jueves, mayo 31, 2007

Horror vacui

Esta mañana me ha impresionado vivamente el cruel contraste entre la vida y la muerte. Ha ocurrido en un almacén del aeropuerto de esta ciudad, al que he tenido que acudir para solucionar un tema laboral (¿he dicho ya que Cripema y yo nos dedicamos al transporte internacional?).

Estaba allí esperando que aculara el vehículo que venía a depositar unas mercancías nuestras para exportación al lejano oriente; que, por cierto, no ha podido hacerlo hasta que por fin un guiri que había allí no ha retirado su todoterreno, con el que había venido a recoger sus perritos falderos, y que como la jaula especial que había comprado en Inglaterra para transportarlos en la bodega del avión no le cabía en el coche, me la quería regalar a mí (?!); pero le he agradecido el detalle con un simple “Gracias, pero yo no tengo animales que transportar” (cosa que no es del todo cierta, porque la casa de mi pareja, en la que vivo desde hace unos meses, parece el zoo de Nairobi).


La cuestión es que allí me encontraba charlando con el chófer, mejicano para más señas (“Cuanta chingada para un puto perro”, me decía, demostrándome su poca querencia hacia el reino animal y su pésimo nivel de usuario matemático, ya que era bien visible que los perros -que estaban delante de nuestras narices- eran dos, aunque idénticos (¿o era uno muy nervioso?); y en dos estaba compartimentada la aparatosa jaula, equipada con su par de mantitas perrunas y sus dispensadores de agua independientes), cuando me fijo que sobre un carrito, a escasos 2 metros de mis espaldas, yacía un ataúd, envuelto en una manta gris de ésas que usan los de las mudanzas. Y me dirijo al operario del almacén que tenía a mi lado y le hago la pregunta tonta del año: “¿Eso de ahí, es lo que parece?”. “Sí, señor. Un fiambre que tenemos que repatriar. Y la cajita de al lado, otro”. (Y me fijo y observo junto al féretro una pequeña caja de madera, no más grande que un servilletero de bar). “Bueno, las cenizas. Los hemos puesto juntitos para que se hagan compañía”. Y estalla en una sórdida carcajada que me ha dejado helado.

Y me ha invadido el horror y el vértigo de comprobar in situ ese dicho tan castizo de “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Porque mientras alguien que ya no puede decir esta boca es mía, yace rígido y frío en una caja de pino, empezando a dar cobijo en su cuerpo inerte a la fauna cadavérica; la vida sigue su curso a su alrededor, impasible, desafecta; haciendo resonar en su mortaja los chistes verdes, los piques futboleros y las irrespetuosas bromas macabras. D.E.P.

miércoles, mayo 30, 2007

Hoy quiero confesar

… que estoy enfurruñado. Y es que resulta que desde siempre, y aún no me explico por qué, la combinación de alcohol + café me pone de mala hostia. Y hoy no iba a ser menos.

Hemos ido a comer, y he tomado cerveza y vino. Y, tras el postre, café. Y como si de la poción del Dr. Jeckyl se tratara, a los pocos minutos la combinación de líquidos ha hecho su efecto y he empezado a notar cómo iba aflorando mi cascarrabias Mr. Hyde, y ya he empezado a despotricar de todo lo que se menea.

Y estando aquí, en la oficina, despotricando con Cripema, me he escuchado decir en un momento dado: “Es que hasta me irrita estar irritable”.

De la comida prefiero no comentar nada en este delicado momento de ánimo, pero sí diré que hemos ido a un centro para el desarrollo turístico que hay en esta ciudad, dotado de un simulacro de restaurante de cierto lujo, donde los alumnos (futuros profesionales de la restauración y la hostelería) te cocinan y sirven la comida. Por supuesto, no pagas por ejercer de conejillo de indias, y lo único que se te pide es que al final de la comida rellenes un formulario, valorando la calidad de la cocina y del servicio.

Y hoy que era último día por finalización del curso, supongo que se jugaban mucho, y que esto sería como una especie de examen final; por lo que ya pueden dar gracias los muchachos de que el formulario haya llegado a mis manos justo después del café, cuando todavía podía permitirme ser benévolo. Cosa que no pasó la vez anterior que acudimos allí, que al parecer se retrasó un poco más de la cuenta el papelito de marras, y cuando le pasaron el bolígrafo a Mr. Hyde, no recuerdo muy bien qué puso exactamente, pero se pegó una parrafada, que no le bastó el espacio destinado a las “observaciones/recomendaciones” y tuvo que continuar en el reverso del impreso. Y todo ello redactado con esa letra nerviosa y enojada, de puño alterado por la cafeína y el alcohol etílico, que la hacen casi ilegible. Hay que ser cabrón. (Nótese que aquí Mr. Hyde se está criticando a sí mismo con carácter retroactivo).

Bueno, os dejo, que no me aguanto ni yo mismo. En media hora estaré fuera de esta caverna infecta y seré libre para volver a encerrarme en un cuarto a oscuras a leer los "Silogismos de la amargura" de Cioran, y tramar algún plan enfermizo para despoblar la tierra de una vez por todas.

(Cripema no se ha dado cuenta porque lo tapan los tatuajes, pero ahora mismo se puede ver en mi antebrazo derecho un anómalo abultamiento de la piel que dice claramente "Help me", que es el Micropene corriente pidiendo a gritos somatizados ser librado del malasombra que lo posee en estos momentos; como la niña endemoniada de "El exorcista". Pero va a ser que no, porque el cerdo es mío!!).

martes, mayo 29, 2007

Reentrada en la atmósfera


Harley Davidson and the Marlboro Man tomando tierra en la península tras un intenso weekend ibicenco.

Imagen tomada por Cripema desde tierra firme, tras recuperar nuestros queridos borriquitos de acero del estómago de la ballena (también de acero). Nóteseme totalmente metido en mi papel de Motorista Fantasma; pero es que cada vez que me enfundo mi chupa "Perfecto" (mil gracias de nuevo, cariño), es como si me poseyera el espíritu del Melón Blando asalvajado. Y nótese también lo guapísima que luce "La Dolores" tras el desparasitado que le hice: le quité ¡6 águilas, 6! (como si fuera una corrida de toros: yo solo ante tanto pajarraco, que parecía que fuera a salir volando en cualquier momento la pobre Lola), que le había colocado su anterior propietario en un alarde de mal gusto norteamericanizado (con decir que una de ellas consistía en una cabeza sobre el guardabarros delantero, que llevaba una bombillita dentro para que se le iluminaran los ojitos rabiosos...). Cómo será la cosa que Gilito me ha dicho que va a poner en e-Bay el lote de rapaces, anunciándolo como "kit hortera". Así que, ya saben, si alguno se anima a convertir su moto en un espanto volador y mitológico, que nos lo haga saber, que le haremos precio de amigo.

El viaje genial, ligeramente empañado porque nuestra estancia se debía en parte para notificar en persona a "los muchachos" originales, que ya no queríamos seguir siendo sus "muchachitos" peninsulares. Y todo porque hemos comprobado que este tipo de asociaciones se rigen por unas normas internas (y externas) demasiado estrictas para nuestros espíritus indomables. Al final todo bien, tan amigos y que siga la fiesta.

Lo mejor de todo, para mí, la ruta matinal del sábado por toda la isla, con parada y fonda en un paradisíaco chiringuito, y con fin de trayecto en un restaurante al borde del mar (sobre la misma arena de la playa), donde comimos una paella más que aceptable. Ah, y el viaje de ida en el ferry, que -quizás por culpa de la nevera de Teddy- acabó desmadrándose un poco.

UPDATE BY CRIPEMA
Una vez más no podría estar mas de acuerdo con Micro: la ruta matinal estupenda.
Y es que no se que tiene La Isla Blanca que cada vez que la piso me engancha desde el minuto cero, tal vez sean los efluvios de tiempos pasados en los que los hippies la inundaron de paz, amor y psicotropicos...

Nos divertimos en el viaje de ida en la cubierta (descubierta) del Manuel Azaña, buscando gamusinos, escuchando delfines alrededor del barco (que resulto ser una musiquilla lejana que emanaba de los altavoces) y degustando embutidos ibericos (de Ibi) y licores Navarros (es decir, Pacharán)

Disfruté la ruta dando la vuelta a la isla y disfruté más observando a Micro y su señora a lomos de su borriquito de acero surcando los caminos de la Ibiza rural señalandonos mutuamente flores y casas payesas que relucian con el sol de la isla. Tras llegar al punto mas alto en Sant Josep de Sa Talaia, se abrió el mar ante nosotros, dibujando el horizonte azul, perfecto, tranquilo..
En Cala LLondal fuimos felices con unas cervezas y unos cacahuetes y junto al Bora Bora y a pie de playa degustamos una paella (ibicenca??) la cual nos reconcilió con unos estomagos ya altamente castigados por los gases de la cebada fermentada.
Los conciertos del Divino, valieron la pena solo por conocer uno de los templos de la noche ibicenca, aunque allí el tercio se cotizaba a cuatro euros y a esas alturas las economias ya no estaban para muchos trotes.
De nuevo el domingo cayendo ya la tarde, Don Manuel Azaña nos devolvió a tierra a firme. Llegamos algo cansados, pero contentos, muy contentos.



viernes, mayo 25, 2007

Día del Orgullo Friki


Coincidiendo con el XXX aniversario del estreno de "La guerra de las Galaxias" se celebra hoy, 25 de mayo, el Dia del Orgullo Friki. (Cripema...,¿Dónde has guardado mi sable laser?)

jueves, mayo 24, 2007

Todos a Ibiza!!

Mañana viernes nos vamos a Ibiza la casi totalidad de “l@s muchach@s” (¿así te gusta más, Cripema? ¿Con esas horribles arrobas políticamente correctas?). Asistiremos al fiestorro anual que organiza la casa madre de “los muchachos”, que tiene su sede allí.

La verdad es que tengo unas ganas terribles de ir, porque sólo he estado una vez en la capital mundial de la fiesta y fue hace ya muchos años, en la despedida de soltero de un gran amigo (el hermano de Cripema, para mas señas); y mis recuerdos de aquella estancia no podrían ser mejores.

Así que ya les hemos colgado las alforjas a nuestros borriquitos metálicos, para meter las toallas, las chanclas y el Resalin, y para allá que nos vamos…

martes, mayo 22, 2007

Pues no me lo creo

El novio de La Juani ahora se ha hecho poli duro en una teleserie. Pues no me creo el personaje. En "Yo soy la Juani" quedaba muy bien el chaval, pero este papel de "poliquesesaltaelprocedimiento" le viene grande. El resto de los actores están mil veces mejor aunque la serie sea un rollo. Creo que Cuatro la ha cagado. Menos mal que tienen muchos médicos y médicas en la parrilla.

Sábado motero*

(*R.A.E.: motero2, ra. 1. adj. Apasionado de la moto2. U. t. c. s.)

El pasado sábado mi queridísima esposa tuvo el detallazo de organizar una barbacoa en el jardín de su casa, para “los muchachos”, sus “muchachas” y sus “muchachitos”, con la inestimable presencia de destacados miembros de la Mötley Crüe (fue una curiosa combinación, porque más mötley (pintoresca) la crüe (pandilla) no podía ser).

Y entre carnuja a la brasa y cervezas heladas (por cierto, si os ha llegado por e-mail o cualquier otra vía el truquito ése de añadir sal y cubitos de hielo al agua para enfriar más rápidamente las bebidas, por no sé qué rollo de la transferencia térmica de la sal al disolverse, ya podéis olvidarlo porque es un puta mierda. Donde esté un buen congelador que se quite la física, la química y demás zarandajas); decía que entre chorizos criollos, morcillas de cebolla y chuletas de cordero regadas con generosas cantidades de jugos de cebada y uva; y mientras nosotros nos abrasábamos no menos que la carne, bajo un sol que más que tostar, freía (por los aceites bronceadores con los que nos untamos; ellos –algunos- descamisados y ellas –todas- en bikini), se habló de muchas cosas, pero en especial e inevitablemente de motos, motoristas y clubs de lo primero y lo segundo.

Y en un momento dado, yo que no tengo ni puta idea de todo eso, porque soy un recién acoplado al mundillo, y no sabía cómo meter la cuchara en la conversación, suelto: “Yo es que soy un motero de los de antes… de los de antes de ayer, que fue cuando me saqué el carnet”.

Más tarde, algunos de “los muchachos”, con nuestras “muchachas”, acudimos a lomos de nuestros borriquitos de acero al mítico pub Daytona de Benidorm, donde se celebraba una fiesta motera, organizada por un club de moteros, para los moteros; de los de antes…

viernes, mayo 18, 2007

La clave de nuestra economía

Ni el empollón de Montoro con sus advertencias sobre la inviabilidad del actual sistema de pensiones; ni las predicciones catastrofistas (que, por desgracia, luego se han cumplido) de Rodrigo Rato sobre el previsible redondeo del euro y la picaresca para con su uso; ni cualquier otro sesudo estudio de macroeconomía pasado, presente o futuro podría ilustrar mejor el problema de incompatibilidad del talante ibérico con el ahorro, que la siguiente conversación, escuchada por un servidor no hace mucho a las puertas de un lúgubre bar de polígono industrial (leánse todos los personajes con voz cazallosa y achispada):

(Mal ahorrador ibérico nº 1): "Que no me déis nada, que he dicho que invitaba yo".

(Mal ahorrador ibérico nº 2): "Pero hombre, toma. Que tu has dicho que pagabas los "cacharros". (= combinados de bebida alcohólica + refresco. Para ustedes, cubatas).

(M.A.I. nº 1): "¿Te quieres estar quieto ya? Eso es aparte. He dicho que invitaba yo, y he invitado. Y luego los "cacharricos" también.

(M.A.I. nº 3): "Bueno, pero luego yo pago otra ronda".

(M.A.I. nº 2): "Pues yo otra".

O sea, que lo que se hubiera arreglado pagando cada uno su café (¿carajillo quemado, quizás?), seguro que por un mal entendimiento patrio de conceptos contables como el medio y largo plazo, los números rojos o la morosidad; acabaría como el rosario de la aurora, ronda va, ronda viene, en el puticlub Liberty (sito en el mismo polígono, por cierto. Y por su aspecto exterior, no menos lúgubre que el bar).

Así nos va la economía. (
Y mira quién lo dice, Mr. "Otra-Ronda-Que-He-Cobrao"...).

miércoles, mayo 16, 2007

¡Aprobé!

Por fin el martes solucioné mis diferencias con la autoridad vial y salí victorioso de su ridícula prueba para ratas amaestradas. Cómo será la cosa que mientras realizaba el circuito iba tarareando para tranquilizarme una melodía circense (tito-tito-tíroríii...), porque no conseguía quitarme de encima la imagen de Hommer Simpson realizando atemorizado el truco del girociclo ante el capo mafioso de Springfield.

Y para mi sorpresa logré vencerme a mí mismo (que soy mi peor enemigo) y a la presión de pensar en cómo se me complicaría la cosa en caso de fracasar por tercera vez (entre otras cosas porque Tráfico penaliza a los reincidentes con no poder presentarse de nuevo a examen hasta pasado el tiempo que ellos consideran oportuno (supongo que es para reflexiones sobre lo burro que puedes llegar a ser…), y que en el caso de un tercer desastre sería de 21 días castigado de cara a la pared. Castigo altamente incompatible con este billete de Ferry que tengo en el cajón, que especifica claramente que es para un embarque a Ibiza a finales de Mayo de 2 personas (mi santa y servidor) y una motocicleta de tales dimensiones y tal matrícula, añadiendo (no precisamente en letra pequeña) que la reserva no permite modificación ni reembolso en caso de cancelación).

Así que, desoyendo las contradictorias indicaciones de última hora de la persona que vino a presentarnos a la prueba de parte de la autoescuela, decidí seguir adelante con mi “estrategia del jabalí” (tirar palante hasta el final sin levantar la cabeza ni pensar en las recomendaciones recibidas, y esperar que mi libre interpretación de cómo superar los obstáculos del recorrido fuera del agrado de los examinadores), y resultó que funcionó bien. Aunque a puntito estuve de cagarla con mi vehemente celebración cuando, al acabar el circuito con una abrupta frenada de emergencia, vi al del autoescuela con el pulgar en alto, como un cónsul romano, adelantándome con mímica que estaba aprobado. Entonces se rompieron de golpe todos los diques que habían estado conteniendo mis nervios esa mañana (qué coño, y todas estas semanas pasadas) y empecé a berrear como un poseso y a golpearme el casco como si fuera Alonso tras ganar algún gran premio. Y una vez que ya fue oficial y el funcionario dijo mi nombre en alto, seguido de un lacónico “Aprobado”, ya me desaté del todo y empecé a dar brincos como un guerrero Masai y a abrazar a todo el mundo como si estuviera loco.

Y he comentado antes lo de las indicaciones contradictorias, porque, debido a mis chanchullos habituales, y para evitar tener que volver a examinarme en el solar oriolano (que está maldito porque estoy convencido de que asfaltaron encima de algún cementerio indio), hice un tejemaneje para presentarme por otra austoescuela (cosa que, como pude comprobar, no es habitual; pero debería añadir que al dueño del primero lo acabé mandando a la mierda en pleno acaloramiento de mi segundo fracaso, y digamos que desde entonces las relaciones no eran del todo cordiales) y cada nuevo profesor o empleado que me he ido encontrando me daba nuevos y distintos consejos, incompatibles y contradictorios entre ellos.

En fin, que ya soy motorista oficial, que ya estoy provocando mis primeros riesgos circulatorios sobre dos ruedas y que estoy loco por estrenar el regalo que mi queridísima mujer me ha hecho para celebrarlo.

Ahora sí, destellos y uves para todos (jajajaja…).

martes, mayo 15, 2007

El caos no cesa

El domingo hubo jolgorio del bueno en Melrose Place. Se celebró el cumpleaños de nuestro querido camarada Elöy (así lo escribe él). Como salió un magnífico día primaveral, calentamos motores en la terraza de la piscina, mientras Pablito, consumado chef, preparaba en la cocina los mejores gazpachos manchegos que recuerdo haber comido, aderezados con las serranas que había recogido hace unos domingos en el campo un comando caótico, tras un sábado intensamente pluvioso (las serranas son las delicatessen entre los aficionados a comer caracoles, y cuentan las leyendas que en los restaurantes se cobran estas tapas a 1 petroeuro por unidad de gasterópodo serrano).

Estando en la terraza, medio en pelotas y disfrutando de unas cervezas heladas (con sus preceptivas olivas y patatas) entre bromas y conversaciones absurdas de las nuestras, la realidad irrumpió súbitamente en nuestro bonito día, cortándonos el rollo un poco a todos. Y todo porque a una mujer que se hospedaba en el hostal (del que dependen el bar y su terraza) le patinó mucho la cabecita loca y montó un numerito bastante triste; con amenazas de suicidio incluidas. Ni siquiera sus familiares lograban hacerla entrar en razón y al final se hizo necesaria la intervención del SAMUR y una patrulla de la policía nacional. Hasta que lograron llevársela, esta señora se acercó repetidas veces a nuestra mesa para hacernos partícipes de sus delirios, y nos apenó mucho constatar lo fácilmente que te puede jugar una mala pasada algo tan delicado como es el cerebro humano. Era tal la velocidad a la que se le amontonaban los conceptos desordenados en la cabeza, tal la fuga de ideas que aunque disparaba palabras como una ametralladora y sin interrupción, no lograba hilvanar un solo pensamiento coherente y desvariaba de mala manera. Y para más inri y añadir más dramatismo a la situación, la mujer tenía breves destellos de lucidez en los que comprendía que estaba montando un espectáculo lamentable (“circo” lo llamó ella en repetidas ocasiones), pero reconocía no poder evitarlo (para que se entienda, sólo diré que el “circo”, entre otros muchos desmanes, incluyó tirarse vestida a la piscina, mientras gritaba que ya no se drogaba y que sólo quería nadar, mientras sus familiares desde el borde trataban de hacerla salir; o gritar repetidas veces que lo que necesitaba era un hombre que se la follara ya).

Una vez alejado el problema (“resuelto”, por desgracia, no es la palabra), y tras un refrescante bañito en la piscina, procedimos a hincarle el diente a los gazpachos. Y después de deshacernos en elogios hacia el autor, pasamos a las copas, lo que provocó el momento surrealista de la tarde. Y todo porque el mueble-bar de Melrose aglutina la colección de botellas más extravagantes que se pueda imaginar. Quitando una botella de ginebra Gordon’s (adornada con un espantoso lazo con floripondio* (?!)), y una caja vacía de Chivas, el resto de marcas allí presentes son irreconocibles para el borracho patrio más curtido. Unos licores de vivos colores con unas etiquetas en las que aparece el rostro en blanco y negro de una anciana con cara de malas pulgas, y rotuladas con unos nombres ilegibles, que nadie se atrevió a probar (bueno, miento, yo sí probé el amarillo y aún me estoy arrepintiendo); botellas de brebajes en teoría reconocibles por su color u olor, pero cuyas etiquetas más que dar pistas sobre el contenido aumentan la confusión; marcas blancas de Dios sabe qué economatos; y otros horrores líquidos que nos hicieron pasar un buen rato sin necesidad de destaparlos. Imaginad las carcajadas generales cada vez que el barman (éste que suscribe) sacaba del mueble una nueva pieza de la colección, acompañándola del correspondiente comentario jocoso o conjeturas sobre su procedencia, ante un alterado auditorio de gargantas secas.

Pues así, a la risa a la risa, y tras descartar botellas (y cajas) vacías, otras medio acabadas que no daban ni para dos chupitos, y otras llenas (demasiado llenas para el tiempo que llevan allí) a las que no había cojones de meterles mano, nos dimos cuenta de que no teníamos nada potable con lo que remojar la sobremesa. Así que, tras una recolecta de fondos, un comando especial partió urgentemente y resolvimos comprando limón granizado y pipermín para elaborar las traicioneras “lechugas”; que, al igual que todos los combinados dulces, y éste con el agravante de estar fresquito, vas bebiendo, vas bebiendo, y cuando te quieres levantar de la silla para mear llevas ya una caraja de espanto. Ah, y horchata y fartons para los más golosos.

Después, lo típico, liguilla de fútbol virtual, mientras los profanos debatíamos de lo divino y lo humano, hasta que cada mochuelo se iba volviendo a su olivo.

La verdad es que lo pasamos muy bien, y aunque uno se siente como en casa allí, me dio pena pensar que ya no soy habitante oficial de la Mancomunidad desde hoy hace exactamente 15 días. Voy a echar de menos esas habituales reuniones multitudinarias de buena gente. Multitudinarias porque, a pesar de las notables y numerosas ausencias, el domingo, como el que no quiere la cosa, nos juntamos 15 personas allí; y habituales porque sin ir más lejos, anoche (¡lunes!), con la excusa de que dos de los miembros deben retirase una temporada de la vida disipada para hincar los codos de cara a una inminente oposición, se volvió a armar la marimorena allí.

(* Me estuve riendo un buen rato con una ocurrencia del siempre genial Delrieu, a costa del lazo de la ginebra. En un momento dado, se gira hacia Elöy, le extiende el floripondio y le dice muy serio: "Toma, con esto y una persona, ya tienes una novia").

viernes, mayo 11, 2007

Mi "alma gemela"

De toda la vida que yo recuerde, mi familia ha dicho que soy igualito, igualito que mi primo Jesús. Lo siento por él, por la parte que le toca; y más lo siento por la parte que me toca a mí, ya que se refieren exclusivamente al carácter y la personalidad, y no al físico (Jesús es un tiarrón alto y elegante, y yo soy… bueno, qué os voy a contar, si ya me tenéis muy visto).

Otra diferencia nada desdeñable es que él es lo que nuestra sociedad considera un triunfador: casado con una mujer maravillosa, ambos con profesiones interesantes y bien remuneradas, con dos hijos, rodeados siempre de confort y buen gusto, sanos y proclives a aficiones pacíficas y enriquecedoras espiritualmente, etc, etc… Y yo… pues lo dicho, qué os voy a contar que no sepáis ya…

Pero, sin embargo, en lo esencial de nuestras idiosincrasias (sí, la palabreja también se puede aplicar a individuos) somos muy parecidos. Una cosa que me llamó la atención la primera vez que visité su casa, mientras husmeaba en su nutrida y envidiable biblioteca, fue la gran cantidad de títulos que tenemos en común. Y eso le hace pensar a uno qué es lo que hace que dos personas separadas geográficamente por todo lo ancho de la piel de toro, cuando entran en una librería, de todos los millares de libros que hay allí a su disposición, acaben eligiendo los mismos (quizás los míos en otra edición más modesta, por lo de siempre). Y esto es extensible grosso modo a nuestros gustos en artes plásticas y audiovisuales.

Otro fenómeno curioso es que aunque, debido a la distancia terrestre que nos separa, puedan pasar meses, ¡y años!, sin encontrarnos (cosa que no sería excusa hoy en día, al menos virtualmente, debido a las nuevas tecnologías; pero ese es otro rasgo propio de nuestro carácter: conocemos mutuamente móviles y direcciones electrónicas, pero sólo nos contactamos para lo imprescindible); pues decía que pueden pasar años sin vernos que no pasa nada, porque nada más reencontrarnos, nos relacionamos como si nos viéramos a diario; y desde el minuto uno del encuentro uno se relaja y disfruta con su compañía, sin necesidad de romper ningún hielo (y eso que es bien sabido que la distancia y el tiempo es muy propenso a formar escarcha sobre los lazos y las memorias).

Recuerdo con placer nuestras mágicas conversaciones, generosamente regadas en la barra de algún pub, que se prolongan hasta horas altas e intempestivas. Es en esos momentos, después de sorprendernos por la cantidad de intereses comunes, anécdotas similares y, sobre todo, ese punto de vista tan semejante sobre la vida en general y sobre muchos de sus lances en particular; cuando uno acaba concediéndoles cierta razón a los familiares (de ambas partes) que nos etiquetan de “almas gemelas”.

Así que aprovecho esta tribuna para enviarle un abrazo a mi “alma gemela” (que me ha dicho un pajarito que voló allende la meseta no hace mucho, que nos lee de vez en cuando), y decirle que, si nada se tuerce, espero poder dárselo pronto en persona, ya que estoy tramando para este verano una escapadita con mi mujer a Portugal a lomos de “La Dolores” (como ha sido formalmente bautizada mi burra, a raíz de los no pocos quebraderos de cabeza que me está acarreando sacarla adelante).

miércoles, mayo 09, 2007

Qué inventos

Yo alucino cada día más con las nuevas tecnologías para la comunicación instantánea. No sé si os habéis fijado en el Twitter. Esas ventanitas de vivos colorines de la derecha, que permiten, nada menos, saber al momento qué hacía Gilito hace 19 días o qué le pasaba por la cabeza a Cripema hace 25...

martes, mayo 08, 2007

Vacaciones en el bar

Como ya no necesito disimular, al fin puedo confesar aquí que, además de pijo bocazas, soy católico apostólico y romano, ferviente defensor de los valores de la familia tradicional, castrense, pro-taurino y monárquico a ultranza. Y precisamente por esto último, el pasado sábado acudí con mi santa esposa a una cena presidida por su Majestad la Reina Fabiola de todos lo belgas. La monarca beneluxina asistió al acto de entrega al museo alicantino MARQ del premio al mejor museo europeo del año 2006. El evento tuvo lugar en la recién rehabilitada Estación Marítima del muelle de Levante del puerto de esta ciudad, que ahora ejerce de salón de actos y celebraciones para las francachelas a cargo del humilde contribuyente, que tiene a bien organizar constantemente la Excelentísima Diputación Provincial para agasajar a los de mi alcurnia como merecemos, por el enorme mérito de haber nacido en una cuna y no en otra.

Como es bien sabido, a los que somos de rancio abolengo no nos basta con que se le entregue una placa al museo, aplaudir y todos a dormir, no. Nosotros tenemos que celebrar estas ocasiones por todo lo alto, despilfarrando el dinero como si no saliera de nuestros bolsillos, con una cena desorbitadamente lujosa (pero en absoluto opípara), una barra libre nutrida de esas marcas que no se encuentran en el DIA, servida en una preciosa terraza sobre el mar, y el castillo de fuegos artificiales más impresionante que nunca habían visto estos ojos (o hacía mucho tiempo que no veía este tipo de espectáculos o la pirotécnica ha evolucionado muchísimo, porque quedé estupefacto ante tal despliegue de pólvora empleada por una vez para el bien y el disfrute de los de mi casta, y no para hacernos volar por los aires).

Para evitar hacer esto muy largo, resumiré la intensa velada diciendo que compartimos mesa con dos parejas de ultrapijos, de los que había que ver y escuchar para poder creer (empezaba a pensar que no existía gente así en el mundo real; que eran una leyenda urbana), más una de aspirantes advenedizos que daban casi más asco-pena que los de verdad (aún me duele el tobillo izquierdo por las pataditas que me propinaba mi señora, cada vez que un horror brotaba por alguna de esas seis boquitas colagenadas; ¿no te bastaba con morderte la lengua?); que el protocolo y la seguridad que acompaña a esta ralea resulta sofocante (en uno de mis despistes [y supongo que de los de seguridad también] casi me doy de bruces con la venerable señora coronada, cuando bajaba atarantado unas escaleras, ante la cara de horror de toda la comitiva de lametraserillos); que hoy en día se asocia una cena de postín con comer muy poco y muy mal, pero presentado todo estrafalariamente (mis padres toda la vida riñéndome por jugar con la comida, y resulta que ahora es de lo más in. Menos mal que la selección de vinos fue excelente); y que en definitiva el dinero procedente del erario público se dilapida muy alegremente.

También me chocó bastante que debido al estricto protocolo se sometiera a tan insignes invitados a incongruencias e incomodidades; como tener que hacer uso tanto hombres como mujeres de los aseos de señoras, hasta cierto momento de la gala y por motivos de seguridad (?!); o que a pesar de acudir todo el mundo a la cita al volante de sus flamantes cochazos recién encerados, se nos obligara a dejar los vehículos en una zona del muelle bastante alejada del destino, y nos trasladaran hasta allí en un autobús (los últimos viajes ya deprisa y corriendo, con la gente hacinada y de pie, amontonada en el pasillo como en un tren pakistaní), porque por lo visto una vez llegada la reina no se permitiría a nadie más la entrada al recinto. Y podías contemplar desde el autobús a los impacientes que prefirieron no esperar su turno, recorrer el largo y desolado muelle a oscuras, ataviados con sus mejores galas, en vivo contraste con el decorado típico portuario de silos graneleros, palets mojados y ratas como conejos).


Como recuerdos positivos me quedo con lo bien atendidos que estuvimos por una camarera muy maja a la que, al final de la cena, le comenté que si, al igual que existen hojas de reclamaciones para protestar por un mal servicio, no había algún formulario para exaltar y agradecer su buen servicio (como el que presenté en su día en Terra Mítica para dejar constancia del buen hacer de la camarera que nos atendió en uno de los restaurantes). Me dijo que no, pero que si se lo decía a su jefe me lo agradecería mucho, y me señaló a un tipo trajeado con pinganillo en la oreja que se pasó toda la velada muy tenso y abroncando a todo el mundo mal disimuladamente. Y así lo hice, y el hombre se mostró gratamente sorprendido por mi iniciativa; al parecer muy poco frecuente en esos ambientes, en los que sin embargo no falta ocasión para invertir la misma cantidad de energía en el sentido contrario, y despotricar acaloradamente por cualquier descuido o minucia.

También me quedo con el recuerdo de presenciar el castillo de fuegos de artificio (que, insisto, me pareció impresionante) cómodamente sentado con mi mujer en un sofá de la terraza, que asomaba sobre la superficie del mar, con una copa en la mano y un cigarro en la otra. Y sobre todo, con la actitud con la que afrontamos nosotros dos la velada: tratar de pasarlo bien a pesar de ser un compromiso laboral de mi pareja, no dejarnos avasallar por el engolado ambiente y reírnos de todo y de todos (había por allí unos cardados imposibles que hubieran hecho las delicias de nuestro querido Natxo Lara. En concreto en la mesa del lado había dos señoras que parecían marcianas recién salidas de Mars Attacks).

viernes, mayo 04, 2007

vas a la mani?

Si vivieramos en Madrid (y aún viviendo en Alicante) sería de lo más común oir esta pregunta habitualmente...porque vamos....no hay telediario en que no saquen un par de ellas, sobre todo los de los fines de semana, porque se aprovechan los fines de semana para manifestarse. Y lo peor de todo es que la mayoría se fundan en una causa muy digna....pero....por favor, que alguien me diga cuantas cosas se han solucionado por una manifestación. Yo creo que muy pocas, o como en el chiste "una o ninguna", por lo que sinceramente me gustaría que alguien me confirmara que realmente sirven para algo, así lo comprendería del todo. Y digo del todo porque sé que además de ser un derecho constitucional (ahí es ná), es el "derecho al pataleo" que nos queda como ciudadanos del mundo. Pero sinceramente creo que hay otros medios, posiblemente más eficaces de encontrar una solución que "quien corresponda" conozca lo que piensa y siente la gente ¿cuándo ha importado eso?

Me han desenmascarado

No podía durar mucho mi farsa. Todo aquel riguroso adiestramiento en las técnicas del enemigo, que recibí en la Fundación para la Ley y el Orden Neoliberal, no me han servido de mucho.

A pesar de mis completos disfraces de hippy costra, buenrollero y tribalista; todos esos chándals guarros, porros y malabares, no han sido suficientes para que algún avispado agente de la irreductible resistencia obrera me haya desenmascarado como lo que realmente soy: un niño de papá, charlatán y trolero.

Este insigne obrero, supongo que recién salido de alguna profunda y oscura galería de Riotinto, con las manos aún tiznadas de hulla, y un poco atolondrado por la inhalación de grisú, ha conectado inmediatamente su sofisticada PDA proletaria, y mediante un buscador anarquista ha rastreado la presencia en la red de pijos bocazas, hasta dar conmigo y desenmascararme por fin. Y hay que agradecerle a este héroe obrero que haya hecho su denuncia desde el talante y el -tan necesario- sentido del humor, alejándose muy mucho de esas furibundas diatribas rancias, amargas y cejijuntas, tan propias de su zafia clase de descamisados resentidos con los de mi alcurnia.

Así que he llamado inmediatamente a mis esclavos para que me preparen raudos el equipaje, ya que debo abandonar mi misión de rico empresario infiltrado entre la miserable clase obrera y regresar a mi escondrijo en un latifundio subterráneo bañado en oro.

Perdonad si la transmisión no es perfecta ya que este texto lo estoy dictando a un carísimo software de última generación que he instalado en mi planeadora supersónica con quilla de titanio engarzada de diamantes, mientras me sangra la nariz por mi reciente implante de platino en el tabique.

Ay, qué dura es la vida de dandy esteta y diletante… perdón, quería decir de pijo bocazas.

jueves, mayo 03, 2007

Un fantasma recorre Europa

Durante los últimos 11 días de vacaciones que disfruté el pasado año, estuve leyendo intensamente a y sobre Karl Marx. Figura histórica no suficientemente ponderada, cuando no denostada, cuyo influyente pensamiento acarreó unas mejoras sociales de las cuales nos beneficiamos aún hoy en día la clase obrera, sin rendir el debido agradecimiento al sabio de las barbas guarras. Y que conste que clase obrera somos todos (bueno, casi todos), aunque le duela reconocerlo al yuppie trajeado que va con su blackberry y su portátil de aeropuerto en aeropuerto; porque una persona que tiene que ponerse el despertador todas las mañanas laborables para ir a crear una riqueza de la que no se beneficia más que en una mínima parte, sin ser dueño de los medios y herramientas necesarios para generarla; por mucho que le incomode el término es un “obrero”. Y lo seguirá siendo hasta que no dé el salto (si es que puede permitírselo) al bando del, reconozcámoslo ya, enemigo: los empresarios; aquéllos para los que otros se lo guisan y ellos se lo comen. Y algunos, francamente, demuestran tener un apetito voraz, sino insaciable.

Aquellas lecturas me inspiraron la idea de escribir un macropost de los míos (es decir, insufriblemente largo y plúmbeo) en el cual verter mi particular -y subjetivisíma- interpretación del marxismo. Pero mi ajetreo habitual hizo inviable tan titánica tarea y aparqué temporalmente la idea. Y me debió pasar como tantas veces en los parkings de los hipermercados, que después no recuerdo dónde he aparcado, porque había olvidado el asunto por completo. Hasta que el pasado martes, primero de Mayo, paseando con mi señora por las ramblas de mi ciudad, nos cruzamos con una ¿manifestación?, ¿celebración?, ¿simple murga? sindical, que desfilaba precedida por un combo de dolcainas (¿dónde está la “c trencada” en este teclado?) y tabalets que interpretaban con irregular pericia el inevitable hit proletario, La Internacional.

Esa música me ayudó a encontrar el coche, y me volvió a rondar el tema de escribir el tocho dedicado al autor del mayor tocho inextricable de la historia de la literatura universal: El Capital (que contiene párrafos que no le andan a la zaga a aquél legendario galimatías de su primo lejano Groucho: “La parte contratante de la primera parte…”). Y ese primer día de Mayo hubiera sido perfecto para escribirlo y colgarlo aquí, pero me fue imposible por diversos compromisos y porque semejante empresa requiere tiempo, sosiego y clarividencia; y últimamente no ando muy sobrado de ninguno de ellos.

Así que ya están amenazados de que en cualquier momento emborronaré esta misma pantalla con los churretones de mi diarrea mental, y les haré hervir la sangre con mis ínfulas de intelectualoide de garrafón, que se cree capaz nada menos que de reinterpretar aquí, con cuatro tonterías mal hilvanadas y algún que otro chascarrillo bobo, el magno pensamiento del sabio renano, al que –insisto- tantísimo le debemos. Y sin embargo no veo yo que lo saquen en procesión, como hacen con el otro humanista protomártir; con el que el fundador del comunismo tiene en común algo más que la barba; mucho más de lo que la gente quiere creer (a pesar de su célebre sentencia de que tener fe en el nazareno no era más que “opio para el pueblo”).

Hala, ya pueden seguir con sus quehaceres de lumpenproletariat desmemoriado.