miércoles, octubre 17, 2007

Gran Marrano (5 y seguimos para Bingo)

La cuestión fue que en plena borrachera tuve una experiencia cuasi mística, que fue la que provocó que acabara acudiendo a mi cita en Valencia con los buscadores de monstruos.

Llevábamos todo el día (literalmente, porque estas farras empezaban a media mañana y se alargaban sine die) bromeando con una chorrada absurda; entre otras muchas paridas, pero ésta en concreto es la que nos interesa ahora. Todo a cuento de que almorzando ese día le había contado a la pandilla una anécdota insustancial pero que resultó hacer mucha gracia al personal:

cuando mi padre era pequeño, en plena guerra civil (española, claro), para llevarles algo de alegría a unos muchachos que se estaban criando entre fusilamientos y bombardeos, montaban de vez en cuando en su pueblo (La Vila Joiosa) un proyector de cine y les ponían algunas películas de cine mudo protagonizadas por un antiquísimo héroe del western cinematográfico llamado Tom Tyler. No hay que ser Shakespeare para suponer que eso se pronuncia “Tom Táiler” o, si uno es de Tejas, “Chom Cháiler”; pero, vete tú a saber por qué, todo el pueblo lo llamaba “Tom Tilét” (con el acento en la “e” y acabado en “t”); pronunciación más asequible para los vileros valenciano parlantes, pero que francamente volvía un tanto cómico el nombre para un pretendido héroe pistolero de la pantalla.


Pues bien, el día de autos locos, venga Tom Tilét por aquí, Tom Tilét por allá, resulta que llegada una altísima hora de la madrugada en que ya daba absolutamente por perdida cualquier opción de asistir a la prueba valenciana; y probablemente favorecida por la confusión mental de tanta traca acumulada en el cuerpo, tuve una especie de revelación mística y se me pareció Tom Tilét en persona (en la persona que yo quise y con las pintas con que me lo imaginaba, claro: cowboy repeinado, en blanco y negro y con cartucheras) y me dijo (y eso que era un personaje de cine mudo): “Micropene, tu destino es acudir a esa prueba”. “Pero, Mr. Tilét, ya es imposible –respondí yo-. Mire Vd. la hora que es, y el estado en el que me hallo, que estoy hablando con el fantasma de un vaquero mudo”. “Para un héroe no hay nada imposible”, me dijo él en un tono tan convincente que, de golpe y porrazo, se me pasó todo el colocón y me puse como un loco a organizar toda la operativa necesaria para lograr estar en apenas 3 horas en un hotel de Valencia.

Ya he dicho que estábamos en medio de una ciudad sitiada por la fiesta, y que yo por aquellos tiempos no tenía coche (cosa no exacta del todo, porque tenía un cacharro indigno del Scalextric Mad Max, tan reventado que en él no hubiera llegado ni a la Font de la Figuera), así que tuve que molestar a esas horas a uno de mis hermanos para que me dejara un Seat León precioso, que acababa de estrenar. Sobra decir que a él no le hizo ni puta gracia tener que dejar su coche nuevo en mis manos en aquel estado, pero es que yo no le podía explicar (porque me hubiera tomado por un loco) que podía estar tranquilo, que Tom Tilét cuidaría de mí y de mi montura, y que era por una buena causa: para prostituir mi intimidad y la de toda la familia en un programa inmundo de televisión.

A lomos de mi León me planté en casa de mis padres para poder escribir e imprimir en el ordenador de mi padre el texto que debía llevar. Pero imaginaos, con la desbordante verborrea que me caracteriza para contar cualquier parida (y éste sería un interminable buen ejemplo), tener que resumir mi vida y milagros en un solo folio. En fin, la cuestión fue que los estados alterados de consciencia debieron ayudarme en el lance, y vete a saber qué coño pondría, pero al parecer mi escrito gustó mucho allí (pero no adelantemos acontecimientos).


Resumiéndolo mucho, que nos van a dar las uvas con esto: imprimí el maldito texto, localicé la puta foto, me bebí un litro de café y me dí una ducha helada para espabilarme, y me fui para Valencia. No me preguntéis cómo coño lo hice, pero juro que logré llegar al punto indicado con tiempo de sobra para aparcar, entrar en un colmado a comprarme una empanadilla y una Cocacola, y esperar tranquilamente a que fuera la hora de entrar en el hotel. Todo eso mientras trataba de poner algo de orden en mi cabeza para no patinar más de la cuenta allí dentro; me refiero a no andar por el hall hablándole a gritos a mi cowboy invisible… aunque visto ahora, quizás ése hubiera sido mi pasaporte seguro para entrar en la casa de locos de la sierra.

(Mañana menos y peor).

6 comentarios:

vainilla dijo...

Madre mia, desaparezco unos dias y la que me tienes liada con el Gran Hermano, por cierto Betadine y yo nos hemos enganchado a esta edición, que vergüenza....

Guile dijo...

Ja ja, jaa, me recuerdas a Eduardo Mendoza narrando en Sin noticias de Gurb las peripecias de su personal ET... ja ja...

Chiringui dijo...

Sin lugar a dudas tu historia del casting de gran hermano con la aparición de Tom Tilét como si fuera un Obi Wan Kenobi rescatándote de una borrachera y marcándote un objetivo en tu carrera de jedi es la mejor que he leído en mucho tiempo.

Enorme.

Chiringui dijo...

http://www.cowboypal.com/tyler%20cover.jpg

Me sonaba, aquí está.

Cripema dijo...

Lo de Tom Tilet te lo acabas de inventar? Yo no me acuerdo....
Claro, q aquellas eran juergas mayores y me acuerdo de poco...

Gilito dijo...

que bueno lo de Tom Tilét!!! Además hizo la primera peli de EL FANTASMA, basada en el comic de Lee Falk, uno de los supèrheroes más bizarros y uno de mis favoritos!!!

Micro, hermano, podiamos hacer un corto con esta historia? Una roadmovie freaky...