jueves, octubre 18, 2007

Gran Marrano (666)

Llegó la hora de entrar, pero primero tuve que armarme de valor para poder enfrentarme a exactamente aquello que me estaba temiendo. Imaginaos un inmenso hall hotelero repleto de dos centenares de eso que se ha dado en llamar “grandes hermanos”. Horripilante, ¿verdad?

Al poco, llegaron los titiriteros dando instrucciones de lo que teníamos que hacer y dónde nos teníamos que poner. Y dejan flotando en el aire una velada amenaza en forma de consejo: “Y no intiméis demasiado entre vosotros, que ya sabéis que nunca cogemos a dos que se conozcan”. ¡Qué les has dicho! Te los veías alejándose unos de los otros como si tuvieran la peste bubónica, y entraban a la sala donde nos dirigían sin mirarse a las caras.

Yo, que llevaba varios días de fiesta en las espaldas y esa noche no había dormido, pues francamente no estaba para tonterías y me pasaba sus instrucciones por el forro de los cojones: hablaba con unos y con otros y llegaba el último a todo. Quizás algún idiota llegó a pensar que todo aquello formaba parte del personaje que trataba de representar, que iba de guay para llamar de algún modo la atención de los titiriteros; pues nadie podía imaginar que lo que realmente me pasaba es que, una vez pasados los efectos hipnóticos y euforizantes del cóctel que llevaba en la mollera y una vez esfumado el Tom Tilét y todas esas zarandajas, pues me vi allí a punto de hacer el ganso y con ganas únicamente de irme a dormir y perderlos a todos de vista.

Pero en fin, ya que estaba allí, seguiría adelante, aunque sólo fuera para ver cómo se realizaba el escrutinio de las criaturas.

Así pues, nos pasan a todos a una sala y nos dan un contrato con el membrete de la productora, que leyeron entero en voz alta (como hacen los notarios) y que nos hicieron firmar. En él se ponían muchas condiciones, como que la productora se reservaba el derecho de usar como creyera conveniente el contenido de todas las pruebas que nos disponíamos a hacer (incluidas las tomas de cámara, si llegabas hasta ese punto de la criba) y por supuesto se hacía mucho hincapié en que nos comprometíamos a no hacer públicos los pormenores de los procesos de selección. Que es precisamente lo que me dispongo a hacer a continuación.

Tras recoger los contratos firmados nos entregan unos tests de personalidad. Nos apremiaron a responder todas las preguntas en el limitadísimo tiempo concedido, recurso empleado para que no trates de engañar al contestar, pensando qué es lo que ellos esperan recibir como respuesta. Eran de esas pruebas en las que vas marcando casillas con una cruz, y al tener tan poco tiempo para completar los tests (iban cantando cada cierto tiempo cómo corría el cronómetro, para que te agobiaras y dejaras de mentir), y al estar las mismas preguntas repetidas machaconamente a lo largo de la prueba, pero formuladas de maneras distintas para que, si mientes, incurras en contradicciones; pues no había forma de engañarles: nos iban a calar a todos; por mucho que intentásemos representar algún papel, las crucecitas delatoras nos desenmascararían pronto sobre el papel.

Las preguntas iban enfocadas temáticamente (por decirlo así) según los tests, y tened en cuenta que me hinché de hacer pruebas de éstas, porque me pasé todo el día allí metido. Me había decidido a quedarme y probar porque pensaba que sólo iba a ser un ratito, pero entré a las 8 de la mañana y salí del hotel de noche (y era Junio) porque, paradójicamente, cuanto más agotado estaba y menos empeño ponía, más fases de la eliminatoria iba superando. Y esto último debería hacernos reflexionar sobre la clase de perfil que busca esta gente. Pero no nos adelantemos, que la cosa tiene miga.


Tras unas cuantas baterías de tests nos dividen en grupos de unas 8 ó 10 personas y nos llevan ante la puerta de una de las muchas habitaciones del hotel que se acondicionaron debidamente para el casting. Íbamos pasando de uno en uno y dentro nos esperaba una psicóloga.

Cuando llegó mi turno, me hacen pasar y una señorita me escanea con la mirada de arriba a abajo, cada mínimo movimiento desde que entro en la habitación y me siento, mientras anota cosas en mi ficha sin parar. Yo no tenía ni idea de lo que esperaban de nosotros ahí dentro, porque la gente salía con cara de póker y se marchaba a esperar sin soltar prenda. De repente, me suelta muy seria: “Micropene, sorpréndeme”, y se me queda mirando muy atentamente. Y, tras unos segundos de bloqueo tratando de discernir qué podía entender aquella tipa por “sorpresa”, le suelto que para eso podría hacer una cosa que había visto en la tele, en un anuncio de un coche (no sé si os acordáis de ese spot, que se emitía en aquellos momentos y en el que el eslogan era, precisamente, “Sorprendente”; y no recuerdo muy bien la trama pero al final la chica le confiesa algo al chico y éste, en respuesta, se arranca su cara humana, que resulta ser una máscara, y con la cabeza de extraterrestre le confiesa que no se llama noséqué sino que viene del planeta nosécuántos. Vamos una puta mierda, pero es lo único que me vino a la mente), pero que casi mejor, si quería sorprenderse, le contaría qué, o mejor quién, me había llevado hasta allí. Y se lo conté. Y vaya si se sorprendió, que a renglón seguido me dijo que pasaba a la siguiente fase y me dio mi ficha, en la que había garabateado unos signos extrañísimos (luego comparé los jeroglíficos de mi ficha con los de otros elegidos para la gloria (saltándome la norma sagrada de no andar cuchicheando, claro), y no se parecían en nada unos con otros. Eran unas figuras geométricas muy raras a las que le iban añadiendo trazos según avanzaban las pruebas hasta conformar una especie de retorcida radiografía de tu alma). Pero, después de lo que le había contado, no había que ser ningún experto en criptografía para entender que los gurruños de mi ficha decían claramente: "Éste interesa, que está grillao".

(Qué larguito se está haciendo esto. En el próximo lo finiquito, fijo).

6 comentarios:

Chiringui dijo...

Joderrr

Guile dijo...

Ves, lo que yo decía, al final vas a ser como el extraterrestre de "sin noticias de gurb", yo, la verdad es que si la psicologa me dice eso, me saco la p**** y me hago una p***, eso seguro que la sorprende...

Cripema dijo...

Habría que haber visto a la psicologa esa....

vainilla dijo...

Gilito: el sushi en el carreful de benidol a 6,95. No he tenido huevos de comprarlo, me ha dado yu-yu.

oskar dijo...

Ufffffffff

¿Vas a tenernos todo el fin de semana sin contar el finaaaaal???

malaputa dijo...

Para que bajen el presio del producto en el Carreful tiene que ser en tiendas de la misma localidad, y no te bajarán el presio, lo que harán será darte un bono con la diferencia...
Deberías escribir culebrones o folletines por entregas, como los de antes ;)