jueves, septiembre 27, 2007

Gran Marrano (II)

Me ha alegrado leer el comentario de Oskar (que acaba de inaugurar su blog; por favor Gilito, haz los links, enlaces o cómo coño se llame eso. Gracias), confesando que al menos hay una persona (bueno dos, contando a Mila la motera) en la Vía Láctea que se molestan en leer mis soporíferas batallitas de Abuelo Cebolleta; y que al final no era del todo exacta mi reciente sensación de estar hablando solo, como la loca de San Blas.

Y no es por ningunear a Vainilla, Xavalín, Próspero, etc… pero son personas con las que tengo trato carnal con mayor o menor frecuencia, a las que puedo contarles en persona (si no lo he hecho ya) mis neuras y ahorrarme el andar aquí en el curro, escribiendo intermitentemente y a traición, eludiendo las tareas que me dan de comer y escabulléndome del jefe (¡cuidado! que viene……………….………. ya está, ya se ha ido. Sigamos). Ni que decir tiene de Cripema, Gilito o Aprilia. Lo de mis queridos Espantos es caso aparte y ya son como de la familia, pero se agradece mucho saber que siguen por aquí. Por todo lo cual, me dejaré de chorradas y pasaré al meollo de la cuestión, pero no sin antes agradeceros a todos los comentarios.


Bueno, ya confesé el otro día (¡coño! que fue ayer. Qué lento pasa el tiempo y qué larga se me está haciendo esta semanita previa a mi segunda toma de vacaciones), que tanto despotricar de la basura catódica y dármelas de esnob, como que leo libros raros, de los que no entiendo ni papa; y todo para que a la mínima que me surge la remota posibilidad de hacer el ganso en pantalla, en directo para millones de telespectadores, acabe pasando por el aro de un peculiar proceso de selección, que a lo tonto, a lo tonto, casi termina con mis huesos en la casa de los horrores.

Por supuesto, en mi caso, y más por aquellos tiempos, mi único interés era monetario ya que me encontraba desempleado y sin blanca (bueno, esto último no suele estar necesariamente condicionado por lo anterior; ya que se puede dar el caso, pongamos ahora mismo, que por mi particular modus vivendi, sí tenga trabajo pero tampoco tenga un duro).


La cuestión es que, como ya dije, en el año 2.000 (guarismo de resonancias muy futuristas) llegó a este país la 1ª edición cañí del formato Big Brother. Para los que me conocen, no es ninguna novedad que apenas veo la tele (básicamente porque no paro quieto por casa), y ésta no iba a ser una excepción; pero visto el revuelo que armó el programa no me quedó más remedio que echarle un vistazo, si no quería quedar marginado en cualquier tertulia o reunión de amigos, ya que no se hablaba de otra cosa.

Confirmando mis peores pronósticos, el programa me pareció una hediondez y sus protagonistas: infrahumanos; y allí terminó todo mi interés por el invento. Lo poco más que supe del engendro me lo iba enterando en las conversaciones, en las que –insisto- pareció durante un tiempo que no se pudiera hablar de otra cosa.


Debió ser con la 2ª edición, que mi querido amigo Karras y su señora parecieron contagiarse de esta fiebre, y en alguna cena en su casa (yo, como siempre, gorroneando a todo Dios) me obligaron a televisionar el espantajo. No podía dar crédito a mis ojos ni a mis orejas, y empecé a preocuparme seriamente por el futuro de la humanidad, tras la contemplación estupefacta de unos comportamientos aterradores en sí mismos, y francamente preocupantes si se cuenta que aquellos individuos sabían perfectamente que media España (casi literalmente) contemplaba en directo todas sus astracanadas.

Pero lo peor de aquella velada fue que, a través de la niebla alcohólica, me pareció escuchar que mi pareja de anfitriones llegaron a comentar con otros invitados que les encantaría verme a mí allí dentro, que yo estaba zumbado y que seguro (según ellos) daría mucho juego en el programa, con mis chascarrillos y cruces de cables (insisto, siempre según ellos). Por supuesto yo despotriqué lo mío y la cosa quedó ahí. Bueno, eso creía yo.

Hasta que, pasado un buen tiempo, me llama el Karras y me dice que su señora me ha inscrito a traición en el proceso de selección de la 3ª edición del famoso show de realidad, y que por favor me tome nota de unas claves con las que tengo que entrar en la página web del programa y responder unos cuestionarios.

Ya estaba a punto de mandarlo a tomar por culo, pero él muy hábilmente me lanzó la carnaza perfecta cuando pasó a comentarme el dineral que ganaba cada concursante abisal por gandulear unos meses, paseando su zozobra ante las cámaras en un chalet de la sierra. En ese mismo momento se me pusieron las pupilas en forma del signo del eurodólar (como en los dibujos animados de Tex Avery) y ya empezó a interesarme el asunto con una ávida intensidad.

(Mañana sigo, que al final me van a tirar a la puta calle).

3 comentarios:

prospero dijo...

Vaya! Este serial promete, ya estoy enganchado :)

vainilla dijo...

ya sabía yo que estabas deseando contarlo, ves como si te leen?

Guile dijo...

Yo te leo y no te conozco de nada, y algunas de las entradas me parecen muy buenas.

De hecho, tu me animaste a crear mi propio blog:

http://polvoenelvientoblog.blogspot.com