viernes, junio 15, 2007

Siempre igual

Nos informa nuestra corresponsal en el pasado, que la pareja de la fotografía del post anterior pertenece a un grupo de danzas folclóricas de esta tierra, y que el traje que lucen es una versión parecida al que luciremos nosotros, pero no es exactamente el mismo. Y puedo dar fe, ya que anoche fui con mi señora a la sede de la Hoguera de mi hermana a probarnos los trajes que nos ha conseguido (ya dije que no me cabía ninguna duda de que lo lograría, y en tiempo récord, con tal de verme ataviado con el uniforme provinciano). Pero ya casi mejor que buscar otra foto más exacta, el lunes pongo alguna de las que nos hagamos el sábado.

Qué calor pudimos pasar ayer en las pruebas de vestuario: yo con los zaragüells (unos enormes calzones con pliegues), las calzas, espardenyes, faja, etc… pero es que ella tendrá que llevar unos leotardos de encaje bajo un miriñaque almidonado, sobre éste una gruesa enagua, y, por encima, la falda de ese tejido rígido bordado, que al menos la mantendrán a salvo de los francotiradores, porque no creo que una bala de ningún calibre pudiera atravesar semejante cantidad de tela. Si es que parece una menina de Velázquez.

No me extraña que no se separen del abanico, las pobres; porque para combatir el calor de estas fechas no hay nada mejor que sepultarse bajo varias toneladas de hilo, como una cebolla almidonada y rococó. Cómo será la cosa, que mi hermana le aconsejó un truco que usan muchas de ellas para evitar deshidratarse o que les dé una lipotimia a mitad del desfile; y es que venden en las farmacias un producto para aliviar los pies cansados, que lleva algún componente que produce sensación de frescor en la piel, con el que se embadurnan de cintura para abajo, para engañar a la sofocante sensación térmica.

Otra cosa que me pareció curiosa es que este tipo de desfiles están regidos por unas estrictas normas que hay que cumplir a rajatabla, o se arriesgan a ser penalizados por la comisión gestora de las fiestas. No se permite ni la más mínima licencia en el vestuario, cosa que se entiende, ya que si tuvieran manga ancha e hicieran la vista gorda con las pequeñas salidas de tono, la gente acabaría subiéndose a la parra y aquello terminaría siendo un esperpento y el coño de la Bernarda. Dicho lo cual, resulta que el que suscribe será una penalización en potencia con patas. Empezando por el traje que vestiré, porque resulta que hasta en la confección retro (pero retro, retro…) de este tipo, existen sus tendencias y modas, y cada pocos años actualizan los diseños y la gente se ve obligada a renovar su fondo de armario regional. La excusa oficial es que los investigadores de estas cosas, cada cierto tiempo descubren en algún incunable cómo vestía de verdad la gente en aquellos tiempos remotos, y hay que cambiar los patrones para ajustarlos a la veracidad histórica y de paso renovar las pintas, para que el look no se haga muy monótono año tras año. Pero todos sabemos que la realidad es que los talleres textiles que viven de confeccionar estas prendas (y que no son pocos por esta zona), una vez que ya está casi todo el mundo abastecido (a excepción de los relevos generacionales; aunque estas cosas con frecuencia se heredan, regalan y prestan), y que tienen todo el pescado vendido y se les empieza a resentir el negocio; pues, qué casualidad, justo aparece algún documento que pone patas arriba todo lo anteriormente establecido y hay que rehacer casi todos los trapos.

Todo este rollo para decir que yo, con las prisas de haberme apuntado a última hora, desfilaré con uno de los trajes antiguos, de los desdeñados, y no iré a la última moda fogueril. Pero mi hermana ya me ha tranquilizado diciendo que no seré el único, ya que hay no pocos puristas disidentes, que no tragan con el chanchullo antes descrito y defienden a capa y espada el nuestro como el auténtico traje tradicional de los machos de esta tierra, y no se pliegan a caprichosos cambios de estilo en algo cuasi sagrado para ellos. Así que, sin quererlo, el sábado formaré parte de la Resistance Zaragüelles, arriesgando a toda la hoguera de mi hermana, que llevan todo el año preparando con esmero cada acto, a sufrir una penalización o amonestación por parte de la organización, por permitir entre sus filas la presencia de un sedicente, rebelde y demodé. Y ya me estoy viendo las miraditas aviesas de mis compañeros de pasacalles, nada más verme llegar al punto de reunión (la emblemática Plaza de los Luceros, perdón del Estells) vestido como un maquis alacantí y retroactivo ("¿Quién coño es éste? ¿Y a dónde va con esas pintas tan anticuadas? ¡Será cabrón!") .

No sólo me meto en este tipo de embolados, sino que además lo hago por la puerta grande y tocando los cojones por debajo del faldón. Del actual, que es más moderno y más guay.

2 comentarios:

Cripema dijo...

Documento grafico ya! Que lastima que no pueda ir a veros..
Se abren apuestas de si llegaras al Ayuntamiento o te escaquearas en el primer bar a hacerte "algo fresquet" con la consiguiente penalizacion por abandono...

vainilla dijo...

Ten cuidado con los cojones...tanto que hablas. Acuerdate del holster. o como se llame...