miércoles, junio 27, 2007

Ventosidad inoportuna

Ayer me reí bastante a costa de una tontería. Resulta que mi buen amigo Delrieu (quien ya he comentado alguna vez aquí que es artista) me había traído hace unos días al trabajo el cuadro que pintó como regalo de bodas para mi hermana. El cuadro, que es buenísimo, también es bastante grande, por lo que nunca encontraba el momento adecuado de cargarlo hasta el coche para llevárselo a mi hermana. Así que ayer decidí hacer de tripas corazón y echármelo bajo el brazo. Pero resulta que como buen profesional de lo suyo, Delrieu había protegido las esquinas del marco con unas cantoneras de cartón y sobre éstas había extendido unas bandas de film plástico transparente para evitar arañazos.

Y como precisamente ayer, tras semanas de incesante flama, se levantó bastante viento en esta zona, el aire al golpear las bandas elásticas las hacía resonar como un bordón, produciendo un perfecto ruido de pedorreta. Y justo hacía sonar con más saña la banda inferior, la que quedaba a la altura de mi cadera, añadiendo aún más realismo anatómico a las estruendosas ventosidades. Y mira que intenté acallarlo por todos lo medios, pero no había forma: lo agarrara como lo agarrara el plastiquito de los cojones se las ingeniaba para recibir los golpes de aire, vibrando con su inmejorable imitación de una flatulencia humana.

En un principio me agobié un poco y reaccionaba a cada ventorrillo con esos gestos exagerados que hace uno cuando quiere dejar claro que no ha sido lo que parecía por su sonido; como por ejemplo cuando uno pisa una piedra y suena como un pedo y se gira muy histriónicamente y mira al suelo para que no quede ninguna duda de que la causante del desagradable ruidito ha sido una china del terreno y no las habas del almuerzo. O cuando arrastras ligeramente una silla sobre la que estás sentado, y la pata te traiciona haciendo una perfecta imitación de un cuesco, y entonces tú, creyendo detectar cierta suspicacia en el rostro de los presentes, no puede evitar volver a arrastrarla, pero con más garbo, tratando de reproducir ese sonido para que no sobrevuele la duda de los gases. Pues lo mismo hice yo ayer tras las tres o cuatro primeras ventosidades, que miraba al plástico gesticulando mucho, como regañándole, para que quedara claro a los que me rodeaban que ese incómodo sonido no había salido de mi ano, sino de un poquito más a la izquierda, de una bromista tira de plástico con la complicidad de un viento que soplaba con una fuerza (y una puntería) impropia de estas fechas.

Y encima el recorrido hasta mi coche es bastante largo y en esta época más, pues como ya comenté aparcamos dentro del puerto, y debido a la operación “paso del estrecho” la zona donde estacionamos normalmente está ocupada por centenares de vehículos de argelinos procedentes de toda Europa esperando su embarque en el ferry que los lleve a pasar las vacaciones estivales en su patria nativa. Y allí los tienes a todos, como en un campamento del Frente Polisario, desperdigados por el suelo sobre cartones, matando el tiempo viendo a la gente pasar; cuando cruza su hacinado aparcamiento un ejemplar de varón blanco, cargado con un enorme cuadro bajo el brazo y sin dejar de pedorrearse escandalosamente a la altura de sus cabezas a cada paso que da (en una zona abierta como la del muelle, sin el resguardo de edificaciones, Eolo ya no me daba tregua). Y como quiera que a esas alturas ya se me habían agotado las dotes interpretativas y las ganas de actuar como refunfuñándole al plástico malo por hacer ruidos sospechosos en público, pues decidí disfrutar de la absurda situación que me brindaba la meteorología y empecé a reírme de mis propios petorros apócrifos, e incluso me permití exagerar algún movimiento de pelvis, recreándome en mi flatulento personaje, cuando el vergonzoso redoble se prolongaba más de la cuenta.

También he de confesar que visto lo visto, de perdidos al río, y aproveché la sonora coyuntura para expeler algún que otro peo de cosecha propia, confundiéndolos con la incesante música escatológica de la banda sonora.

1 comentario:

vainilla dijo...

No tengo palabras. Esta vez te has superado.