jueves, julio 05, 2007

Impresiones desde el interregno

Aunque según la R.A.E. el “interregno” es el “espacio de tiempo en que un Estado no tiene soberano”, poéticamente se emplea para describir ese estado casi mágico en el que uno se encuentra entre el sueño y la vigilia. Vamos, el acarajotamiento que tienes encima cuando tras sonar el despertador (la banda sonora de los fracasados de todo el planeta) te levantas mecánicamente a comenzar tus rutinas diarias, pero sin estar despierto completamente.

Sólo que hoy, mi habitual interregno se ha prolongado mucho más de lo deseable y he pasado buena parte del comienzo del día con un espesor bastante pegajoso que no lograba quitarme de encima; seguramente debido a que ayer trasnochamos un poco, por culpa de un sarao de intensidad moderada, tirando a marejadilla. Así que venía viviendo la realidad como muy irreal, y encima el tiempo atmosférico ha contribuido bastante, colgando un cielo plúmbeo y ceniciento como decorado sobre mis desvaríos semi-oníricos.

Y encontrándome en ese estado alterado de consciencia, he llegado casi sin darme cuenta al punto crucial de mis jornadas, que (como ya comenté no hace mucho) es el tener que soportar todos los días el acoso policial portuario, cuando pretendo acceder al recinto donde mi vehículo y yo tenemos formalmente autorizados el aparcamiento y la libre circulación. Pero al parecer hay algunos a los que no les entra en la testuz, después de tres años de ver pasar esta triste figura y su corcel con ruedas por delante de sus narizotas fenicias. Y me parece a mí que mi desplante del otro día no ha hecho más que recrudecer las hostilidades, porque después de varios días viniendo a lomos de mi borriquito cromado (que lo aparco justo al lado del trabajo y así me ahorro la caminata y las pamplinas de los uniformados), no me podía esperar semejante diálogo para besugos, que reproduzco a continuación, mantenido con otro idiota con porra (por favor, nótese como la obstinación del agente provocador por tocarme los cojones se va convirtiendo en desesperación, al ver que su flagrante falta de argumentos le obligaba a dejar escapar a su presa sin poder complicarle la vida un poquito más):

(Exterior. Día. En honor a la verdad, debo comentar que ahora mismo en ese muelle se está realizando una regata internacional de grandes veleros y se han agravado las medias de seguridad):

- (Idiota atrabiliario): “Perdone, caballero, ¿a dónde se dirige?”. (¿De qué me sonará a mí esa preguntita?).

- (Víctima vejada): “A aparcar en la blah, blah, blah…”.

- (I.A.; que no son las siglas, ni mucho menos, de Inteligencia Artificial, y que ha salido de un respingo de la garita y se ha situado junto a mi ventanilla, para escanearme con la mirada): “¿Y dice Vd. que está autorizado?” (mientras lee perfectamente la autorización expedida por la autoridad portuaria, que hay que situar bien visible en el salpicadero).

- (V.V.): “Sí, ¿es que no lo está viendo?”.

- (I.A.): “Sí, ya veo. Y ¿dónde trabaja Vd?”.

- (V.V. respirando profundamente y contando hasta cinco antes de responder): “En X”.

(Y aquí ya se vuelve la situación realmente absurda, y me hubiera resultado hasta cómico, sino fuera porque lo hubiera podrido a hostias allí mismo).

- (I.A. mirándome cada vez más con aire inquisitorial): “Y eso ¿qué es? ¿Alguna empresa del sector?”.

- (V.V.): “¿Y Vd. qué cree; que si trabajara en una mantequería me dejarían aparcar aquí por mi cara bonita?”.

- (I.A.): “¿Y hoy trabaja Vd.?”.

- (V.V.): “¿Cómo?”

- (I.A.): “¿Que si hoy trabaja Vd.? ¿Qué si ha venido a trabajar?”.

- (V.V. ya no tiene ánimos para más ironías y sólo desea dejar lo antes posible de relacionarse con el simio de la gorra, que cada vez hace preguntas más extrañas e inquietantes): “Sí, a trabajar”.

- (I.A.): “Entonces hoy trabaja Vd…”.

- (V.V. empezando a preocuparse por la salud mental de su atacante): “Sí, claro que hoy trabajo”.

- (I.A. ya fuera de control): “¿Entonces hoy es día laborable para Vd.?”. (?!!!).

- (V.V. aquí ya llega a dudar, y se pone a pensar que a ver si por culpa del interregno ése de los cojones se ha venido a currar en domingo, ó 28 semanas después, o algo): “Claro que es laborable, para mí y para todo el mundo. Porque hoy es jueves, ¿no?”.

(Y justo en ese delirante momento le interrumpe otro miembro de la piara, por no sé qué follón, y entonces no le queda otra que perdonarme la vida, mirándome como diciendo “Te has salvado por la campana”, y levanta con desprecio y desgana la barrera. Pero aún le queda tiempo para decir): “¿Y dónde piensa aparcar?”.

- (V.V.): “Pues donde siempre”.

- (I.A.): “¿Y puedes saberse dónde es “donde siempre”?

(Aquí V.V. deduce que I.A. está intentando ponerle a prueba con alguna técnica de interrogatorio que ha debido ver anoche en alguna película de Steven Seagal, o alguno de ésos, para ver si su víctima acaba derrumbándose y confesando que realmente no ha venido a trabajar, sino a torpedear todos los veleros, y así poder ponerse la medallita del mérito policial por desbaratar el solito una catástrofe terrorista de proporciones internacionales. Pero como no hay nada más lamentable que un contrincante sin talento, ni nada más satisfactorio que dejar a un gusano con la palabra -que no se merece- en la boca; he decidido aprovechar que la barrera estaba alzada para alejarme de allí acelerando como si me persiguiera Jeepers Creepers).


Una vez dejado estacionado el Micromobil, caminaba aún consternado, preguntándome si no estaría todavía dormido y todo eso no sería más que una pesadilla, cuando me doy de bruces con una especie de comité de bienvenida a uno de los veleros (el barco más rococó y ridículo que recuerde haber visto jamás), acompañados por una banda de músicos vestidos como de gala, interpretando toda una pieza clásica de la música naval: Paquito el chocolatero. Y cuando ya esperaba inminentemente despertarme sudado y alterado; pues resulta que no, que no era un sueño…

(Un abrazo a Vainilla, que ayer nos dio un alegrón a todos los que la queremos. ¡Bravo, campeona!).

4 comentarios:

vainilla dijo...

Me estaba poniendo de los nervios mientras leía el dialogo, hasta resoplaba poniendome en tu lugar, dioss...que paciencia tienes. Lo de ayer hay que celebrarlo pronto, no te olvides.

J-vol dijo...

La próxima vez dí que vienes a atentar contra el Bribón 4, a ver que pasa y por el alijo de coca que te dejastes ayer encima del piano.

Saludos

Mr.Celofan dijo...

Estoy con J-Vol, dales una alegría a los chicos de seguridad.

Enséñales el móvil cuando se acerquen a la ventanilla y diles que si no te abren la barrera y se apartan harás explotar tu cinturón de dinamita en el nombre de Alá ( que Dios tenga en su gloria ).

Chiringui dijo...

Cuanto capullo suelto... Otro día lo atropellas.