jueves, noviembre 15, 2007

Sueño movidito (y nunca mejor dicho)

No se me escapa que parte importante del argumento, los escenarios y los personajes que aparecen en nuestros sueños se compone de acontecimientos e informaciones que vamos asimilando durante el día. Cosas que, aunque a un nivel consciente no nos hayan impactado demasiado y creamos haberlos olvidado por completo, siguen sin embargo orbitando nuestra mente como la basura espacial, que ya no sirve para nada pero ahí está, dando vueltas hasta que se desintegra.

Mi problema es que soy un depredador de la realidad (una portera, vamos) que se va cargando a lo largo de la jornada de incontables acontecimientos e informaciones inútiles y que uno cree efímeros, pero que por lo visto (o soñado) perduran en la memoria a un nivel no consciente y afloran cuando menos te lo esperas. Y claro, toda esas mierdas son terreno abonado (para algo está el estiércol) para los sueños… y las pesadillas.

Yo no sé cómo será en otras personas el mecanismo de ir vaciando el buzón de sus memorias, pero me gusta imaginarlo como algo sosegado y coordinado; como una catarsis (en su 4ª acepción de la R.A.E.: Eliminación de recuerdos que perturban la conciencia o el equilibrio nervioso) tranquila que ejerce de aliviadero mental cuando la balsa de la memoria empieza a saturarse. Un ir sacando los escombros de la mollera pero con gracia, incorporándolos a los sueños con mucha discreción y elegancia, poniendo aquí y allá una cara o un escenario que se nos había quedado atragantado en la memoria RAM, y que como no servían para ningún pensamiento consciente, ni se tiene intención de archivarlos en el disco duro, pues se les busca un uso como atrezzo para algún sueño tonto, y así se les da salida.

El problema es si uno recuerda sus sueños, pues entonces lo único que hacemos es reforzar su impronta y concederle a esa información residual que se pretendía eliminar el estatus de Recuerdos con mayúsculas. Vamos, que reciclamos la basura y no logramos deshacernos del todo de ella.

La cuestión es que mi mecanismo de catarsis no es ni mucho menos plácido ni fluido, si no que funciona como una Kärcher, expulsando a presión y con furia torrentes de diarrea mental.

Esto que da por frutos unos sueños y pesadillas (más de lo segundo que de lo primero) de ritmos agotadoramente trepidantes y visualmente rococós y sofocantes. Es como si se fuera a acabar el mundo y en un solo sueño, y a ritmo de videoclip, pretendiera meter a troche moche y sin ton ni son las toneladas de gilipolleces que voy almacenando por los vertederos de mi cabezota; dando por resultado un batiburrillo ansioso, inconexo y mutante.

Es que es tal el estrés de incluir situaciones, lugares y personas en una misma trama que, a falta de tiempo (ni que fuera un espot, coño), se resuelve metamorfoseando sobre la marcha al reparto principal y removiendo los decorados y la ambientación.

Sé que los sueños nos parecen absurdos cuando uno intenta interpretarlos al despertar, pero es que a mí me pasa muy a menudo que ya me resultan incomprensibles e inquietantes durante el mismo transcurso del sueño. Porque resulta frustrante y agotador estar soñando con fulanito en algún lugar y que éste -sin mediación de elipsis ni fundidos en negro- se convierta de repente en menganita y ya no estemos donde antes, sino en otro escenario totalmente distinto pero igual o más claustrofóbico; y que, acto seguido y sin que descienda ningún telón, menganita ahora es sotanito y el decorado ha vuelto a cambiar, posiblemente a peor; y en un cerrar y cerrar de ojos sotanito ahora es negro, o está muerto o es un puma; y de nuevo en un plis plas y sin previo aviso, ahora estamos todos en pelotas, o subidos a un algarrobo o recibiendo fuego de mortero; y así, mutatis mutandis ad nauseam.


Y, claro, tras una de esas desquiciantes veladas, en lugar de despertarme descansado y con la mente despejada amanezco hecho un chisgarabís, arrasado físicamente y mentalmente confuso. Y lo del cansancio físico no es broma, testigos presenciales afirman que algunos de mis sueños los vivo con tal intensidad que canto, grito, río, lloro y me muevo con tanta energía que luego no les extraña que me levante tannnn cansado.

Y lo de moverme violentamente tiene sus consecuencias: eso de que mis sueños sean como echarse una partida en la Wii, que mientras hago mis tonterías en la virtualidad onírica el Micropene real se convulsione físicamente como un epiléptico, hoy mismo me ha costado tener que irme a primera hora a una Ortopedia a comprar una tobillera.

Y todo porque, atando cabos, he recordado que resulta que ayer por la mañana escuché en algún programa de radio cómo se cachondeaban a costa de David Hasselhoff, y ponían repetidamente una grabación del cowboy de playa totalmente pasado de copas, diciendo unas tonterías incomprensibles en la lengua de Terry Churchill, un deshollinador de Newcastle.

Y esta noche tocaba pesadilla agitadísima y cambiante. Y en alguno de esos cambios, mi voluble coprotagonista de turno (un ente sobre el que van tomando cuerpo todos los secundarios a un ritmo frenético), en un suspiro se ha transformado (transformarse no es la palabra correcta, pero ahora no sabría explicarlo mejor) en Michael Knight (con su uniforme de eskai incluido) y algo he debido comentarle sobre su borrachera que al pavo no se le ocurre nada mejor que sacarme una navajita de esas pequeñajas de llavero, y claro, el patadón que se ha llevado en el cardado ha sido idéntico al que le he metido a algo sólido del dormitorio (todavía sin identificar, pero afortunadamente no ha sido mi compañera de lecho).

No quiero ni pensar el día que sueñe con Freddy Krueger...

2 comentarios:

Cripema dijo...

Vete a que te regulen la mascara esa de Darth Vader que llevas para dormir que me parece a mi que ya te insufla todas las atmosferas que debiera.
O tómate un timonet y ponte un cd con musica de pajaritos y riachuelos que también va bien.
...o como diria una amiga común, antes de dormir, fumate un porro, amparo.

Mr.Celofan dijo...

Mejor echa uno polvo.