miércoles, diciembre 05, 2007

Programa de protección de testigos

Actualmente vivo en casa de mi pareja en una bonita zona residencial. Y se da allí una curiosísima coincidencia que hace que nuestra calle de la urbanización se parezca a uno de esos complejos donde viven escondidos los testigos protegidos de los grandes procesos contra las mafias, ocultos bajo identidades falsas y nuevos looks (cirugía plástica mediante para quien lo solicite).

Nosotros vendríamos a ser testigos protegidos de algún gran juicio contra la temible yakuza japonesa, porque si yo ya llevo mis buenas dosis de tinta bajo la epidermis, nuestro vecino colindante y el de un poco más allá son dos cromos barrocos.

El que está pegado a nosotros es un tío muy majo con el que tenemos la relación vecinal perfecta para mi gusto: compadreamos lo justo y todo a través del seto divisorio. Que si su mujer ha hecho una tarta y nos ofrece un trozo para que la probemos, pues se hace la transacción a través de la valla y horas después se le devuelve el plato fregado por la misma vía con un “Gracias. Estaba riquísima” y todos contentos. Y viceversa, pero todo siempre a través del seto. Seríamos como aquel vecino que tenía Tim Allen en una serie en la que [creo que] hacía de carpintero y que hablaba mucho con su vecino, pero siempre a través de una alta valla de madera y nunca se le llegaba a ver la cara en pantalla. El domingo sin ir más lejos nos hizo llegar a través de la pantalla de clorofila que protege nuestras identidades secretas una considerable porción de la cosecha que andaba liado haciéndole a sus preciosas (y numerosas) plantas cannabáceas.

Pues si a todo este misterio extraño que nos gastamos le sumamos que este tío (como he podido comprobar en la piscina comunitaria) tiene gran parte de su piel saturada de tatuajes (sólo su espalda parece la puta Capilla Sixtina), que el vecino de al lado de él (justo la vivienda de su lado no, la siguiente) es un joven holandés que no le va a la zaga en decoración dérmica, y que el vecino de enfrente de los tres pintarrajos marrulleros es madero, pues ya se tiene completo el cuadro. Cualquier día nos pasan a los tres a katana por algún error de cálculo en Tokio.

Y es que encima, para rizar aún más el pelo de los huevos, no muy lejos de todo esto que comento, en la misma calle (pero al principio), ocupa una de las viviendas una panda, o banda, de ucranianos hoscos, que cantan a “asociación ilícita de malhechores” a la legua. Yo ya tuve un rifirrafe con uno de ellos por sus modales de matón arrabalero (¿dónde ha quedado la clase [muy sui generis, pero clase al fin y al cabo] de la cosa nostra?). Además, resulta un poco tenso (aunque los varones presentes parecen celebrarlo con comportamientos nerviosos, miraditas indiscretas y erecciones inoportunas) cuando en verano sacan a tostarse a la piscina a sus esclavas sexuales, vigiladas de cerca por un gorila malencarado de unas dimensiones impropias de un ser humano. Y son los contornos corporales de las muchachas (carne eslava de primera), que apenas quedan cubiertos por sus escandalosos miniquinis, los que traen de cabeza a todo el vecindario masculino, insensibilizado con la evidente desgana que muestran ellas en todos sus actos y movimientos; realizados con la comprensible desidia típica del que no actúa por voluntad propia ni libre albedrío.

3 comentarios:

Cripema dijo...

Así que teneis marihuana fresca del vecino....
uhhummm

vainilla dijo...

a mi me da miedo el compadreo con vecinos. Dile a Gilito que precisamente la semana pasada me compré la peli de los Goonies. Siento mucho lo de Don Tomás, no lo olvidaremos.

Guile dijo...

Como mola, eso son vecinos y no los de mi casa, yo tengo a una japonés karateka, a un homosexual ecuatoriano al que intentan robar mientras yo estoy en casa viendo Rocky (verídico) y a una mujer que decía estar embarazada de Jesús y que se tiró por el balcón hace más de dos meses, destrozando el coche del chavalote de Segovia que regenta la tienda de electricidad (electrecería, supongo) de abajo...

Cosas de vivir en uno de los múltiples poblaos tipo Guetto de los alrededores de Madrid.

Saludos Micropene, y si necesitas un cable, les metemos miedo a los mafiosos esos y liberamos a sus mujeres...