martes, noviembre 27, 2007

Un chiste...

...muy bueno que nos contó Gilito este fin de semana. Venía esta mañana riéndome solo, como un loco, al recordarlo y me parece tan gracioso que podría curar la peor depresión escandinava:

¿Cómo se dice camarero en élfico? ÉLDELBAR

JajajajajajaAAAAA....

lunes, noviembre 26, 2007

El viorador

El otro día, durante una comida, se dio la ridícula circunstancia de que yo estaba soltando una de mis insufribles peroratas y, embebido como andaba en mi propia tormenta de memeces, no dejaba de interrumpir el nuevo rumbo que el resto de contertulios trataban de darle a la conversación. Y yo seguía erre que erre, espoleado por las generosas dosis de vino ingeridas, hasta que uno de ellos me lo quiso hacer notar y mi respuesta me sorprendió hasta a mí: “Ya lo sé, pero me da igual porque yo no soy un buen orador, yo soy un viorador. Yo penetro a la fuerza tus orejas con mi discurso, aunque intentes resistirte o chillar. Y si luego mi mensaje no fecunda en tu cerebro me importa un pijo, porque yo ya te he viorado…”.

domingo, noviembre 25, 2007

tengo el corazón contento, el corazón contento, lleno de alegría

Lo he repetido varias veces esta noche (los gin tonics,,,que ya se sabe) pero es verdad, y es que da como miedo decirlo....pero muchas gracias amigos, he cumplido 33 castañas y estoy la mar de contenta. Estoy pasando quizá por el mejor momento de mi vida, y tengo a mis amigos para afianzar este sentir. Lo he pasado muy bien, y no sólo he tenido tarta de cumpleaños con velas de 24 (que me ha encantado) y tarjeta con foto montaje de Rufus y yo, y más regalos(que también me han encantando) sino que ha sido un día muy chulo. De verdad, MUCHAS GRACIAS A TODOS. Prometo desarrollar todo esto más adelante, que Gilito ya me ha dicho que tengo que currarme un poco más eso de ser contributor del blog, y tiene razón. Bueno, pues salud a todos y buenas noches. Hoy ha sido un día muy bueno. gracias otra vez. Me voy a dormir que estoy un poco perjudicada....los gin tocnics...que ya se sabe. besos
http://www.youtube.com/watch?v=6M33UsOUxcw&feature=related

miércoles, noviembre 21, 2007

Comer, comer

Ya he comentado alguna vez que las obligaciones profesionales de mi pareja incluyen la asistencia (bastante a menudo) a saraos de mucho postín.

El otro día tocaba entrega de los premios a la excelencia que otorga una asociación gastronómico-cultural que aglutina a los restaurantes más exclusivos de la montaña alicantina.

Y yo me había hecho muchas ilusiones de llenar el buche generosamente, porque la expresión “restaurantes de montaña” me traía ecos de bosques canadienses, con casita de troncos con chimenea regentada por algún Grizzly Adams a los fogones, que nos despanzurraría a los invitados a base de recias carnes de oso o venado y otros guisotes montaraces. Pero no.

Resulta que hoy en día, vayas donde vayas, ahora lo que priva es la cocina ¿moderna?, o lo que es lo mismo: el comer poco y, digámoslo de una vez: mal; fatal. Es la segunda vez en esta legislatura que me veo obligado a comer ¡oro! (y espero que no fuera del que cagó el moro) y sigo sin encontrarle la puta gracia (aparte, claro está, de ser la excusa perfecta para sablear salvajemente a los potentados clientes). Por más veladas de éstas a las que asista sigo sin enterarme de cuál de los diez cubiertos desplegados bajo mis antebrazos debo esgrimir en cada plato (y en esta ocasión no fui el único, ya que se produjo una graciosa confusión cuando, tras una tensa espera en la que todo el mundo miraba de reojo al que tenía a su lado en la mesa, retardando el momento de empezar hasta descubrir qué utensilio había que empuñar para hincarle al turrón de foie (sic), al final la legión de camareros tuvo que reemplazar los cubiertos empleados a destiempo y recomponer a toda prisa la panoplia de todos los comensales). Es decir, que lo quieren hacer tan sofisticado y cool, que al final sólo causan quebraderos de cabeza y molestias a los que pretenden agasajar con tanto lujo asiático. A este paso tendrán que poner un cuadernillo de instrucciones para las herramientas de la manduca. Y otro explicando la propia manduca, porque resulta desconcertante no saber muy bien lo que estás alojando en tu cavidad bucal (tragárselo ya es otra historia), ni ser capaz de distinguir algún gusto en semejante turbamulta de sabores exóticos y aparentemente contradictorios.

Y esto último hizo derivar la conversación de nuestros compañeros de mesa a tratar de desenmascarar los ingredientes y aderezos de cada nuevo espantajo que aterrizaba en sus lenguas. Y aunque no fanfarroneaban, porque todos ellos regentan restaurantes selectos donde no me cabe duda experimentan a diario con las combinaciones culinarias más impensables, y como si en vez de papilas gustativas tuviesen todo el C.S.I. agazapado en la mui, llegaron a distinguir chuminadas como “flor de la pimienta de Sesuán” (ignoro si se escribe así) o “sal negra del Himalaya” (juro que es sic). E insisto que no se estaban tirando el moco, sino que hablaban totalmente en serio y con fundamento (rico, rico). Amén de la furibunda diatriba contra el uso del limón como aliño que nos largó uno de los presentes, y que fue respaldada por el resto de gourmets, que (tomen nota) recomendaban en su lugar una reducción de cítricos de no-sé-qué, que -dónde va a parar- condimenta pero sin amargar. Si vieran las lluvias ácidas con las que riego todo tipo de arroces, sopas, carnes, pescados, mariscos, moluscos, y un largo etcétera… Y eso que mi abuelo, que era marino, despotricaba cada vez que me veía hacerlo porque me enseñó que el limón sólo se usa en los barcos para matar el regusto a pasado de los alimentos que llevan a bordo demasiada travesía, y que echárselo a un alimento fresco y bien cocinado es un insulto para quien lo cocinó. Pero no puedo evitarlo, me encantan las cosas ácidas, agrias y amargas y mi paladar curtido necesita emociones fuertes, que para soso ya estoy yo.

Lo mejor, como siempre, el vino. Es en estos actos donde tenemos acceso a esos caldos selectos que no suelen defraudar, y lo único de la carta en lo que no eché de menos mi redecilla de limones.

viernes, noviembre 16, 2007

Final (a ver si es verdad)

Puntualmente nos estacionan justo debajo de la oficina autobuses de ésos que giran por los municipios para exponer, concienciar o reclamar algún asunto. Lo mismo te montan una unidad móvil para donaciones de sangre, que una oficina de reclutamiento itinerante de las fuerzas armadas, que una exposición sobre la escasez de agua (donde puedes escuchar por la megafonía a algún politicastro dar la murga con que ahorremos agua, cuando él esa misma mañana se ha hecho unos hoyos en el nuevo campo de golf, después de unos largos mañaneros en la piscina olímpica de su chalet, culminados con una sesión de SPA; siglas que pronto dejarán de significar Salutem Per Acqua, y se ajustarán mucho más a Sólo Pa’mí Agua).

La cuestión es que esta semana tocaba autobús temático sobre un asunto repugnante, al que últimamente le cambian el nombre muy a menudo pero el drama sigue siendo el mismo:eslo que ahora han decidido llamar Violencia de género.


Por supuesto, toda iniciativa que se emprenda para combatir esa lacra lamentable me parecerá muy bien; otra cosa es si el enfoque que algunas veces se le da al asunto es el más apropiado. No se me escapa que éste es un problema muy peliagudo que se debe abordar con mucho tino para no andar hiriendo sensibilidades, con lo que las alas de los publicitarios y de los que planifican estas cosas andarán muy cortitas de libertad creativa para evitar alardes de ingenio que puedan tocar los cojones (en este caso más bien los ovarios).

Y en este contexto se ha plantado debajo de nuestras narizotas el autobús que comentaba antes, que abría sus puertas para recibir a escandalosos grupos escolares a los que inculcarles en sus tiernas y dúctiles personalidades infantiles que no se pega a quien se estima; que quien bien te quiere no te hará llorar; y que en esta vida hay que saber perder y cuando se termina una relación o uno resulta rechazado, pues se acabó y a pelártela a tu casa, y dejar que la persona que ya no es tu pareja siga con su nueva vida y no andar dando por culo y complicándosela.

Todo muy bien y todo muy bonito, pero me ha chocado un poco el leitmotiv de esta campaña en concreto: FINAL Violencia de género. Da la sensación de que estén anunciando una gran final futbolística europea, y los colores con que han pintado la carrocería del vehículo no hacen más que reforzar esa impresión: rojo chillón y blanco nuclear (nucelar, nu-ce-lar). Coño, que parece el autobús del Hércules tratando desesperadamente pescar abonados. Sólo le falta la voz de Matías Prats Senior anunciando por megafonía el duelo en la cumbre: “Esta noche en el Rico Pérez, gran final. Los resentidos del Mantapalos F.C., reforzado con los fichajes del bilbaíno Cogorza, el inglés Longhand y el ruso Mostrenko, se las verán con la escuadra del Victims, que espera devolverles la paliza recibida en el partido de ida…”.

(Me permito hacer esta broma tonta porque es un tema que por desgracia conozco personalmente, de 2ª mano pero demasiado bien; y no trato de quitarle ni un gramo de hierro a un asunto que debería avergonzarnos a todos como especie y que, tristemente, no tiene demasiada pinta de acercarse a su anhelado FINAL).

jueves, noviembre 15, 2007

Sueño movidito (y nunca mejor dicho)

No se me escapa que parte importante del argumento, los escenarios y los personajes que aparecen en nuestros sueños se compone de acontecimientos e informaciones que vamos asimilando durante el día. Cosas que, aunque a un nivel consciente no nos hayan impactado demasiado y creamos haberlos olvidado por completo, siguen sin embargo orbitando nuestra mente como la basura espacial, que ya no sirve para nada pero ahí está, dando vueltas hasta que se desintegra.

Mi problema es que soy un depredador de la realidad (una portera, vamos) que se va cargando a lo largo de la jornada de incontables acontecimientos e informaciones inútiles y que uno cree efímeros, pero que por lo visto (o soñado) perduran en la memoria a un nivel no consciente y afloran cuando menos te lo esperas. Y claro, toda esas mierdas son terreno abonado (para algo está el estiércol) para los sueños… y las pesadillas.

Yo no sé cómo será en otras personas el mecanismo de ir vaciando el buzón de sus memorias, pero me gusta imaginarlo como algo sosegado y coordinado; como una catarsis (en su 4ª acepción de la R.A.E.: Eliminación de recuerdos que perturban la conciencia o el equilibrio nervioso) tranquila que ejerce de aliviadero mental cuando la balsa de la memoria empieza a saturarse. Un ir sacando los escombros de la mollera pero con gracia, incorporándolos a los sueños con mucha discreción y elegancia, poniendo aquí y allá una cara o un escenario que se nos había quedado atragantado en la memoria RAM, y que como no servían para ningún pensamiento consciente, ni se tiene intención de archivarlos en el disco duro, pues se les busca un uso como atrezzo para algún sueño tonto, y así se les da salida.

El problema es si uno recuerda sus sueños, pues entonces lo único que hacemos es reforzar su impronta y concederle a esa información residual que se pretendía eliminar el estatus de Recuerdos con mayúsculas. Vamos, que reciclamos la basura y no logramos deshacernos del todo de ella.

La cuestión es que mi mecanismo de catarsis no es ni mucho menos plácido ni fluido, si no que funciona como una Kärcher, expulsando a presión y con furia torrentes de diarrea mental.

Esto que da por frutos unos sueños y pesadillas (más de lo segundo que de lo primero) de ritmos agotadoramente trepidantes y visualmente rococós y sofocantes. Es como si se fuera a acabar el mundo y en un solo sueño, y a ritmo de videoclip, pretendiera meter a troche moche y sin ton ni son las toneladas de gilipolleces que voy almacenando por los vertederos de mi cabezota; dando por resultado un batiburrillo ansioso, inconexo y mutante.

Es que es tal el estrés de incluir situaciones, lugares y personas en una misma trama que, a falta de tiempo (ni que fuera un espot, coño), se resuelve metamorfoseando sobre la marcha al reparto principal y removiendo los decorados y la ambientación.

Sé que los sueños nos parecen absurdos cuando uno intenta interpretarlos al despertar, pero es que a mí me pasa muy a menudo que ya me resultan incomprensibles e inquietantes durante el mismo transcurso del sueño. Porque resulta frustrante y agotador estar soñando con fulanito en algún lugar y que éste -sin mediación de elipsis ni fundidos en negro- se convierta de repente en menganita y ya no estemos donde antes, sino en otro escenario totalmente distinto pero igual o más claustrofóbico; y que, acto seguido y sin que descienda ningún telón, menganita ahora es sotanito y el decorado ha vuelto a cambiar, posiblemente a peor; y en un cerrar y cerrar de ojos sotanito ahora es negro, o está muerto o es un puma; y de nuevo en un plis plas y sin previo aviso, ahora estamos todos en pelotas, o subidos a un algarrobo o recibiendo fuego de mortero; y así, mutatis mutandis ad nauseam.


Y, claro, tras una de esas desquiciantes veladas, en lugar de despertarme descansado y con la mente despejada amanezco hecho un chisgarabís, arrasado físicamente y mentalmente confuso. Y lo del cansancio físico no es broma, testigos presenciales afirman que algunos de mis sueños los vivo con tal intensidad que canto, grito, río, lloro y me muevo con tanta energía que luego no les extraña que me levante tannnn cansado.

Y lo de moverme violentamente tiene sus consecuencias: eso de que mis sueños sean como echarse una partida en la Wii, que mientras hago mis tonterías en la virtualidad onírica el Micropene real se convulsione físicamente como un epiléptico, hoy mismo me ha costado tener que irme a primera hora a una Ortopedia a comprar una tobillera.

Y todo porque, atando cabos, he recordado que resulta que ayer por la mañana escuché en algún programa de radio cómo se cachondeaban a costa de David Hasselhoff, y ponían repetidamente una grabación del cowboy de playa totalmente pasado de copas, diciendo unas tonterías incomprensibles en la lengua de Terry Churchill, un deshollinador de Newcastle.

Y esta noche tocaba pesadilla agitadísima y cambiante. Y en alguno de esos cambios, mi voluble coprotagonista de turno (un ente sobre el que van tomando cuerpo todos los secundarios a un ritmo frenético), en un suspiro se ha transformado (transformarse no es la palabra correcta, pero ahora no sabría explicarlo mejor) en Michael Knight (con su uniforme de eskai incluido) y algo he debido comentarle sobre su borrachera que al pavo no se le ocurre nada mejor que sacarme una navajita de esas pequeñajas de llavero, y claro, el patadón que se ha llevado en el cardado ha sido idéntico al que le he metido a algo sólido del dormitorio (todavía sin identificar, pero afortunadamente no ha sido mi compañera de lecho).

No quiero ni pensar el día que sueñe con Freddy Krueger...

martes, noviembre 13, 2007

Mondo cane

Menuda forma de empezar el martes y 13. Yo no creo en estas supercherías, pero anoche Tomi, uno de los perros del parque zoológico que más se hacía notar por su carácter vivaracho y saltimbanqui, y que por la mañana se mostraba radiante y en perfecto estado de revista, por la tarde, cuando volvíamos a casa desde una feria de vinos, nos lo encontramos muy, pero que muy desmejorado. Sobre la hora en que el 12 se convertía en pasado y el supersticioso 13 empezaba a hacerse presente desde el incierto futuro, el estado de este mejor amigo nuestro era ya misérrimo, por lo que decidimos trasladarlo a un centro de urgencias veterinarias.

Se hizo lo que se pudo, pero esta madrugada lo daban por desahuciado y esta mañana a las 8 en punto, con gran pesar firmábamos la autorización para su sacrificio. Ha sido dura la despedida, aguantando su mirada fija en la mía, de un desamparo descorazonador, como si leyera en la humedad de mis ojos que los suyos se iban a apagar para siempre en apenas unos segundos.

Un beso peludo y un “Hasta siempre, socio. Ya nos veremos al otro lado del infierno”, ha sido lo último que le daré y diré nunca más (dolorosamente contudente certeza).

Aunque forma parte de la liturgia de otro tipo de supersticiones que me merecen tan poco respeto como la de los triscaidecafóbicos, voy a usar la fómula latina de lo que no deja de ser un bonito deseo para los que se van: Requiescat in pace, Tomi.

lunes, noviembre 12, 2007

Cinema paradiso/Video inferno

No hace muchos meses reabrió sus puertas una sala de cine emblemática de esta ciudad, que se había visto obligada a echar el cierre el verano de 2006, con gran dolor de corazón de los amantes del séptimo arte (mucho dolor pero en muy pocos pechos, ya que fue la escasa afluencia de público la que motivó la debacle). Los Minicines Astoria se compone de dos salas pequeñas pero muy acogedoras, de cuyas moquetas chorrea magia fílmica a raudales, donde se proyectaba exclusivamente eso que se conoce por “cine bueno”.

Su fundador, que por desgracia no regirá la resurrección, era un auténtico héroe superviviente que se defendía como podía con sus Viscontis y Fassbinders contra el ataque del resto de salas, armadas con dañinas espadas láser y tortugas ninjas. (Este héroe, comercialmente suicida -el Leónidas de los proyeccionistas-, me confesaba una vez al calor de unos chatos de vino, que muchas veces para poder proyectar alguna película de su gusto, las distribuidoras le obligaban a adquirir en el lote otras más “comerciales”, que acababa pagando muy caras para guardar las latas en un cajón, porque se negaba a ensuciar su cartelera con bodrios como Este muerto está muy vivo o Critters 3).


Pues resulta que hace muchos años mi querido amigo Delrieu trabajó una buena temporada como acomodador en una de estas salas, y muy a menudo me colaba por la puerta trasera y nos sentábamos a disfrutar de auténticas maravillas de la pantalla. Allí descubrí, entre muchos otros, a Monty Python, Werner Herzog o Fellini; me acojoné con La Matanza de Texas, me desasosegó La naranja mecánica y me puse burro con las Supervixens de Russ Meyer.

También nos cogimos allí mismo alguna que otra borrachera, pues como le tocaba currar fines de semana y fiestas de guardar, lo mismo la tarde de un viernes me presentaba allí cargado con una bolsa de latas calientes de cerveza del Mercadona, me colaba él por la trastienda, como siempre, y nos poníamos a beber como cosacos durante las proyecciones. Alguna vez nos pilló curdas Leónidas, cuando bajaba de su despacho, pero hacía la vista gorda porque nos tenía mucho aprecio, y la fiesta etílico-cinéfila continuaba. La verdad es que pasé muy buenos ratos haciendo compañía a mi colega, porque un cine, y éste en especial, es para mí el equivalente a un santuario o una basílica para los que creen en otros dioses.


A parte del gorrón que escribe estas líneas (que conste que después de aquello he pasado tantas veces por aquella taquilla, que está compensada con creces mi picardía juvenil, y a mí no se me puede acusar de ser de los que se lamentaban a todo el que le pusiera orejas de la quiebra de la sala, pero después no pisaban su entrada ni para resguardarse de la lluvia); pululaba por allí un personajillo que resultó ser un afamado crítico cinematográfico de esta ciudad, quien aún hoy publica sus veredictos en el diario de más tirada por estos pagos.

Como nos fuimos percatando de que el tipo no pocas veces llegaba con la película empezada (a veces casi a mitad de metraje), o se marchaba mucho antes del final, o se salía a mear a mitad de película; los días siguientes a sus visitas buscábamos sus reseñas en el periódico para echarnos unas risas a su costa (¿Cómo que la película peca de falta de ritmo? Tú sí que tenías ritmo roncando, cuando planchabas la oreja dos filas más adelante, cabrón. O, ¿cómo que no está bien resulto el desenlace? Pero si cuando confesaron que el mayordomo era el asesino, te habías salido a fumarte un truja a la escalera, espabilao).


Pues hoy me apetece comentar una película que vi este fin de semana en DVD, pero al estilo de este pájaro; es decir, sin tener ni puta idea y opinando de oídas, de haber escuchado campanas y no saber ni por dónde te pega el viento.

Hace algún tiempo me llevé una grata sorpresa al descubrir que se estaba gestando un biopic (horrísona palabra que usan los modernos para referirse a las películas que narran la vida de alguien) sobre un personaje por el que siempre he sentido mucho respeto, interés y admiración: la fotógrafa neoyorquina Diane Arbus. Me escamó mucho ver que se trataba de una producción hollywoodiense de presupuesto millonario y con protagonistas de relumbrón (¿de quién sería la idea de darle el papel de una neoyorquina, judía y feucha a una guapísima australiana de la Iglesia de la Cienciología?), pero maquillada de producción independiente y como transgresora.

Procuré estar atento a las carteleras por si la estrenaban, pero o no fue así o –más probable- yo no me enteré, y le perdí la pista hasta que la encontré de chiripa el otro día en el videoclub (sí, todavía queda gente que va a esos establecimientos tan arcaicos y obsoletos. En mi caso -como en el de muchos otros- no por honradez, sino porque no tengo posibilidad técnica de bajármelas de la red. Aunque la verdad es que recientemente he descubierto un DVDclub -porque copias en VHS tienen cuatro mal contadas, y ya no digamos en Beta o sistema 2000...- que es toda una delicia donde puedo encontrar auténticas joyitas; como creía que lo era la que nos ocupa ahora).

Lo primero que me chocó fue la elección del título español. ¿Qué les pasa a los distribuidores de este país? ¿Están idiotas o qué? Porque, ¿cómo se puede rebautizar un film que sus creadores han decidido titular Fur ("pelo de animal" en la lengua de Tommy Shakespeare, un lampista de Liverpool) por Retrato de una obsesión? Nombrecito tonto y previsible (una loca que hace fotos) al que si le añadimos una simple “s”, es idéntico al de una peli en la que Popeye interpreta a un tarado que se obsesiona con una familia retratada en los carretes que revela en su laboratorio fotográfico. El título original tiene sentido con lo que se narra, y el español es una solemne gilipollez para vender más, porque al público patrio eso le debe sonar como a zriler cachondón (por la chorba que sale en la carátula; que, por cierto, enseña chicha), por si algún incauto pica y se la lleva a casa sin sospechar el chasco.

La película es visualmente impactante, pero rara de cojones; y no rara en un sentido positivo, sino rarita aposta y con un tufillo arty que repeluzna un poquito. Les ha salido demasiado Amélie para tratarse de un pretendido homenaje a una artista tan iconoclasta y atormentada, que a pesar de proceder de una rica familia de empresarios, prefirió retratar la cara más sórdida de la sociedad que le tocó vivir, sin florituras ni anestesia. Y lo de artista atormentada no es un cliché: Diane Arbus sufría depresión profunda cuando decidió borrarse de este planeta el mismo año que nacía el que esto escribe.

El mejor homenaje que le puede hacer este humilde admirador es seguir disfrutando sus estremecedoras fotografías, mientras trata de quitarse de la cabeza a la Kidman haciendo de rarita y poniendo caras de loca.

jueves, noviembre 08, 2007

El padre del cordero

Desde hace algún tiempo vivo con mi pareja en su casa. Ella tiene un churumbel, que ahora es mi hijo también. Y lo llamo así porque no me gustan nada las palabrejas terminadas con el sufijo despectivo “–astro”. Miren si no las 5 acepciones que le da la R.A.E. a padrastro:

1. Marido de la madre, respecto de los hijos habidos antes por ella.

2. Mal padre.

3. Obstáculo, impedimento o inconveniente que estorba o hace daño en una materia.

4. Pedazo pequeño de pellejo que se levanta de la carne inmediata a las uñas de las manos, y causa dolor y estorbo.

5. Dominación (lugar alto que domina una plaza).

Coño, que sólo se salva la primera.

Y resulta que el churumbel está en esa complicada primera fase de la adolescencia, que llamamos pubertad. Lo que lo convierte en una tempestad de hormonas con piernas. Y aunque estas criaturas suelen sufrir peligrosas ansias de nuevas experiencias y muchas prisas por acelerar el cambio de niño a hombre, en nuestro caso podemos sentirnos afortunados porque es una persona sorprendentemente madura para la edad que delata su D.N.I., y con unas enormes dosis de prudencia y del menos común de los sentidos. Y aunque ya apunta potencias muy prometedoras, lo que yo más valoro en él es que es de muy buena pasta, de alma noble y sin doblez (de casta le viene al galgo; de la galga, claro, porque al otro como si lo lobotomizan).

Dicho lo cual, ayer ejercí de pepe (= p.p. = padre putativo; de ahí que a los Josés se les conozca amistosamente así, porque su santo fue el más famoso p.p. de la cristiandad) y acompañé a mi señora a la reunión con su tutor escolar; la primera de toda mi vida (al menos desde ese estatus). Y a la reunión estaban citados el resto de padres de los alumnos con los que comparte proceso de maduración dentro del aula. Ni éramos todos los que estábamos, ni estábamos todos los que eran, pero la cosa dio comienzo puntualmente, sin esperar a los rezagados (es que tampoco eran horas de convocar a unos adultos en edad ocupacional). Conforme más avanzaba el debate, menos crédito podía dar a mis oídos. Y empezó a horrorizarme mucho de lo que escuchaba de uno (el tutor) y casi todo lo que salía de los labios de Los Otros. Y yo me pregunto: si para sacarte el carnet de moto, u obtener una licencia de armas, te hacen unos tests psicotécnicos, por qué no los exigen para poder ser padre. Por qué coño cualquier tarugo fértil puede tener todos los hijos que le salgan de la polla (y perdonen el chascarrillo) y luego dejarlos que crezcan medio asilvestrados y dando palos de ciego por el mundo, mientras ellos se abotargan de Ponche Caballero enchufados al fútbol en el bar de abajo.

Para no extenderme demasiado (que es justo lo que suele pasar cuando se me calienta la lengua; bueno, en este caso las yemas de los dedos), de esa interesante experiencia saqué algunas conclusiones bastante desalentadoras:

- Que el sistema educativo ha ido sustituyendo paulatinamente la disciplina y el orden por un acercamiento al alumnado de colegueo sobreprotector y camaradería buenrrollista, que ha terminado desembocando en que ahora en vez de pegar el profesor con una regla en la palma de las manos de los revoltosos, son los chavales los que se ponen las palmas rojas de hostiar a los maestros, y encima lo graban con el móvil y se lo venden a los amigos y las cadenas de televisión. ¿Cuándo hemos visto nosotros en un colegio o instituto psicológos, orientadores de actitud, gabinetes de apoyo, aulas de refuerzo o "equipos de intermediación para resolución de conflictos" (sic)? Antes los conflictos se resolvían en que te ibas calentito a casa y punto.

- Que ahora resulta que “la sociedad” ya no la formamos entre todos, y que todos podemos mejorarla, o al menos cambiarla (aunque sea a peor, y a las pruebas me remito), sino que es una especie de ente abstracto que flota entre (o por encima de) nosotros y un muy útil cajón de sastre donde volcar todos los errores y frustraciones personales. Incluso algunos la usan agoreramente para intentar asustarnos, como si se tratara del coco o la bruja piruja (“que viene la sociedaaaaaaad…uuuuhhhh, y mirad que mala que es… uuuhhh”).

- Que de lo anterior se deriva un tipo de ciudadano que no tiene la menor intención de coger ningún toro por los cuernos, por muy manso que éste sea, y elige diluir toda responsabilidad en terceros (ya sean personas físicas o instituciones) que le salven la papeleta en cada lance de su vida; y que, cuando este ardid no le resulta efectivo, se lamenta lastimeramente y culpa a la bruja piruja de todos su fracasos como individuo, ciudadano y padre; pero sin poner nada de su parte para tratar de cambiar la situación. (Que mi hijo, desaprovecha la impagable oportunidad de formarse como persona en un sistema educativo público, y prefiere comportarse como Taras Bulba para creerse el más chulo de la piara; pues la culpa está clarísimo que es de los profesores, de las películas de Tarantino y los video juegos de zombies. Yo, que sólo le dirijo la palabra para mandarlo a por el Marca, y que desconozco por completo si tiene alguna vocación o capacidad innata para algo, o hacia dónde tiende su sensibilidad personal, me limito a inscribirme en la larga lista de damnificados por “la sociedad” (Uuuhhh…)).

Por desgracia, muchos críos de ahora me recuerdan al famoso nieto del Conde de Greystoke, que acabó siendo Tarzán porque lo tuvieron que criar y sacar adelante en un entorno hostil unos chimpancés en ausencia de sus padres, muertos accidentalmente en la jungla. El muchacho se apañaba bien zurrando a los cocodrilos y cabalgando rinocerontes, pero estaba incapacitado para desenvolverse en sociedad (Uuuuuhhhh…).

martes, noviembre 06, 2007

El que canta su mal espanta

Desde que empezó esta semana observo que la gente en la calle canta.
No sé si es que yo no me había dado cuenta hasta este lunes, tal vez sea algo habitual, pero el caso es que ya van 10 veces (contadas) y eso que aún es martes, que al cruzar un paso de cebra o salir del portal de casa, la persona que pasa a mi lado en ese momento me mira y canturrea. Tal vez ya estaban canturreando, tal vez traían ya el canturreo de casa, pero para mí, el hecho es que me miran y cantan.
En realidad no es que oiga cantar a las personas con las que me cruzo en mis “devenires” cotidianos, dice la RAE que "cantar" es emitir sonidos melodiosos con la voz, así que lo que se dice cantar, cantar, no es. Es algo así como emitir sonidos que pretenden ser armónicos con la boca cerrada y sacando el aire por la nariz...algo así como un pretendido murmullo armónico.
Un "mmmmm" que no se reproducir en palabras.
Ayer sin ir mas lejos, una señora de edad frente a un escaparate me "murmuraba" Nabuco de Verdi con pretendidos aires de soprano nasales. Y esta mañana la misma que me pone el café cada mañana desde hace más de 3 años y a la que no he oído cantar nunca, me ha deleitado con algo que pretendía ser "Hijo de la Luna" de Mecano también por supuesto con murmullo nasal.
Al principio, la primera y segunda vez me hizo gracia, pero empiezo a no soportarlo, es algo que empieza a crisparme. No hubiera podido imaginarlo nunca pero es horrible que la gente canturree a tu alrededor y lo que ya ha empezado a preocuparme es que me he descubierto a mi misma "tarareando" eso sí, con letra, "Over the Rainbow" de Judy Garland, ya sabéis, aquello de "Somewhereeee oveeeer the rainboooow naaaa naaaa naaa"

Será la primavera...