miércoles, julio 18, 2007

Mens insana in corpore fofo

Uno de mis muchos hermanos, además de trabajar como coordinador para un grupo propietario de numerosos locales nocturnos, es monitor de spinning. Suele ejercer esta actividad (aparte de en otros gimnasios que lo soliciten) en un centro polideportivo propiedad del mismo grupo de los pubs y restaurantes.

Ayer nos invitó a mi mujer y a mí a que fuéramos allí a probar una clase de Indoor Walking, que no es una marca de whisky escocés, sino una nueva modalidad deportiva de ésas que se inventan ahora, tan aparatosas y de nombres rimbombantes. En concreto ésta, que en castizo significa “caminar en interior”, vendría a ser poco más o menos lo que hacen los tigres de Ángel Cristo dentro de sus agobiantes jaulas: dar vueltas ansiosamente sin moverse del sitio. Es como el spinning pero, en vez de sobre bicicletas estáticas, sobre unas máquinas -también estáticas- que llaman elípticas. La elíptica viene a ser un armatoste infernal de Tele Tienda, ingeniado únicamente para hacerte pasar un mal rato indoor; lleno de palancas y agarraderas, que cuando coges cierta velocidad de giro elíptico en las piernas te parece que en cualquier momento vayas a viajar en el tiempo (llegó un momento en que yo, con la vista nublada por el sudor y las lágrimas, a punto de echar el bofe y desnortado por el golpe de calor, ya no reconocía si lo que me rodeaban eran elois o morlocks).


El polideportivo, que se ubica en una de las zonas residenciales más exclusivas de por aquí, es megapijo, y la gente va allí a hacer deporte arreglada como si fuera a desfilar con las mancuernas por la pasarela Cibeles, con unos modelitos conjuntados hasta el último detalle, y de unas marcas que a mí ni me suenan. Así que allí estábamos nosotros con nuestros chándales de mercadillo (el mío, un Adadoras (sic), en horrible combinación de naranja y negro) y nuestras toallas de Ikea, calentando motores para la master class de mi querido hermano.

Se nos hizo muy raro verlo subido en el pedestal del monitor, con su imponente aspecto de guaperas metrosexual, en una apabullante buena forma física, impartiendo la clase con una profesionalidad impecable y pegando berridos, mezcla de órdenes y jaleos de aliento para sus pobres víctimas.

Pero es que para superar este potro de torturas bajo palio, aparte de un buen fondo se necesita un gran sentido del equilibrio, cosa de la que yo no ando muy sobrado, y cuando llegó el fatídico momento de soltar las manos de los mandos del cachivache, casi doy con mis michelines en el suelo. Y cuando por fin logré coordinar lo suficiente mis desorganizados miembros y ya pude erguir un poco el pescuezo, me horroricé al ver en el enorme espejo que teníamos situado justo enfrente de nosotros, un impersonator mío interpretando el robot epiléptico.

Aunque derrengados y boqueando como carpas fuera del agua, logramos completar la sesión y nos fuimos a las duchas dejando un reguero de sudores fríos. Y por fin, después de unos cuantos malentendidos con la sofisticada taquilla y el torno de salida (para que os hagáis una idea, sólo diré que allí se accede mediante un sensor que reconoce las huellas dactilares de los socios), alcanzamos el aire libre, donde ya pude practicar el preceptivo Smoking Outdoor (que nunca me acuerdo de lo mal que me sienta ese cigarrillo justo después de hacer deporte, y que con todos los bronquios bien abiertos me sabe igual que si inhalara Zyklon-B).

Casi prefiero los paseos por la orilla de la playa.

3 comentarios:

vainilla dijo...

Y que ha sido de tu gimnasio Rocky Balboa donde las huellas dactilares se ponían sobre la superficie del botijo? Por cierto, a ver que vas a decir tu de la playa de Benidol, que habrá de todo pero un barco lleno de borrachos iluminados por Santa Marta desembarcando de madrugada no se ha visto todavía.

indoor brothering dijo...

a pesar de que creais que hicisteis el ridiculo al veros en el espejo no fue asi. Esta mañana ha entrado otra victima a mi clase y no ha podido terminarla cosa que vosotros sí hicisteis asi que os animo a seguir siendo cobayas de los deportes de interior.
ciao!

Mr.Celofan dijo...

Micropene, cuando llegamos a cierta edad tenemos que pensar en cuidar un poco nuestro continente y contenido.

Haz caso a tu hermano y de paso preséntame a alguna cuarentona en edad de merecer ( pero que tenga pasta, eso sí ) de las que desfilan con las mancuernas.