viernes, junio 22, 2007

Pasajeros al tren


Dado que para hoy está prevista una buena juerga fogueril, para evitar conducir luego con alguna copa dentro, me he venido a trabajar en un tranvía llamado deseo (llegar vivo). Y la verdad es que la cosa funciona muy bien: puntualidad, refrigeración, gran afluencia de usuarios pero sin amontonamientos ni agobios. Y encima durante estas fiestas ofrecen un servicio especial de 24 h. ininterrumpidas, no sólo en previsión de las razones alcohólicas que comentaba antes, sino también para paliar el caos circulatorio que sufre una ciudad cuyo centro urbano se restringe al tráfico, y que tiene diseminados por todos sus barrios docenas de monumentos de cartón piedra, barracas (recintos vallados que se montan en plena calle, donde se come y bebe, dotados de escenario para las orquestas), puestos de comida y churros, y multitudes viandantes desplazándose espesamente, a causa del calor y la ingesta, convirtiendo las avenidas en sendas de elefantes borrachos.

Caminando hacia aquí, me he cruzado con muchos supervivientes (quién lo diría por sus aspectos) de la noche de ayer, mostrando esos comportamientos tan llamativos que exhiben algunos cuando quieren dejar patente a los que les rodean que están muy borrachos.

Y hablando de comportamientos curiosos, mientras viajaba sobre el ferrocarril (carril de hierro) para evadirme del incesante cotorreo de la pareja de señoras sentadas enfrente (si en crítica artística se emplea peyorativamente la expresión latina horror vacui (miedo al vacío) para definir las obras recargadas en exceso que no dejan ni un espacio libre desaprovechado, creo que le viene al pelo a la señora que llevaba la voz cantante (la otra se limitaba a asentir y matizar con monosílabos) y que no ha dejado ni por un segundo que el silencio flotara entre ellas); decía (que me explayo como el papagayo con cardado) que para abstraerme de la verborrea (qué cantidad de información fútil) observaba el paisaje a través de la cristalera, cuando descubro estacionado en un claro del follaje un BMW tuneado, y a sus ocupantes (una pareja de jóvenes festeros) en el exterior, en pelotas, pegándose un buen revolcón. Y el Neng y la Juani parecían pasarlo muy bien, probablemente por la excitación extra proporcionada por el cóctel del calentón irrefrenable (ay, ese MDMA traicionero) y exhibicionismo, pues era evidente que se les veía desde el tren, que circulaba muy lento ya que se aproximaba aminorando a una estación.


En fin, que mientras unos bajan en transporte público a producir para otros, algunos se retiran a dormir la mona; y mientras unos pegan el que pudiera ser el polvo de sus vidas, otros agonizan en la cama de un hospital.

Como ya dijo el sabio hace miles de años: Nihil sub sole novum ó nada nuevo bajo el sol (Eclesiastés I, 10).

3 comentarios:

Mr.Celofan dijo...

El polvo de sus vidas será si ella se queda embarazada. Esperemos que luego sepa quién es el padre.

vainilla dijo...

Pues si que te he dado de sí el viajecito..no teneis vacaciones por las Hogueras. Aquí tenemos cuatro días de fiestas patronales

Té la mà Maria dijo...

pasaba ppor tu blog y me he quedado un buen rato, felicidades