martes, diciembre 04, 2007

El destino como aliado

Siempre he tenido una teoría que no suele resultar cómoda a quien se toma la molestia de escucharla. Contrariamente a lo que se piensa de que el carácter se lo forjan las personas a lo largo de su periplo vital, yo creo que la actitud (y aptitud) ante el mundo depende muy mucho de si has tenido la suerte de caerle bien al destino. Tener al destino como aliado, como amiguete que te sigue el juego y te apoya en todas tus iniciativas, o tenerlo en contra, como implacable enemigo que te putea y pone todas las trabas posibles a cualquier proyecto que emprendas.

Luego estarían ésos, entre los que me incluyo, a los que el destino ni los quiere ni los odia; simplemente se los toma un poco a chufla y los trata con el desdén propio de los abusananos. Si un día lo pillas de buenas pues pasará de ti y te dejará llevar a buen término esa chuminada que te traes entre manos, sin echarte ningún cable pero al menos sin interferir con obstáculos que escapen a tu control. Ay, pero el día que tiene ganas de cachondeo te la puede jugar vilmente y con un simple golpe de efecto tirarte por tierra cualquier cosa que te propongas por sólida que pensases que ésta era. Ya puedes asegurarte de atar todos los cabos, que si dice de echarlo al traste, ya te puedes ir preparando para la pataleta, amigo, que ésa será tu única alternativa de reacción.

Siempre he dicho que el destino es un guionista mucho más retorcido que Tarantino, con unos giros del argumento tan inesperados e impactantes que uno no puede menos que maravillarse, aunque lo acaben de hundir en la miseria.

Así que, según esto, realmente la personalidad no se la forja uno, sino que se la forja el destino a base de respuestas positivas, negativas o inestables. Un ejemplo: ¿cómo se forja un manitas? Pues si de pequeño uno tiene curiosidad y desmonta su primer coche de scalextric, y su amiguito el destino está allí encima ayudándole a repararlo y a que después todo encaje y funcione, pues uno recibe una respuesta positiva a su iniciativa y refuerza su confianza en sus capacidades de cara a futuros desafíos que le proponga su curiosidad. Es decir uno gana en aptitud a base de una actitud positiva que se siente recompensada y satisfecha.

¿Y cómo se forja un manazas? Pues si ese uno (pongamos yo mismo), que no sólo no sufre ninguna incapacidad psicomotriz sino que está dotado de habilidad manual para otros menesteres (por ejemplo dibujar o pintar, o cascársela), tiene esa misma inquietud (o necesidad económica) de repararse él mismo sus coches del T.C.R. (¿se acuerdan del Total Control Racing?, mucho más emocionante que el scalextric porque permitía realizar adelantamientos y choques frontales) y resulta que ese día el destino está ocupado en casa del vecino ayudándole a montar el barco pirata de los clicks de Famobil, y no sólo no logra reparar nada sino que al volverlo a montar sobran piezas y las cosas no encajan como deberían, y al final el cochecito acaba en el cubo de basura. Pues pasa que uno mira el tráfago que acaba de montar para, total, estar peor que antes y sabe reconocer la respuesta neutra (la negativa hubiera sido algún cortocircuito que hubiera reducido el juguete a chamusquina) y, aunque no quiera, toma buena nota mental de cara a futuras aventuras mecánicas.

Resumiendo, que el primero se maravilla de lo que es capaz de hacer con sus manos y no duda en seguir intentándolo (en un crescendo de dificultad técnica conforme se suceden las victorias), y al segundo ya empieza a rondarle por el fondo de la mente la odiosa frasecita: “mejor estáte quietecitooo…”, mientras empieza a familiarizarse con el dulzón aroma del fracaso.


Y así en otros ámbitos de la vida. ¿Porque cómo se forja si no un tipo duro? Ésos que se plantan en la barra de un bar con una serie de movimientos que parecen sacados de alguna coreografía de West Side Story y no se cortan en entrarle a la tía más buena del garito con unas frases que dan vergüenza ajena y asco-pena, pero que, sorprendentemente, acaban dándoles frutos. Pues son los que se arriesgaron en su día a jugar a ser un chulo y el destino les rió la gracia, dejó que se salieran con la suya y a éstos ya no hay quien los baje del burro y los devuelva al mundo real de las personas normales.

Pero, ¿qué ocurre si uno lo intenta esa crucial primera vez y cuando llega a un pub decide comerse los cacahuetes no como lo haría un humano o un mono, sino lanzándolos al aire y atrapándolos con la boca como una foca, y ya el primer fruto seco le impacta en el ojo o en un grano; y entonces deja en paz los cacahuetes e intenta encenderse un pitillo al más puro estilo Bogart pero la llama se resiste a salir en cinco o seis intentos a pesar de ser un encendedor nuevo; y cuando se dispone a decirle alguna cosa ingeniosa a la chica bonita que tiene al lado, justo en ese momento se le escapa un atronador peo o se le descuelga una enorme vela de la nariz, o un imposible golpe del aire acondicionado le levanta el peluquín o lo tumba de la banqueta? Pues que ése pobre diablo ya sabe que el destino no aprueba sus payasadas y se lo pensará mucho la próxima vez que se le pase por la cabeza la aspiración de comportarse como un Travolta de pacotilla.


Así que no se hagan muchas ilusiones, que ustedes son lo que han llegado a ser no por sus esfuerzos personales y sus intrépidas iniciativas en la vida, sino únicamente por la respuesta que éstas han recibido del fatum. Porque todo ese rollo del tesón y la superación está muy bien en los telefilms del mediodía, pero todos sabemos que cuando las cosas no acompañan (no están de Dios, que dicen los creyentes) no hay esfuerzo humano que las cambie.

3 comentarios:

Gilito dijo...

Amén

PD: Este es el típico texto que mi amigo Quico definiría como un "Missot" (una Misa grande en valencià) :-)

Cripema dijo...

Disiento compañeros.
Igual son los resquicios de la educacion judeo-cristiana recibida pero creo en el esfuerzo como vehiculo para consecucion de metas (aunque haya un tanto por ciento de suerte, que eso está claro)
Os veo descreídos....que os pasa?
Te limpio el culo? :)

oskar dijo...

Apoyo la tesis de Micropene, y doy fe de ella.

Aunque reconozco que con un poco de positividad hacia las cosas, a veces suele dar resultado...

Ojo....Solo a veces!!!