sábado, abril 21, 2007

"El Mercao" y el Bacalao


Cuando visito pueblos o ciudades hay dos cosas que no me gusta dejar de visitar; las iglesias y los mercados locales.

Lo de las iglesias más que por una tradición cristiana, debe venirme por la influencia de un profesor que en el extinguido BUP impartía Historia del Arte, católico acérrimo él, eso sí (y amanerado acérrimo, eso, también) que intentaba el pobre hombre como podía, inculcarnos su gran pasión por el románico, el gótico y el corintio. Y algo debió hacer bien este hombre porque años después, cada vez que hacemos algún viaje, martirizo a un resignado Gilito visitando al menos, los templos principales de las ciudades, y eso que sé que muchas veces las grandes sensaciones se esconden en los lugares pequeños y recónditos (No he ido a Roma, pero el día que vaya, iré directita al Panteón)

Es verdad que se entienden muchas cosas de un pueblo conociendo sus lugares y formas de culto. Al igual que hay mucho de la cultura de un pueblo en la manera de hacer una paella, también la hay en como se han currado sus lugares elegidos para sentirse mas cerca de su Dios, su Alá o su Gurú.

Y en los mercados, pues creo que pasa algo parecido. Ya he dicho lo que opino de las paellas, ¿no? Pues eso.

Así que como hay muchas veces que la economía no permite viajar tanto como una quisiera, hoy me he dispuesto a hacer turismo por mi ciudad. Y como no tenía cuerpo de relacionarme con curas y a los de mi pueblo no hay quien los entienda, he decidido irme al mercado central y así al menos, comprar algún delicatessen autóctono.

De pequeña, cuando acompañaba a mi madre los sábados al mercado odiaba acercarme a la zona del pescado, (sólo me convencía la idea de que una tal “Merceditas” me regalaba gambas, porque yo era una niña muy mona y graciosa…eso dice mi madre…y matiza con énfasis el “era” en esa frase )
No me gustaba porque allí había charcos, olía muy fuerte y se veían vísceras y raspas de pescado por todas partes.
Hoy me he ido directa a esa zona, claro, que el mercado lo han remodelado y ya no es lo que era, y ahora existen normas ISO de calidad y denuncias millonarias por resbalones, y lógicamente, ya no ves nada de aquello.

¡Y que gusto Oiga! ¡Una variedad!, ¡unos productos!, ¡una frescura!, ¡un colorido! ¡Que aséptico es ahora todo en el mercado de mi ciudad! (La mierda la deben echar fuera, porque dicen las encuestas que somos una de las ciudades más sucias de España)

Los y las despachantes de los puestos se han dirigido a mí con los siguientes sustantivos: “bonica”, “rubia”, “bonica” (otra vez) y hasta un “guapa”. ¡Ah! Y varios “cariños”.
Además he almorzado: una haba tierna, una loncha de mojama y un pepinillo en vinagre, productos todos ellos que me han ofrecido en cada uno de los puestos para que testara con mis propias papilas gustativas su calidad, y productos todos ellos que después he comprado, ¡Claro! ¿Cómo no iba a hacerlo?
El del puesto del atún me ha dicho que era fresquísimo y hasta lo ha inclinado para que viera como sangraba… Eso, la verdad, se lo podía haber ahorrado, porque me lo iba a llevar de todas formas.

Ya casi a la salida, me he dado cuenta al pasar por uno de los puestos que estaba especialmente abarrotado y claro, he mirado. En un primer golpe de vista no he entendido porqué, pero hace ya mucho tiempo que no intento entender los comportamientos humanos. A los de microsegundos, he levantado la vista y he visto al Bacalao. El Bacalao, se llamaba Roberto (lo se porque una mujer le ha preguntado:
-Roberto, ¿las chirlas las tienes fresquitas?
Y Roberto, con sus brazos fornidos, su metro ochenta, su camiseta blanca marcando sus abdominales de tableta de chocolate, con un punto de descaro y mientras me dirigía un natural guiño de ojo le ha espetado a la mujer un:
– Señora…. ¡Vd. ya sabe que yo lo tengo siempre todo fresco!

Y entonces, he sabido que no me equivocaba, que tenía razón.,Me he reafirmado en mi idea de que en las Iglesias y en los mercados hay mucho de un pueblo y sus gentes, y precisamente por eso, a partir de ahora cuando viaje, primero, iré a los Mercados, porque a lo mejor después, ya no necesito conocer nada mas.

6 comentarios:

Triki dijo...

Románico, gótico y.....¿corintio? ¿No iba eso con lo de jónico y dórico? Yo también soy muy de iglesias y de mercados.

Gilito dijo...

Doy fe. Me he comido el atun crudo aliñado con limón y aceite y sal... un sashimi mediterráneo.. buenississisisimo...

Cripema dijo...

Triki:
El dórico, el jónico y el corintio "van juntos" (como tu dices) porque son los tres ordenes clásicos, es decir, estilos arquitectonicos canonicos, utilizados por los griegos y posteriormente asumidos por los Romanos. Y de los tres, el corintio es el tercero en sentido cronologico.
Se suelen estudiar a la vez para entender mejor sus diferencias (por eso supongo que los recuerdas juntos y de carrerilla) que se basan en la columna pero sobre todo en el capitel.
El orden corintio además, se utilizaba para la construcción de templos dedicados a divinidades femeninas (mi profesor era bastante amanerado y le encantaba este orden clasico). He querido hacer una asociación de ideas tácita pero veo que no se ha entendido, tal vez, demasiado intelectual...

El romanico y el gótico sin embargo son estilos artísticos.Es decir, engloban todas las manifestaciones artisticas de un periodo (pintura, escultura, arquitectura etc)y por tanto no se refieren únicamente a arquitectura canónica.

Micropene dijo...

Cripema, me recuerdas a mi admirado Cioran. El terrible filósofo rumano tenía por costumbre cada vez que visitaba un lugar, pasearse por su mercado y su cementerio, pues decía que así podía saber cómo se trataba allí a los vivos y a los muertos. Tú, en vez de camposantos populares, prefieres visitar los panteones erigidos a mayor gloria del muerto más famoso de los últimos XXI siglos de nuestra historia, que tienen un detalle de mal gusto en común: en vez de una discreta fotografía del finado, en vida, junto a la inscripción de la lápida; en los templos católicos (tan aficionados ellos a las figuritas alegóricas) no falta nunca una sangrienta reproducción morbosa de este señor hecho un Ecce Homo y padeciendo el insufrible martirio de la crucifixión.

Burnout. dijo...

¿Y has encontrado mucho corintio por estas latitudes? jaajaja.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Yo lo de ir al mercado los sábados lo utilizo para reconciliarme con la especie humana, además de para alimentarme durante la semana con fruta que huele y sabe a fruta, verdura que huele y sabe a verdura, y carne y pescado fresco de calidad. Pese a mi tendencia sociópata provocada básicamente porque me relaciono con mucha gente de muchos tipos todos los días laborables de mi vida sin escapatoria (en vivo y en directo, por teléfono, e-mail y fax....ufff)de vez en cuando me gusta acercarme a un mercado, al mercadillo o directamente interactuar con la gente en esos foros. Preguntar cómo puedo cocinar tal pescado...hablar del tiempo...de Doña Letizia (aunque esto es más en la peluquería), que me llamen "bonica", sonreir...en fin reconciliarme con la especie...no sé si me entendeis. Con respecto al Panteón, yo tuve la suerte de vistarlo in memoriam de aquel profesor. De hecho, cumpli sus pautas....buscar uno de los banquitos de los laterales, sentarme, alzar la cabeza y comprobar la magnitud de aquella obra, y después para que no te duela tanto el cuello de estar mirando hacia arriba mucho rato, recostar la cabeza en la pared...por cierto muy católico, muy católico...pero tenía una pinta de gustarle el cuero y los látigos.......
PD. Doy fe. De pequeña "era" muy bonica.
PD2. Soy aprilia, pero no sé porque esto hoy me dice que mi contraseña es incorrecta....en fin