viernes, septiembre 21, 2007

La Etnobomba

Consternado leo por ahí que debido a los recientes logros de la ingeniería genética y su lento pero progresivo avance en el desciframiento de nuestro libro de instrucciones, que es el genoma humano (que debe ser como traducir del coreano sin diccionario las instrucciones del microondas); los investigadores del signo contrario, los de la industria militar, que no pierden comba en apuntarse al carro de cualquier descubrimiento civil al que le puedan buscar su aplicación en la industria de la muerte, pues ya andan ingeniando cómo aprovechar estas cosas para tratar de masacrarnos con mayor eficacia y rentabilidad.

Y (ya) no es ningún secreto que los profesores Bacterio de EE.UU., Rusia e Israel llevan algún tiempo trabajando en la infame Etnobomba. Es decir la forma definitiva de armamento y poder militar que sólo destruya a los individuos de las etnias enemigas. La bomba racial y racista, que podremos dejar caer tranquilamente en nuestro propio territorio porque (de momento solo Dios sabe cómo) dañará únicamente a las personas que compartan ciertas características en su código genético, es decir que pertenezcan a una misma raza biológica (la etnia incluye otros aspectos sociales y culturales comunes), que por supuesto será otra distinta de la del que la arrojó.

Es decir, por poner un caso, podremos dejarla caer cómodamente sin salir de casa, sobre Tel Aviv sin ningún temor porque los laboratorios te garantizan que matará a todos los moros y dejará ilesos, o menos dañados, a los hijos de Sem, o semitas. O arrasar a todos los negros (perdón, afroamericanos) de Alabama sin despeinar a los caucásicos ni a los hispanos. Y estos últimos podrán fumigar La Rosilla o las Tres Mil Viviendas para exterminar a todos los elementos de esa raza nómada que despierta tantas simpatías a su paso, sin tener siquiera que molestarse en vestir un traje N.B.Q.


Los perros de la guerra ya deben estar salivando de saber que científicos sin escrúpulos están a punto de servirles en bandeja su ansiado, y hasta ahora utópico, GENocidio total y selectivo, para barrer de una vez por todas de la faz de la tierra a esas razas y etnias tan molestas para sus intereses. Parecía improbable pero en apenas medio siglo estamos haciendo realidad la inmensa mayoría de las distopías (utopías negativas) que presagiaran escritores, cineastas y pensadores de todas las épocas pretéritas.

Esto ya empieza a acojonar de verdad.

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