viernes, junio 29, 2007

Tostadas con clembuterol

… es lo que tenía que haber desayunado hoy para prepararme para el fin de semana que nos espera. Dentro de escasas horas Cripema, servidor y consortes (perdona Gilito por no nombrarte; uy, mira, ya te he nombrado) partiremos a lomos de nuestros borriquitos metálicos a una concentración motera no muy lejos de aquí. Así que tendré que engullir como los gansos para que me quede tiempo para los preparativos del viaje, pues por culpa de mi mala cabeza (que lo dejo todo para el final) no he metido en las alforjas las cuatro mierdas que me voy a llevar (qué sé yo: unas bragas de recambio, los tampax, y la redecilla y los bigudíes para mantener impecable mi cardado alcoyano).

Ayer volví a recoger a la Dolores del taller, y en fin, no la veo yo muy católica todavía. Le han hecho un apaño pero no está la Lola al 100 %. Con decir, que aún tiene el manillar un poco doblado y tengo que ir tumbando como Nieto para tomar curvas a izquierda. Y todo por lo de siempre, porque soy un pelanas y no puedo pagar una reparación en condiciones (al menos hasta que se resuelva mi litigio con la constructora responsable de la obra causante del socavón en la carretera que nos llevó al suelo. Pero ya se sabe que las cosas de palacio van despacio).

Así que Gilito, no corras mucho hoy, que mi señora y yo cabalgamos mula herida y no quiero más sustos.

Y mañana se nos unirán algunos de los ex-Muchachos (¿o qué somos ahora?) para corrernos una buena fiesta.

Cambiando de tema, y perdonad la tontería pero es que lo estoy escuchando en el hilo musical de la oficina y me está crispando: el tipo ese de Café Quijano, ¿todo lo canta igual? O es que es rap y se limita a recitar con desgana. ¿O son siempre remixes del Lola, y suenan todos igual de desvencijados que la mía desde la hostia?.

jueves, junio 28, 2007

El libro de los putrefactos

Ese es el título del proyecto inacabado que tramaron Dalí y Lorca, y que desgraciadamente nunca llegó a ver la luz porque el poeta no llegó a completar el texto como estaba previsto, a pesar de que el genial pintor sí realizó más de 60 dibujos de putrefactos (que andan dispersos en colecciones privadas por todo el mundo, y que sólo vieron la luz en una exposición antológica que logró reunir muchos de ellos).

“Putrefacto” es un término que empleaba Lorca y que acabó incorporándose al lenguaje privado de la pandilla de genios que confluyeron en aquella Residencia de Estudiantes madrileña (donde, por cierto, tuvo lugar la mentada exposición): los ya nombrados Federico (que lideraba el grupo) y Salvador, más el futuro cineasta Luis Buñuel y Pepín Bello. En su código particular un “putrefacto” era cualquiera que no encajara en la filosofía vital y, sobre todo, artística de la cuadrilla: los retrógrados, los mediocres, los sensibleros, los pedantes, los zafios, los lerdos y todo aquel, o aquello, que resultara sospechoso a sus ojos u oídos de oponerse a la evolución, la vanguardia y la modernidad.

Desde que tuve conocimiento de este concepto tan gráfico y, por qué no, poético, leyendo una inolvidable autobiografía de Dalí, lo incorporé inmediatamente a mi absurda jerga y no es raro que me sorprenda a mí mismo mascullando solo por la calle, cuando deambulo sumido en mis amarguras: “¡Vade retro, putrefactos!” o idioteces sociopatológicas por el estilo.

Pero es que hoy ya se lo he soltado en la cara a una persona. Más concretamente a un agente de la autoridad. Bueno de una autoridad relativa; me explico: para acceder a lugar donde estacionamos nuestros vehículos, tenemos que sortear unas garitas de vigilancia (que harían las veces de una primera aduana, ya que nuestros coches descansan en zona franca), custodiadas la de entrada por un policía portuario y la de salida por un guardia civil. Contra todo pronóstico, a la salida de la zona portuaria nunca he tenido el menor problema; y sin embargo a la entrada sí, por culpa de un exceso de celo de ese cuerpo de seguridad más papista que el Papa, que antes eran los guardamuelles de toda la vida y ahora los han uniformado y les han dado unas porras y se creen el Afrika Korps de Rommel. Y algunos de sus miembros son muy majos, pero la mayoría son unos bordes, y en concreto uno me tiene ya hasta los mismísimos huevos.

Porque cómo es posible que una persona que te ve pasar todos los días del Señor dos veces (cuatro si no me quedo a comer aquí); que tampoco somos más de 20 los vehículos autorizados a aparcar allí que hacemos uso diario de ese privilegio; que después de tanto tiempo viéndome, sinceramente no creo que pase muy desapercibida una persona con mi cara de gilipollas, con las pintas que me gasto y tatuado hasta los cojones; cómo es posible, digo, que TODOS los santos días me pregunte que a dónde voy, después de ¡tres años! ya pasando por delante de su narizota. Y TODOS los santos días me armo de paciencia, y para evitar perder un solo segundo más de lo necesario interactuando con este infraser, le respondo con mi mejor cara falsa que a por el coche, que está dentro porque tengo autorización.

Pero hoy se me ha agotado la paciencia y a su monótona pregunta de mono amaestrado, por fin le he dado la respuesta que supongo andaba buscando todo este tiempo:


- “Perdone, caballero, ¿a dónde va?”.
- “Ya te vale, putrefacto”.

miércoles, junio 27, 2007

Ventosidad inoportuna

Ayer me reí bastante a costa de una tontería. Resulta que mi buen amigo Delrieu (quien ya he comentado alguna vez aquí que es artista) me había traído hace unos días al trabajo el cuadro que pintó como regalo de bodas para mi hermana. El cuadro, que es buenísimo, también es bastante grande, por lo que nunca encontraba el momento adecuado de cargarlo hasta el coche para llevárselo a mi hermana. Así que ayer decidí hacer de tripas corazón y echármelo bajo el brazo. Pero resulta que como buen profesional de lo suyo, Delrieu había protegido las esquinas del marco con unas cantoneras de cartón y sobre éstas había extendido unas bandas de film plástico transparente para evitar arañazos.

Y como precisamente ayer, tras semanas de incesante flama, se levantó bastante viento en esta zona, el aire al golpear las bandas elásticas las hacía resonar como un bordón, produciendo un perfecto ruido de pedorreta. Y justo hacía sonar con más saña la banda inferior, la que quedaba a la altura de mi cadera, añadiendo aún más realismo anatómico a las estruendosas ventosidades. Y mira que intenté acallarlo por todos lo medios, pero no había forma: lo agarrara como lo agarrara el plastiquito de los cojones se las ingeniaba para recibir los golpes de aire, vibrando con su inmejorable imitación de una flatulencia humana.

En un principio me agobié un poco y reaccionaba a cada ventorrillo con esos gestos exagerados que hace uno cuando quiere dejar claro que no ha sido lo que parecía por su sonido; como por ejemplo cuando uno pisa una piedra y suena como un pedo y se gira muy histriónicamente y mira al suelo para que no quede ninguna duda de que la causante del desagradable ruidito ha sido una china del terreno y no las habas del almuerzo. O cuando arrastras ligeramente una silla sobre la que estás sentado, y la pata te traiciona haciendo una perfecta imitación de un cuesco, y entonces tú, creyendo detectar cierta suspicacia en el rostro de los presentes, no puede evitar volver a arrastrarla, pero con más garbo, tratando de reproducir ese sonido para que no sobrevuele la duda de los gases. Pues lo mismo hice yo ayer tras las tres o cuatro primeras ventosidades, que miraba al plástico gesticulando mucho, como regañándole, para que quedara claro a los que me rodeaban que ese incómodo sonido no había salido de mi ano, sino de un poquito más a la izquierda, de una bromista tira de plástico con la complicidad de un viento que soplaba con una fuerza (y una puntería) impropia de estas fechas.

Y encima el recorrido hasta mi coche es bastante largo y en esta época más, pues como ya comenté aparcamos dentro del puerto, y debido a la operación “paso del estrecho” la zona donde estacionamos normalmente está ocupada por centenares de vehículos de argelinos procedentes de toda Europa esperando su embarque en el ferry que los lleve a pasar las vacaciones estivales en su patria nativa. Y allí los tienes a todos, como en un campamento del Frente Polisario, desperdigados por el suelo sobre cartones, matando el tiempo viendo a la gente pasar; cuando cruza su hacinado aparcamiento un ejemplar de varón blanco, cargado con un enorme cuadro bajo el brazo y sin dejar de pedorrearse escandalosamente a la altura de sus cabezas a cada paso que da (en una zona abierta como la del muelle, sin el resguardo de edificaciones, Eolo ya no me daba tregua). Y como quiera que a esas alturas ya se me habían agotado las dotes interpretativas y las ganas de actuar como refunfuñándole al plástico malo por hacer ruidos sospechosos en público, pues decidí disfrutar de la absurda situación que me brindaba la meteorología y empecé a reírme de mis propios petorros apócrifos, e incluso me permití exagerar algún movimiento de pelvis, recreándome en mi flatulento personaje, cuando el vergonzoso redoble se prolongaba más de la cuenta.

También he de confesar que visto lo visto, de perdidos al río, y aproveché la sonora coyuntura para expeler algún que otro peo de cosecha propia, confundiéndolos con la incesante música escatológica de la banda sonora.

martes, junio 26, 2007

Suerte de baja intensidad

Soy un tipo con suerte. Por lo menos eso me decía Elöy en una especie de mantra etílico durante las pasadas hogueras de San Juan, repitiéndolo hasta el agotamiento (el mío) en esa fase de la borrachera llamada “exaltación de la amistad” no se si previa o posterior a la de”cantos regionales” o “blasfemias religiosas”.

La verdad es que esta semana he tenido un montón de suerte, pero de la que yo denomino “suerte de baja intensidad”.

La semana empezó con un par de telepizzas para cenar (digestión pesada asegurada) que mi hermanita, de visita extraordinaria, se empeñó en pedir porque vive en un pequeño pueblo pirenaico alejado de la “civilización” y para ella pedir comida y que se la traigan a casa es todo un acontecimiento entre divertido y exótico.

En la cajas de las cuatro quesos había una promoción de enviar el código del rasca-rasca y te podían tocar televisiones de plasma, playesteisons, emepetreses y descuentos. Envié los códigos con pocas esperanzas y me tocaron seis euros de descuento en “local y recoger” para pedidos superiores a 15 euros y que caducan el 28 de este mes. ¿Qué suerte no?. Pues si, suerte de baja intensidad, porque yo calculo que hasta mediados julio no habré digerido bien la primera pizza, así que esos descuentos caducarán intactos.

El martes recibo un email de Heineken con la información de los conciertos de celebración del Dia de la Música. Varios conciertos simultáneos en las capitales musicales (en Madrid ,Rufus Wainwright y La Habitación Roja) y en Alicante. El cartel de Alicante era aparentemente interesante o, por lo menos curioso: Nacho Vegas (nooooooooo, el de Nacha Pop noooooo, el de Manta Ray) con dos invitados excepcionales: Jota (La voz de los Planetas) y Christina Rosenvinge (la voz…estooo, la mujer de Ray Loriga, coño la de Alex y Christina!!!) Había un concurso en el que se sorteaban entradas dobles para asistir a la fiesta, cuya precio era de 12 euros en taquilla. Pues nada va y me toca una entrada. Fuimos Cripema y yo, y no aguantamos más de 4 temas, esperamos a ver, e incluso a escuchar a la Rosenvinge (que está buenísima pero es tan lánguida…) Un concierto de autor. De autor soso. Me podían haber tocado entradas para el FIB, pero no… sólo es suerte de baja intensidad.

Navegando, no recuerdo como, entro en la web del Espai d’Art Contemporani de Castelló, que es un museo con el valor añadido de que produce y apoya nuevas propuestas artísticas. El caso es que vi una convocatoria de una artista rumana que invitaba a participar a la gente diseñando vestuario que exprese la idea de “Hospitalidad” . El diseño ganador tendrá como premio la confección real y su puesta en la exposición junto con los bocetos y trabajos participantes en la convocatoria. Enseguida me vino a la mente una idea sencilla, la dibuje directamente con el coreldraw (dibujo vectorial) y transformé el archivo en PDF para que pudiera verse en cualquier plataforma, lo envío por email… y… adivinen quién ha ganado.

PD. En la bonoloto me han tocado 88 centimos jugando en Ventura24

viernes, junio 22, 2007

Pasajeros al tren


Dado que para hoy está prevista una buena juerga fogueril, para evitar conducir luego con alguna copa dentro, me he venido a trabajar en un tranvía llamado deseo (llegar vivo). Y la verdad es que la cosa funciona muy bien: puntualidad, refrigeración, gran afluencia de usuarios pero sin amontonamientos ni agobios. Y encima durante estas fiestas ofrecen un servicio especial de 24 h. ininterrumpidas, no sólo en previsión de las razones alcohólicas que comentaba antes, sino también para paliar el caos circulatorio que sufre una ciudad cuyo centro urbano se restringe al tráfico, y que tiene diseminados por todos sus barrios docenas de monumentos de cartón piedra, barracas (recintos vallados que se montan en plena calle, donde se come y bebe, dotados de escenario para las orquestas), puestos de comida y churros, y multitudes viandantes desplazándose espesamente, a causa del calor y la ingesta, convirtiendo las avenidas en sendas de elefantes borrachos.

Caminando hacia aquí, me he cruzado con muchos supervivientes (quién lo diría por sus aspectos) de la noche de ayer, mostrando esos comportamientos tan llamativos que exhiben algunos cuando quieren dejar patente a los que les rodean que están muy borrachos.

Y hablando de comportamientos curiosos, mientras viajaba sobre el ferrocarril (carril de hierro) para evadirme del incesante cotorreo de la pareja de señoras sentadas enfrente (si en crítica artística se emplea peyorativamente la expresión latina horror vacui (miedo al vacío) para definir las obras recargadas en exceso que no dejan ni un espacio libre desaprovechado, creo que le viene al pelo a la señora que llevaba la voz cantante (la otra se limitaba a asentir y matizar con monosílabos) y que no ha dejado ni por un segundo que el silencio flotara entre ellas); decía (que me explayo como el papagayo con cardado) que para abstraerme de la verborrea (qué cantidad de información fútil) observaba el paisaje a través de la cristalera, cuando descubro estacionado en un claro del follaje un BMW tuneado, y a sus ocupantes (una pareja de jóvenes festeros) en el exterior, en pelotas, pegándose un buen revolcón. Y el Neng y la Juani parecían pasarlo muy bien, probablemente por la excitación extra proporcionada por el cóctel del calentón irrefrenable (ay, ese MDMA traicionero) y exhibicionismo, pues era evidente que se les veía desde el tren, que circulaba muy lento ya que se aproximaba aminorando a una estación.


En fin, que mientras unos bajan en transporte público a producir para otros, algunos se retiran a dormir la mona; y mientras unos pegan el que pudiera ser el polvo de sus vidas, otros agonizan en la cama de un hospital.

Como ya dijo el sabio hace miles de años: Nihil sub sole novum ó nada nuevo bajo el sol (Eclesiastés I, 10).

jueves, junio 21, 2007

Empezamos bien

Ayer dieron comienzo oficialmente les Fogueres de Sant Joan, la fiesta mayor de este pueblo que (no) responde al nombre de Alicante (anagrama de “calienta”).

Y nosotros no podíamos empezar mejor la verbena que saliendo mi señora y yo a eso de las 2 de la madrugada del ambulatorio de Biar (villa distante 50 km. de su capital).


Menos mal que sólo fue un susto y lo podemos escribir aquí, pero yo me sé de alguien a quien ya no le deben quedar muchas ganas de juerga.

¡Uy!, que ya son casi las dos. Senyor pirotécnic, pot començar la mascletà!

martes, junio 19, 2007

Timofónica

Érase una vez, en un reino oligárquico junto al mar, un monopolio de la comunicación a distancia que se revolcaba alegremente en su codicia y nepotismo. Y todos los súbditos del reino tenían que pasar por el aro, si querían comunicarse con sus primos de Badajoz sin tener que recurrir a las señales de humo o las palomas mensajeras (el correo electrónico aún tardaría en inventarse, y del otro, el de papel, mejor ni hablar).

Pero pasaron muchos, muuuuchos años y se les acabó el chollo, porque aparecieron otras compañías muy malas, muy malas que ofertaban parecidos servicios a mejores precios, y encima con otro, digamos, talante (ahora que está tan de moda la palabreja). Pero resulta que los monopolistas no se enteraron, o no se quisieron enterar, del cambio; de que se les acabó eso de comportarse como señoritos por su cortijo, porque ahora contaban con algo tan desagradable para los acaparadores insaciables como la temida competencia. Y no quisieron darse cuenta a pesar de que algunos de esos nuevos competidores empleaban la red de comunicaciones de su propiedad para ofertar sus servicios, a unos precios más asequibles, descubriendo el pastel de que sí se podía dar los mismo, y por la misma red, por menos dinero.


Pero es que resulta que pasan los años, y más años, y los ex-monopolistas parece que no caen del burro, y siguen tratando a sus clientes como escoria y abusando de ellos a la menor oportunidad. Recuerdan a esos pintorescos dictadores de república bananera, que desoyendo el descontento de su pueblo, se siguen comportando como divinidades en la tierra o seres mitológicos con licencia para todo. Los monumentos megalomaníacos ensalzando para la posteridad unas virtudes que sólo puede ver el que las ordenó construir (que siempre es el mismo que aparece inmortalizado) apenas se distinguen de esas mega-campañas publicitarias loando las bondades de esa tenebrosa compañía operadora de telefonía, con esos anuncios tan buenrrolleros y chachipirulis (los que emiten en navidades ya son el acabose), y esponsorizando a escalofriantes bandas de pop ñoño.

En uno de esos spots tan blancos y bienintencionados podrían incluir como decorado alguna de esas amenazantes cartas con las que pretenden extorsionar a los incautos ciudadanos, redactadas por una piara de agresivos abogados (me los imagino vestidos de gris y con gafotas, como los del bufete del Sr. Burns), con las que pretenden cobrar su impuesto revolucionario por servicios que nunca llegaron a ofrecer, precisamente por su torpeza e inoperancia, a pesar de haberse demostrado documentalmente que así fueron las cosas y así se las hemos contado a ellos decenas de veces en surreales conversaciones mantenidas con seres como de otro planeta, dotados del entendimiento de una ameba pero hábilmente adiestrados en técnicas de desquiciamiento de su interlocutor, que se limitan a pedir que te anotes unas extrañas referencias y localizadores de la incidencia, que curiosamente no sirven para nada en la siguiente llamada.

Me vais a embargar los cojones.

lunes, junio 18, 2007

viernes, junio 15, 2007

Siempre igual

Nos informa nuestra corresponsal en el pasado, que la pareja de la fotografía del post anterior pertenece a un grupo de danzas folclóricas de esta tierra, y que el traje que lucen es una versión parecida al que luciremos nosotros, pero no es exactamente el mismo. Y puedo dar fe, ya que anoche fui con mi señora a la sede de la Hoguera de mi hermana a probarnos los trajes que nos ha conseguido (ya dije que no me cabía ninguna duda de que lo lograría, y en tiempo récord, con tal de verme ataviado con el uniforme provinciano). Pero ya casi mejor que buscar otra foto más exacta, el lunes pongo alguna de las que nos hagamos el sábado.

Qué calor pudimos pasar ayer en las pruebas de vestuario: yo con los zaragüells (unos enormes calzones con pliegues), las calzas, espardenyes, faja, etc… pero es que ella tendrá que llevar unos leotardos de encaje bajo un miriñaque almidonado, sobre éste una gruesa enagua, y, por encima, la falda de ese tejido rígido bordado, que al menos la mantendrán a salvo de los francotiradores, porque no creo que una bala de ningún calibre pudiera atravesar semejante cantidad de tela. Si es que parece una menina de Velázquez.

No me extraña que no se separen del abanico, las pobres; porque para combatir el calor de estas fechas no hay nada mejor que sepultarse bajo varias toneladas de hilo, como una cebolla almidonada y rococó. Cómo será la cosa, que mi hermana le aconsejó un truco que usan muchas de ellas para evitar deshidratarse o que les dé una lipotimia a mitad del desfile; y es que venden en las farmacias un producto para aliviar los pies cansados, que lleva algún componente que produce sensación de frescor en la piel, con el que se embadurnan de cintura para abajo, para engañar a la sofocante sensación térmica.

Otra cosa que me pareció curiosa es que este tipo de desfiles están regidos por unas estrictas normas que hay que cumplir a rajatabla, o se arriesgan a ser penalizados por la comisión gestora de las fiestas. No se permite ni la más mínima licencia en el vestuario, cosa que se entiende, ya que si tuvieran manga ancha e hicieran la vista gorda con las pequeñas salidas de tono, la gente acabaría subiéndose a la parra y aquello terminaría siendo un esperpento y el coño de la Bernarda. Dicho lo cual, resulta que el que suscribe será una penalización en potencia con patas. Empezando por el traje que vestiré, porque resulta que hasta en la confección retro (pero retro, retro…) de este tipo, existen sus tendencias y modas, y cada pocos años actualizan los diseños y la gente se ve obligada a renovar su fondo de armario regional. La excusa oficial es que los investigadores de estas cosas, cada cierto tiempo descubren en algún incunable cómo vestía de verdad la gente en aquellos tiempos remotos, y hay que cambiar los patrones para ajustarlos a la veracidad histórica y de paso renovar las pintas, para que el look no se haga muy monótono año tras año. Pero todos sabemos que la realidad es que los talleres textiles que viven de confeccionar estas prendas (y que no son pocos por esta zona), una vez que ya está casi todo el mundo abastecido (a excepción de los relevos generacionales; aunque estas cosas con frecuencia se heredan, regalan y prestan), y que tienen todo el pescado vendido y se les empieza a resentir el negocio; pues, qué casualidad, justo aparece algún documento que pone patas arriba todo lo anteriormente establecido y hay que rehacer casi todos los trapos.

Todo este rollo para decir que yo, con las prisas de haberme apuntado a última hora, desfilaré con uno de los trajes antiguos, de los desdeñados, y no iré a la última moda fogueril. Pero mi hermana ya me ha tranquilizado diciendo que no seré el único, ya que hay no pocos puristas disidentes, que no tragan con el chanchullo antes descrito y defienden a capa y espada el nuestro como el auténtico traje tradicional de los machos de esta tierra, y no se pliegan a caprichosos cambios de estilo en algo cuasi sagrado para ellos. Así que, sin quererlo, el sábado formaré parte de la Resistance Zaragüelles, arriesgando a toda la hoguera de mi hermana, que llevan todo el año preparando con esmero cada acto, a sufrir una penalización o amonestación por parte de la organización, por permitir entre sus filas la presencia de un sedicente, rebelde y demodé. Y ya me estoy viendo las miraditas aviesas de mis compañeros de pasacalles, nada más verme llegar al punto de reunión (la emblemática Plaza de los Luceros, perdón del Estells) vestido como un maquis alacantí y retroactivo ("¿Quién coño es éste? ¿Y a dónde va con esas pintas tan anticuadas? ¡Será cabrón!") .

No sólo me meto en este tipo de embolados, sino que además lo hago por la puerta grande y tocando los cojones por debajo del faldón. Del actual, que es más moderno y más guay.

miércoles, junio 13, 2007

Ya huele a pólvora

Ayer pasé a visitar a mis padres, y cuál no fue mi sorpresa que allí estaba el clan casi al completo, haciendo entre carcajadas los últimos arreglos del ensayo general para lo que voy a explicar a continuación.

Ya comenté una vez que mi querida hermana pertenece a la comisión organizadora de una de las Hogueras de esta ciudad, que celebrarán su fiesta grande la semana que viene. Y ahora anda muy liada con los últimos preparativos, entre los que se cuentan el de haber enredado a buena parte de sus hermanos, a una cuñada y a su sobrino de 6 meses para que se sumen al desfile inaugural del sábado. Y ese desfile han de hacerlo debidamente ataviados con el traje tradicional de esta tierra; y con lo aparatosos que suelen ser estos ropajes ya os podéis imaginar el follón que tenían liado allí de faldones, fajines de húsar, espardenyas huertanas, y un largo etcétera de esas prendas tan modernas, y sobre todo tan fresquitas para el calor levantino de mediados de Junio.

Y allí estaba yo, cachondeándome del espectáculo textil regionalista, cuando uno de mis hermanos, harto ya de mis chanzas, me retó a que no tenía huevos para salir con ellos en el pasacalles. Y como esa maldita frase suele ser la antesala de la mayoría de embolados en los que me acabo metiendo, pues ahora mismo está buscando mi hermana un par de trajes más para mi señora y servidor (a los que no nos lo había propuesto desde el principio porque, conociéndome, daba por hecho que no estaría interesado en absoluto en algo así. Como ya hizo el miembro más joven del clan, que rechazó amablemente la invitación y al final será el único hermano que no pase el trago el sábado, ya que su condición de metrosexual se lo impide y probablemente preferiría que le abrasaran los ojos como a Miguel Strogoff antes que tener que verse desfilando en público disfrazado de esa forma).

Así que si nada se tuerce y las gestiones de mi hermana dan sus frutos (cosa que no dudo), el próximo sábado 16 de Junio a partir de las 20:30 h. mi mujer y yo desfilaremos por las ramblas de esta ciudad, vestidos de esta guisa que luce la pareja de la foto. (Del bailecito no se ha hablado, pero a eso sí que me negaré en rotundo llegado el caso. Y el tipo de abajo no luce el bonito pañuelo pirata que nosotros sí tendremos que portar, aunque algunos ya se han decantado por la aceptada modalidad de anudarlo en torno al cuello).


martes, junio 12, 2007

El club del suicidio

El pasado fin de semana vi la desasosegante película japonesa Suicide Club. El film es toda una cumbre del mal rollo, que decepcionará a los que esperen una película de terror nipón al uso y no encuentren en ella los típicos sustos predispuestos por una banda sonora del género. De hecho, toda la música que suena a lo largo del metraje resulta francamente desconcertante, por inesperable.

La película, aunque no tiene ni pies ni cabeza, es todo un alarde de imaginación oriental (entiéndase retorcida), y contiene momentos realmente delirantes en unos ambientes malsanos y enfermizos (¡toma redundancia!).

El final ya es caso aparte, y se te queda un mal cuerpo y una cara de tonto, que nos tragamos estupefactos los títulos de crédito hasta el último, sin que nadie fuera capaz de moverse para darle al botón de stop.

Realmente la película es un dislate y una mierda, pero si logras conectar con el yuyu general que transmite, puedes pasar un buen mal rato; que de eso se trata en este tipo de cine, ¿no?, de pagar por sufrir.

Por cierto, ¿qué les pasa a los chinos con los teléfonos, que no hay película de éstas en la que el dichoso aparato no tenga un papel protagonista? ¿Tanto miedo les dan?

viernes, junio 08, 2007

Placer reencontrado

Resulta que las heridas sufridas en mi primer accidente motociclístico, me han ayudado a reencontrar un antiguo placer infantil, que no es otro que arrancarme las costras de las heridas. Y como tengo el brazo derecho como un Ferrero Roché, pues hay placer para rato. Pero este placer (que está reñido con la impaciencia) puede volverse fácilmente masoquismo puro, cuando uno, en ese afán por arrancar de una sola pieza cortezas de la mayor superficie posible, acaba dejando al descubierto porciones nada despreciables de dolorida carne tierna y supurante. Porque las costras son como los buenos jamones: hay que dejarlos curar con esmero, y cuando ya están en su punto, entonces se obtiene de ellos el máximo disfrute.

¡Más Betadine, es la guerra!

jueves, junio 07, 2007

Y digo yo...

...que viendo la foto de abajo, ¿por qué no denuncio yo también a los Mossos d'Esquadra? Ah, ¿que aquí no hay?

Bueno pues a los Carabinieri, o a la Guardia Suiza... o a la Gestapo... o a los Tonton Macutes... o cómo se llamen los de aquí.

Fondo de armario


Esta primavera-verano se llevarán mucho los tonos fucsia abultados, el morado nazareno, los granates, los púpuras cardenalicios, el ocre y el verde pastel. Todo ello combinado con grimosas estrías y piel de naranja valenciana, con caprichosas rayas de estilo zebra colonial.

Y ya no se llevarán los tangas, ahora arrasa el boxer arremangao, para sacar de donde no hay.

martes, junio 05, 2007

Chiste

Necesito una pequeña ayuda por vuestra parte para hacer un, iba a decir “experimento sociológico”, pero es más exacto “una tontería de las mías”. Que es la siguiente: siempre me he preguntado cómo nacen los chistes que luego se popularizan y podemos escuchar por ahí en diversas versiones.

Así que se me ha ocurrido poner en circulación un chiste de mi invención, para ver si se obra el milagro y acabo escuchándolo algún día por ahí; que alguien me lo cuente ignorando que yo soy el autor. Aunque dudo mucho que eso llegue a ocurrir, porque el chiste es malo hasta decir basta, y si a la gente, por lo general, se le olvidan los chistes buenos al día siguiente de haberse descojonado escuchándolos (¿quién no ha escuchado nunca un: “Ay, me sabía uno muy bueno, pero es que se me ha olvidado. Siempre me pasa lo mismo con los chistes”?), no quiero ni pensar lo que les pasa a los chistes tontos y sin puta la gracia, como el mío. Pero por probar… Ahí va (los corchetes son para que cada cual lo personalice a su gusto):

“[¿Saben aquel que diu?] Era un hombre [mujer] que estaba casad@ con una mujer [hombre] tan fe@ [tan fe@, tan fe@], que para follársel@, tenía que hacerlo en la habitación del pánico”.

Vale, ya sé que es una puta mierda, pero en la próxima sobremesa entre amigos no os cuesta nada contarlo, así como el que no quiere la cosa, y a ver qué pasa. Puede que con un poco de suerte, y gracias a la magia del boca-oreja (o teclado-monitor), acabemos viéndolo contar a Barragán en la tele o a Eugenio en alguna ouija.

Cambiando de asunto, el domingo ya me pegué mi primera hostia con la moto, así que mis enemigos ya pueden tirar a la basura sus muñequitos de vudú, que ya me basto yo solo para desgraciarme. (Si me veis por ahí y me notáis un extraño tono de piel, que sepáis que no es el bronceado ibicenco; es el Betadine con el que me tengo que embadurnar casi entero cada mañana. Lástima que no baste el mejunje ocre para curar las heridas de la Dolores, que ya está haciendo honor a su nombre, la jodía).

viernes, junio 01, 2007

Aspersor de energías

Esta noche la sección masculina de la Mancomunidad del Caos al completo, asistirá a la despedida de soltero de nuestro querido Próspero (y no el de Mérimée).

Como me consta que el amigo nos lee, no voy a desvelar aquí el programa de actos, por si es secreto, pero ayer estuve hablando con el Ángel Ario y me descolocó bastante el plan, viniendo de un entorno como ése.

Y hablando de planes absurdos, mi pareja últimamente no sale de su asombro por mi peculiar modus vivendi, porque sin ir más lejos la otra noche, a las tantas nos sobresalta una llamada de mi querido amigo Karras (el mecánico de aquella despedida de soltero que ya relaté), que me decía con voz achispada que si quería ser el nuevo cantante de su grupo de música Hardcore. Y todo porque estaban en el local de ensayo (mítico punto encuentro de toda la canalla de Alicante, sito en los bajos de su taller, y escenario de algunas fiestas memorables) y habían mandado a su vocalista a al mierda después de una agria bronca (y ya intuyo en la causa razones de abuso o mal uso); y habían pensado que yo era la persona perfecta para el puesto (?!).

Tras rechazar amablemente su invitación, estuve riéndome en la cama un rato con la parienta de la simple idea de verme metido en otro embolado como ése. Y es que ya sólo me faltaba ponerme a dar berridos en una banda de música extrema.


Aunque bien pensado, no estaría tan mal…