jueves, noviembre 08, 2007

El padre del cordero

Desde hace algún tiempo vivo con mi pareja en su casa. Ella tiene un churumbel, que ahora es mi hijo también. Y lo llamo así porque no me gustan nada las palabrejas terminadas con el sufijo despectivo “–astro”. Miren si no las 5 acepciones que le da la R.A.E. a padrastro:

1. Marido de la madre, respecto de los hijos habidos antes por ella.

2. Mal padre.

3. Obstáculo, impedimento o inconveniente que estorba o hace daño en una materia.

4. Pedazo pequeño de pellejo que se levanta de la carne inmediata a las uñas de las manos, y causa dolor y estorbo.

5. Dominación (lugar alto que domina una plaza).

Coño, que sólo se salva la primera.

Y resulta que el churumbel está en esa complicada primera fase de la adolescencia, que llamamos pubertad. Lo que lo convierte en una tempestad de hormonas con piernas. Y aunque estas criaturas suelen sufrir peligrosas ansias de nuevas experiencias y muchas prisas por acelerar el cambio de niño a hombre, en nuestro caso podemos sentirnos afortunados porque es una persona sorprendentemente madura para la edad que delata su D.N.I., y con unas enormes dosis de prudencia y del menos común de los sentidos. Y aunque ya apunta potencias muy prometedoras, lo que yo más valoro en él es que es de muy buena pasta, de alma noble y sin doblez (de casta le viene al galgo; de la galga, claro, porque al otro como si lo lobotomizan).

Dicho lo cual, ayer ejercí de pepe (= p.p. = padre putativo; de ahí que a los Josés se les conozca amistosamente así, porque su santo fue el más famoso p.p. de la cristiandad) y acompañé a mi señora a la reunión con su tutor escolar; la primera de toda mi vida (al menos desde ese estatus). Y a la reunión estaban citados el resto de padres de los alumnos con los que comparte proceso de maduración dentro del aula. Ni éramos todos los que estábamos, ni estábamos todos los que eran, pero la cosa dio comienzo puntualmente, sin esperar a los rezagados (es que tampoco eran horas de convocar a unos adultos en edad ocupacional). Conforme más avanzaba el debate, menos crédito podía dar a mis oídos. Y empezó a horrorizarme mucho de lo que escuchaba de uno (el tutor) y casi todo lo que salía de los labios de Los Otros. Y yo me pregunto: si para sacarte el carnet de moto, u obtener una licencia de armas, te hacen unos tests psicotécnicos, por qué no los exigen para poder ser padre. Por qué coño cualquier tarugo fértil puede tener todos los hijos que le salgan de la polla (y perdonen el chascarrillo) y luego dejarlos que crezcan medio asilvestrados y dando palos de ciego por el mundo, mientras ellos se abotargan de Ponche Caballero enchufados al fútbol en el bar de abajo.

Para no extenderme demasiado (que es justo lo que suele pasar cuando se me calienta la lengua; bueno, en este caso las yemas de los dedos), de esa interesante experiencia saqué algunas conclusiones bastante desalentadoras:

- Que el sistema educativo ha ido sustituyendo paulatinamente la disciplina y el orden por un acercamiento al alumnado de colegueo sobreprotector y camaradería buenrrollista, que ha terminado desembocando en que ahora en vez de pegar el profesor con una regla en la palma de las manos de los revoltosos, son los chavales los que se ponen las palmas rojas de hostiar a los maestros, y encima lo graban con el móvil y se lo venden a los amigos y las cadenas de televisión. ¿Cuándo hemos visto nosotros en un colegio o instituto psicológos, orientadores de actitud, gabinetes de apoyo, aulas de refuerzo o "equipos de intermediación para resolución de conflictos" (sic)? Antes los conflictos se resolvían en que te ibas calentito a casa y punto.

- Que ahora resulta que “la sociedad” ya no la formamos entre todos, y que todos podemos mejorarla, o al menos cambiarla (aunque sea a peor, y a las pruebas me remito), sino que es una especie de ente abstracto que flota entre (o por encima de) nosotros y un muy útil cajón de sastre donde volcar todos los errores y frustraciones personales. Incluso algunos la usan agoreramente para intentar asustarnos, como si se tratara del coco o la bruja piruja (“que viene la sociedaaaaaaad…uuuuhhhh, y mirad que mala que es… uuuhhh”).

- Que de lo anterior se deriva un tipo de ciudadano que no tiene la menor intención de coger ningún toro por los cuernos, por muy manso que éste sea, y elige diluir toda responsabilidad en terceros (ya sean personas físicas o instituciones) que le salven la papeleta en cada lance de su vida; y que, cuando este ardid no le resulta efectivo, se lamenta lastimeramente y culpa a la bruja piruja de todos su fracasos como individuo, ciudadano y padre; pero sin poner nada de su parte para tratar de cambiar la situación. (Que mi hijo, desaprovecha la impagable oportunidad de formarse como persona en un sistema educativo público, y prefiere comportarse como Taras Bulba para creerse el más chulo de la piara; pues la culpa está clarísimo que es de los profesores, de las películas de Tarantino y los video juegos de zombies. Yo, que sólo le dirijo la palabra para mandarlo a por el Marca, y que desconozco por completo si tiene alguna vocación o capacidad innata para algo, o hacia dónde tiende su sensibilidad personal, me limito a inscribirme en la larga lista de damnificados por “la sociedad” (Uuuhhh…)).

Por desgracia, muchos críos de ahora me recuerdan al famoso nieto del Conde de Greystoke, que acabó siendo Tarzán porque lo tuvieron que criar y sacar adelante en un entorno hostil unos chimpancés en ausencia de sus padres, muertos accidentalmente en la jungla. El muchacho se apañaba bien zurrando a los cocodrilos y cabalgando rinocerontes, pero estaba incapacitado para desenvolverse en sociedad (Uuuuuhhhh…).

4 comentarios:

Nicolás Maquiavelo dijo...

Me encanta esa forma tuya de contar las cosas... Me pareces inteligentemente desequilibrado. Sigue así que uno de los tuyo te lee.

Sólo una cosa te pongo esto de la wikipedia acerca de lo de Pepe..

"La versión etimológica más seria estipulada viene del nombre en su versión italiana Giuseppe, cuya abreviatura es Pepe o Pepino. Lo que está en estudio es si la abreviatura se introduce en castellano a raíz de Giuseppe Buonaparte (Pepe Botella), hermano de Napoleón y corso italoparlante cuando la dominación francesa. En todo caso Josep, Josefino, Josefina, Yusepe y otras formas ya estaban presentes en castellano antiguo, catalán, gallego, leonés y otras viejas lenguas de la península Ibérica, y casi todas con concomitancias fonéticas con Pepe o Pepino."


Cuídate.

Chiringui dijo...

Yo se lo he dicho a mi mujer y me dice que soy un bestia, pero yo hay gente a la que prohibiría ser padre por ley.

Suena a nazi, pero lo creo. Hay niños que serán unos desgraciados toda su vida por los alcornoques de sus padres.

malaputa dijo...

Soy MALAPUTA, no tengo tiempo de meterme en el mail, recargar la página y poner el comentario para sólo decir:
AMÉN.

Guile dijo...

Yo desde luego, no me considero psicológicamente preparado para ser padre y por eso decido no serlo, creo que ni la sociedad actual, ni el país en el que vivimos hace nada para promover que seamos padres conscientes y felices, esto último, creo que es fundamental, no se puede ser padre ni madre si ello implica vivir la vida puteado, así se está despoblando la peninsula de iberos, no me extraña, si tener un hijo y criarlo, hoy por hoy, es una putada que en mi opinión sólo realizan personas con un gran corazon y grandes dosis de altruismo, a lo que debo añadir, que son los abuelos, guarderias y demás apaños, los que crian a los retoños, y ahí también reside el problema de la mala educación, sobre todo de los padres-madres.

Besitos pa tos.