sábado, julio 21, 2007

¿Megalómano yo? Y un millón de toneladas métricas de mierda que te comas

Ayer despotricaba aquí abajo mismo sobre el género humano en conjunto, y su lucha a codazos por la supervivencia (lo que Darwin denominó Struggle for life); aunque en el estado del bienestar la supervivencia, más o menos confortable, está garantizada y lo que ese ente que entendemos por la gente batalla sin cuartel es por la preeminencia de sus intereses.

Pero aunque mi concepción global del ser humano es bastante decepcionada, siempre hay esas honorables excepciones que me reconcilian un poquito con la especie. Y uno de ellos es mi querido amigo Juanma Agulles, que ayer estuvo en casa cenando con nosotros.

Juanma es un escritor de enorme talento, impulsor del Colectivo El Tábano, el cual, entre otras muchas iniciativas culturales, edita trimestralmente los Cuadernos del Tábano, revista de opinión (no crítica, aunque pueden ser muy críticos) sobre literatura y arte; amén de la cita semanal de los viernes en la sede social de la asociación (sita en un altillo de la mágica Tetería El Tábano), que es un foro abierto a todo el público, en el que se debate sobre lo divino y lo humano, y donde cualquier creador de todas las ramas del arte puede exponer libremente sus obras. También han montado en la tetería una biblioteca popular que es una maravilla, por el buen criterio con que se seleccionan las obras que van enriqueciéndola.

Juanma está dotado de una fecunda imaginación para fabular (como bien lo atestiguan sus dos libros autopublicados de relatos) y una profunda perspicacia para la observación y la especulación abstracta (buena fe de ello la dan sus escritos ensayísticos), pero además es una de las personas más cultas que conozco, y resulta un enorme placer entablar tertulia con él. Que es lo que hicimos anoche al calor de unas velas y un buen vino.

Pero es que anoche Juanma venía con dos interesantísimas propuestas bajo el brazo; dos proyectos (uno que ya colea desde hace algún tiempo; el otro nuevo) para los que cuenta con la colaboración de un humilde servidor. Por supuesto acepté muy agradecido la ilusionante proposición, pero como mi megalomanía wagneriana no conoce límites, contraataqué con la propuesta de un proyecto que viene rondándome la cabeza desde hace días (pocos, para ser sincero). Y como mi pretenciosidad es ciclópea, la misión proyectada (de una ambición intelectual colosal) resultaba una tarea titánica para un solo mortal; así que, tras hacer una acalorada exposición del asunto valiéndome de un abigarrado batiburrillo que mezclaba al tuntún la mitología nórdica con Truman Capote, los nazis con la sífilis de Nietzsche, Poncio Pilatos con el Ku Klux Klan, Mozart y los masones con la doctora Ochoa, y el culo con las témporas; para mi grata sorpresa, y contra todo pronóstico, Juanma no sólo no me arrojó encima su copa y se marchó de allí airado por mis desmedidos aires de grandeza, sino que pareció hasta entusiasmado con la idea y me brindó su cooperación en tamaña monstruosidad.

Lo que se me pasó comentarle a Juanma, y que supone el principal (que no único) obstáculo para la realización de esa obra faraónica, es mi carácter veleta, de intereses tan cambientes e inestables que hoy me da por algo de lo que pasado mañana probablemente abomine. Por no hablar de esa montaña rusa emocional en la que se alternan la prepotencia mesiánica con las más insufribles inseguridades y flaquezas. Así que es más que seguro que un trabajo mastodóntico de tal envergadura acabe en agua de borrajas o, como mucho, en una paparrucha petulante y pretenciosa; pero por intentarlo que no quede (Muñecolate, Muñecolate… ¿llegarás a Navidad?…). Y todo porque esta iniciativa nace espoleada por una frase que leí hace mucho tiempo de un escritor, de cuyo nombre no quiero acordarme, que venía a decir que si vas a ponerte a escribir, si vas a hacer ese considerable sacrificio de tiempo y energías, que sea con vocación de trascender, de crear algo grande, aspirando a dejar hecha una obra maestra; porque de las mediocres ya hay en las estanterías demasiados millares.

Así que, tan pronto quede patente el abismal desfase entre mi monumental egolatría y mi esmirriado ingenio, podré dar por zanjada la opus magna que pretendía hacer tambalear los cimientos del Establishment, y todo quedará en una chuminada escuálida, una batallita que contar –tambaleándome yo- en alguna sobremesa etílica con amigos. O aquí mismo, sin ir más lejos.

En otro orden de cosas, dentro de unas horas me voy de vacaciones. Mi santa esposa y esto que suscribe cruzarán la semana que viene el pellejo de toro para visitar a la familia, y podré reencontrarme de nuevo con mi querida alma gemela (ya puedo escuchar sus carcajadas, cuando le cuente los pormenores de mi descabellado plan). Pasearemos por Lisboa, hermosa ciudad que vio nacer a una aún más hermosa mujer, de la que años después nació un -nada hermoso- servidor; y donde mi venerado tocayo Pessoa parió sus inconmensurables obras.

2 comentarios:

vainilla dijo...

Estás espesito, eh? Felices vacaciones y buen viaje

Chiringui dijo...

Volved enteros!