martes, mayo 15, 2007

El caos no cesa

El domingo hubo jolgorio del bueno en Melrose Place. Se celebró el cumpleaños de nuestro querido camarada Elöy (así lo escribe él). Como salió un magnífico día primaveral, calentamos motores en la terraza de la piscina, mientras Pablito, consumado chef, preparaba en la cocina los mejores gazpachos manchegos que recuerdo haber comido, aderezados con las serranas que había recogido hace unos domingos en el campo un comando caótico, tras un sábado intensamente pluvioso (las serranas son las delicatessen entre los aficionados a comer caracoles, y cuentan las leyendas que en los restaurantes se cobran estas tapas a 1 petroeuro por unidad de gasterópodo serrano).

Estando en la terraza, medio en pelotas y disfrutando de unas cervezas heladas (con sus preceptivas olivas y patatas) entre bromas y conversaciones absurdas de las nuestras, la realidad irrumpió súbitamente en nuestro bonito día, cortándonos el rollo un poco a todos. Y todo porque a una mujer que se hospedaba en el hostal (del que dependen el bar y su terraza) le patinó mucho la cabecita loca y montó un numerito bastante triste; con amenazas de suicidio incluidas. Ni siquiera sus familiares lograban hacerla entrar en razón y al final se hizo necesaria la intervención del SAMUR y una patrulla de la policía nacional. Hasta que lograron llevársela, esta señora se acercó repetidas veces a nuestra mesa para hacernos partícipes de sus delirios, y nos apenó mucho constatar lo fácilmente que te puede jugar una mala pasada algo tan delicado como es el cerebro humano. Era tal la velocidad a la que se le amontonaban los conceptos desordenados en la cabeza, tal la fuga de ideas que aunque disparaba palabras como una ametralladora y sin interrupción, no lograba hilvanar un solo pensamiento coherente y desvariaba de mala manera. Y para más inri y añadir más dramatismo a la situación, la mujer tenía breves destellos de lucidez en los que comprendía que estaba montando un espectáculo lamentable (“circo” lo llamó ella en repetidas ocasiones), pero reconocía no poder evitarlo (para que se entienda, sólo diré que el “circo”, entre otros muchos desmanes, incluyó tirarse vestida a la piscina, mientras gritaba que ya no se drogaba y que sólo quería nadar, mientras sus familiares desde el borde trataban de hacerla salir; o gritar repetidas veces que lo que necesitaba era un hombre que se la follara ya).

Una vez alejado el problema (“resuelto”, por desgracia, no es la palabra), y tras un refrescante bañito en la piscina, procedimos a hincarle el diente a los gazpachos. Y después de deshacernos en elogios hacia el autor, pasamos a las copas, lo que provocó el momento surrealista de la tarde. Y todo porque el mueble-bar de Melrose aglutina la colección de botellas más extravagantes que se pueda imaginar. Quitando una botella de ginebra Gordon’s (adornada con un espantoso lazo con floripondio* (?!)), y una caja vacía de Chivas, el resto de marcas allí presentes son irreconocibles para el borracho patrio más curtido. Unos licores de vivos colores con unas etiquetas en las que aparece el rostro en blanco y negro de una anciana con cara de malas pulgas, y rotuladas con unos nombres ilegibles, que nadie se atrevió a probar (bueno, miento, yo sí probé el amarillo y aún me estoy arrepintiendo); botellas de brebajes en teoría reconocibles por su color u olor, pero cuyas etiquetas más que dar pistas sobre el contenido aumentan la confusión; marcas blancas de Dios sabe qué economatos; y otros horrores líquidos que nos hicieron pasar un buen rato sin necesidad de destaparlos. Imaginad las carcajadas generales cada vez que el barman (éste que suscribe) sacaba del mueble una nueva pieza de la colección, acompañándola del correspondiente comentario jocoso o conjeturas sobre su procedencia, ante un alterado auditorio de gargantas secas.

Pues así, a la risa a la risa, y tras descartar botellas (y cajas) vacías, otras medio acabadas que no daban ni para dos chupitos, y otras llenas (demasiado llenas para el tiempo que llevan allí) a las que no había cojones de meterles mano, nos dimos cuenta de que no teníamos nada potable con lo que remojar la sobremesa. Así que, tras una recolecta de fondos, un comando especial partió urgentemente y resolvimos comprando limón granizado y pipermín para elaborar las traicioneras “lechugas”; que, al igual que todos los combinados dulces, y éste con el agravante de estar fresquito, vas bebiendo, vas bebiendo, y cuando te quieres levantar de la silla para mear llevas ya una caraja de espanto. Ah, y horchata y fartons para los más golosos.

Después, lo típico, liguilla de fútbol virtual, mientras los profanos debatíamos de lo divino y lo humano, hasta que cada mochuelo se iba volviendo a su olivo.

La verdad es que lo pasamos muy bien, y aunque uno se siente como en casa allí, me dio pena pensar que ya no soy habitante oficial de la Mancomunidad desde hoy hace exactamente 15 días. Voy a echar de menos esas habituales reuniones multitudinarias de buena gente. Multitudinarias porque, a pesar de las notables y numerosas ausencias, el domingo, como el que no quiere la cosa, nos juntamos 15 personas allí; y habituales porque sin ir más lejos, anoche (¡lunes!), con la excusa de que dos de los miembros deben retirase una temporada de la vida disipada para hincar los codos de cara a una inminente oposición, se volvió a armar la marimorena allí.

(* Me estuve riendo un buen rato con una ocurrencia del siempre genial Delrieu, a costa del lazo de la ginebra. En un momento dado, se gira hacia Elöy, le extiende el floripondio y le dice muy serio: "Toma, con esto y una persona, ya tienes una novia").

2 comentarios:

Cripema dijo...

Jajajaja es que si Delrieu no existiera, habría que inventarlo.Que gran personaje! (y mejor persona)

aprilia dijo...

A mí me lo vas a contar( lo de delrieu...)
La verdad es que fue un día muy chulo, aunque lo de "La PILI" me dejó un poco de mal cuerpo...pobreta, y lo peor de todo es que aunque Micro la define como señora, tendría más o menos nuestra edad...trenita y pocos, le ha pasado como cuando hablán de las muertes en el telediario...que si tienes treinta eres una señora y cincuenta un anciano...pues debe ser eso...que cuando pasan cosas malas...les echamos más años encima a la hora de describirlos, como si no tuvieran bastante con lo que les ha pasado. Digo esto, porque a mí personalmente lo que más me conmovio, fue eso, que fuera de mi quinta, y que ya estuvierá p´allá......que miedo. La verdad, es que "La pili" se merece un post..., a ver si me animo y se lo dedico.