, y ahora, con esto del carnet, no iba a ser menos, y al parecer se me ha atragantado sobremanera la prueba de los cojones. Sólo una traición de los nervios, un bajón del temple, explicaría que una persona que no tiene ningún problema evidente de psicomotricidad, a la que no aqueja ningún problema espiritual serio y que ayer mismo se aburrió de hacer ese mismo trazado impecablemente una vez tras otra; hoy, que se jugaba mucho en el lance (y no solamente la dolorosa factura por renovar los derechos de examen; los que me conocen saben los pormenores de toda la chapucera operación (con mis chanchullos y trapicheos habituales), y cómo ésta se ha complicado aún más tras mi lamentable derrota), pues la cague de nuevo por una tontería.

Pero ahora no es momento de lamentarse, sino de reorganizar mi escala de prioridades (como diría el niño mago de las gafotas), y dado que me encuentro inmerso en un período de mi vida que he bautizado como de Simplificación (podría resumirse en que cualquier cosa, persona o situación que me aporte más complicaciones y sinsabores que dichas y prosperidad, queda excluida inmediatamente de mi universo [desgracidamente no me la puedo aplicar a mí mismo, porque si no… ¿o sí que puedo…?]), pues voy a pasar olímpicamente de la burocracia de los humanos y sus estúpidas pruebas de aptitud para ratas amaestradas (juzgadas demasiado severamente por cuatro botarates por oposición. Si la D.G.T. necesita recaudar aún más para sus tejemanejes y emboscadas, conmigo que no cuenten), y rodaré libre y alegalmente (sin carnet, sin seguro, ni I.T.V., ni demás zarandajas terrenales y sin importancia), hasta que me cacen los guardianes de su Ley. Sólo entonces venderé la moto para pagar las multas (si es que no doy con mis huesos en la cárcel), y con lo que sobre (si es que sobra) me pegaré unas buenas vacaciones químicas de mí mismo.

Y todo porque, por desgracia, yo estoy muy lejos de ser un luchador, un superviviente y, ya no digamos, un triunfador o un héroe. Soy más bien todo lo contrario: un gusano derrotista, un chapucero y una mierda pinchá en un palo. Así que aprovecho esta tribuna para poner un anuncio: “Vendo moto” (y no va de coña). A otra cosa, mariposa.

(P.S.: El hecho de que esta mañana -madrugada más bien- en el viaje de ida hacia el deprimente descampado oriolano que sirve de escenario para mis contumaces fracasos, se me saltaran las lágrimas escuchando a Serrat poner música a la Elegía que Miguel Hernández dedicó a la muerte de su querido amigo Ramón Sijé (ambos oriundos de esa tétrica ciudad de la Murcia ocupada), no presagiaba nada bueno para este día que sólo hacía que empezar. Como decía Benicio del Toro en 21 gramos, señalándose con manotazos la cabeza: "¿El infierno? El infierno está aquí").

sábado, abril 21, 2007

"El Mercao" y el Bacalao


Cuando visito pueblos o ciudades hay dos cosas que no me gusta dejar de visitar; las iglesias y los mercados locales.

Lo de las iglesias más que por una tradición cristiana, debe venirme por la influencia de un profesor que en el extinguido BUP impartía Historia del Arte, católico acérrimo él, eso sí (y amanerado acérrimo, eso, también) que intentaba el pobre hombre como podía, inculcarnos su gran pasión por el románico, el gótico y el corintio. Y algo debió hacer bien este hombre porque años después, cada vez que hacemos algún viaje, martirizo a un resignado Gilito visitando al menos, los templos principales de las ciudades, y eso que sé que muchas veces las grandes sensaciones se esconden en los lugares pequeños y recónditos (No he ido a Roma, pero el día que vaya, iré directita al Panteón)

Es verdad que se entienden muchas cosas de un pueblo conociendo sus lugares y formas de culto. Al igual que hay mucho de la cultura de un pueblo en la manera de hacer una paella, también la hay en como se han currado sus lugares elegidos para sentirse mas cerca de su Dios, su Alá o su Gurú.

Y en los mercados, pues creo que pasa algo parecido. Ya he dicho lo que opino de las paellas, ¿no? Pues eso.

Así que como hay muchas veces que la economía no permite viajar tanto como una quisiera, hoy me he dispuesto a hacer turismo por mi ciudad. Y como no tenía cuerpo de relacionarme con curas y a los de mi pueblo no hay quien los entienda, he decidido irme al mercado central y así al menos, comprar algún delicatessen autóctono.

De pequeña, cuando acompañaba a mi madre los sábados al mercado odiaba acercarme a la zona del pescado, (sólo me convencía la idea de que una tal “Merceditas” me regalaba gambas, porque yo era una niña muy mona y graciosa…eso dice mi madre…y matiza con énfasis el “era” en esa frase )
No me gustaba porque allí había charcos, olía muy fuerte y se veían vísceras y raspas de pescado por todas partes.
Hoy me he ido directa a esa zona, claro, que el mercado lo han remodelado y ya no es lo que era, y ahora existen normas ISO de calidad y denuncias millonarias por resbalones, y lógicamente, ya no ves nada de aquello.

¡Y que gusto Oiga! ¡Una variedad!, ¡unos productos!, ¡una frescura!, ¡un colorido! ¡Que aséptico es ahora todo en el mercado de mi ciudad! (La mierda la deben echar fuera, porque dicen las encuestas que somos una de las ciudades más sucias de España)

Los y las despachantes de los puestos se han dirigido a mí con los siguientes sustantivos: “bonica”, “rubia”, “bonica” (otra vez) y hasta un “guapa”. ¡Ah! Y varios “cariños”.
Además he almorzado: una haba tierna, una loncha de mojama y un pepinillo en vinagre, productos todos ellos que me han ofrecido en cada uno de los puestos para que testara con mis propias papilas gustativas su calidad, y productos todos ellos que después he comprado, ¡Claro! ¿Cómo no iba a hacerlo?
El del puesto del atún me ha dicho que era fresquísimo y hasta lo ha inclinado para que viera como sangraba… Eso, la verdad, se lo podía haber ahorrado, porque me lo iba a llevar de todas formas.

Ya casi a la salida, me he dado cuenta al pasar por uno de los puestos que estaba especialmente abarrotado y claro, he mirado. En un primer golpe de vista no he entendido porqué, pero hace ya mucho tiempo que no intento entender los comportamientos humanos. A los de microsegundos, he levantado la vista y he visto al Bacalao. El Bacalao, se llamaba Roberto (lo se porque una mujer le ha preguntado:
-Roberto, ¿las chirlas las tienes fresquitas?
Y Roberto, con sus brazos fornidos, su metro ochenta, su camiseta blanca marcando sus abdominales de tableta de chocolate, con un punto de descaro y mientras me dirigía un natural guiño de ojo le ha espetado a la mujer un:
– Señora…. ¡Vd. ya sabe que yo lo tengo siempre todo fresco!

Y entonces, he sabido que no me equivocaba, que tenía razón.,Me he reafirmado en mi idea de que en las Iglesias y en los mercados hay mucho de un pueblo y sus gentes, y precisamente por eso, a partir de ahora cuando viaje, primero, iré a los Mercados, porque a lo mejor después, ya no necesito conocer nada mas.

viernes, abril 20, 2007

La cena de los vampiros

La noche del miércoles fuimos mi amiga del alma y yo a cenar con Vainilla y su “Sol” a un restaurante de cocina rumana, el “Transilvania”, cerca de Benidorm. Fuimos después de tomarnos una cerveza en la bonita casa de Vainilla, mientras nos contaba lo desasosegante que resulta vivir un temporal de viento desde la planta 21 de un rascacielos (mesa de terraza voladora, o suicida, de la que no quedó ni rastro al día siguiente; cristales que se abombaban hacia dentro y hacia fuera como si fueran de plástico, amenazando con estallar en añicos en cualquier momento; o cómo se despertó mareada porque su dormitorio se balanceaba como el camarote de un barco, debido al diseño arquitectónico de este tipo de edificaciones, que imitan a los juncos y ceden y se doblan ante las fuerzas que las presionan, ya que de quedar rígidos podrían acabar tronchándose).

Una vez allí quedamos algo decepcionados ya que esperábamos encontrar algo de decoración vampírica, pero no fue así. Qué sé yo, un poquito de ambiente de lo que a los occidentales nos viene inmediatamente a la mente cuando pensamos en Transilvania o los Cárpatos: que si unos ataúdes, unas capas de terciopelo negro forradas en satén rojo, unos colmillos de pega… Lo único que recordaba lejanamente al conde transilvano era la sangrienta tipografía del letrero, los inquietantes camareros no-muertos, y los muy discretos homenajes aquí y allá, como pequeñas concesiones a la galería (imperdonable el error de incluir pan con allioli en el “Menú Drácula”).

La verdad es que cenamos muy bien y a un precio módico, y pudimos cumplir nuestra intención inicial de degustar exclusivamente productos de la región (la cerveza, el vino y todas las viandas procedían de allí). Pero precisamente este empeño en celebrar un banquete rumano en toda regla casi nos cuesta un disgusto a los cuatro. Y es que resulta que estos tíos raros también toman en sus comidas un licor parecido al orujo nuestro, pero destilado de ciruelas y con una gradación cercana a los 60, que para más inri lo toman de un taponazo y antes de empezar a comer. Así que imaginad cómo se afronta una comida con el gaznate medio anestesiado (quizás sea ésa precisamente la intención: adormecerte el paladar para que no seas capaz de detectar el verdadero mal gusto de sus platos, aunque a ti te estén pareciendo deliciosos por la simple razón de que cualquier cosa sólida que baje por tu garganta te alivia un poco la abrasión).

Lo cierto es que nos reímos un montón bromeando con lo que ya os podéis imaginar y, por supuesto, yo no dejé de hacer gansadas de las mías cuando me tomo dos copas (como preguntarle a un camarero cómo se dice “gracias” en rumano. Me advirtió de que no sería capaz de pronunciarlo, y efectivamente no fui capaz. Y eso que el hombre se esforzó en intentar enseñármelo, pero es que esa pronunciación gutural de palabras amontonadas de consonantes sólo está al alcance de los nativos. Quizás el licor de ciruelas tenga algo que ver con esa forma de hablar suya, como de estar haciendo gárgaras constantemente mientras se expresan).

Nos impuso un poco de respeto quedarnos como los últimos clientes en abandonar el local, allí sentados, bebiendo y riéndonos mientras unos señores muy pálidos y serios nos miraban de reojo con impaciencia (no sé si por cerrar de una puta vez y largarse a casa con su familia, o esperando que nos hiciera efecto el brebaje de ciruela para poder hincarnos el diente y convertirnos en jóvenes ocultos levantinos).

Al final nos fuimos de allí con media melopea y me consta que Vainilla devolvió los alimentos a donde habían salido: a las catacumbas del subsuelo.

miércoles, abril 18, 2007

Leaving Melrose

La única parte triste de toda la historia de la moto, es que este mes debo abandonar Melrose Place para poder costearla. La verdad es que últimamente apenas pasaba por allí, ya que ahora vivo prácticamente en casa de mi "amiga" del alma, con incursiones puntuales al hogar paterno para dar cobertura logística.

Me da mucha lástima porque allí he vivido momentos inolvidables, y voy a echar muchísimo de menos a mis queridos camaradas caóticos. Ya he empezado el traslado, y cada vez que voy a llevarme trastos se me cae el alma a los pies. Y encima ahora que llega el buen tiempo y volverán las fiestas en la piscina y esas barbacoas multitudinarias y escandalosas que tantas simpatías nos granjearon en el vecindario. En fin, es la vida... (Sr. Lara: debemos apresurarnos en organizar lo de la pallea balcánica en el bar de la piscina. Aunque bien pensado, el hecho de que yo abandone la casa el día 30 de abril no significa que no pueda ir por allí cuando me apetezca).

Cambiando de tema, ¿por qué la palabra sinónimo no tiene ningún sinónimo, y sin embargo antónimo sí tiene un antónimo (sinónimo)?

martes, abril 17, 2007

Más paridas virales


Haste tu clip - o Visita Lollapalooza.com

¡¡Dadme ya el puto carnet!!

¡¡¡Ya es míaaaa!!! Ya está en mi poder esta preciosidad de la foto. Ahora sólo hay un pequeño pero, que no es otro que el pasado viernes fracasé miserablemente en la prueba de aptitud psicomotriz sobre dos ruedas. Suspendí la prueba de aptitud por un exceso de actitud, y es que este “empuje” mío no me trae más que disgustos. Me explico: el examen práctico era el viernes 13 (ahora que escribo esto me viene a la cabeza un consejo que os quería dar: no paguéis por ver el film Sunshine, por mucho que sea del muy interesante director Danny Boyle; la película no es más que un cruce entre Viernes 13 y Apolo ídem), y la noche del jueves estuvo lloviendo con intensidad en la Murcia ocupada, por lo que el circuito estaba empapado y lleno de charcos. Y como esto es el país de la pandereta y las capeas, pues no tienen prevista esta eventualidad y había un operario por allí con una escoba de palo corto y desmochada, tratando de evacuar a duras penas el agua estancada precisamente en la zona más crítica del recorrido: el final del trayecto con frenada de emergencia.

Así que unos funcionarios ataviados con unas cazadoras muy molonas con unos vistosos estampados reflectantes en la espalda con las siglas D.G.T. (¿o era C.S.I. Orihuela?), nos dieron tres opciones, a saber:

1.- No hacer la prueba, sin perder la convocatoria, por estar el piso húmedo.

2.- Esperarse hasta las 12 h. (esto ocurría sobre las 8 h.) para ver si se secaba un poco el trazado.

ó 3.- Hacer la prueba ya.

Pero a los que eligieran las opciones 2 ó 3 les dejaban muy clarito que la prueba se haría con todas las de la ley (nunca mejor dicho) y que no serían más benevolentes por estar mojado el pavimento.

Y como uno es muy impaciente, y estaba harto ya de escuchar batallitas de terror cada vez que se incorporaba a algún corrillo de nerviosos, pues decidió hacer la maldita prueba cuando antes. Y a la pregunta de su tutor autoescolar de si le importaba ser el primero, responde encasquetándose ese casco de patrullero Mancuso que le ha regalado Gilito (gracias, compadre) y soltando una chulería de las suyas (“Acabemos con esto de una vez”). Y para allá que se va con la cafetera con ruedas que le ha tocado en suerte para practicar, fría como un témpano. Y ya se sabe que el café frío es muy desagradable, y encima aguado, pues más aún. Y se dispone a ser el primero que salga de allí con su titulito oficial CCC en motorista fantasma. Y no ha doblado el tercer palo del slalom, cuando “la moto” le hace “un extraño” y se va contra una de las vallas que encierran el circuito del examen (que, curiosidades de la vida es idéntico al que se hacen las prácticas, pero alejado unos 20 metros y cercado por unas vallas, que sólo se abren para realizar las pruebas oficiales).

Francamente, no puedo culpar ni al suelo húmedo, ni a la moto fría (no permiten calentarlas circulando, únicamente los profesores de las autoescuelas pueden darles un poco de puño para calentar motores antes de la prueba; pero los aspirantes no pueden ni acercarse a ellas), como responsables de mi salida de pista. Tengo muy poca experiencia (sólo había dado 5 clases de 45 minutos y no había conducido una moto en mi vida) y demasiado ímpetu (estas motos están trucadas con el ralentí muy alto para que se pueda hacer el circuito casi completo sin tocar apenas el puño, con mucha suavidad; pero yo no, yo ahí dando acelerones y frenazos como un vulgar bakala en fallas), y claro, así salió la cosa.

Pero es que lo peor fue que los que venían detrás de mí debieron achacar mi patinazo al estado del firme y no a mis ansias e inexperiencia, y salieron muy tensos y como maldiciendo su decisión de hacer la prueba en esas condiciones. Los 7 aspirantes que pude ver en el ratito que me quedé allí observando, cayeron como moscas, uno tras otro. Además resulta un tanto humillante, porque el circuito tiene varias aperturas con un funcionario vial en cada una, para ir desalojando de la pista a los fracasados y que no les hagan perder aún más de su precioso tiempo.

En fin, que digan lo que digan los archivos de la D.G.T., y aunque mi estilo libre (demasiado libre) al manillar no sea muy del agrado de los chupatintas del tráfico; yo ya soy motorista; fantasma, sí, pero motorizado. Lo demás son simples menudencias burocráticas que tendré que solventar cuando mis recién adquiridas libertad y rebeldía de motero salvaje, y el sentir el viento del sur en la cara a lomos de un caballo de acero mítico de Milwaukee esculpido por sabios W.A.S.P.s forjadores de leyendas, me dejen un ratito libre...

Se va entendiendo lo del motorista fanstasma, ¿verdad?

viernes, abril 13, 2007

Noticias de Alto Interés Periodístico

Se comenta en los tabloides como noticia del día que David Beckham ha regalado a su mujercisima, la ex spice girl pija, un consolador de diamantes y platino valorado en 2 millones de dolares. (…)

¿Esto es como lo de Keith Richard que después se retractó de haber dicho que se había esnifado las cenizas de su padre? ¿Saldrá Mss Beckam en los próximos días desmintiendo la noticia? ¿o tal vez veremos en exclusiva las primeras fotos del consolador?

No se vosotros, pero yo pasaré el fin de semana atenta a las noticias….



P.D. Quería ilustrar este post con una foto de un consolador de diamantes, pero como en google no me ha salido ninguna, os dejo puesta ésta que me gusta más.
Feliz Fin de Semana

jueves, abril 12, 2007

El halcón callejero

En la fotografía de abajo se puede apreciar al Peatón Fantasmón en su desesperado intento por dejar de serlo cuando antes. En un desolador circuito postapocalíptico en Orihuela (pueblo alicantino de la Murcia ocupada), rodeado de grúas y camiones abandonados, que no los querrían ni para el atrezzo de Mad Max, anocheciendo y empezando a chispear, un pobre diablo sobre ruedas realiza slalom libre (demasiado libre), desoyendo las prudentes indicaciones de su monitora.


La foto fue tomada por mi queridísima "amiga", que está demostrando tener más paciencia que una santa, la bendita. Y el hecho de tener que desplazarme estas tardes a una hora de coche de Alicante para sólo 45 minutos de moto es por un chanchullo de los míos (el circuito pertenece al autoescuela de la "ex" de uno de mis hermanos).

Si por un casual mañana apruebo, por favor los próximos cien días, con sus cien noches, encierren a sus niños en casa, lejos de carreteras y caminos, acoracen sus vehículos y crucen los pasos de cebra provistos de armaduras de kevlar o cualquier otro tipo de blindaje. Es por su seguridad y la de todos.

Y prometo no dar más por culo con la dichosa motito.

miércoles, abril 11, 2007

El Peatón Fantasma


La burra ya es mía oficialmente. Pero ahora resulta que nadie me la quiere asegurar, por la simple minucia de que la antigüedad de mi permiso para pilotar motocicletas es negativa: me lo darán la semana que viene, con suerte. Me examino pasado mañana, viernes, de la parte práctica de toda esta historia. Así que, por favor, deseadme mucha suerte, porque ayer dí mi primera clase y, en fin...

He de aclarar que nunca, repito NUNCA, había conducido una moto antes de ayer (viajado en ella sí), ni siquiera un cilomotor, por lo que creo que he confiado demasiado en mis dotes de autista, al inscribirme al exámen tan pronto. Aunque la profesora le dijo a mi "amiga" que no se me daba nada mal para ser la primera vez (quizás lo dijo justo antes de alguna de las dos veces que casi la embisto, y que ella, para no tensionarme más, supongo, capeó con un "es culpa mía, que me he puesto enmedio" (!?)).

Pero lo gracioso es que la moto de la que ya soy flamante propietario, por una de esas carambolas absurdas de mi vida, resulta que es un pedazo de armatoste infernal, requetetuneado y Dios sabe cuán trucadas sus entrañas, que en mis manos podría ser un arma de destrucción masiva si no fuera por el empeño de las autoridades viales en caparme el misil balístico hasta convertírmelo en un tractor albanokosovar. Y sí, es de esa marca norteamericana que estáis pensando, pero no me miréis así que ha sido una verdadera ganga (Gilito puede dar fe). Además ése era un requisito indispensable para pertenecer a "los muchachos". La verdad es que toda la historia es rocambolesca desde su génesis y quizás me decida a escribir una soporífera saga nórdica de las mías al respecto; pero es que ahora voy de culo.

La cuestión es que con un poco de potra, de aquí a nada, dejaré de ser el Peatón Fantasma, para pasar a ser un fantasmón, sí, pero motorista; como los dioses de Milwaukee mandan.

Y no me quería despedir sin enviarle antes un beso muy grande a Raquel, que me ha dicho un pajarito muy guapo, que nos lee.

Ráfagas, uves y caballitos capados para todos.

miércoles, abril 04, 2007

Ya está!!

Ya me han peinado la burra!! Yiiiiijaaaaaa!!!!

Pero ahora las autoridades me la quieren capar porque dicen que no se fían de un motero novato. Serán...
Y todo por el pequeño detalle de que aún no tengo ni el carnet. Deseadme suerte, que me examino del práctico el viernes 13 (no soy supersticioso, pero tiene huevos la fecha. Espero que no sea ninguna premonición de lo que se les viene encima a nuestras carreteras. Se admiten apuestas sobre qué hueso me rompo antes. Podemos hacer una porra. ¿Cuántos huesos tiene un esqueleto humano?).

Destellos y "uves" para todos (jajajaja...).

Born to be wild!!!

Podéis felicitarme, porque la semana pasada aprobé el exámen del carnet de moto de una puta vez. Estoy sorprendido de mis dotes de autista, ya que por culpa de mi ajetreo habitual no pude más que leerme deprisa y corriendo una sola vez el temario la noche antes de la prueba, tratando de hacer fotografías mentales, como Rainman, de las partes más importantes, para retenerlas lo justito en mi cerebro para que aguantaran hasta llegar allí y vomitarlas en el cuestionario. Al día siguiente, en cuanto me confirmaron de la D.G.T. que había superado la prueba, ya era incapaz de recordar casi nada de lo “aprendido”. Recuerdo que, precisamente, el otro día leí algo sobre el autista real que inspiró el guión del oscarizado film arriba nombrado, y resulta que el tipo, debido a una anormal interactuación entre los dos hemisferios de su crerebro, es capaz de memorizar palabra por palabra los más de 8.000 libros de la biblioteca de su ciudad estadounidense, pero luego es incapaz de valerse por sí mismo para las rutinas más sencillas y necesita ayuda hasta para abrocharse un botón, comer o meterse en la cama. Decían también que por lo visto la N.A.S.A. estaba estudiando su caso para ver cómo afectan los efectos de períodos prolongados de ingravidez en el cerebro humano (?!).

La razón de tener que formalizar con la Dirección General de Tráfico estos requisitos, es que me obliga mi pertenencia a “los muchachos” (la burra ya me la están peinando).

Aquí abajo se me puede ver con dos de "los muchachos", hace un par de sábados de camino a Valencia para asistir a la fiesta del 10º aniversario en España del club motociclístico internacional más mítico, numeroso y respetado del mundo.



El de mi derecha, aunque lo parezca, no es André el Gigante de La princesa prometida. Estos cabrones, me hacen paracer Torrebruno, a pesar de mi metro y 78 centímetros de altura, coño.

lunes, abril 02, 2007

La milla verde

"Joder, tío, a veces me recuerdas al negro de La milla verde". Con este cromático símil me definía a menudo Álmax, el guitarrista del grupo de heavy metal con el que toqué la batería durante 8 años.

Esta extraña comparación hacía referencia a una peculiaridad mía, que me acarrea bastantes disgustos y sinsabores, y que no es otra que una aguda sensibilización al dolor circundante, ya sea éste físico o espiritual. Soy como un acumulador de malas energías, como una esponja del mal rollo que se va empapando de la negatividad que la rodea a lo largo del día, llegando a la cama al final de la jornada chorreando mierda y transida por el peso del mundo.

Cuando Álmax me decía esto, yo no tenía ni idea de a qué se refería, pues aún no había visto esa película. Así que un buen día (seguramente más bien después de un mal día) me recogió y fuimos a su casa, donde nos esperaba una bolsa del F-nac conteniendo el DVD del film ya mentado y un ejemplar de la edición original del libro (antes de que lo reeditaran como La milla verde, aprovechando el tirón comercial de la película [incluso la portada era un fotograma de Forrest Gump ataviado de caracelero], ya fue editado en su día como El pasillo de la muerte, que no era otra cosa que la compilación de las seis mininovelas de la edición original británica, que se publicó de esta inusual forma como homenaje de su autor, Stephen King, a las novelas por entregas de su admirado Charles Dickens. Y ésa edición es la que guardo como un tesoro).

La verdad es que me encantaron tanto la película (que vimos ese mismo día en su casa con su mujer), como el libro (siempre he sido fan del retorcido fabulador de Maine); y me hizo mucha gracia la comparación con el gigantón John Coffey ("como el café, jefe, pero acabado en "y""). Aunque las comparaciones de Álmax siempre han sido un tanto peculiares: recuerdo que en una etapa un tanto confusa de mi biografía, me ganaba la vida fregando los suelos de los pubs de la cadena para la que trabaja uno de mis hermanos. Y una vez que vino Álmax a contarme alguna novedad respecto al grupo que no podía esperar, se horrorizó tanto de verme limpiando vómitos de borrachos, que me pegó una severa bronca, acusándome de ser "un mierda" porque, según sus palabras, era "injusto que una persona tan inteligente como tú malgaste su vida fregando suelos". (Permítaseme un breve digresión: la gente suele confundir a menudo la inteligencia con la cultura; y, por supuesto, si entendemos por cultura el haberse mal leído cuatro libros de mierda, haber agitado a conciencia la coctelera –añadiendo antes unas gotitas de alcohol- y pasarse la vida regurgitando en forma de diarrea mental lo que otros antes se han molestado en pensar y escribir). Aquel día se fue enfurruñado y también se pasó por la cadena francesa expendedora de cultura audiovisual, y después del trabajo me recogió y me llevó a su casa para obligarme a visionar El indomable Will Hunting; película que me gustó mucho, pero en la que no alcancé a encontrar ningún paralelismo con mi vida, excepto la fregona, claro.

Pero sí que tengo que reconocerle algo de razón en que tengo cierta remota afinidad con el negro de La milla verde; sólo que a diferencia de él, yo no necesito tocar con las manos sanadoras a las personas para poder revivir en forma de flashbacks a todo color el dolor que las artormenta. No, a mí me basta con una simple mirada a los ojos de mi interlocutor para poder recibir súbitamente una incómoda avalancha de las malas vibraciones que le aquejan, una dañina transferencia de sus lastimosas sensaciones sufridas en penurias pasadas, presentes y hasta futuras. Penas y dramas sin concretar, sin detalles, pero que se me muestran muy evidentes a mis "ojos". Es lo que tiene ser poseedor de poderes paranormales. Pero esta capacidad, este blue-tooth emocional, erosiona muchísimo al usuario, que al final de la jornada sólo le quedan ya ganas de despoblar la tierra para descansar en paz.

Y hoy lunes, estoy arrasado anímicamente, porque este fin de semana mi hipersensibilidad a los desórdenes emocionales ajenos (mi resplandor) ha sufrido un desgaste muy importante. Si esta noche me frieran como a John Coffey al final del libro, no me importaría demasiado, la verdad; quizás sólo así podría encontrar ese descanso del alma que se me muestra tan esquivo. (Bonita manera de empezar un lunes, jefe...).