martes, noviembre 13, 2007

Mondo cane

Menuda forma de empezar el martes y 13. Yo no creo en estas supercherías, pero anoche Tomi, uno de los perros del parque zoológico que más se hacía notar por su carácter vivaracho y saltimbanqui, y que por la mañana se mostraba radiante y en perfecto estado de revista, por la tarde, cuando volvíamos a casa desde una feria de vinos, nos lo encontramos muy, pero que muy desmejorado. Sobre la hora en que el 12 se convertía en pasado y el supersticioso 13 empezaba a hacerse presente desde el incierto futuro, el estado de este mejor amigo nuestro era ya misérrimo, por lo que decidimos trasladarlo a un centro de urgencias veterinarias.

Se hizo lo que se pudo, pero esta madrugada lo daban por desahuciado y esta mañana a las 8 en punto, con gran pesar firmábamos la autorización para su sacrificio. Ha sido dura la despedida, aguantando su mirada fija en la mía, de un desamparo descorazonador, como si leyera en la humedad de mis ojos que los suyos se iban a apagar para siempre en apenas unos segundos.

Un beso peludo y un “Hasta siempre, socio. Ya nos veremos al otro lado del infierno”, ha sido lo último que le daré y diré nunca más (dolorosamente contudente certeza).

Aunque forma parte de la liturgia de otro tipo de supersticiones que me merecen tan poco respeto como la de los triscaidecafóbicos, voy a usar la fómula latina de lo que no deja de ser un bonito deseo para los que se van: Requiescat in pace, Tomi.

1 comentario:

Guile dijo...

Sólo los que tenemos o convivimos con chuchos (me gusta llamarlos así) podemos entender lo que supone perder a un fiel amigo de cuatro patas, mucho más humano que muchos humanos.

Un abrazo.