viernes, mayo 11, 2007

Mi "alma gemela"

De toda la vida que yo recuerde, mi familia ha dicho que soy igualito, igualito que mi primo Jesús. Lo siento por él, por la parte que le toca; y más lo siento por la parte que me toca a mí, ya que se refieren exclusivamente al carácter y la personalidad, y no al físico (Jesús es un tiarrón alto y elegante, y yo soy… bueno, qué os voy a contar, si ya me tenéis muy visto).

Otra diferencia nada desdeñable es que él es lo que nuestra sociedad considera un triunfador: casado con una mujer maravillosa, ambos con profesiones interesantes y bien remuneradas, con dos hijos, rodeados siempre de confort y buen gusto, sanos y proclives a aficiones pacíficas y enriquecedoras espiritualmente, etc, etc… Y yo… pues lo dicho, qué os voy a contar que no sepáis ya…

Pero, sin embargo, en lo esencial de nuestras idiosincrasias (sí, la palabreja también se puede aplicar a individuos) somos muy parecidos. Una cosa que me llamó la atención la primera vez que visité su casa, mientras husmeaba en su nutrida y envidiable biblioteca, fue la gran cantidad de títulos que tenemos en común. Y eso le hace pensar a uno qué es lo que hace que dos personas separadas geográficamente por todo lo ancho de la piel de toro, cuando entran en una librería, de todos los millares de libros que hay allí a su disposición, acaben eligiendo los mismos (quizás los míos en otra edición más modesta, por lo de siempre). Y esto es extensible grosso modo a nuestros gustos en artes plásticas y audiovisuales.

Otro fenómeno curioso es que aunque, debido a la distancia terrestre que nos separa, puedan pasar meses, ¡y años!, sin encontrarnos (cosa que no sería excusa hoy en día, al menos virtualmente, debido a las nuevas tecnologías; pero ese es otro rasgo propio de nuestro carácter: conocemos mutuamente móviles y direcciones electrónicas, pero sólo nos contactamos para lo imprescindible); pues decía que pueden pasar años sin vernos que no pasa nada, porque nada más reencontrarnos, nos relacionamos como si nos viéramos a diario; y desde el minuto uno del encuentro uno se relaja y disfruta con su compañía, sin necesidad de romper ningún hielo (y eso que es bien sabido que la distancia y el tiempo es muy propenso a formar escarcha sobre los lazos y las memorias).

Recuerdo con placer nuestras mágicas conversaciones, generosamente regadas en la barra de algún pub, que se prolongan hasta horas altas e intempestivas. Es en esos momentos, después de sorprendernos por la cantidad de intereses comunes, anécdotas similares y, sobre todo, ese punto de vista tan semejante sobre la vida en general y sobre muchos de sus lances en particular; cuando uno acaba concediéndoles cierta razón a los familiares (de ambas partes) que nos etiquetan de “almas gemelas”.

Así que aprovecho esta tribuna para enviarle un abrazo a mi “alma gemela” (que me ha dicho un pajarito que voló allende la meseta no hace mucho, que nos lee de vez en cuando), y decirle que, si nada se tuerce, espero poder dárselo pronto en persona, ya que estoy tramando para este verano una escapadita con mi mujer a Portugal a lomos de “La Dolores” (como ha sido formalmente bautizada mi burra, a raíz de los no pocos quebraderos de cabeza que me está acarreando sacarla adelante).

2 comentarios:

vainilla dijo...

Hablando de familia, ¿Te acuerdas el dia que me dijiste que tu y yo somos lo peor de cada casa?

Maria's Blog dijo...

yo creo que las almas gemelas no tienen por qué tener el mismo estilo de vida... por ello, yo también tengo almas gemelas que nada tienen que ver conmigo... personas que tienen una 'vida de confort' completamente distinta a la mía... pero que sin embargo, y al igual que te pasa a tí, hacen que me sienta absolutamente comprendida, independientemente de que 'aparentemente' seamos como el día y la noche...
esa es una magia estupenda...