lunes, abril 02, 2007

La milla verde

"Joder, tío, a veces me recuerdas al negro de La milla verde". Con este cromático símil me definía a menudo Álmax, el guitarrista del grupo de heavy metal con el que toqué la batería durante 8 años.

Esta extraña comparación hacía referencia a una peculiaridad mía, que me acarrea bastantes disgustos y sinsabores, y que no es otra que una aguda sensibilización al dolor circundante, ya sea éste físico o espiritual. Soy como un acumulador de malas energías, como una esponja del mal rollo que se va empapando de la negatividad que la rodea a lo largo del día, llegando a la cama al final de la jornada chorreando mierda y transida por el peso del mundo.

Cuando Álmax me decía esto, yo no tenía ni idea de a qué se refería, pues aún no había visto esa película. Así que un buen día (seguramente más bien después de un mal día) me recogió y fuimos a su casa, donde nos esperaba una bolsa del F-nac conteniendo el DVD del film ya mentado y un ejemplar de la edición original del libro (antes de que lo reeditaran como La milla verde, aprovechando el tirón comercial de la película [incluso la portada era un fotograma de Forrest Gump ataviado de caracelero], ya fue editado en su día como El pasillo de la muerte, que no era otra cosa que la compilación de las seis mininovelas de la edición original británica, que se publicó de esta inusual forma como homenaje de su autor, Stephen King, a las novelas por entregas de su admirado Charles Dickens. Y ésa edición es la que guardo como un tesoro).

La verdad es que me encantaron tanto la película (que vimos ese mismo día en su casa con su mujer), como el libro (siempre he sido fan del retorcido fabulador de Maine); y me hizo mucha gracia la comparación con el gigantón John Coffey ("como el café, jefe, pero acabado en "y""). Aunque las comparaciones de Álmax siempre han sido un tanto peculiares: recuerdo que en una etapa un tanto confusa de mi biografía, me ganaba la vida fregando los suelos de los pubs de la cadena para la que trabaja uno de mis hermanos. Y una vez que vino Álmax a contarme alguna novedad respecto al grupo que no podía esperar, se horrorizó tanto de verme limpiando vómitos de borrachos, que me pegó una severa bronca, acusándome de ser "un mierda" porque, según sus palabras, era "injusto que una persona tan inteligente como tú malgaste su vida fregando suelos". (Permítaseme un breve digresión: la gente suele confundir a menudo la inteligencia con la cultura; y, por supuesto, si entendemos por cultura el haberse mal leído cuatro libros de mierda, haber agitado a conciencia la coctelera –añadiendo antes unas gotitas de alcohol- y pasarse la vida regurgitando en forma de diarrea mental lo que otros antes se han molestado en pensar y escribir). Aquel día se fue enfurruñado y también se pasó por la cadena francesa expendedora de cultura audiovisual, y después del trabajo me recogió y me llevó a su casa para obligarme a visionar El indomable Will Hunting; película que me gustó mucho, pero en la que no alcancé a encontrar ningún paralelismo con mi vida, excepto la fregona, claro.

Pero sí que tengo que reconocerle algo de razón en que tengo cierta remota afinidad con el negro de La milla verde; sólo que a diferencia de él, yo no necesito tocar con las manos sanadoras a las personas para poder revivir en forma de flashbacks a todo color el dolor que las artormenta. No, a mí me basta con una simple mirada a los ojos de mi interlocutor para poder recibir súbitamente una incómoda avalancha de las malas vibraciones que le aquejan, una dañina transferencia de sus lastimosas sensaciones sufridas en penurias pasadas, presentes y hasta futuras. Penas y dramas sin concretar, sin detalles, pero que se me muestran muy evidentes a mis "ojos". Es lo que tiene ser poseedor de poderes paranormales. Pero esta capacidad, este blue-tooth emocional, erosiona muchísimo al usuario, que al final de la jornada sólo le quedan ya ganas de despoblar la tierra para descansar en paz.

Y hoy lunes, estoy arrasado anímicamente, porque este fin de semana mi hipersensibilidad a los desórdenes emocionales ajenos (mi resplandor) ha sufrido un desgaste muy importante. Si esta noche me frieran como a John Coffey al final del libro, no me importaría demasiado, la verdad; quizás sólo así podría encontrar ese descanso del alma que se me muestra tan esquivo. (Bonita manera de empezar un lunes, jefe...).

3 comentarios:

Chiringui dijo...

Has visto cadena perpetua?

Micropene dijo...

Sí. Y también está basada en un relato taleguero del King.

Mr.Celofan dijo...

Yo tengo las seis mininovelas de las que hablas. Si te gusta King te recomiendo su ultima novela que lleva por título "Cell".

Si la lees y encuentras algún paralelismo con tu vida me avisas para no acercarme a tí.

Verificación de la palabra:

FILTOZA.

Cuanto menos curiosa palabra.