viernes, abril 20, 2007

La cena de los vampiros

La noche del miércoles fuimos mi amiga del alma y yo a cenar con Vainilla y su “Sol” a un restaurante de cocina rumana, el “Transilvania”, cerca de Benidorm. Fuimos después de tomarnos una cerveza en la bonita casa de Vainilla, mientras nos contaba lo desasosegante que resulta vivir un temporal de viento desde la planta 21 de un rascacielos (mesa de terraza voladora, o suicida, de la que no quedó ni rastro al día siguiente; cristales que se abombaban hacia dentro y hacia fuera como si fueran de plástico, amenazando con estallar en añicos en cualquier momento; o cómo se despertó mareada porque su dormitorio se balanceaba como el camarote de un barco, debido al diseño arquitectónico de este tipo de edificaciones, que imitan a los juncos y ceden y se doblan ante las fuerzas que las presionan, ya que de quedar rígidos podrían acabar tronchándose).

Una vez allí quedamos algo decepcionados ya que esperábamos encontrar algo de decoración vampírica, pero no fue así. Qué sé yo, un poquito de ambiente de lo que a los occidentales nos viene inmediatamente a la mente cuando pensamos en Transilvania o los Cárpatos: que si unos ataúdes, unas capas de terciopelo negro forradas en satén rojo, unos colmillos de pega… Lo único que recordaba lejanamente al conde transilvano era la sangrienta tipografía del letrero, los inquietantes camareros no-muertos, y los muy discretos homenajes aquí y allá, como pequeñas concesiones a la galería (imperdonable el error de incluir pan con allioli en el “Menú Drácula”).

La verdad es que cenamos muy bien y a un precio módico, y pudimos cumplir nuestra intención inicial de degustar exclusivamente productos de la región (la cerveza, el vino y todas las viandas procedían de allí). Pero precisamente este empeño en celebrar un banquete rumano en toda regla casi nos cuesta un disgusto a los cuatro. Y es que resulta que estos tíos raros también toman en sus comidas un licor parecido al orujo nuestro, pero destilado de ciruelas y con una gradación cercana a los 60, que para más inri lo toman de un taponazo y antes de empezar a comer. Así que imaginad cómo se afronta una comida con el gaznate medio anestesiado (quizás sea ésa precisamente la intención: adormecerte el paladar para que no seas capaz de detectar el verdadero mal gusto de sus platos, aunque a ti te estén pareciendo deliciosos por la simple razón de que cualquier cosa sólida que baje por tu garganta te alivia un poco la abrasión).

Lo cierto es que nos reímos un montón bromeando con lo que ya os podéis imaginar y, por supuesto, yo no dejé de hacer gansadas de las mías cuando me tomo dos copas (como preguntarle a un camarero cómo se dice “gracias” en rumano. Me advirtió de que no sería capaz de pronunciarlo, y efectivamente no fui capaz. Y eso que el hombre se esforzó en intentar enseñármelo, pero es que esa pronunciación gutural de palabras amontonadas de consonantes sólo está al alcance de los nativos. Quizás el licor de ciruelas tenga algo que ver con esa forma de hablar suya, como de estar haciendo gárgaras constantemente mientras se expresan).

Nos impuso un poco de respeto quedarnos como los últimos clientes en abandonar el local, allí sentados, bebiendo y riéndonos mientras unos señores muy pálidos y serios nos miraban de reojo con impaciencia (no sé si por cerrar de una puta vez y largarse a casa con su familia, o esperando que nos hiciera efecto el brebaje de ciruela para poder hincarnos el diente y convertirnos en jóvenes ocultos levantinos).

Al final nos fuimos de allí con media melopea y me consta que Vainilla devolvió los alimentos a donde habían salido: a las catacumbas del subsuelo.

3 comentarios:

Chiringui dijo...

Parece una buena manera de empezar a comer.

Es curioso, pero si algo tienen en común todas las culturas, son los licores, menos los musulmanes, que se fuman su costo.

Gilito dijo...

Yo no se qué les habran contado de los españoles a los rumanos, pero es que en mi barrio han abierto otro restaurante rumano que se llama directamente DRACULA... pero no hay ni el más minimo detalle temático en su decoración... Se ve que les dicen... "tu ponle de nombre algo vampirico y veas como funciona..."

ana dijo...

COMO SE NOTA QUE NO TENEIS NI PUÑETERA IDEA DE NUESTRA CULTURA...SOLO SABEIS CRITICAR.YA ME GUSTARIA A MI VER COMO OS LO APAÑARIAIS EN MI TIERRA.MENOS MAL QUE NO TODOS LOS ESPAÑOLES SOIS ASI DE INCULTOS-LA CULTURA RUMANA NO SE REDUCE SOLO AL VAMPIRISMO ..