viernes, julio 06, 2007

Slowly we rot

Tengo la inmensa suerte de trabajar a escasa manzanas de mi mujer, por lo que todas las mañanas (a excepción de las que nos lo impide los compromisos laborales) quedamos a tomar café. A menudo sustituimos el café por una excursión al Mercado Central de esta ciudad, que no queda lejos, a abastecernos de fruta para el almuerzo, en aras de purgarme de mis excesos alimenticios (que últimamente estoy desatado, y el anillo de Saturno está ganando unas proporciones que me hace parecer un coche de choque. Sólo me falta ponerme el mechero en la cabeza e ir haciendo chispas al moverme).

No hace mucho me colaron entre mi ración de manzanas Fuji, una que, aunque el aspecto de su pellejo era lozano, su carne estaba pocha y blanduzca. Pero por una de esas tonterías mías, decidí en vez de tirarla directamente a la papelera, dejarla sobre mi mesa para observar su progresivo deterioro con el paso de los días, gracias a la oxidación del cálido aire estival. Y es un proceso muy ilustrativo y enriquecedor, que alecciona muy gráficamente sobre lo que nos espera a todos los organismos vivos más tarde o más temprano.

Conforme observaba emocionado el lento pero seguro avance de la descomposición de la materia orgánica, me hacía algunas preguntas tontas, que prefiero no transcribir aquí. Y digo “observaba” porque la mujer de la limpieza no entendió mi experimento filosófico-químico sobre la putrefacción, y decidió unilateralmente darlo por terminado con un lacónico “trae aquí ya esa cochinada”.

Así que ya no puedo repetir mi saludo matinal a la fruta moribunda, que me venía a la cabeza cada vez que veía su empeoramiento, y que corresponde al título de un disco (el primero, creo) de la banda de Death Metal Obituary: “Slowly we rot” (Lentamente nos pudrimos).

Aunque, visto lo visto, algunos organismos no tan lentamente…

4 comentarios:

Sr_Skyzos dijo...

David Delfin diseñó un bar en Madrid donde la barra estaba llena de botes de cristal, herméticamente cerrados, pero donde habían diferentes productos perecederos que iban pudriéndose... y así, cambiando el color del bar...

Como ves, no eres tan bicho raro.

vainilla dijo...

A David Delfín le encantaría el cajón de verduras de mi nevera. Ya he pensado en ponerle la puerta de cristal para que vaya cambiando el color de la cocina. Come bien! que luego tienes frio...

J-vol dijo...

El gesto de la señora de la limpieza me parece lo más sabio del experimento. ¡¡Cuánto nos queda por aprender!!

Mr.Celofan dijo...

Yo hice un experimento parecido con una mosca, le pegué las alas y la metí en una cajita.

Pero al final se murió.

¿ A que David Delfín no tiene un bar en Madrid lleno de moscas con las alas pegadas ?.

Ese es un prigao...