viernes, junio 08, 2007

Placer reencontrado

Resulta que las heridas sufridas en mi primer accidente motociclístico, me han ayudado a reencontrar un antiguo placer infantil, que no es otro que arrancarme las costras de las heridas. Y como tengo el brazo derecho como un Ferrero Roché, pues hay placer para rato. Pero este placer (que está reñido con la impaciencia) puede volverse fácilmente masoquismo puro, cuando uno, en ese afán por arrancar de una sola pieza cortezas de la mayor superficie posible, acaba dejando al descubierto porciones nada despreciables de dolorida carne tierna y supurante. Porque las costras son como los buenos jamones: hay que dejarlos curar con esmero, y cuando ya están en su punto, entonces se obtiene de ellos el máximo disfrute.

¡Más Betadine, es la guerra!

4 comentarios:

vainilla dijo...

Que asco tio. Y que pasa con los tatoos?

Mr.Celofan dijo...

Espero que las costras se las coma algún gato o perro ( dime que tu no te las comes ).

la nena dijo...

Joder... nene... te vas a acabar bebiendo el betadine...

Anónimo dijo...

Ciertamente eres un masoquista. Pero ¿En que vas a emplear el tiempo si no? ¿Van a tener que darte bofetadas en las manos para que no t toques las heridas?
Eres un crio.