viernes, diciembre 28, 2007

Bella y bestia son

Al hilo del post de ayer quería compartir unas reflexiones de ésas mías, o sea, cargantes y poco prácticas.

Comentaba cómo muchos machos pierden el oremus en presencia de ejemplares hermosos del otro sexo. Y se da un caso muy curioso: hombres poco agraciados físicamente (incluso callos malayos) que, sin embargo, en el terreno de la atracción se muestran muy exigentes con la apariencia física de sus preferencias (tías buenorras), sin comprender quizás que de esta forma están reforzando un sistema de valores (la exigencia de belleza física para el triunfo social) que ya por definición los excluye a ellos por motivos bien visibles, aquí y en Malasia.

Luego está ese tipo de hembras que han entendido muy bien cómo están las reglas del juego en estos tiempos que nos toca vivir, y si fueron agraciadas en la lotería biológica con un físico contundente, o al menos con buena materia prima que poder potenciar con los actuales trucos a su alcance, pues sacan provecho de esa ventaja innata y su apuesta en la vida será destinar todos sus esfuerzos a mimar y embellecer su envoltura corpórea, como medio para distinguirse de la masa amorfa y destacar así como un blanco inmejorable para los machos depredadores.

Pero muchas de estas mujeres cometen un grave error al destinar la casi totalidad de sus energías en cultivar un bonito continente a costa de descuidar el contenido, que (y mira que detesto los tópicos) suele dejar mucho que desear. Suele ser indeseable en cantidad inversamente proporcional al nivel de exhibición de lo que algunos han dictaminado que debe entenderse hoy por belleza. Y ese error se les hace patente con el paso del tiempo, cuando estas mujeres que apostaron toda su vida al rojo, a mostrarse apetecibles al otro sexo sólo exteriormente, comprueban que esa inversión es al final a fondo perdido y con un plazo fijo (y bastante corto), y cuando se marchitan las cartas (por muy buena mano que se llevara de salida) resulta que aquel sistema de valores en que se habían desenvuelto toda su vida y del que se habían beneficiado y al que habían reforzado con sus comportamientos, ahora las excluye con la misma crueldad intransigente con la que ellas en su pasado lozano miraron por encima del hombro al resto de la chusma horripilante. En ese plano de la realidad ya no se las quiere, porque dejaron de ser deseables; ellas, que antes se desenvolvían en ese mundo que ayudaron a crear, con la seguridad altiva de la que hacen gala los que tienen licencia para portar armas.

Y a resultas de esto se contemplan algunos espantajos murientes, que no es que no acepten que los años no perdonan, sino que no les queda otra que seguir hasta la muerte por el camino que eligieron en su día: el de alegrar la cara a la galería y deslumbrar de puertas para fuera, cuando dentro reinaban las tinieblas. No hace falta dar nombres porque sólo hay que ojear cualquier revista del corazón con esas fotos retocadísimas de actrices alquitranadas de tanto esperar fumando, o esas folclóricas amojamadas que producen chiribitas en los ojos que las contemplan espeluznados.

Recuerdo que alguien comentaba en televisión (creo que Boris), que le impresionó demasiado conocer en persona a uno de sus mitos más sagrados (cierta actriz italiana, que levantaba pasiones (y otras cosas) en sus tiempos mozos de símbolo sexual) porque le pareció estar presenciando un paso de semana santa de carne (poca) y hueso (descalcificado). Tan acartonada por el estiramiento cutáneo y el enlucido cosmético, con un peinado imposible (que necesitaría una capa de ozono para él solo), la aparatosa vestimenta y complementos, y toda la corte de lametraserillos le daban al desplazarse por la estancia todo el aspecto de una virgen en procesión.

Esto es una clara prueba de lo que comento: esta persona midió su propia valía (al igual que la de los demás) por su belleza física y no está dispuesta a dejar que la misma biología que le regaló al nacer el tesoro que la hizo mundialmente famosa, se lo oxide con el paso de las horas. Y hará todo lo que esté en su mano, aunque al resto nos parezca abominable, para perpetuar lo que ella considera su única razón de vivir. Debe ser terrible, para alguien que piense así, enfrentarse al espejo cada día que pasa y que la aleja más y más de su ideal de perfección física.


Estas personas que se preocupan tanto de su superficie acaban resultando superficiales, y cuando rascas un poquito la cáscara te sueles encontrar a solas con un descorazonador vacío; cuando no con temible y absorbente antimateria. Porque Naomi Campbell será una diosa de ébano y todo lo que quieran, y muchos fantasearán con hacerle mil guarreridas sersuales, pero reconozcamos que no invita precisamente (una vez finiquitada la parte puramente carnal, que por muy salido que esté uno tendrá que convenir conmigo que eso no ocupa más que unas pocas horas del día) a tirarse en un sofá con ella, taparse con una manta y ver películas en blanco y negro o contemplar la lluvia a través de una ventana. Y quizás la esté juzgando injustamente, pero a las pruebas me remito, porque fue condenada no hace mucho por golpear con su teléfono móvil a una de sus esclavas blancas (qué paradoja), que la impacientó porque no encontraba los pantalones que se había encaprichado ponerse en ese preciso momento.

Por supuesto, todo lo dicho no debe, ni mucho menos, confundirse con que no pueda haber personas hermosas por dentro y por fuera, que las hay y todos conocemos alguna; sino que si todo lo inviertes en tu fachada, deberás asumir no el riesgo, sino la certeza de que más temprano que tarde ésta acabará resquebrajándose y dejará a la vista de todos que la vivienda no estaba bien amueblada, o ni siquiera tenía tabiques, como los decorados de las películas por los que han paseado su belleza tantos decorados humanos.

5 comentarios:

Cripema dijo...

Claro, por eso cuando ves por la calle a una tia buena en vez de gritarle algo desde el coche como un energumeno más, tú, sin embargo, la miras, te mesas la barba y dices entre dientes: "Que pena, con lo bien que estarias en casa con un chandall leyendo a Schopenhauer en vez de luciendo palmito"
No me lo creooooooo

zimitrón dijo...

Bueno,con permiso y eso.Acaba el año y sin querer,por el exceso de información,uno acaba haciendo balances y balanceos del año que ya pasó.Este año he leído cosas buenas,regulares y otras que no tienen calificativo,(por ejemplo La montaña mágica).El caso es que la única cosa interesante que he leído,ha sido éste blog de Micropene.
Tio:no dejes de escribir.Eres bueno,muy bueno.Y las cosas buenas,si no se comparten;pues no se disfrutan.
Espero que sea para tí un gran año.

Micropene dijo...

Muchísimas gracias, Zimitrón, por tus comentarios. Sólo una matización: este blog es colectivo, lo hacemos entre vari@s camaradas, pero mi incontenible facundia provoca que acapare yo buena parte del espacio.

Y una cosa que comentas me ha dejado helado: ¿Cómo puede ser que de toda la literatura mundial, nombres precisamente ahora La montaña mágica? Tu comentario es del día 31, pero yo no he podido leerlo hasta esta mañana (miércoles 2), y no te vas a creer qué libro estuve leyendo ayer en casa de mis padres: de todos los libros que hay allí (que no son pocos), y a pesar de la metaresaca apocalíptica, algo me impulso a releer (ya lo leí en su día) en un rapto el capítulo (creo que es el penúltimo) de la sesión de espiritismo de ¡¡¡La montaña mágica de Thomas Mann!!!
Juro que es cierto y que he flipado en colores al leerte. A mí estas casualidades me dejan muy descolocado.

Un abrazo,
Settembrini

Guile dijo...

Si, pero añadiría que para mi las mujeres realmente fascinantes son las atractivas y no las guapas, de hecho a las guapas me las suelo imaginar en actitudes sucias y obscenas para sacarlas de su papel de guapas y pervertirlas, me gustan las mujeres reales con mentes, cuerpos, inquietudes y sexualidades reales y no las insulsas anónimas barnizadas y lacadas de plástico.

Me uno a Zimitrón, no dejes de escribir, y al resto de autores del Blog (Cripema, Gilito...) darles mi enhorabuena también y animarles a robarte algo de protagonismo ya que todas las reflexiones de este blog son enriquecedoras.

Besitos pa todos...

Silviqui dijo...

Muy bueno este post, a ver si te animas un día a reflexionar sobre la suerte de las feas, que no me creo nada que la guapa la desea como dice el refrán. Cripema, que bueno tu comentario.